The hours: to face the fact

“To face the fact

that we have lost

those feelings forever”

Clarisa to Louis Waters

Amo esta película con su tres actrices principales. Me habría encantado escribir el libro, concebir el guión y si me instalo de plano en lo creativa, hasta me habría fascinado componer la música que la distingue. Robo tiempo a mis actividades para volverla a ver de cuando en cuando. Todo el suceso está rodeado de un contexto que es muy grato de recordar aunque de pronto me duela tanto. No a todas mis amigas les gustó, pero a mí me sublima y por eso la veo sola. Quiero hacer el amor siguiendo las escalas tonales del piano de Phillip Glass en la espalda de mi amante.

Ayer volví a verla y no fue una buena idea. Después de lo de la imprenta quedé dolida. Cada escena, cada frase, cada momento me impactó.

Recordé cuando mis sobrinas y yo veíamos en mi estudio Monsters Inc, la más pequeña de ellas, se sabía todos los diálogos y los decía junto con los personajes. Así me pasó. La he visto tanto que ya me la he aprendido. Además he leído el libro en inglés y en español.

Todas las escenas me gustan por diversos motivos. Pero especialmente una ocupa hoy mi atención y ayer mi depresión. La escena donde Louis Waters llega a casa de Clarisa antes de la supuesta ceremonia de premiación de Richard. Recuerdan juntos el momento compartido de la disyuntiva de Richard entre Louis y Clarisa, quedándose con éste último.

To face the fact that we have lost those feelings forever. Hay tanto en esta frase, tanta fuerza en esta escena.

Clarisa bien sabe de qué habla, al considerar valiente a Louis. Ella misma no ha podido afrontar el hecho de que esos sentimientos se han perdido para siempre. Aunque sigue su vida, ni su hija, ni los diez años de sólida relación con Sally han podido equilibrar aquella pérdida.

Por eso me identifico con ella. Así me siento. Aunque yo no tendría su valentía ni su aplomo para recibir en mi casa -mucho menos invitar- a la otra persona que escogieron en el lugar que mi apasionamiento suponía era para mí.

Clarisa sublima lo que siente en lágrimas. Cae en crisis en el piso de la cocina. Sin embargo, tiene la dignidad y el supremo valor de la objetividad, al darle su lugar a su invitado, mencionándole que lo único que le molesta en la novela de Richard, es que éste no haya tenido la delicadeza de hablar un poco más de su romance con Waters. Ese es un detalle para admirar y para imitar.

Una lección de integridad y honestidad que habla muy bien de ella como ser humano, como mujer y como lesbiana. Los valores existen y hay que actuar de acuerdo a ellos aunque sientas que te lleva la chingada. Siempre.

Pero toda historia tiene dos caras y entonces, la respuesta de Louis me hace pensar, me atosiga y me lastima. Por lo visto, hoy tengo ganas de flagelarme, sólo espero que esto sea temporal. Lo que sí vale la pena de todo esto es expresarlo.  Louis se queda en silencio, ve a los ojos a Clarisa y le confiesa que cuando dejó a Richard fue cuando por fin se sintió libre. En el libro la escena viene más detallada. El romance no fue lo que se esperaba y ambos quedaron decepcionados.

Quizá, al final, la que salió ganando fue Clarisa, pero ella no lo sabe hasta después de mucho tiempo. Y mientras tanto, ha vivido las horas de la decepción, las horas de la introspección y quizá después de su plática con Louis Waters viva las horas de la reconstrucción.

To face the fact that we have lost those feelings forever.

¿Cuántas horas me faltan para lograrlo?  ¿Cuántas horas y en cuál reloj están contando?

Lorena Sanmillán

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