Archive for February, 2006

Distancia

February 23, 2006

Caminas apresurada por Paseo de la Reforma. Decides husmear en la Gandhi. Huele a libros nuevos. Ese olor te seduce. Paseas la vista por cada uno de los escaparates. Poesía de Sabines. Cien diablos guardianes. Diez rayuelas. Un punto y aparte. Quieres comprar un poco de todo mas tu indecisión impide que seas mercante.

Sales de nuevo a la calle. Continúas tu camino por Madero. Uno de tus tacones se atora en las imperfecciones de los adoquines. Debiste traer zapatos cerrados, planos, pero no, decidiste usar esos de femme fatale, absurdamente entaconados.

Entras al Sanborn’s de los Azulejos. En la dulcería compras trufas de la casa. No hay mesa disponible en la parte baja. ¿Ir hasta allá y no cenar frente a la fuente del patio central? Inconcebible. Te anotan en la lista de espera.

Buscas unos pompons, hojeas y ojeas los libros. Comparas precios con respecto a la librería anterior. Te alegras de no haber adquirido nada por impulso. Tomas una postal que no enviarás a nadie.

Te asignan mesa. No hay vuelta de hoja para escoger la cena, aunque haya muchas opciones en el menú. Un pozole resulta tentador pero sigues la línea tradicional: Enchiladas suizas y limonada en agua mineral.

Sientes el descanso en tus pies apenas te sientas. Has caminado todo el día. Tienes una historia pendiente con los búhos del mural. Vas a contarles las novedades de tu vida. Hablas con los demonios de tu pasado. Han ido de viaje contigo. Recuerdas a tu hijo. Lo llamas para darle las buenas noches. Quieres mudarte a esa ciudad. Sopesas opciones.

Disfrutas tu platillo y tu soledad. Rechazas el postre que te ofrecen. Sólo pides un café que endulzas con una trufa. Ignoras que compartimos el gusto por el chocolate amargo. Enciendes un cigarro. Soy la última idea que podría pasar por tu cabeza. Por un huequito en la ventana alcanzas a ver las musas de Bellas Artes fantásticas e iluminadas.

Hinojosa; Febrero 22 de 2006

Proyecciones

February 23, 2006

Cena calentada en el microondas. Gorditas de cochinita pibil. Tres sólo tres, ni una más. Siento de nuevo la acidez que me ha acompañado desde mediodía. La cerveza helada paraliza mi garganta al pasar. Un eructo se abre paso desde la boca de mi estómago y puebla de vida la sala vacía. Descansa un poco mi cuerpo. Quiero que pase algo similar con mi cerebro. Suspiro. Un cigarro acentuaría el malestar, por eso lo enciendo. Duele, luego existo.

¿Empezó ayer o al amanecer? Anoche me topé con Nidia. Doctora en Historia de la Arquitectura. Su título le sirve para un carajo y nada. La han puesto a impartir clases de licenciatura, como recién egresada. ¿Y sus años de estudio qué? ¿Y lo que sabe, quién lo aprovecha? ¿Para qué irse tan lejos si lo que hace hoy es similar a lo que hacía antes de irse? Claro, lo paseado nadie se lo quita; pero es humillante su nueva estadía. Un mal sabor de boca se instaló en mí. Posgrados, títulos, éxito, metas pendientes. Felicidad incumplida. Nadie dijo que fuera fácil.

También está Paola. Un caso similar aunque un poco más dramático. Regresa triunfante de la Complutense de Madrid, Mención Honorífica y tal. Desacostumbrada al sol regio, sus notas laudatorias le sirven de parasol y cubre así su cara. Rectoría no la recibe ni le dan la bienvenida ni las gracias.

Las cuestiones personales quedan en punto y aparte, por hoy tengo suficiente con las broncas profesionales. Jóvenes, talentosas, comprometidas, entregadas. Frustradas y desempleadas, como yo. La vida para conseguir un sueño y entre más te acercas, más lejos camina. ¿Es bueno el camino que he elegido? ¿Funcionarán mis planes?

Despierto temprano escuchando el celular que atosiga, una llamada perdida. Mi socia me busca. Debe ser algo importante para que me llame a esas horas. Devuelvo la llamada de inmediato. Le urge verme. Me baño pensando que no me va tan mal. Tengo un trabajo fascinante. Cuestión de acelerar las cosas. Apurarme, concretar. Seguro no está de acuerdo con mi trabajo de noche. Ajustaremos horarios. La sorprenderé con mi trabajo de hormiga. Silenciosa pero avanzando. Por desayuno sólo un café, yogurt y medio taco. Ese dolorcillo en el estómago viene acompañado de asco.

