Archive for August, 2007

Tu boca me sabe a hierba

August 29, 2007

El escritor Luis Aguilar, ha tenido a bien compartir esta anécdota y a mi vez quiero hacerlo en este blog, tal cual él lo ha hecho:

“Hola banda.

Nomas porque amaneci sin sueño, les comparto esta deliciosa cronica de cuando el escritor chileno Pedro Lemebel (Oh, Pedro, Pedro), beso al cantante.

Saludos
Luis Aguilar

El beso a Joan Manuel (“tu boca me sabe a hierba”)

Sin saber qué iba a pasar esa tarde cuando Serrat se reunió con los estudiantes de la Universidad Arcis. Cuando se ha guardado un beso de fuego para el trovador desde hace veinte años, y se tiene la oportunidad de estamparle la boca coliza en su boca que sabe a hierba. Su boca histórica que cantó por la revolución, por los obreros, los piratas y tanto mal amor perdido. Pero nunca nos dedicó ninguna estrofa, ningún estribillo, como si los maricones no existieramos, nos exilió del universo poético de su canto.

Como si ninguna loca hubiera nadado en el Mediterráneo de su corazón azul. Ninguna mereció levantar el vuelo, gorriona marica en su cielo pardo. Nunca supo entonces del pájaro Lorquiano de Federico, destripado por las púas del franquismo. Acaso no hubo un mariposón español que pintara el aire de rojo al llegar el socialismo. Y Madrid se llenó de gritos, banderas y consignas, al igual que ahora en el Arcis los estudiantes acalorados chillaron al verlo aparecer saludando. Como si fuera entonces cuando lo vi por primera vez, tan bello, tan joven, tan esbelto, vestido de terciopelo negro en el Festival de Viña en los años setenta, en plena Unidad Popular. Pero ahora la vida me lo traía de vuelta, más viejo, con algunos kilos de más, casi un caballero nervioso respondiendo las preguntas, tratando de quedar bien con esa juventud de izquierda que cantó sus canciones acompañados por la balacera. El mito de Joan Manuel tan cerca, a sólo unos pasos, vestido casi de yuppie; con chaqueta de tweed y pantalón beige. Y yo, de terciopelo negro, Penélope esperando en el andén. Con aquel beso guardado, que envejeció arrugándose como mi cara y la suya. Un beso ajado en la carta ideológica que no encontró destino. Un beso pálido que sobrevivió a la dictadura y besó el NO del plebiscito. Un beso como una marca, o una firma estampada imaginariamente en su canto.

Por eso cuando terminó el acto, después de cantar “Vuela esta canción para ti, Lucía”; yo era su Lucía de terciopelo negro, yo era “Lo más bello que él nunca ha tenido”, tratando de acercarme, empujando, deslizándome entre los cuerpos apretados de los jóvenes que le pedían autógrafos. Logrando meterme bajo la cadena de brazos, que formaron un pasillo de seguridad para protegerlo, me lo encuentro de espaldas despidiéndose, y al darse vuelta se topa con mi cara a boca de jarro, a sólo unos centímetros. Entonces se detuvo el tiempo y un gran silencio congeló ese instante. “Veinte años no es nada”, me dijo, y mi boca se despegó de mí como un pájaro sediento que se posó en sus labios. Sólo un momento la homosexualidad lo tocó con la sed carmesí de una boca chupona. Un instante que lo llevó a su primer beso adolescente, y turbado de emoción lo sentí temblar en la tibieza de esa primera vez, cuando otra boca extraña le arrancó de cuajo su inocencia. “Veinte años no es nada”, me dije, dejándolo ir llevado por la multitud que se lo tragó entre los insultos y agresiones que me gritaban los estudiantes del Arcis, por haberles roto su mito macho y cancionero. “Veinte años no es nada”, le contesté medio sonámbulo a una fans que quería arañarme por lo que le había hecho a su ídolo.

“Veinte años no es nada”, mi catalán, seguí pensando mientras salía de ese lugar empujado por los estudiantes. Sabiendo que ésa era la primera y última vez que lo tuve en mis brazos. Sabiendo que nunca más olvidaría esta visita a Chile, y cada vez que cante Lucía, mi beso cantará en su boca como una flor extraña que sentirá enredarse en palabras. Mi beso será un recuerdo prohibido, como una luna sodomita que arañó su mar.

