A Carmen

El escritor Miguel Velasco Lazcano comparte con nosotros esta reflexión acerca de la situación de Carmen Aristegui.

A Carmen:

Hoy, viernes 4 de enero de 2008, es un día hondamente triste. Que se haya acallado con censura el espacio noticioso radiofónico de la periodista Carmen Aristegui, representa el fin del informativo con el cual yo afinaba objetivamente mi criterio como muchos otros mexicanos oportunamente cada mañana.

Es lamentable, y aunque poco afecta mi persona, pues tengo la suerte de haber nacido en una cuna donde estar bien informado de lo que pasa en NUESTRO país y en el mundo en muchos ámbitos es básico y natural, para ello debo acudir a varias fuentes y criterios, pues en este país de mediocres medios de comunicación, no es tarea fácil y tristemente la mayor parte de los mexicanos no están acostumbrados a saber con amplio criterio en qué país viven de Tijuana a Cancún ni tienen el tiempo de acudir a todos los medios para hacerlo.

Lo cierto, por lo que es profundamente triste este hecho, es que la inmensa mayoría (esa de la que Sofía dice que siempre me excluyo y orgulloso como Lobo Estepario lo estoy), no podrá contar más con la objetiva presencia en la radio de Carmen Aristegui, no podrá oírse -al menos por un tiempo- su lucha ferviente por lo derechos humanos, por la batalla de muchos que en su voz se dio (y seguiremos dando) contra esos mexicanos como el Gober Precioso. los cuales, con la esencia de las últimas palabras de Salvador Allende, tarde que temprano sacaremos de nuestras plazas para caminar libres hacia un verdadero país del cual hoy nos cuentan quimeras en los medios, escamoteándonos una real democracia y una verdadera justicia, pues en la objetividad de los medios de comunicación, en su responsabilidad social de portavoces de los derechos fundamentales de los mexicanos, está la esencia de lo democrático. Sin ese principio, por más que haya leyes, reformas e instituciones, no hay nada.

No es la primera vez ni será la última que esos que se SIENTEN DUEÑOS DE NUESTRO ESPECTRO RADIOELÉCTRICO QUE LES ESTÁ CONCESIONADO, retiran del aire una voz, un pensamiento y una honda reflexión compuesta de todas las aristas, tratando con ello de seguir sujetos a la tabla en la punta de la ola para evitar ser descubiertos en su impunidad, en su cofradía de intereses mezquinos sin darse cuenta aún, de que ya no controlan nada, de que hoy la censura calla un espacio, una voz, a una persona, pero enciende aún más a todo un sentimiento de nación; porque Nosotros sí somos República, Nosotros sí somos país pues a diario, a diferencia de las vociferadas de señores como Salinas Pliego o el teletonero Pedro Ferríz de Con, sí construimos con dolor, sacrificio y valentía a México, no ellos ni ninguno de los concesionarios y su séquito de comentaristas noticiosos incapaces de renunciar a su vida acomodada en pro de una sociedad urgida de educación, salud y justicia.

Para Carmen, como para todos aquellos que han luchado o siguen luchando por la justicia en NUESTRO PAÍS, vale una onda reverencia, pues aunque desgraciadamente en la historia de México, en la que se enseña en la escuela, se omiten los nombres más valiosos y valientes de mexicanas y mexicanos que nos han dado Patria, yo llevó en mi memoria mis deberes, y Hoy por Hoy, con Carmen Aristegui, tengo una deuda ética que reflejaré en mi existir, pues ejemplos de valentía como el que dio este viernes 4 de enero alrededor de las 9:30 de la mañana, sirven para que tipos como yo, que van dos horas diarias en el tráfico lamentándose por la vida que llevan y el trabajo que desempeñan, piensen más profundamente qué país quieren.

Basta entonces de lamentos estimada Carmen, que el país, NUESTRO MÉXICO compuesto de TODOS: indígenas, estudiantes, chicanos, analfabetas, amas de casa, taxistas, panaderos, científicos, artistas, victimas, niños, enfermos, guerrilleros, músicos, TODOS, seguimos en pie de lucha y no son ideales ni utopías: es una realidad en la cual tu voz tiene un papel fundamental, pues quien ama la justicia, quien escucha para decir, quien honra su género, su profesión y su ética, siempre será trascendente aun en el más callado silencio, pues nadie podrá silenciar jamás el gran pensamiento afilado y reflexivo envuelto en tu pequeño cuerpo, valiente y estrechamente humano.