Llego a la oficina. Tengo algo seguro en mi existencia. La certeza de un plan que tiene todo mi entusiasmo. Ella está muy seria. La Editorial ha cambiado el Jefe de Área, nuestro contacto. El proyecto se va a la congeladora, suspenden los pagos y el compromiso de publicarnos. Podemos seguir, por cuenta propia, por apoyo moral no paramos.

Quedo en silencio. Cómo pesa en la espalda mi laptop. Nada es seguro y menos aquello en lo que más te has recargado. Siento una punzada en el pecho y un golpe seco en mi regazo. Puta madre, digo para mí. Evalúo la situación y las posibilidades antes de decir algo.

No pongas tus huevos en una sola canasta. Quién no arriesga no gana. Bástale a cada día su propio afán. Se sufre pero se logra. Ayúdate que yo te ayudaré. Si te mueves con verdad, lo que hagas estará bien. El fracaso estimula la voluntad. Se puede vivir sin amor pero no sin dinero. Frases gastadas que no sirven de nada pero llenan el silencio incómodo.

La tarde transcurre pesada entre mi socia y yo. Cada dos segundos intento convencerla de continuar en algo en lo que yo misma he dejado de creer. ¿No nos vamos a rendir a la primera o sí? Hay que terminarlo y ver qué hacemos después, vender la idea, conseguir otro contacto. Todo lo digo de dientes para afuera, por dentro me estoy desmoronando.

Mutilo un cuento para entrar al concurso. Los que te aman te dan fuerza para intentar cosas. Me concentro en las letras al tiempo que me evado de la arquitectura. ¿Será una metáfora situacional o una pregunta existencial?

Dejo el sitio seguro de la oficina para meterme en el tráfico del centro de la ciudad. Hora pico. Todos vamos a nuestro destino, queremos llegar primero. Invadimos carriles, olvidamos las direccionales. Que batallen los demás. Nos importa muy poco tener conciencia de los otros. Sólo vemos lo que está frente al parabrisas delantero. Pendejos, todos los demás son pendejos. Quizá, Hinojosa, quizá, pero ellos vienen de su trabajo y tienen un sueldo.

Entrego mi cuento. Quiero estar sola. Le pondré pausa al asunto profesional para concentrarme en el personal. No puedo. Todo va junto con pegado. Necesito equilibrar mis cinco áreas de importancia para alcanzar la felicidad y compartirla. Me siento débil y quiero que me apapachen. No estoy tan jodida, pero este revés me ha partido en dos.

De nuevo la acidez. Otra cerveza que me adormezca. Otro cigarro que me lastime. Otro eructo que me arrulle. Me tiraré en la cama a sentir lástima de mí. Después de todo, esto es más fácil que hacer un recuento de mis habilidades y seguir.

Hinojosa; Febrero 22 de 2006

Del Ancira al Alamey

February 17, 2006
Bette y yo tomamos un café en el Lobby del Ancira. Es nuestro momento de compartir espacios emblemáticos. Poco a poco se va integrando a mi vida. Escribo, le cuento, mi cita con Ximena, aquella noche de martinis con María y la madrugada retando a Mine y Grace.

Estoy feliz porque tengo una escucha comprometida que no interrumpe. ¿Más café? Sí, gracias. Con mucho cuidado el mesero sirve la cantidad exacta. Aunque huele delicioso, no quiero que ni los vapores le lleguen a mi muchacha. No quiero maltratarla, por eso tampoco fumo si estoy frente a ella.

Una niña brinca y curiosea cerca de mí ¿Dónde estarán sus padres? La laptop le llama la atención. Le sonrío por inercia. Disfruto la red inalámbrica platicando con Jordi. Multitasking, en otra ventana trato de resolver una cotización. Actualizo archivos, reviso cuentos, leo el periódico.

La amenaza se acerca de nuevo. Vence la mínima distancia prudente. La volteo a ver con mirada fría y una mueca inequívoca de “Ni te atrevas” A Bette nadie la toca y menos tú, chavalilla con tus manos pringosas.

