La imprenta

Llega un momento en que el silencio de la imprenta me incomoda.

Mientras espero que estén listas mis impresiones platico algo con las muchachas. Roz escucha con su mágica sonrisa. Esta mujer me gusta mucho pero no hay más que verla como una amiga y ni siquiera tengo el valor de invitarle a tomar un café. En cada encuentro pierde puntos. Tengo la idea de enviarle un telegrama lleno de ellos, por si se le ofrecen. Pero María, que la conoce muy bien, me dice que no es una buena idea. Que ya no insista porque me veta.

Ironizo sobre mí. Por eso les pregunto que si son felices, porque he descubierto que yo no lo soy. De pronto me encuentro hablando de fracaso. No me doy cuenta cuánto me golpeo hasta hoy que no duermo y en vez de eso escribo. El recuento de sucesos no fue nada grato.

No supe conservar a mi lado a la que amaba. No sé conquistar a la que me gusta. No he podido superar el dolor de perder. Me siento derrotada, disminuida y devaluada. No supe y no sé cómo ser amiga de otras varias.

No debería tener tantos plurales, pero cuando creces parece que más es mejor y no te das cuenta de que la cantidad no habla bien de ti hasta que miras en retrospectiva y ves que no te entregaste sino que te despedazaste.

De pronto me veo sola y me doy cuenta que ni siquiera he podido ser buena amiga. Ni buena amiga, ni buena amante, ni buena pareja, ni buena nada.

Lorena Sanmillán

2 Responses to “La imprenta”

  1. Jordi Rosquillas Tovilla Says:

    Y te quedas sin nada, en la total oscuridad, los sonidos sordos y lejanos y no hay nada, nada mas que tristeza y soledad. Cuando ya no hay más, solo queda preguntar, ¿Ahora que sige?

  2. Janover Says:

    Es bien dificil conquistar a una mujer, creo que sobre otras complicaciones, porque hay que conquistarla en todo momento. A los hombres es más sencillo. Solo les tienen que dar novedad, y seguridad. No me incluyo porque me parezco mas fácil todavía: con sentirme amado ya.
    Mejor regreso a lo que vengo; Es lindo encontrarte topando con paredes que me han dejado la frente llena de chichones. Uno porque me siento menos güey -si te pasó también, ¿no sera que no es tan fácil evitar estos dolores?. Otro porque seguro lo que yo he encontrado y lo que tu miras, y viceversas, nos hacen bien al compartirlos.
    Eres exigente, ya lo admites. Séelo menos. Con tus amores, contigo misma. Y de paso, conmigo, aprovechando que estás de buenas.
    La precisión y preparación, el tallar y tallar la piedra, no alcanzan para lograr una maravilla. Equilibrar el sentimiento con el conocimiento es de lo más cabrón que hay, pero es lo que toca.
    Abrazo

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