Universidad ARCIS, Santiago, 28 de octubre de 1994″

Inventario

August 27, 2007

En la maternidad, en la iglesia, en el jardín de niños, graduación de primaria, secundaria y facultad; en la maestría y en el quehacer profesional. Antes de la comida, en la sobremesa, invitada a desayunar, al charlar en las meriendas o lavar los platos al terminarse la cena.

En la orilla del mar, en la Torre Eiffel, en la Puerta del Sol como el año que fue, en la Ópera de Viena, frente a la casa de Kafka, A los pies de Abu Simbel, tras la sombra de la Esfinge, en el Domo de Florencia, en las bancas del Parque Guell, a la sombra de la Giralda. En la oficina, a media calle, en el barandal de mi casa. Escritos en papel cebolla, garabateados en papel kraft. Con tinta china, en carboncillo y sobre telas de lino con lápiz labial.

Sin ganas, sedienta, ansiosa, desconcertada. Insomne, infeliz, meditabunda, encabronada. En los encuentros, en las despedidas, al aprobar un proyecto o posponer alguna cita. Desnuda, bañada en sudor, con vestido largo, en mezclilla y blusa de rayas, por encima de una mascada. Robados, ajenos, accidentales, erróneos, apresurados, lentos, deseados, imaginados, ganados. En las cicatrices de mi rostro, sobre mis párpados, las manos, los hombros, el cuello, en todos los intersticios que tiene mi cuerpo.

En el tren, en el funicular, en el aeropuerto, en la librería, en Bellas Artes, en Los Azulejos, en el museo, en las gradas del estadio, en la oscuridad del cine, en la duela del gimnasio, en los segundos inconclusos, en las horas de ensoñación. En el bosque, en el desierto, bajo la luna, detrás del sol.

Inscritos con fuego en la memoria sensorial. Olvidados al amanecer. Tantos, cuántos, demasiados pero nunca suficientes. He tenido de muchos colores, aromas, esencias, alientos; pero siempre buscaré, sobre todo en noches como ésta, cuando llueve nostalgia sabor chocolate, el beso que no nos atrevimos a darnos estando tan cerca en esa mesa de billar el primer viernes que aceptaste salir conmigo.

Lorena Sanmillán

Guardaespaldas

August 24, 2007

La vio cuando llegó al bar, sonrió complacida aunque pretendió que nadie lo notara. El cosmos encontró en sus pasos el ritmo exacto de una coreografía irrepetible. La siguió con la mirada. Sofisticada; parecía una maja española engalanada para una sevillana.

Bailar no era opción. Sólo quedaba observarla, intentar algún tema de conversación, pero no hay tópico posible cuando sólo quieres hablar de amor. La noche se fue diluyendo intercalando silencios entre cada canción.

La casualidad hizo su trabajo. Se la topó en la salida. Iba acompañada. Se despidieron. La oportunidad pedía ser redibujada. Caminaron hasta sus coches, cada una inmersa en sus pensamientos. El destino reincidió, un rojo las detuvo en su ruta. Le ofreció escoltarla hasta su casa, cambió su rumbo para acompañarla.

Antípodas en su refugio, de madrugada se volvió guardaespaldas, sólo por cuidarla. Caballera andante resguardando la seguridad de su dama. La avenida principal fue una pista de anhelos regados en el asfalto. Todo valía la pena por conseguir una sonrisa, por estar cerca de ella. La velocidad y los latidos del corazón compartían una sinfonía acompasada.

Shakira y Bosé, en el estéreo del auto, cantaban Si tú no vuelves, dulce metáfora musical transportándolas a través del pasado, presente y futuro que sugerían los carriles que le permitían seguirla. Dos historias distintas en espacio y tiempo unidas.

Un mapamundi recorrió para conocer su espacio. La calle donde dio sus primeros pasos, el sitio donde duerme, la ventana desde donde ve la lluvia y el patio donde entreteje misterios con Venus. Quiso ayudarle a abrir la reja de su casa sólo para que no se molestara, para que no tuviera impedimento y pudiera llegar pronto a su almohada. Esa confesora, depositaria de la sal en sus madrugadas. Siguió sus movimientos a la distancia, recortando su figura del contraste de la luna menguante. Un breve diálogo fue su recompensa. Un poco, aunque sea un poco, siempre es más que nada.

De la plática que tuvieron no me enteré una sola palabra. Regresó al coche cuando su dama entró en su fortaleza. La dejó sana y salva. El resto del trayecto permaneció callada. Atesora en sus pupilas, diamantes de plata, el secreto que es suyo y jamás contará.

