¡Lleve su incienso, su veladora!

El despertador suena puntual a las seis de la mañana. Horacio pasará por mí a las siete. Me levanto, preparo café y camino un rato para desperezarme. Acomodo las cosas que me voy a llevar. Llega mi amigo. De camino al mercadito comentamos sobre la música. Sabina y Serrat ocupan el repertorio musical de este domingo. Y no volví más, a su puesto del Rastro a comprar…

Llegamos. La señora que vende el pollo frito ya tiene levantada su estructura. El puesto de los hot cakes y la fruta está a medio instalar. Nosotros vendemos inciensos, esencias, veladoras, amuletos y leemos el tarot. Tal pareciera que nadie saldría a buscar eso en la mañana del domingo, pero resulta que sí tenemos éxito. Algunas personas van al mercadito recién levantadas, todavía con la almohada pintada en el rostro, salen a buscar algo para comer, a curiosear, a saludar al vecindario. Otras personas van al mercadito ya muy endomingadas vestidas de fiesta en el día de guardar.

 Apenas acomodamos nuestra estructura y llega una clienta a preguntarnos por la veladora blanca que nos había encargado la semana pasada. Horacio le cumple y entrega su encargo. Ya podemos hacer la cruz, como dicen por ahí. Ponemos en su lugar el resto de la mercancía.

A la izquierda van un par de guitarras, docenas de pañales y la mesa con los libros esotéricos: Conozca lo que le dicen sus sueños, Los misterios de la cruz de Caravaca, Cuentos y leyendas de la mano peluda, Inciensos y esencias entre otros títulos, seguidos de los signos del zodiaco. Un libro para cada uno de los signos con su ángel correspondiente en el travesaño justo encima de ellos.

Al frente del puesto están todas las esencias y los inciensos. Las veladoras van en el centro. A la izquierda, detallitos de porcelana para regalar. En la trabe del frente también colocamos las imágenes de los santos San Jorge, San Miguel Arcángel, la Virgen de Guadalupe, San Martín Caballero algunos salmos y pasajes bíblicos.

Una vez instalados, nos llega el momento de almorzar. Horacio abre su termo de café, enciende el sahomerio para la buena fortuna y yo voy por unas fresas con crema al puesto de enfrente. Abro mi libro dispuesta a ojearlo. Hoy traigo La eternidad por fin comienza un lunes. Apenas paso unas cuantas hojas de mi lectura y llega una cliente a preguntar por la esencia de canela. Se lleva la esencia, el incienso y un amuleto para la buena suerte en la lotería. Buena venta.

Los libros llaman la atención y también son parte de las compras. Un grupo de adolescentes acaricia el Kamasutra pero ninguno se atreve a comprarlo. Las mujeres del signo Acuario agotan los ejemplares y los ángeles disponibles.

Los calendarios con imágenes de Walt Disney les gustan a los niños. También vendemos varios. Un señor se acerca a preguntarnos qué puede hacer para alejar a su hijo de una mala mujer. Horacio y yo volteamos a vernos. Coincidimos. San Juditas sale a defender las causas imposibles. La veladora de la Santísima Muerte es también solicitada.

Sobre las diez de la mañana aparece el señor del carrito de la nieve de limón. El algodonero viene con él, pero se separan y cada uno hace su lucha a su modo. Uno se planta en un espacio y el otro recorre el mercadito varias veces.

La esposa del señor antes mencionado viene con nosotros a darle el visto bueno a la compra. Son unos padres preocupados por su hijo. Se llevan a San Judas en imagen y en veladora y de pasada también compran colorines.

A media mañana aparece una señorita tímida que me pide consulta. Horacio intenta vender una guitarra y la prueba. Acompañadas por la música me cuenta su caso. Sucede que tiene una amiga que quiere consultar el tarot pero que ella no se atreve a venir. Me pregunta si será posible que se lo lea a ella y que ella le diga el resultado de la lectura. No accedo. Le digo que el asunto tiene que ser personal.

Después de misa de once salen de la Iglesia y el camino obligado es el mercadito. Esto aumenta los clientes. Cuando iniciamos la venta teníamos veinticuatro ranitas de la suerte. Para mediodía sólo nos quedan ocho. Las esencias, a su vez, van dejando su cajita vacía. Poco a poco las ventas siguen. Las pacas de ropa de los oferentes también cambian su tamaño. La gente busca y busca novedades entre la ropa usada mientras en una mano tienen el resto de sus compras, los víveres para la comida o un elote recién comprado.

Como nada es gratis en la vida, llegan a cobrarnos la cuota. La coordinadora busca mirra. Sí tenemos. Mirra y estoraque. Nos cuenta sus problemas y cómo las esencias le han ayudado a resolverlos. La señora del puesto de enseguida, la que vende los dulces, nos pide que apaguemos el sahomerio, porque es asmática y ya no la dejamos respirar. Accedemos y en automático las ventas bajan.

Pasa el tiempo. Pasa la gente. Me levanto con un impulso de mercader y grito en medio del pasillo ¡Lleve su incienso, su veladora, aquí la tenemos! ¡Lleve sus imágenes, su ángel protector, aquí lo tenemos! Me vuelvo amable y le pregunto a una dama ¿Qué anda llevando? Ella frunce el ceño y me liquida con un rotundo NADA. La actitud de la mujer congela mi ímpetu de venta. Vuelvo a mi lectura.

Se vuelve a escuchar el sonido metálico de las estructuras rasgando el asfalto de la calle. Es hora de recoger el puesto. Ya varios están levantando su mercancía. Nosotros hacemos lo mismo. El chiste no es montar el puesto, el chiste es volver las cosas a su sitio. Acomodar una por una para que quepan en las cajas de las que han salido y aunque son menor en cantidad, nunca nos vuelve a quedar igual.

Hacemos varias vueltas a la camioneta para dejar las cosas. Horacio acomoda y yo acarreo. Cuando estamos por cerrar la camioneta vuelve uno de los adolescentes con cara de travesura. ¿Me vende un libro? Ya los guardé, cuál quieres. ¿Me los puede enseñar? Es que ya no me acuerdo cómo se llama. Bajo la caja y se los muestro todos. Escoge cinco, entre ellos, por supuesto, el Kamasutra. Lo bueno de su compra es que perdido entre los demás no pude notar su legítimo interés. ¿No tiene una bolsa que no sea transparente?  Se los envuelvo en una negra. Sonrío por su afán de discreción.

Subimos a la camioneta. Sabina y Serrat de nueva cuenta, vamos, bajando la cuesta, que arriba en mi calle se acabó la fiesta…

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4 Responses to “¡Lleve su incienso, su veladora!”

  1. Dra. Lewis Says:

    Pues yo voy a querer un incienso y una ranita para la buena suerte (hace años que compro el Melate y todavía no me saco ni un reintegro).
    A ver cuándo me lees el tarot, aunque no le atines a nada…

    Hasta pronto, madame Lorraine. No olvides tu bola de cristal.

  2. puestera Says:

    hermosa manera de platicar tus dias de trabajo nuestras vidas son parecidas solo q yo vendia diferentes cosas y mi esposo se desespero el nunca entendio q hay dias buenos y dias malos pero lo que se vive en los mercados rodantes es maravilloso bueno segun el punto de que lo veas no crees saludos y mucha suerte de corazon

  3. r y x Says:

    N. Nos tienes embobados leyéndote. Eres toda una profesional en la lectura taróxica. jajaja. ya queremos que sea el encuentro internacional sanmillano!! Queremos QUE CANTES

  4. J. Benitez Says:

    Aquí se pueden comprar veladoras esotéricas

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