Equivocación

Sábado por la noche, en el bar tenemos evento. Por lo tanto, además de ser tan hermosa, he de parecerlo. Viene la pregunta que nos acompaña a todas desde que existe la primera mujer, ¿qué me pongo? La cuestión obedece a la inercia, pues desde hace un mes tengo todo planeado.

Hace frío. Entonces hay que usar saco. Mi decisión oscila entre el Burberry que regresaron ayer de la tintorería y el Oscar de la Renta que hace meses no me pongo. Ambos son negros y de corte clásico, pero es obvio cual escogeré.

Ahora a planchar. Camisa de rayas blancas muy exquisitas que sobresalen de un sólido color negro. Puños almidonados lo mismo que el cuello. Las rayas del pantalón parecen trazadas con una plomada láser sin que esto impida percibir la suave caída de la tela.

Zapatos pulcros. Bien conservados y boleados. Reloj, aretes, anillos, collar y mancuernillas de plata pulida. Mascada blanca de seda cruda, egipcia. Todo siguiendo la partitura impuesta por mi neurosis de exigencia.

Exceptuando los calcetines, la ropa interior es de seda blanca. Gusto discreto y refinado. Más que vestirme, cubro mi cuerpo con lo mejor del repertorio hasta llegar a la transformación de mujer escaparate. ¿Perfume? Claro, Eve, de Fragonard, comprado en París, ¿dónde más?

Han depilado y trazado mis cejas. En el mismo salón, con un poco de pinturas, han transformado mi rostro en una auténtica obra maestra, destacando los rasgos que lo caracterizan. Mi cabello, pesado y abundante, lo han cepillado hasta sacarle brillo.

Luzco tal cual imaginaba. Me voy al bar a partir plaza. Coche recién lavado y encerado. Carmina Burana de música de fondo.

Entro al bar sin mirar a nadie. Apenas saludo a quien voltea y se llena la vista con mi perfil. Ella se acerca, ingenua, cree que podremos dialogar. Qué guapa te ves, me dice una frase hecha y por demás gastada, no le da para más lo que se supone tiene por cerebro. Mi cultura me permite comprender su nivel y ni siquiera me digno a contestarle nada. Inspira lástima esa mujer, vive equivocada.

Me siento en la mesa reservada para mí. Sobra quien se ofrece para encenderme un cigarro. Tengo mi propio encendedor, yo me hago cargo. Ella insiste. En serio, te ves muy guapa. Como respuesta le aviento la bocanada de humo en plena cara. Estás equivocada, le digo sin palabras impostando la mirada enfocada en el vacío de la distancia.

Yo no me veo guapa, nunca me veré guapa. Criaturita errada. Guarda tus comentarios para cuando no estés frente a esta diva real que hoy se aparece frente a tu cara. Sal de tu equivocación, crece, asúmelo, que yo no me veo guapa hoy, ni ayer, ni mañana. Yo no me veo guapa, que te quede claro, yo SOY guapa.

LSM; Enero 31 de 2006

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