No hace caso de mi advertencia. Pone la mano en el centro de la pantalla de mi computadora. Un ¡No! me sale desde mis entrañas. Se paraliza el movimiento del hotel y milagrosamente revive la ausente madre.

La señora se aproxima, viene hacia donde estamos Bette ultrajada, la chavalilla asustada y yo encabronada. Comenzamos a discutir. Me duele horrores la imagen que veo en la pantalla.

Que no le grite. Que no toque mi computadora. Que es su hija. Pues entonces que la cuide. Alzamos la voz y discutimos. Molesta y dolida, apenas levanto la mirada. Sólo veo a mi Bette, consternada.

Todo puede empeorar. Toma mi taza de café y lo vacía entero sobre el teclado. Veo en su rostro cómo disfruta la crueldad innecesaria. Me duele el alma. Remata la faena con una cachetada que cruza mi cara. Me arden las mejillas pero no pondré la otra. La fulana ignora que yo no doy cachetadas de señorita ofendida, por respuesta le suelto un puñetazo, que no por nada he sido siempre fan de “El Santo”.

Un escándalo es el nuevo huésped incómodo. Los empleados de Seguridad nos separan. Alguien le ha llamado a la policía. En la revuelta pierdo el celular, la laptop y la dignidad. Quedo esposada. La granadera nos lleva juntas a las celdas del Alamey. Vocifera más que habla; yo apenas si puedo llorar. Tiemblo de coraje y estoy de luto por Bette.

Sigo esposada a las rejas. Alguien toca la puerta. Me parece ilógico que un guardia lo haga. Insisten. Me enderezo. ¡Pase! Es Grace, que ha venido a visitarme. Dicen que en la cama y en la cárcel se conocen los amigos. Ella no me juzga ni condena, se concentra en preguntarme ¿Qué te pasa? ¿Qué tanto guerreas? ¿No te ibas a ir temprano?

Suspiro aliviadísima. Sobo mis muñecas liberadas. Bette, intacta, duerme a mi lado.

El Reino de las Palabras

February 8, 2006

– ¿Cómo te fue? – Le preguntan los Caballeros Pensamiento apenas la ven salir de aquella reunión.
– Otra comida más. Nada rescatable.
– ¿Y tus armas, princesa, las que te dimos la semana pasada? – Inquietos, los Caballeros le preguntan mientras la escoltan en su camino al Palacio de las Letras donde el Concejo y el Rey la esperan.
– Revísenlas. Creo que las he puesto de nuevo en la maleta.
– Bien, has traído casi todas de regreso. Algunas palabras vienen usadas, otras incompletas. Las más se han reunido para utilizarlas en oraciones. Sentencias encadenadas para contar historias. Las fraseshechas, son las que más faltan. – Así dice el informe que le envían al Concejo.
– Sí, pero no me han servido de mucho.
– ¿Y los aditamentos? – Los Caballeros, implacables, siguen pidiendo el resto.
– Ahí están. También en el cuaderno.
– Dos puntos, puntoycoma, suspensivos, paréntesis, interrogaciones, exclamaciones, interjecciones, conjunciones, etcétera – El inventario está bien. Ahora puedes pasar a ver al Rey.

– Bienvenida al Gran Salón del Palacio. Hemos visto que en una semana esbozaste ideas para un cuento. Diste vida a un aforismo. Escuchaste críticas, expresaste opiniones. Te abriste paso en un camino que no conocías, tomaste de bandera la Valentía. Venciste el miedo de la Ignorancia. Le arrancaste a la Nada palabras que volaban y las aterrizaste.
– ¿Qué tienes por decir? ¿Qué has hecho con lo que se te ha dado? – Se oyó la voz del Rey interrumpiendo al Concejo.
– Poca cosa, casi nada –la princesa toma otra frasehecha prestada- sólo un cuento.
– Un cuento no es poca cosa; lo que sí es lamentable, es no saber valorar intentos.
– Estaré condenada al exilio. He de aceptarlo.
– No, eso sería muy sencillo. Haremos contigo algo más sensato. Se te devolverán tus armas y armadura. Estarás sentenciada a volver a intentarlo, las veces que sea necesario hasta lograrlo, pues en este Reino, nunca hemos admitido escritores desesperanzados. Usa el Talento, que por algo te ha sido confiado.

Hinojosa; Febrero 8 de 2006