Spotlight

Esto podría haberle pasado a cualquiera pero me tocó a mí. Aunque fui ensamblada exactamente igual que el resto de mis compañeras en la línea de producción, dos cosas me distinguían: mi número de serie y mi romanticismo, pues siempre me dirigí a ellas como mis hermanas.

Una vez que estuvimos listas y empaquetadas, abandonamos la fábrica en el primer viaje al amanecer. Llegamos al almacén general pasado mediodía. Ahí perdí de vista a algunas de mis hermanas. Nos dejaron en tarimas diferentes, cada una con distinto destino. Algunas perdieron la vida en las maniobras rompiéndose en pedazos.

Por fin llegué a lo que pensaba sería mi destino final. La tienda blanco y naranja donde prometen ayudar a sus clientes con los proyectos que tengan en mente. Me acomodaron en un anaquel elegantísimo junto a diversos modelos que competían por el gusto de los consumidores.

Ajena a lo anterior, durante el transcurso de mi travesía, una arquitecta jugaba a poner líneas y símbolos en un plano de iluminación. Consultó a un ingeniero electricista; él le prestó un catálogo y entonces me conoció. Desde ese momento, nuestros caminos se entrecruzaron.

La conquisté apenas me vio. Se enamoró de mí, con ese amor que lleva a la perentoria urgencia de poseer de inmediato el objeto del deseo. Se dirigió hasta la tienda y pagó el precio que me habían fijado, muy por debajo de mi valía intrínseca.

Cambié de nuevo de habitat y pasé a ocupar sitio en un lugar desastroso lleno de  cables, yeso, restos de barroblock y termolita; bambalinas del gran espectáculo que ahí se representaría.

Los trabajadores de esa obra llevaban a escena a mis hermanas y primas. No tuve tiempo de despedirme de algunas de ellas ocupada como estaba mirándome en el reflejo de un espejo roto.

Donchuy, el mayordomo de la obra, insistía en llamarme sport cuando mi nombre verdadero es Spot, pero no atiné a hablar su lenguaje para comunicarle su error y corregirlo. Él me condujo hasta el centro de la sala, me desempacaron sus manos ásperas que violaron mi intimidad insertándome unos cables que me harían encender.

Me colocaron en el centro del espacio. Alguien oprimió el interruptor para hacer una prueba del circuito. Mis hermanas llenaron de luz el lugar. Cuando llegó mi turno, sumé mi emoción a los watts y entonces me fundí.

3 Responses to “Spotlight”

  1. Dra. Lewis Says:

    Pobrecilla Spot, mira que fundirse en la primera prueba. La culpa fue de Donchuy.

  2. Jéssica de la Portilla Montaño Says:

    Ash el final está de :O( ¡pobrecita!!!

  3. Cuatroletras Says:

    Hay que reclamar a quién se encarga del control de cálidad.

    Fallar a la pirmera no es lo deseable, pero suele pasar.

    Saludos

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