Por último, me preguntó: ¿Qué gran festejo preparan nuestros políticos para los 200 años de nuestra Independencia si hoy, un grupo de españoles dueños del 50% de las acciones de Radiopolis y operadores de la cadena W al 100% vienen y censuran la voz de una mujer de mi pueblo? ¿Qué Independencia festejamos entonces? ¿No es acaso tiempo ya de que ese grupo de representantes nuestros en las Cámaras protejan a las mexicanas y mexicanos que construimos el país sobre la legalidad que permite injusticias como la sucedida hoy con Carmen? Dense cuenta señoras y señores Diputados y Senadores, ESTAMOS HARTOS, VERDADERAMENTE HARTOS de que se cometan atropellos a nuestros derechos fundamentales como la información veras, objetiva y analítica, ESTAMOS HARTOS de gritar en las calles sin ser escuchados, ESTAMOS HARTOS de ver las soluciones que ustedes no saben encontrar.

Ante ello EXIGIMOS respuestas rápidas, profundas y ciertas para que se defienda nuestra voz, para que se oigan nuestras palabras, porque pensarán que las revoluciones son cosa del pasado, medios extintos, pero basta darse una vuelta por la Sierra Zongolica de la indígena violada, basta oír las voces de los violados por curas pederastas, basta escuchar en las tertulias el repudio a los magistrados que dejaron ir impunemente la justicia aplicando el derecho para amparar a Mario Marín en la calle y peor aún en el gobierno poblano. Dense cuenta: México está apunto de explotar y evidentemente no lo hará en sus electores de la clase media, no lo hará en los cafés y restaurantes que acostumbran, México está estallando en las Sierras, en sus Montañas, en sus comunidades y barrios marginados cada vez más olvidados, acaso, ¿es muy difícil para ustedes verlo, sentirlo a diario en el transporte público, en el mercado?

Cuando leo a Erich From, y pienso que él vivió en México y que desde esta sociedad escribió libros como el Corazón del Hombre, simplemente nos los entiendo. Mucho les haría bien un seminario de lectura en voz alta, mucho les haría bien. Ah, la verdad ofende ¿cierto? A nosotros nos pasa a diario, y en nuestro caso no pasa como en el adagio pues a nuestro pueblo la verdad si la mata: de hambre, de enfermedad y de injusticia día con día.

Hoy, viernes 4 de enero de 2008, una vez más nos juegan la mala pasada creyendo que el tiempo lo remediará, pero ya lo dijo Roberto Cantoral en su bolero La Barca: yo no concibo esa razón. Podrán pensar que permitimos impunemente los atropellos como la censurar a Carmen Aristegui, pueden creer que somos un pueblo oprimido descrito en sus raíces por Octavio Paz o Carlos Fuentes, pero ya no es así y mucha risa me da, porque hoy somos el Diablo Guardián, hoy somos el Amor Perro que genera y no estamos dispuestos a dar ni un mínimo paso atrás y espero estén concientes de ello. Así es, porque como apuntó en su diálogo en Amores Perro Guillermo Arriaga del refrán de su abuela: Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.

Hoy somos una generación que no necesitamos armas para generar esta Revolución, hoy tenemos el Internet, hoy tenemos acceso para crear un medio de audio o imagen para hacer conciencia, para forjar criterios abiertos y amplios y día a día estamos matando al imperio de los Medios Electrónicos. El proceso, nuestra Revolución es lenta y más en este país desigual donde la tecnología es para pocos (y, además, los más brutos y necios) pero cada día somos y seremos más; ya lo verán, al final la verdad no hará libres y la justicia se aplicará por encima de la legalidad creada sobre intereses de pocos.

No somos idealistas ni revolucionarios, tampoco globalifóbicos ni parias, somos Sociedad, somos Nación y somos dueños TODOS de la justicia que vamos construyendo sin que nadie nos pueda detener así qué ¿Ustedes de qué lado están?

Carmen, desde aquí te digo: esta noche leeré en tu homenaje a mi hija el cuento de la Pequeña Princesa de la que todos se burlaban por su tamaño y al final demostró su tremendo valor y fortaleza; y también te digo nuestro sentir: Podrán censurar nuestra libertad de expresión, pero jamás nuestra libertad de pensamiento.

Muchas gracias Carmen, y en tu silencio momentáneo, siempre te seguimos escuchando.

PD: Si ellos nos censuran, hagamos lo mismo. La W ha muerto ¿o tú, no lo crees?

Miguel Velasco Lazcano

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