Guardaespaldas

La vio cuando llegó al bar, sonrió complacida aunque pretendió que nadie lo notara. El cosmos encontró en sus pasos el ritmo exacto de una coreografía irrepetible. La siguió con la mirada. Sofisticada; parecía una maja española engalanada para una sevillana.

Bailar no era opción. Sólo quedaba observarla, intentar algún tema de conversación, pero no hay tópico posible cuando sólo quieres hablar de amor. La noche se fue diluyendo intercalando silencios entre cada canción.

La casualidad hizo su trabajo. Se la topó en la salida. Iba acompañada. Se despidieron. La oportunidad pedía ser redibujada. Caminaron hasta sus coches, cada una inmersa en sus pensamientos. El destino reincidió, un rojo las detuvo en su ruta. Le ofreció escoltarla hasta su casa, cambió su rumbo para acompañarla.

Antípodas en su refugio, de madrugada se volvió guardaespaldas, sólo por cuidarla. Caballera andante resguardando la seguridad de su dama. La avenida principal fue una pista de anhelos regados en el asfalto. Todo valía la pena por conseguir una sonrisa, por estar cerca de ella. La velocidad y los latidos del corazón compartían una sinfonía acompasada.

Shakira y Bosé, en el estéreo del auto, cantaban Si tú no vuelves, dulce metáfora musical transportándolas a través del pasado, presente y futuro que sugerían los carriles que le permitían seguirla. Dos historias distintas en espacio y tiempo unidas.

Un mapamundi recorrió para conocer su espacio. La calle donde dio sus primeros pasos, el sitio donde duerme, la ventana desde donde ve la lluvia y el patio donde entreteje misterios con Venus. Quiso ayudarle a abrir la reja de su casa sólo para que no se molestara, para que no tuviera impedimento y pudiera llegar pronto a su almohada. Esa confesora, depositaria de la sal en sus madrugadas. Siguió sus movimientos a la distancia, recortando su figura del contraste de la luna menguante. Un breve diálogo fue su recompensa. Un poco, aunque sea un poco, siempre es más que nada.

De la plática que tuvieron no me enteré una sola palabra. Regresó al coche cuando su dama entró en su fortaleza. La dejó sana y salva. El resto del trayecto permaneció callada. Atesora en sus pupilas, diamantes de plata, el secreto que es suyo y jamás contará.

Lorena Sanmillán

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2 Responses to “Guardaespaldas”

  1. Simitrio Quezada Says:

    Me gustó la ambientación.

  2. Marisa Says:

    Solo puedo decirte a ti, mi amiga, mi confidente, mi complice y mi compañera en tantas locuras…GRACIAS.

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