Lunes

A mucha gente no le gustan los lunes. A mí sí. Me deleito viendo a la gente bañadita, modorra, de mal humor en la parada del camión, apresurada caminando rumbo al trabajo o a la escuela, perfumados, peinados, encorbatados, consultando su reloj. Algo tienen de mágicas estas mañanas. A mí me gusta reencontrarme con mis pendientes, subir de nuevo a la rueda de la fortuna que traza la rutina.

Suelen despertarme las mamás histéricas que vienen a traer a sus hijos a la escuela que está a la otra cuadra de mi casa. Suenan el claxon pues andan de prisa. Mil veces he querido hacer una manta, depende de mi estado de ánimo. “Pendejo.-Dícese de aquella persona que toca el claxon cuando el semáforo está en rojo” o bien “¡Silencio! Artista creando” pero nunca he tenido el valor para hacer ni la una ni la otra.

El primer café de la mañana tiene que estar en mi garganta antes del tercer bostezo. Desayuno pan con mantequilla de cacahuate. Subo al estudio, prendo la laptop y abro mi libreta roja de pendientes. Sigo bostezando. Leo en el periódico la editorial de Ximena Peredo y después el resto. Leo y escribo mails. Nuevos pendientes se suman a los anteriores. Varias llamadas por teléfono.

Mi ropa está planchada desde la noche anterior. Mi uniforme de arquitecta, camisa y pantalón de mezclilla, con la gorra del mismo color que la blusa. En el buró están mis anillos y mi reloj. Bajo a tomar un baño y homenajeo a Valentín Elizalde cantando en la regadera. Salgo bostezando del baño. Me visto. Escribo un poco en mi diario, cargo la lavadora y preparo la comida. Como, tiendo la ropa, me tomo un café y reposo un rato.

Tomo mi flexómetro, los planos, las llaves y salgo a mi coche. Bosé me acompaña desde el reproductor de discos. Tan bello es caer a sus pies… No entiendo mucho la dinámica del tráfico. Eso sí suele fastidiarme. Ojalá tuviera un chofer o fuera teletransportable. Recorro los treintayocho kilómetros que me separan de la construcción en Zuazua.  Pago las facturas pendientes de los materiales. Platico con Don Miguel, con Yolanda o con quien esté. Descubro que de pronto hasta me gusta ser sociable.

Don Jesús, el mayordomo, sale a recibirme. Saludo a todos mis trabajadores. Sus manos ásperas del trabajo se rozan con las mías encallecidas por el volante. Bromeo con ellos. Escuchamos música tropical y corridos en la grabadora. Se están colgando de la luz del vecino y ahora sí tenemos música. Aprendo nuevos vocablos: “la macisez del terreno”, “antonces le hacemos ansina”. Tomo fotografías y anotaciones para la bitácora. Doy nuevas instrucciones según el avance. Construir es caminar sobre las ideas.

Antes de llegar a casa, paso a ver a mi madre. Me ofrece un café que tomo con placer. Platico con ella un rato mientras en la laptop paso en limpio las facturas. Regreso a casa y el resto de la tarde lo paso escribiendo o leyendo. Todo esto mientras empieza el Dr. House, entonces el mundo se detiene sólo para verlo.

House se termina. Bostezo de nuevo. Me arrulla el NatGeo. Ni te imaginabas. Duermo. 

3 Responses to “Lunes”

  1. Dra. Lewis Says:

    Creo que deberías decidirte a colgar la manta afuera de tu casa. Entiendo muy bien lo que es batallar con los automovilistas que hacen un relajo cuando recogen a sus hijos. Vivo en una zona escolar ( alrededor de mi casa existen siete escuelas) y a veces me harta el caos que se forma de lunes a viernes.

  2. Chuyo Says:

    “Ansina” mismo pienso yo, lo lunes me encantan, el ver “volver a la vida/caos” la ciudad es bueno, me gusta, pero los martes NO, aun lo veo como el día que ni es inicio, ni mitad, ni inicio de fin, ni fin de semana.

  3. ¡nc¡tatüs Says:

    El Otro Lunes
    Lunes otra vez.
    Y otro lunes sin Carmen en la radio. Al arrancar la hoja del doble día sabado-domingo del calendario, me doy cuenta que es más tarde de lo que supongo. Creo que hay cosas que dejé de hacer la semana que pasó.
    Otro lunes, y no quiero hacer ejercicio. De todos modos el aparato que me compré hace dos años sieguirá como el tendedero más caro del mundo, “hoy no”, será el siguiente lunes le digo mientras tomo de él mi pálida casi azul toalla de baño.
    Otro lunes sin agua caliente. Pero ya no me extraña. LLevo ya casi doce meses bañandome con agua fria, hasta creo que me estoy haciendo más jovén.
    Otro lunes y el Lucas mugroso. No importa, nadie viene a visitarnos ultimamente, hoy no recogeré su cubeta vacía de croquetas, es raro, pero ahora no me tapa el paso. Creo que el “Lu” ya está aprendiendo a ponerla donde no estorba.
    Otro lunes y calle llena de gente. Bueno, creo que ellos tambien tendrán su lunes a su manera, yo, por lo pronto, me dirijo a terminar desde ya, ésta semana…

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