Proyecciones

Cena calentada en el microondas. Gorditas de cochinita pibil. Tres sólo tres, ni una más. Siento de nuevo la acidez que me ha acompañado desde mediodía. La cerveza helada paraliza mi garganta al pasar. Un eructo se abre paso desde la boca de mi estómago y puebla de vida la sala vacía. Descansa un poco mi cuerpo. Quiero que pase algo similar con mi cerebro. Suspiro. Un cigarro acentuaría el malestar, por eso lo enciendo. Duele, luego existo.

¿Empezó ayer o al amanecer? Anoche me topé con Nidia. Doctora en Historia de la Arquitectura. Su título le sirve para un carajo y nada. La han puesto a impartir clases de licenciatura, como recién egresada. ¿Y sus años de estudio qué? ¿Y lo que sabe, quién lo aprovecha? ¿Para qué irse tan lejos si lo que hace hoy es similar a lo que hacía antes de irse? Claro, lo paseado nadie se lo quita; pero es humillante su nueva estadía. Un mal sabor de boca se instaló en mí. Posgrados, títulos, éxito, metas pendientes. Felicidad incumplida. Nadie dijo que fuera fácil.

También está Paola. Un caso similar aunque un poco más dramático. Regresa triunfante de la Complutense de Madrid, Mención Honorífica y tal. Desacostumbrada al sol regio, sus notas laudatorias le sirven de parasol y cubre así su cara. Rectoría no la recibe ni le dan la bienvenida ni las gracias.

Las cuestiones personales quedan en punto y aparte, por hoy tengo suficiente con las broncas profesionales. Jóvenes, talentosas, comprometidas, entregadas. Frustradas y desempleadas, como yo. La vida para conseguir un sueño y entre más te acercas, más lejos camina. ¿Es bueno el camino que he elegido? ¿Funcionarán mis planes?

Despierto temprano escuchando el celular que atosiga, una llamada perdida. Mi socia me busca. Debe ser algo importante para que me llame a esas horas. Devuelvo la llamada de inmediato. Le urge verme. Me baño pensando que no me va tan mal. Tengo un trabajo fascinante. Cuestión de acelerar las cosas. Apurarme, concretar. Seguro no está de acuerdo con mi trabajo de noche. Ajustaremos horarios. La sorprenderé con mi trabajo de hormiga. Silenciosa pero avanzando. Por desayuno sólo un café, yogurt y medio taco. Ese dolorcillo en el estómago viene acompañado de asco.

Llego a la oficina. Tengo algo seguro en mi existencia. La certeza de un plan que tiene todo mi entusiasmo. Ella está muy seria. La Editorial ha cambiado el Jefe de Área, nuestro contacto. El proyecto se va a la congeladora, suspenden los pagos y el compromiso de publicarnos. Podemos seguir, por cuenta propia, por apoyo moral no paramos.

Quedo en silencio. Cómo pesa en la espalda mi laptop. Nada es seguro y menos aquello en lo que más te has recargado. Siento una punzada en el pecho y un golpe seco en mi regazo. Puta madre, digo para mí. Evalúo la situación y las posibilidades antes de decir algo.

No pongas tus huevos en una sola canasta. Quién no arriesga no gana. Bástale a cada día su propio afán. Se sufre pero se logra. Ayúdate que yo te ayudaré. Si te mueves con verdad, lo que hagas estará bien. El fracaso estimula la voluntad. Se puede vivir sin amor pero no sin dinero. Frases gastadas que no sirven de nada pero llenan el silencio incómodo.

La tarde transcurre pesada entre mi socia y yo. Cada dos segundos intento convencerla de continuar en algo en lo que yo misma he dejado de creer. ¿No nos vamos a rendir a la primera o sí? Hay que terminarlo y ver qué hacemos después, vender la idea, conseguir otro contacto. Todo lo digo de dientes para afuera, por dentro me estoy desmoronando.

Mutilo un cuento para entrar al concurso. Los que te aman te dan fuerza para intentar cosas. Me concentro en las letras al tiempo que me evado de la arquitectura. ¿Será una metáfora situacional o una pregunta existencial?

Dejo el sitio seguro de la oficina para meterme en el tráfico del centro de la ciudad. Hora pico. Todos vamos a nuestro destino, queremos llegar primero. Invadimos carriles, olvidamos las direccionales. Que batallen los demás. Nos importa muy poco tener conciencia de los otros. Sólo vemos lo que está frente al parabrisas delantero. Pendejos, todos los demás son pendejos. Quizá, Hinojosa, quizá, pero ellos vienen de su trabajo y tienen un sueldo.

Entrego mi cuento. Quiero estar sola. Le pondré pausa al asunto profesional para concentrarme en el personal. No puedo. Todo va junto con pegado. Necesito equilibrar mis cinco áreas de importancia para alcanzar la felicidad y compartirla. Me siento débil y quiero que me apapachen. No estoy tan jodida, pero este revés me ha partido en dos.

De nuevo la acidez. Otra cerveza que me adormezca. Otro cigarro que me lastime. Otro eructo que me arrulle. Me tiraré en la cama a sentir lástima de mí. Después de todo, esto es más fácil que hacer un recuento de mis habilidades y seguir.

Hinojosa; Febrero 22 de 2006
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