Do you… los Azulejos?

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Juan de Lobos, Sanmillán, Jez y Rebeca, en Los Azulejos 

Después de ver la exposición de Frida, nos dirigimos a la cita con Rebeca que tendría lugar en el Sanborn’s de Madero y de ahí nos iríamos a la reunión convocada por Sabinazo. Jez y yo atravesamos la explanada de Bellas Artes, cruzamos la calle y ahí estaba la Casa de los Azulejos. Apenas verla, sentí ese abrazo arquitectónico que había deseado desde la primera vez que pisé el suelo de la Ciudad de México y cumplí el sueño de conocer el sitio que en mi existencia se volvería emblemático.

Volver a los diecisiete después de vivir un siglo. Volver con la frente marchita. Volver, volver, volver… a los Azulejos otra vez. Llegaré hasta donde estén, quiero volver, quiero volver, quiero volver, volver. Volver.

Los balcones me dieron la bienvenida. Cuando me ven llegar, se ponen tan felices como yo del reencuentro. Saben que siempre soy la misma y que siempre soy distinta. Saben y sienten que los quiero. Sonreímos por vernos de nuevo. Los toco, los mimo, los retrato y a veces hasta los beso. Entre mis parpadeos y los reflejos de sus cristales, nos contamos las novedades. Nos estamos hundiendo; mis brazos quieren ser estadales.

Encontramos a Rebeca, anotada ya en la lista de espera. Ha pedido mesa frente a la fuente. El detalle me conmueve, sobretodo porque ella ignora lo significativo que es para mí este sitio y precisamente el patio. ¡Arturo López! Lee la recepcionista con tono de comandante. Él ya tiene espacio para comer y la sigue obediente.

Comparto una mueca bidireccional con la escalera. Ojalá pudiera hacerle una reverencia Tan bello es caer a tus pies… pero mi espalda insiste en prohibirme muchas cosas y creo que no la subiré. Ya tuve suficiente con las de Bellas Artes. Cada mirada un escalón, cada escalón una mirada y entre las diferencias de altura le voy enterando de los últimos altibajos de mi alma. Ella enuncia en sí misma una metáfora: paso a paso, Sanmillán, paso a paso. ¡Jesús González!, grita la señorita, sacándome de mis reflexiones con su acento imperativo.

¡Carlos Hernández, sígame! Dice la enérgica recepcionista y le asigna mesa al afortunado. Abrazo a mis acompañantes. Estoy muy emotiva, casi se me salen las lágrimas. Poco les digo sobre lo que significa para mí estar ahí. A veces no hacen falta las palabras. Sólo me concreto a abrazarlas, a besarlas, que a final de cuentas es prerrogativa femenina llenar de caricias a quien amas.

Un nuevo nombre en la lista llena un breve silencio entre los murmullos de las conversaciones y la sinfonía metálica de los cubiertos. ¡Mís-ter Wi-lli-am-s… -dice la jóstez, mientras empieza a perder su aplomo- do…you…do… you…! Jez y su memoria acústica enuncian un yahooooooo que nunca tuvo mejor incursión. Rebeca y yo intentamos disimular. El extranjero sigue a la recepcionista pisando nuestra alfombra de carcajadas trenzadas. Los arcos del patio, en simetría, duplican nuestras sonrisas.

Nuestra mesa está lista tiempo después. Enchiladas Suizas y cerveza Victoria para comer. Tantos recuerdos fluyendo dispersos hasta agolparse en mi corazón. Nuevos significados instalándose en mi existir. Labios nuevos con palabras gastadas transformándose en sonidos de arpa.

Juan de Lobos llegó a acompañarnos. Agradable y sensato en sus comentarios. Vital, inquieto, creativo, de plática amena y gestos afables. Con su aullido bajo el brazo. obra que ahora tengo autografiada. Empapado por la lluvia momentánea. Sospecho que en el DF se compra la lluvia sólo por tiempo. Café de sobremesa. Trufas para llevar. Foto del recuerdo. Los abrazos de los amigos sanan las cicatrices de los recuerdos.

Al llegar a la caja, vemos de nuevo a la jóstez, las tres intercambiamos miradas, cómplices de un delicioso momento compartido. Do you…Los Azulejos? Reímos; beso la pared y salimos.

Lorena Sanmillán

2 Responses to “Do you… los Azulejos?”

  1. Dra. Lewis Says:

    ¡Qué delicia!

    No sólo es la crónica. Son las imágenes, el sentimiento, esa tarde lluviosa que se transporta hacia donde me encuentro. Conocí los azulejos harán unos cinco años. Me pareció un sitio encantador. Lo describes de una manera tan especial…

    Gracias, Lorena, por las estampas que nos regalas. Continúa, por favor, creando. Aprovecha esa exquisita sensibilidad de la que estás dotada. Aquí tendrás a tus fieles lectores, ávidos de la siguiente crónica.

    Un abrazo, Lorena.
    Te admiro, eso lo sabes.

    Dra. Lewis.

  2. Mayra Basurto Says:

    Hola Lorena, gracias por compartir tus memorias del viaje. Esperemos que para la próxima puedas subir las escaleras, la parte de arriba de Los Azulejos también tiene su encanto, supongo que estará entre tus recuerdos. Saludos.

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