Dos horas de mi vida

Es lunes. Son las 15:00 y apenas voy llegando a la oficina. No está la otra arquitecta, pero igual alguien ha ocupado el espacio para estacionarse. Así que mi coche se queda enfrente. Está muy sucio. Necesita una buena lavada, de todo a todo. Aspirado, lavado, encerado. También sería bueno darle una pulida, pero ya será eso más delante.

Abro la reja. Vuelvo a batallar como el viernes. Es una de las cosas que más me molesta. Que las puertas no se abran bien a la primera. No sé si se trate de un asunto metafórico o una neurosis, en cualquier caso me molesta. Y tal pareciera que este tipo de puertas me persiguen. ¿Será que no las sé abrir?

La gran ventaja de estar sola en la oficina es que puedo masticar el chicle como me dé mi gana y escuchar la música que yo quiera. También puedo hablar sola. Todo trabajo tiene su recompensa.

Enciendo el celular. No debería pero lo hago. Espero algo que no sucederá.

Encima del escritorio hay un recado para mí. Leo.

Enciendo la computadora. Tomo los libros que hay para leer.

No tengo ganas de hacer nada. Aunque vuelvo a ver el cronograma y ya estoy en tiempo de entrega. Mis etapas de trabajo son muy diferentes. Supongo que en esto consiste ser profesional, estar por dentro que te lleva la chingada, y continuar trabajando como si nada pasara. Hinojosa puede.

Consulto mis mails. Noticias. Los pecados capitales. Responder algunas cosas. Releer a Ximena. Establecer citas. Es un poco una rutina.

Y claro, hoy también se encuentra en mis pasos escribirle. Aunque estoy muy enojada conmigo. Tantos años de marquesa y no saber mover el abanico. Hoy debería quedarme en silencio. Hoy debería llorar. Pero le escribo para tratar de establecer de nuevo el vínculo entre las dos. Tantas lecciones y nada que las aprendo. Debería desaparecer dignamente perdida en un silencio.

J y yo nos veremos más tarde. Necesitamos hablar. Cada quien de lo suyo. Por el msn nos vamos dando adelantos de lo que conversaremos más adelante. Estamos dolidas. Qué risa, valientes amigas. Tan lejos que estuvimos y ahora ambas nos buscamos para darnos consuelo. Quizá al final todas las cuestiones que pasan las va diluyendo el tiempo.

Comienzo este escrito para ir avanzando con mi tarea. He tenido mejores dos horas en mi vida, pero bueno, como ejercicio suena bien. Dos horas en el bar, dos horas en mi estudio, dos horas de amor. Dos horas viendo “Las horas”. Y no sé cuáles escoger.

Abro por fin el archivo de arquitectura. Releo lo escrito el viernes. Me vuelvo a conectar con lo pendiente. Surgen las ideas. Subo al tapanco por un libro que necesito. Se ve tan bonito el cerro de la silla desde ahí. Cae el sol y me alegra un poco. Quizá me vaya a trabajar allá, está más acogedor el espacio.

Introducción a la programación arquitectónica. Comienzo a leer. Interrumpo. Creo que es mejor comenzar por la taxonomía de métodos de diseño de Broadbent. Subo de nuevo al tapanco. Escucho mis pasos en la escalera metálica. Está pesada la muchacha o hay demasiado silencio aquí. Pum, pum, resuenan mis zapatos como el estruendo de una tribu de mamuts. Necesito bajar de peso.

Tengo mucho sueño. Es la tercera vez que bostezo. Me urge reorganizar mi tiempo. O se vive de noche o se vive de día. Elegir lleva una renuncia. Hay que establecer prioridades.

Suena el celular. Me invitan un café. ¿Cuando? Cuando quieras. El jueves. El jueves no puedo. Um que la, pues no que cuando quiera? Sí, es un decir. Ok. De acuerdo. Como si las palabras no sirvieran para lo que son. Es un decir. Todo es un ensayo. Hay que comprometerse desde los diálogos. O mejor, con las acciones.

Comienzo la taxonomía. Releo los capítulos que ya había señalado. Va sonando bien el escrito. Va tomando forma. Hay que poner las definiciones, cuadros sinópticos. ¿Dónde quedó la demás información? Hago una lista de tareas para la chica que se supone es mi ayudante.

Sigo sin saber cual era el ejercicio del taller de cuentos. ¿Contar como es mi vida en dos horas? ¿Escribir de continuo dos horas? ¿Narrar dos horas? ¿Es un asunto capcioso? Porque siendo así, podría narrar el día de hoy de las 5:00 a las 7:00, que fue cuando dormí. Dormía. Sería la única palabra de la única línea.

Me acaban de entregar un Abstract que pedí me imprimieran. Recorrido histórico por la metodológía del Diseño. Ahora, a leerlo. Suena un tanto complicado, pero es así, escribo mientras leo.

Es una conferencia dictada en San Sebastián. Recuerdo mi viaje, pienso en Jordi que está conectado en msn pero no responde. Voy por un resaltador de texto. Tomo notas y pienso.

Quiero un cigarro y un café. Aquí no puedo fumar. Voy al OXXO por mi café Moka.

En el camino me encuentro a dos conocidas del bar. Apenas las reconozco, se ven muy diferentes con la luz natural. Me detengo a platicar. Hubo pleito el sábado y ni me enteré. Me cuentan, encantadas, todos los detalles. Hasta parece que estuvieron ahí. Es fascinante la dinámica inherente de la información. Lo triste de este tiempo de chisme es que consume la pausa que pensaba darle a un cigarro.

Regreso a la oficina. Ha llegado la chica que vive en la parte alta. Nos saludamos con cortesía. Ella es demasiado educada como para ser su amiga. Sólo nos concretamos a intercambiar frases y se retira. Le ofrezco unas galletas que rechaza.

Termino de leer el documento. Veo el reloj. Pasa de las 17:00, el tiempo ya se cumplió. ¿Cuento o no cuento el tiempo que salí de aquí?

LSM; Enero 30 de 2006

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: