Lady in red

The Lady in red
is dancing with me
cheek to cheek
There’s nobody here
It’s just you and me
It’s where I want to be
And I hardly know this beauty by my side
I’ll never forget the way you look tonight
Sencillamente, me encanta esta canción, es de esas que por todo lo que implican se convierten en las favoritas de todos los tiempos. Tiene una magia, una sensualidad y un romance que me enternece y apasiona; pero nunca imaginé que esa noche podría bailarla con una mujer tan hermosa. Por fin, mi sueño se cumplió.
Era algo que siempre había deseado pero cuando tuve la canción no tenía la mujer; cuando tuve la mujer no había la canción y cuando tuve la mujer y la canción por alguna razón no pudimos bailarla. Sin embargo, esa noche todos los factores coincidentes se alinearon para que el suceso pudiera ver la luz. Hasta su disposición y mi atrevimiento. Gracias, también, a la complicidad de René para tocar una canción así en un bar donde casi no tiene nada que ver este tipo de baladas románticas y por ende, cursis.

La vi cuando llegó al bar. Era inevitable posar los ojos en ella y en todas las cosas pares de su hermoso cuerpo. Cejas amplias, simétricas y cautivadoras. Bonita, fresca y elegante, alta, cabello largo y oscuro; bella, así porque sí. Caminaba con pasos seguros pero pausados. Su perfume era como una caricia etérea.

Se necesita clase para lucir un sombrero vaquero con ropa de vestir y ella la tiene. Se necesita valor para llegar sola al bar, con resolución y firmeza y ella lo tuvo. Aunque preguntó por sus amigas, no parecían hacerle falta, se sentó en su mesa acompañada por sus pensamientos; se veía muy bien mientras esperaba. Cruzó las piernas y disfrutó su bebida. Era la encarnación de mi nunca antes encontrada Lady in red. Sencillamente, deslumbrante.

La dinámica del bar esa noche permitía intercambiar mensajes entre las hasta entonces desconocidas mujeres y porqué no, también entre las amigas de años y parejas establecidas que encontraron un modo romántico y divertido de refrendar su amor. Me acerqué a preguntarle si quería participar; accedió y le coloqué su número. El detalle no pasó desapercibido para quien como yo la había visto desde su entrada majestuosa. Varias solicitaron su número. Entre ellas, tímidamente, yo.

Una de sus amigas llegó y con ello su sonrisa brilló. El tiempo se detuvo y se partió en dos: AS y DS. Antes de su sonrisa y después de su sonrisa.

El bar comenzó a poblarse de gente. La música alegró el ambiente. Ella se veía feliz. Yo contaba los minutos pensando si me atrevería a pedir que pusieran la canción, si me animaría a sacarla a bailar y si accedería a mi petición.

Repartí mensajes, animé a la gente, platiqué con mis amigas. Le envié un mensaje donde le decía lo desesperantemente sensual que lucía. Lo agradeció con una sonrisa. Le comenté lo de bailar. Sí, como no, accedió diplomática. Supongo que nunca pensó que pudieran tocar esa canción en ese bar de corte latino-tropical, pero no contaba con la atención del anfitrión que siempre se preocupa porque sus clientes se la pasen de lo mejor y estaba muy lejos de imaginar que precisamente esa noche yo había llevado un cd con esa canción. Hubo un puente musical y en una pausa de mensajes (para no descuidar el asunto que me ocupaba y por el cual me encontraba ahí) me animé a subir con René y pedirle la canción. Nunca fue más oportuno llevarle el cd tantas veces prometido.

Discordante en su totalidad con el ambiente, empezó la canción. Los primeros acordes movieron mis pies y me cortaron el aliento. Aún así fui a ofrecerle mi mano para bailar. La magia comenzó a suceder pues, divertida, dijo que sí.

I’ve never seen you looking so lovely as you did tonight… Sonreía bellísima. Un montón de recuerdos se agolparon en mi presente mientras la tenía en mis brazos, aspiraba su dulce perfume y congelaba para siempre el brillo de sus ojos. La pista se quedó casi vacía dejando el espacio para nosotros. Una mano en su mano, la otra en su cintura, incapaz de retenerla, sólo compartiendo ese momento, unidas por 3 o 4 minutos danzando en el romance de una canción clásica y deliciosa. Quise platicarle tantas cosas, pero no podía, la timidez y la felicidad me inhibían.

I’ve never seen you looking so gorgeous as you did tonight, I’ve never seen you shine so bright, you were amazing… También tuve miedo de ser ridículamente cursi con una dulce desconocida. Toda la tensión y emoción se concentró en mis manos mientras la abrazaba y juntas cantábamos. Quise transmitirle ternura pero sólo me transformé en una de las protagonistas de mi canción favorita. Me encantó vivir ese momento con ella, donde cada palabra se convertía en algo real.

The Lady in red, is dancing with me, cheek to cheek… La canción, la mujer, el momento… Nunca sabes cuándo algo te va a sorprender, nunca sabes cuándo vas a cumplir un sueño… bailar una de las canciones más lindas del mundo con una de las mujeres más hermosas del bar, ¡Qué dulzura, qué ternura y qué suerte! Y tan linda y tan sonriente; sensual, iridiscente, femenina y transparente, linda en su diario vivir, atractiva en la distancia como estrella solitaria.

I’ll never forget, the way you look tonight, I’ll never will forget the way you look that night… Ojalá que ella también lo pueda recordar.

Lorena Sanmillán; Mayo 2 de 2005
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