Lorena Sanmillán

Terapia

August 24, 2007

Deprimida estaba ayer. Llamé a mi psicóloga de confianza. En su consultorio, en lugar de timbrar me dio tono de fax. En su casa, la contestadora con una broma de mal gusto, ¿Qué tal, qué tal…? ¡Te engañé! Deja tu mensaje. Bye. Fui entonces a consulta externa del Hospital de la Melancolía. Sí, claro. Haga cita; para octubre del 2008 la consultamos.

Pero mi Dios no me abandona. Cerca del hospital está un centro comercial. Mixup me dio la primer dosis. Confessions tour de Madonna, Gritos y susurros de Bergman, Flores de alquiler de la Quinta Estación; la segunda dosis corrió a cargo de la librería La Ventana, El turno del escriba, La puta de Babilonia y El oficio de escritor; pero claro, necesitaba terapia de reforzamiento, café del Starbucks y un rol de canela para cerrar sesión. Camino a mi coche, unos zapatos me llenaron la pupila. Número cuatro, negros, por favor.

Bendita terapia. Quedan pendientes los boletos de Sabina-Serrat y Bosé, pero ya me siento mejor.

Lorena Sanmillán

Estas canciones me gustan

August 19, 2007

Revelación *Cuento publicado en la Revista Eme equis*

August 19, 2007

¡Vientos! Logré recuperar mi ipod, la muy gandalla se lo había quedado. A ver si por lo menos le metió algunas rolas perronas. Tuve que ir a escondidas a su casa. La cosa se ha puesto peluda ahora que no la dejan salir ni recibir visitas y mucho menos yo. Sus papás me alucinan, dicen que soy una lacra, se llenan la boca diciendo que soy una mala influencia para su hija. Lo que no saben es que yo consigo los exámenes donde su nerdcita saca puros dieces, pero claro, si lo digo, no me creerían. ¿Primer lugar en la secundaria? No me hagan reír.

Se pasa, de veras, osea ¿qué se piensa esa gente que deja de hablarle a las amigas de primero nomás porque un chavo de tercero medio las pela?¡Qué mal viaje!, se le olvida que yo los presenté, y a’í voy de güey llevándolo del brazo para que conociera a mi dizque mejor amiga y aquella bien clavo me bajó mi mercancía. Sí; yo sé dónde encontrar buenos productos pero ninguno como él. Sebastián está grueso, es tan guapo, sabe besar y hasta nos daba clases. Todo el rollo es abrir la boca, mover la lengua y dejarse llevar.

Al principio compartíamos todo, era super divertido cuando entre las dos se la jalábamos. Luego, la muy cochina, dijo que se la había chupado pero yo no le creí nada. Que parecía un churro relleno y también que le salió algo así como mermelada blanca. Pero luego de aquella tarde cuando lo dejamos que nos metiera mano se enroscó y ya no me quiso contar lo que pasó después del baile de primavera. ¡No manches! Le dijo a las demás que iba conmigo y a mí me dijo que no la dejaron ir. Suerte que tengo orejas y peines por todos lados.

Ni para qué hacer tanto pancho, ni al caso lo de extrañarla. Lo que tengo que hacer es buscarme otra amiga. No importa que sea fresa mientras sea alivianada y le guste bailar villeras y reggaetón. Rebeca está de weba, nada que ver con lo que era antes. Siempre tiene sueño, bosteza más veces de las que respira, se cansa por nada. Anda como ida, se le olvidan las cosas y a cada ratito quiere ir al baño.

Chale. Ahora resulta que no soporta el humo del cigarro. Ya ni le gusta ir a las hamburguesas, tampoco comer pepinos con chamoys ni palomitas. ¡Qué oso la última vez que fuimos al cine y se guacaleó! ¡Lúzer bulímica! Desde entonces no me puedo parar ahí. Y para acabarla, tuve que limpiar todo porque la muy cómoda dijo que estaba mareada. Cómo no, si echó todas las migas en la entrada.

Se pasa de lanza. Con tanta ropa que tiene, como ahora le aprieta su pantalón negro, me pidió el mío y eso que antes se reía de que yo soy la llenita simpática del grupo. ¡Se me hace que eso de la vomitada no le está funcionando! ¡Ah! Y a la muy maldita las bubbies le han crecido y todavía se burla de que relleno las copas de mis bra con algodón. Pues si es cosa mía, yo tengo mis trucos. También me pidió una vez mis tenis, quesque tenía los pies hinchados. Se pasa.

