Días feriados con mi padre

Gracias a la iniciativa de Pedro de Isla, los escritores de Nuevo León, consagrados e incipientes, tenemos un espacio dentro de la Feria Internacional del Libro de Monterrey. Nuestra hora de lectura se llama Días Feriados y en ella disponemos de un escenario para leer nuestra obra entre amigos y lectores; sinonimias fascinantes. Este año, la organización corrió a cargo de Gaby Torres. Tuve compañeros de mesa de lujo, lo mismo que el año pasado. Inauguramos el ciclo Yolanda Aguirre, Eligio Coronado, Natalia Luna, José de la Paz,  Gabriela España y yo.

La lectura empezó a tiempo. Primero las damas. Aguirre, poeta, leyó parte de su proyecto como becaria del Centro de Escritores. Su voz es pausada. Sus letras son las de la fuerza. Alas de mariposa que le permiten volar alto. Es una caricia intensa con mano lánguida. Entre sus poemas, con su arte transformó una anécdota particular en algo para compartir con todos. Así hacen los artistas. En humilde agradecimiento, una sonrisa bidireccional por encima de la mesa.

Vestido de gris, Coronado, el segundo de la tarde,  sentado a un lado mío, leyó diez minicuentos y un cuento largo de casi una cuartilla. Dedicado a una amiga escritora valiente a quien no sé si llamarle Hinojosa o Sanmillán. Hinojosa quería llorar, pero Sanmillán congeló el agua bajo sus párpados. El prisma hexagonal de mis afectos esenciales se dibujó por encima de los lectores, rodeándome. Sí, Eligio, sí, nosotras sí romperíamos el espejo.

Seguía mi turno. Una de las primeras buenas noticias de este año, fue el ganar el Premio Especial del Jurado en el Primer Certamen Internacional de Relatos convocado por la Revista Artesanías Literarias de Israel, dirigida por Andrés Aldao. En ese escrito hablo de mi padre. Narro nuestra visita a comprar la despensa. A sugerencia de una amiga decidí leerlo. Invité a Don Polo para que escuchara su relato.

Me intrigaba su reacción al conocer algo que escribí donde hablo tanto de él. Suena un tanto redundante hablar de la relación tensa pero afectuosa entre los dos. ¿Se levantará y se irá? ¿Aguantará hasta el final? ¿Y si resulta que se conmueve? La interrogación flotaba en el aire. Apocosí, mi sobrina, también me acompañó.

Eligio dejó mis emociones en ebullición. Empecé a leer Dos horas muy padres desde lo emotivo y pendiente de los movimientos del último hombre sentado al final de las butacas. Después ya me instalé en lo narrativo. Grace vigilaba la reacción de mi padre. Me perdí en mis letras, siguiendo el laberinto que me conduce hasta aquel momento cada vez que lo leo. Marisa, La Chapis, Marcela y Cecy estaban ahí. Ximena y sus ojos verdes acompañada de Barrera Enderle. No sólo acompañan mi vida, también caminan en mis sueños y son papel de mis letras.

Terminé de leer, con sudor en la frente. Le aplauden a mi padre. Fue una buena elección leer su texto. Continué con Divertimento y finalicé con Y duermes. Me sublima traer a la luz letras que brotan en medio de mis noches de insomnio y oscuridad. El deseo nocturno se vuelve transparente. Orgasmo en tinta de mi pluma fuente. Y yo, leyendo, desnudándome, aunque aparente estar vestida impecable. Mi mascada baila con el aire en su ritmo de felicidad.

Enseguida de mí, de la Paz leyó dos cuentos con humor negro, muy gratos. Luna extendió su poesía sobre la caída de la tarde caminando enfundada en sus Convers por encima de un halo violáceo. España nos regaló frases e imágenes fantásticas con sus relatos.

Sesión de fotos. Abrazos varios, pero nunca confusos. Cada abrazo con su propio amor, intensidad y significado. Olguín, Carreño, Ximena. Grace, Lilia. ¿Cuántos abrazos le caben a mi vida? ¿Entre más doy, más necesito? ¿Entre más recibo, más provoco? Pienso en la película Matrix y en algún plano existencial veo sobre mí todos los abrazos desde el momento en que nací. Me gusta abrazar, apretar y que me abracen y me aprieten. Así siento que saltan las letras cuando entro a mi estudio. Olvidan los diccionarios y corren a abrazarme, esperando que las escoja y las plasme en algún papel.

Pero no abrazo a mi papá. No me sale. Ni entre hermanos somos proclives a abrazarnos a pesar de querernos tanto. Sólo le paso el brazo por encima de su hombro. Grace nos toma una foto. Camino al coche le pregunto qué le ha parecido el evento. Entonces me doy cuenta de algo que en definitiva no hurto, pero heredo, Polo Modesto me contesta Bien, me pareció muy bien. Lo que escribas de mí siempre va a estar bien, porque yo soy un tipazo.

LSM; Octubre 15 de 2007

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