Sí funciona y (en mala hora) funciona muy bien

Ajá. Cómo no. Jodida como ahora tengo mi vida y encima pasan estas cosas en mis sueños. Vale la pena hacer una cronología y no está de más destacar -otra vez- mi total y absoluta fascinación por Miguel Bosé.

La última semana de junio, dentro de la fecha límite, fallándole a la mexicana manía de hacer las cosas al último minuto, acudí a las oficinas de la Sección Amarilla para inscribir un anuncio del local que por ahora diseño y construyo. Todo muy bien. Nosotros le hablamos.

Había un error en el anuncio, así que era necesario corregirlo. Allá voy de nuevo. Con la diseñadora, con el pela’o que me atendió. Que de eso se encarga su Departamento de Diseño, que no hay ningún problema, que estamos en tiempo. Nosotros le hablamos.

Aprensiva en el trabajo y los pendientes y ante la debacle ocasionada por tantas cosas adversas dentro de un proyecto aparentemente tan pequeño, decidí insistir. Ya sé. Conozco muy bien el dicho de “No empujes el río, porque fluye solo”, sin embargo, seguí insistiendo. La respuesta era, siempre, la misma: Nosotros le hablamos.

Y así, cada lunes, durante todo julio, un mail, un telefonema. ¿Qué noticias tiene de mi anuncio? Todo bien, nosotros le hablamos.

Ayer fue lunes. La mágica mañana del lunes coronó un gran fin de semana. Con mis ojos cerrados y la mente abierta a la ensoñación, ahí estaba, en un concierto de Miguel Bosé en Las Ventas. Volví a sentir todo. La emoción de la fila, la gran alegría al comprar los boletos. Estar ahí, ahí, precisamente ahí con el hermoso hermoso hermoso de Miguel Bosé. Todo él, todo su arte, todo música, todo talento, todo poesía…Ese modo de andar, ese look cha cha chá… Tirar pa’lante, hasta que el corazón aguante…Amiga, qué dulce esa palabra y qué sencilla esa palabra suena hoy…Te amaré, te amaré…Le mer…

Y de pronto, por alguna razón tenía un libro en la mano. Su biografía autorizada. Egobiografía que no he comprado ni creo comprar porque aunque valga lo que cuesta no he estado dispuesta a pagar el precio que en el mercado se le ha fijado. Pero tenía su libro en la mano y estaba haciendo fila para que me lo autografiara.

Llegó mi turno. Huelga decir lo fascinada que estaba. Perdida en su mirada azul, extraviada en su galanura. Encantada. Realizada. Feliz. Era tan real, que hasta podía oler el sudor combinado con su loción. Quería besarlo, tomarme una foto, eternizar el momento de su abrazo. Le extendí el libro para que me lo firmara. Justo empezaba a dibujar la M de Miguel, cuando se escuchaba a lo lejos un celular que sonaba. Yo no lo identificaba. Bosé me mira enojado y me dice “¡Joder, anda, constesta ya que tu teléfono me da la lata!”

Y contesté, regresando a la realidad tirana que se ríe a carcajadas, arrancada de ese dulce sueño cual jugada del cruel destino. Lunes. Ocho de la mañana. Era la Sección Amarilla. Cumpliendo su palabra. Ya está listo su anuncio. Vaya, vaya.

Sí funciona… y (en mala hora) funciona muy bien.

LSM; Agosto 8 de 2005

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