Nada

Para Cris,

con la cola entre las patas

 

Que levante la pluma y la mano aquél o aquella a quien no le haya pasado lo que a continuación se narra.

En la mañana, antes de salir apresurada rumbo a tu trabajo o a tus vueltas o a lo que sea que sea que tengas que hacer algo sucede en tu casa, pero como tienes prisa sigues tu camino sin detenerte. Te despides con un beso que se estampa en la pared, pues se te niega la mejilla que era tu objetivo.

En la tarde, como cosa hecha a drede, entre las mil cosas que hay que hacer, no tuviste tiempo para echarle una llamada o un mensajito al celular. Regresas en la noche, como si tal cosa. La luz de la cochera está apagada. La puerta tiene llave aunque es sabido que siempre llegas con las manos ocupadas y que es difícil para ti la maniobra de abrirla. Por fin consigues entrar.

Tu pareja, rommie, marido, marida, mamá o hermana está en la sala viendo la televisión. No te pela. Llegas tú y llegó el aire. Saludas. Te contesta un leve ujum. Dejas el portafolios al pie de la escalera y pasas rumbo al micro. Tu cena no está ahí. Empiezas a entender lo que sucede. Te preparas un sandwich, empiezas a sonreír. Los jugos gástricos de un conflicto danzan en búsqueda de algún argumento que te ayude a salir en pie de la situación. Acompañan tu cena los ladrillos de la cocineta compadeciéndote. Saben la que te espera.

Escuchas cómo cambia los canales de la tele. Es otra señal. No está viendo ningún programa en especial. Sólo se entretiene. Terminas tu cena, lavas tu plato y eructas ruidosamente porque sabes que eso le molesta, pero esta vez no sale palabra alguna de su boca. Sólo escuchas el chasquido de sus dientes reprobando tu comportamiento. Buscas un chicle de menta, enciendes un Benson Mentolado y te sirves coca mientras calientas café. Cuando está listo, con tus dos bebidas en la mano, vas y te sientas en la sala.

Los canales siguen su desfile. Ves algo que te llama la atención, le pides que se detenga ahí. Ay, para qué quieres ver eso. Bueno, a mí me gusta. Pues vete al otro televisor. Ya son demasiadas las señales como para ignorarlas. Tantos años de marquesa y no saber mover el abanico te llevan a formular La pregunta que obtendrá La respuesta.

¿Qué tienes? Te contesta un bisilábico Nada convertido en monosílabo por la pronunciación que le da.´Ésa es la justa señal de confirmación de que hay un drama y de los buenos. Fumas, llenando los pulmones de humo y paciencia. Le das una repasada al día entero. No encuentras el hilo. Insistes. ¿Qué tienes? Te contesta lo mismo, pero ahora le ves la cara de sígueme preguntando. No sabes si reír o llorar o continuar. Estás consciente que no te has portado mal mal. Sólo has sido como eres.

Vuelves a la carga. Ya no sé si nombrarte inocente o enamorada. Existe otra palabra, superlativa de la bondad extrema pero en este blog no será publicada. ¿Qué tienes? La respuesta cambia y ahora te avienta la pelota a ti. Nada, ¿qué quieres que tenga? 

Terminas tu cigarro. Tientas la idea de enceder otro. Le das un sorbo a la coca y otro al café. La diferencia térmica te pica en la garganta. Te conviertes en grabadora y repites tu melodía única ¿Qué tienes? Ya te dije, no tengo nada. El asunto puede prolongarse por horas, hasta que le da su gana confesarte lo que pasa.

Y aquello que sucedió puede ser que olvidaste la conmemoración del cumpleaños del árbol que nunca plantaron o que la dejaste plantada en una cita que no sabías que existía. A veces también hay metidas de pata reales. El asunto es saber llegar al punto de acuerdo que permita seguir dialogando más allá de los nada.

Pero Cris supo y sabe tener la solución. Cuando su contraparte le hizo lo que en lo sucesivo será conocido como La escena. Ella, rápida, práctica y astuta, al primer Nada, le respondió: Pues bueno, como no tienes nada, ya me voy al concierto. Y San Seacabó. 

LSM

10 Responses to “Nada”

  1. Heidi Garza Says:

    ¡Oh qué retrato de la nada de nada!

    Saludos

  2. Juan Carlos Says:

    Es basura lo que escribistes y perdida de tiempo en descripiciones.

  3. Jéssica de la Portilla Montaño. Says:

    Interesante, como siempre. Felicidades por lo de la Feria.

  4. Jose Luis Says:

    Que que dijo?
    jaja
    la “discusiion” es muy real pero un final muy incluso y creo ke algo mas personal, que una anecdota, al menos eso senti yo

  5. Marisa Says:

    escribisteSSSS Juanito?????????
    Error de dedo o basura pura?

  6. frik0 Says:

    agrrr estuve al borde de la silla.. hasta el final .. si hubieras escrito algo como “y antes del ultimo nada se quito la mascara y resulto que era un Alienigena” o algo asi al menoz, hubiera sido feliz…

    pero bueno

  7. Jorge Castigo Says:

    La tensión y resolución están medio flojonas. Podría ser que la drámatica realmente quiere hablar, así la mandada a chiflar con lo del concierto tenga más sentido.
    Besines!

  8. Jéssica de la Portilla Montaño. Says:

    ¡El libro Fantasiofrenia II está listo!!!

    Martes 23 de octubre, 19 horas, presentación de No somos tiernas las suripantas, de Fernando Reyes, primer volumen de cuentos publicados por el IMC. Foro Rodolfo Usigli (Héroes del 47, #122, col Churubusco, Coyoacán. A una cuadra de División del Norte). También presenta Yolanda Rubioceja. “Habrá sotol, charanda, mezcal y otras bebidas para hombres. También vinito de honor para las damitas” :OP jaja. El libro costará nada menos que 60 pesitos pa’los cuates.
    Fantasiofrenia II, más cuentos dañados, incluye mi texto “A cualquier madre podría pasarle“, y títulos de figuras como Edgar Omar Avilés, Mauricio Carrera, Marcial Fernández, Guillermo Samperio, los Maestros Alberto Chimal, Gerardo de la Torre y súper Guillermo Vega Zaragoza, por mencionar algunos.

    Jéssica de la Portilla Montaño AKA *Gina Halliwell*

    …te atreves a
    seguirme al infierno?

    http://www.TodoMePasa.com

  9. B'LoraK Says:

    ….. así como los cuentos sin duendes ni hadas.
    Saludos, Lorena

  10. Mayra Rosales Says:

    Si hubiera dicho esa respuesta en múltiples ocasiones…. me habría evitado muchos problemas!!

    saludos 🙂

    Mayra:
    Nunca es tarde. Aún puedes usar esa respuesta. La situación es cíclica y ocurre cada cierto tiempo en las relaciones de pareja.
    Un abrazo y gracias por seguir en contacto
    LSM

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