Lo chido de esto es que dice que ha dejado de bajarle la regla. Hasta para eso es suertuda, se ha quitado de esa lata y con lo que ahorre de las toallas podrá comprarle una tarjeta a su celular y entonces le podrá llamar al Sebas. A ver si le responde.

Lorena Sanmillán

Comparto también los cuentos de mis compañeros Sabinazo e Iriarte que han sido publicados en la misma edición, en el siguiente archivo en pdf, tal cual aparecen en la versión impresa.

adolescentes.pdf

Mi portafolios negro

August 18, 2007

Mi portafolios negro

antier o ayer se me perdió

cualquier información, bien la voy a pagar

los papeles que dejó

no me han querido hablar.

Mi portafolios negro

ayer o antier o hace una semana se me perdió

no se si se me fue o si me lo robaron

y aunque tengo más que ese portafolios negro

si alguien sabe de él, le ruego información

cien mil o un millón, yo pagaré

mi portafolios negro

se me ha perdido antier o ayer

se fue.

Mi portafolios negro y yo

hicimos amistad

con mucho amor, con mucha verdad

con su cierre de añil pescaba mil canciones

saberlas compartir era su vocación.

Mi portafolios negro ayer o antier se me perdió

y puede parecer acaso una obsesión

y aunque tengo más que ese portafolios negro

hoy yo sólo quiero aquél

cualquier información la pagaré

mi portafolios negro se me ha perdido antier o ayer

se fue.

Y fuera de la canción o parodia de la misma, si alguien sabe algo, agradeceré la información.

Lorena Sanmillán

Así

August 14, 2007

Me habría gustado

acompañarte a tu coche

saber más de ti

platicar contigo

tus llaves tomar prestadas

abrirte la puerta

verte sonreír

que te sorprendieras

y dejarte ir

con mi ilusión a cuestas.

Lorena Sanmillán; Julio 2007

Diario de un romance

August 14, 2007

La primera vez fue sólo porque me gustaba.

Un par de miradas y después a la cama.

La segunda porque no puso trabas

y nos quedamos con las ganas.

La tercera ya fue un poco más planeada.

La cuarta hasta intentamos entablar plática.

 A propósito, ¿tienes compromiso?

No respondí.

La atmósfera se tornó extraña.

Sonrió y se fue sin decir nada.

Lorena Sanmillán; Agosto 2007

Volver a verte

August 14, 2007

Ayer te vi. Iba en mi coche, tú caminabas por la calle. Me pasé en ámbar por seguir tus pasos. Una mezcla violenta de miedo, desconcierto y alegría se alojó en mi pecho. Se me llenaron los ojos de lágrimas y la garganta de silencio. Toda saliva se fue de mi boca y todo aliento abandonó mis pulmones. Llevabas la misma ropa con la que te vi por última vez, ese, tu uniforme de guapo, como tú le decías.

Entraste a una zapatería ¿Tú, comprando zapatos? Me estacioné para no perder detalle de tus gestos. Pensé que te había confundido con alguien más, pero el tic que aparece en tu mejilla cuando gastas dinero en cosas innecesarias, tacaño irredimible, me confirmó que eras tú.

El momento ameritaba un cigarro. Busqué en mi bolsa, desviando la mirada de tu figura. Al volver la vista a la tienda, ya no estabas. Pregunté por ti, dijeron que no esperaste ni la feria y que aunque parecía que tus pies eran más grandes pediste un número más chico y te quedó perfecto. Me indicaron por donde te fuiste. Di varias vueltas a la manzana pero no pude encontrarte. Tal vez tomaste el primer taxi que viste. Tal vez cruzaste la calle.

Un encuentro común, nada digno de comentarse. Te veo, te pierdo de vista y de ello no hay nada rescatable. Así es y así sería, si no fuera porque hace un año, cubierto de nardos, en aquel cementerio te dijimos adiós, enterrándote descalzo.

Lorena Sanmillán; Febrero 2007

Relato finalista del Concurso Rodeo de palabras convocado por el periódico Expresso, de Sonora. Abril de 2007

Tercer Lugar del Concurso “Escrito en las estrellas” Convocado por la Revista “Yomujer” de Madrid.  Junio de 2007