Y duermes

Despiertas, te bañas, te arreglas, te vas. Trabajas, preparas comida, estudias, corres, nadas. Saludas, asientes, disientes, decides, dudas, asumes. Los engranes de tu vida nunca tienen un momento de paz. Cualquier pausa los templa pues saben de antemano que sólo sirve para tomar impulso y aumentar las revoluciones del ritmo de tu alma. Regresas a tu refugio, subes la escalera y entras en la recámara. Buscas reposo pero ni al dormir descansas.  Tú no lo sabes, pero eres el vértice inicial de un prisma de fantasías de quien te desea a la distancia.

Y llegas y te conviertes en la tilde de todos mis acentos. Soy tu desesperación al quitarte la ropa y el día de encima. La ternura para cubrirte con un pijama. Soy unguento para tus pies cansados. Soy etérea vagabunda y sacio con tu imagen el hambre de mis pupilas. Soy un peine de cinco dientes alaciando tu cabello negro. Soy la escultora que por las noches vuelve a moldear tu ser completo. Soy voyeurista perenne, perdida en las formas que te contienen.

Me ofrezco y te enciendes. Te pido prestados besos que no pienso devolverte. Me enciendo y te ofreces. Cuatro manos y dos cuerpos juegan a recorrerse.  Dibujamos figuras irrepetibles en las sábanas. El sol escarlata que habita en mi entrepierna tiene el deseo vehemente de anochecer en tu garganta. Exiges tu residencia hundiéndote en mi centro. La quietud será el último de tus movimientos. Y duermes conmigo, compartiendo la humedad, habiendo en el mundo tantos otros sitios donde podrías estar.

LSM

4 Responses to “Y duermes”

  1. Guille Says:

    uuffff, buenísimoooooooooooooo

  2. B'LoraK Says:

    ¿Qué te puedo decir Lorena? Sigo cayendo a tus pies con esos textos tan lindos.
    Saludos

  3. Porfirio Hernández Says:

    Ofrezco mil perdones si este comentario parece presuntuoso. No lo es, lo juro. Sólo que al leer este hermoso poema tuyo, Lorena, he recordado uno que escribí hace algunos ayeres y que se publicó hacia 1994, en Toluca, Estado de México, en un librito de nombre *Luz como una insinuación*. Creo que éste se emparenta con el tuyo, aunque no tiene nada de la perspectiva que tú tienes, no sólo por ser tú, sino por el tiempo que ha pasado entre ambos. Te lo ofrezco como un simple gesto de admiración por el tuyo, nada más. “Sólo se puede dar lo que ya se ha dado”, escribió Borges hacia el final de su vida. Nada más cierto hoy, Lorena.

    UN CORAZÓN MORIBUNDO

    Fantasma de ti, sombra de tu cuerpo dolorido, me encuentro en los objetos, muerto. En vinagre, preparado. Viejo, amargo, roído por tu voz. Grosero, mudo, incierto. Presa del insomnio, habituado al desvelo de mis letras, taciturno. Menos carne, más saliva; menos fruto, apenas sangre.

    En tu sabiduría conozco el nombre de mis hábitos, ya caídos en el tiempo de un luto interminable. Despierto a la luz del orden objetivo, pero me desvanezco ya sin renacer. Soy una esquina donde muere la joven de mis horas, el argumento escrito por su mano.

    A punto estoy, fenezco. No despiertes.

  4. Tanya Says:

    Lorenisima, fue demasiado este poema!!! Pude sentirlo, respirar el aroma de la pasion, y tocar el amor sublime: wow, me encanto

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