Sin nicotina y sin ti

Llevo sin ti los mismos días sin fumar.

Los mismos días sin fumar son los que llevo sin ti.

Llevo sin fumar los mismos días sin ti.

Sin ti llevo los mismos días sin fumar.

Sin fumar y sin ti llevo los mismos días.

Sin ti y sin fumar los mismos días llevo.

Los Benson los puedo comprar en cualquier lado.

A ti, ¿cómo te recupero?

LSM; Noviembre 21 2007

One Response to “Sin nicotina y sin ti”

  1. Erick Says:

    Unas palabras para ti. Y un abrazo.
    E.

    La diva con prisa

    Dice Joaquín que las niñas ya no quieren ser princesas… ahora son abogadas, comunicólogas, arquitectas y, en resumen, toman las riendas de sus propias vidas.
    Por eso, las princesas de hoy siempre tienen prisa y muy pronto dejan de ser niñas.
    Pregunta Joan Manuel: “¿qué va a ser de ti lejos de casa? Nena ¿qué va a ser de ti?”.
    Cuando el bardo de mi cuadra vio aquella aparición se imaginó que estaba en un cuento de Juan Rulfo y no pudo sustraerse al vendaval de belleza que traía a su alrededor esa inabarcable sonrisa.
    Trató de asirse a alguno de sus sentidos para resistir la melodiosa mirada de esa sirena, mas fue inútil: quedó irremediablemente enamorado.
    Le ofreció quemar sus naves, limpiar a besos cada una de sus lágrimas, saldar sus deudas morales y siempre reír con sus chistes.
    Lamentablemente, la princesa llevaba demasiado apuro porque estaba estrenando un cumpleaños y desplegando sus alas para volar, pues acababa de salir de una jaula.
    O sea que un hombre-ancla no era precisamente lo que necesitaba a esas horas de su vida.
    Ella buscaba más bien un pirata que la llevara a recorrer los siete mares y la acercara a peligros insospechados, que la exorcizara del aburrimiento y le entregara su corazón pero también espacio suficiente para vivir a su aire.
    -Yo puedo ser ese pirata-, dijo el mozo como masticando las palabras, a ver si les sacaba un poco de buenaventura.
    Pero la bella, con un mohín infantil de absoluta ternura, esbozó su inapelable sonrisa y se marchó, dejando al enamorado asido a su desesperanza y a una verdad irrefutable: cuando una mujer se decide, se convierte en su propio pirata, su barco y hasta en su mismo océano.
    Y no necesita a nadie más.

    (margen de error no. 64 2da. Ed.)

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