Caras vemos, interiores no sabemos

Mi mamá es mujer sabia y encantadora. Sabe decir el comentario preciso en el momento adecuado. Y dentro de sus frases clásicas, se encuentra aquella de Primero cómprate calzones que la utiliza siempre que hago planes respecto a alguna futura compra, sobre todo si se trata de cuestiones tecnológicas. Basta que observe cualquier catálogo para que ella suelte su sentencia por encima de mis hombros. ¿Y de interiores cómo andas, chiquita?

Práctica e ingeniosa, predica con el ejemplo y sus regalos son inconfundibles. Si te regalan calzones, vienen de parte de mi madre. Y no les dice bloomers, panties, tangas, cortos, trusas o boxers, no, para la señora Rivera, todo son calzones. Ante su insistencia y sabiduría, pues no queda más que hacerle caso.

Así que andaba en un centro comercial buscando un celular –sí, un Telcel- cuando la voz de mi madre se instaló en mi conciencia. Primero cómprate calzones. Los introyectos pesan, no importa cuántos años de terapia y diplomados haya cursado.
Olvidé lo del celular para instalarme a la búsqueda de interiores inferiores, oséase, calzones.
Allá voy. Por alguna razón, es uno de los sitios donde más incómoda me siento. De pronto está exhibida frente a ti toda la intimidad que siempre guardas y que sólo le compartes a alguien especial. Se acercan las señoritas que trabajan en la tienda y me siento tan desnuda diciéndoles lo que busco. Ni a mi hermana le pido ayuda para escoger ese tipo de ropa y de pronto una mujer extraña me ayuda o pretende ayudarme a escoger un brassier. También es un sitio de tejer fantasías, pero ese es otro tema.
Ahí estaba. Escogiendo por descarte. Fuera todas las opciones coloridas y estampadas. Fuera los hilos dentales. Fuera lo negro. Fuera lo sintético. Fuera lo de encaje. Fuera lo barroco y de moñitos. Mis interiores siempre son blancos, de algodón y sin dibujitos.
Mientras seleccionaba, otra chica recorría al mismo tiempo los anaqueles. Usaba una blusa abotonada hasta el cuello, manga larga y de moñito de encaje. Pantalones holgados; dentro de una moda ya pasada, medias –quizá pantimedias- y zapatitos de charol. Perfume delicado y femenino. Toda una señorita decente, recatada. Sin una gota de maquillaje. Lady Modosita, la bautizo de inmediato.
Los calzones blancos que dispone la tienda no son de mi agrado. El corte francés deja media posadera de fuera y pareceré una zebra por las estrías. Los calzones ideales son los que ciñen pero no constriñen pero no encuentro nada de mi agrado. No localizo los boxers femeninos. El tiempo pasa. Van a cerrar donde venden los celulares, me digo para apurarme. Lady Modosita sigue también sin escoger.
Por fin encuentro unos boxers, pero no hay color blanco. Sopeso la idea de mudarme a la sección de ropa interior de caballero, ahí si debe haber boxers de todos colores y sabores, preferentemente color blanco. También acaricio la intención de comprar algodón y que mi hermana haga mis calzones diseñados por mí, con un bordado de hilo blanco de seda en alguna esquina.
No me queda más que preguntar. Encontraron unos en la bodega. Blancos, sencillos y de mi talla. Me convencen. Je. Me siento feliz porque al fin renovaré mi flotilla de verano 2005. Una docena de calzones, entre boxers y tangas, me dan permiso de ir a comprarme un celular. Entre tanto, me olvido de Lady Modosita.
Hago fila en la caja para pagar. Abrazada a mi flotilla de nuevo ingreso percibo un perfume familiar. Lady Modosita está justo detrás de mí. La cajera pasa revista sobre el código de barras de mis interiores blancos, cómodos y discretos. Resulta que los famosos calzones tienen descuento y además me dan un boleto para no sé qué sorteo. Mientras lleno el boleto, no puedo evitar curiosear sobre lo que se compró mi compañera de fila y de compras.
Su mercancía me deja impresionada. Las apariencias engañan, qué frase tan gastada pero en este momento es justo la más acertada. Ella también renovó su flotilla, pero lejos de usar los calzones de la abuela, cual corresponde a la imagen que proyecta, sobre la caja desfilan coloridos y mínimos calzoncitos de hilo dental, mini mini mini, sensualísimos y antojables. No cabe duda, caras vemos, interiores no sabemos.
Y ya con mis calzones, haciéndole caso a mi madre y con esa sorpresa, me fui a comprar mi celular.

Lorena Sanmillán; Julio 30 de 2005

2 Responses to “Caras vemos, interiores no sabemos”

  1. Mrl* Says:

    hola lorena, lleguè aqui por un descuido, peo a veces son los mejores.
    cuidate, me gusta la manera en que te expresas.

  2. Janover Says:

    Yo viví 3 años con una Lady Modosita. ¡Si te contara…! Los calzones eran invisibles por detrás, y por delante eran ridículos: ¡Cuestan 10 veces mas que los míos, y son un retal mínimo, apenas para el apenitas!
    Nunca me ha emocionado la corsetería.
    Si fuera mujer, también tendria puros chones de algodón, blancos, suavecitos, y que tapen. O de plano no me ponía nada.
    Bueno, soy hombre, y casi es lo que hago. Raro que no use chones, muuuuy raro.
    Pero ahi te va…bajo ese cuerpo de incitación, había mas miedos que prejuicios, que ya eran bastantes. Nunca dimos pie con bola, bueno, rara vez.
    O sea que en el caso de Milady, las apariencias engañaban al engaño. Chones de hetaira, concupisencia de abuelita conservadora.
    Y no, no fué por eso que ya no estamos juntos.

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