Taller de Novela I

Yo voy a escribir una novela. Según el maestro, esa es la frase más importante que todos debemos tener en la cabeza. Suena bien. Suena muy atractivo, imperativo y realizable.
Si a escribir se aprende escribiendo, supongo que a vivir se aprende viviendo y como dice Roffiel, los dolores se acaban doliendo.
Sentada en esa mesa, mientras sucedía mi primera clase de pronto vinieron a mí unas frases sueltas: “Lo más fácil fue acostarme contigo, cuando quise conquistarte comenzó la dificultad. Tan sencillo compartir un vaso de agua, lo que no supe fue apagar tu sed. Supe quitarte el frío aquella noche que temblabas pero no pude abrigar tu alma”. Me gustan las frases. Quisiera tener la certeza de saber a quién le escribo.
La novela tiene un fin estético, no precisa de un mensaje; continúa el maestro su exposición, mientras yo divago observando a mis compañeros y escribiendo todo esto en mi libreta multicolor. Somos 27 en esta primera sesión. Una de las cosas que me llama la atención del grupo es que ningún miembro del grupo utiliza ninguna -ninguna- de las famosas, caras y populares pulseras amarillas, rosas, rojas, negras. O a los intelectuales no les gusta ese rollo, o no les asusta el cáncer, o les pasan esas cosas de noche, o son un mercado de oportunidad para venderles una café (la pulsera de la cultura) o de plano -y esto es lo más probable- no tienen dinero para comprarse una pulsera de ningún color.
Me doy cuenta que varios compañeros han venido a presumir su biblioteca y lo leído. Se supone que eso es lo deseable. Lo extraño sería que no hayan leído nada. Aunque tampoco es necesario leer para escribir. Bastaría saber contar las cosas y desde la perspectiva personal encontrar el punto inédito de asombro dentro de la rutina cotidiana que haga que nuestro relato sea extraordinario aunque sólo hablemos de aquella tarde en que saboréabamos un elote desgranado en La Purísima de la mano de alguien que amábamos. Allá y entonces.
Insisten es escribir como…escribir como… no, compañeros no, yo no vengo aquí a escribir como nadie, yo vengo aquí a escribir o intentar escribir como Lorena Sanmillán, nada más. Me quedo callada con el comentario en la lengua, recordando lo dicho ayer por María. Ok, voy a intentar no decir nada. Me cuesta trabajo permanecer callada, pero lo logro. Supongo que basta con que yo lo interiorice y además lo practique.
Recordar a María, también me hace recordar su negativa de subir a volar mi cometa en el asta bandera. Otra persona que no ha querido acompañarme. Basta. Alguien más que dice que no. Iré sola. Me tengo a mí. Si luego lo quiero compartir, se los escribo y ya.
Tengo mucho mucho sueño. Pasé muy mala noche revisando tareas, preparando la clase y redibujando el consultorio. Necesito organizarme. Me da ilusión recibir mis escritos encuadernados mañana.
Esto es parte de lo que pienso mientras oigo sin escuchar el intercambio de opiniones entre el maestro y mis compañeros. De pronto dice algo que le sirve para cerrar la clase y con ello mi libreta de apuntes: Escribe con verdad y lo que hagas va a estar bien, va a ser auténtico porque viene de tu alma, del fondo de tu ser.

Lorena Sanmillán; Abril 20 de 2005

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