Contigo

Para Antares

Se me fue el sueño en la madrugada del viernes. Me levanté a intentar terminar el rompecabezas difícil lleno de flores que me había tenido entretenida el resto de la semana. Escribí dos o tres cosas sin mucho afán. Repasé los pendientes y esbocé los planes de una futura fiesta de cumpleaños.

A las siete y media de la mañana tenía cita con el electricista. Llegué a su oficina con cara de mejornomehablenadie. Él extendió los planos sobre un escritorio interminable y decía y decía cosas que yo apenas comprendía. Para las ocho y media de la mañana ya habíamos acabado de decidir muchas cosas que desconozco.

Tuve que regresar a casa, pues olvidé otros planos. Decidí pararme en un puesto de tacos y pedir dos órdenes para llevar. Me los saboree todo el camino, seducida por el olor que desprendían. Llegué a casa y los calenté en el micro. Mientras tanto puse café. El día avanzaba pero aún no llegaba conmigo.

Grace bajó para acompañarme a almorzar. No nos habían puesto salsa, qué contrariedad. Le dí una mordida de náufrago a mi primer taco para encontrarme con que la barbacoa estaba espantosa, llena de sebo y nervios. Incomible. Incluso Grace, que es menos remilgosa que yo, tampoco se los pudo comer. El sabor me quedó en la boca por el resto del día.

Acudí a la supervisión de la obra en Zuazua. Subí a la losa por una escalera más tambaleante que mi voluntad. Aún no terminan de acomodar los barroblocks y el sol de mediodía estaba en todo su esplendor. Además, llegué después de la hora de comida y ya no había ningún taquito de albañil para mí.

Te aviso que no es buena idea que los vendedores de materiales tengan tu número de celular. Te llaman a cada rato para ofrecerte cosas que de momento no ocupas y cuando las utilizas ya no tienes el número a la mano. Mientras recorría la losa, entraron varias llamadas de estas. Me presionan con el concreto y aún no tengo fecha de colado.

Mi otra cliente también tenía algunos comentarios y cambios y aunque tengo buena memoria no puedo ni quiero decidir cosas en el aire sin los planos en la mano. Entonces recorrí los casi cientocincuenta kilómetros que me separan de una construcción a otra para encontrarme con algunas contrariedades. Las resolví en mi oficina al aire libre y escritorio de blocks cobijada por el sol de media tarde.

El clima de Monterrey rondaba los cuarenta y un grados y aunque el coche tiene aire acondicionado aún no me acostumbro a encenderlo. En la única estación que pesca la antena por esos lugares tocaban paseos colombianos inentendibles.  Mastiqué chicle, tomé café, agua, pero nada me quitaba el espantoso sabor de mi almuerzo tan deseado. Tenía asco para comer cualquier cosa, pero no es cuestión de soportar con agua un día como éste.

A las siete de la tarde me senté a comer una ensalada en abonos. Primero me trajeron el plato, minutos después los cubiertos, una eternidad para los crotones, mi refresco -de máquina- sin sabor alguno y sin hielos. ¡Ah! Y el pollo que acompañaba los vegetales vino al final. ¿Cuenta cerrada o desea agregar propina? Una hoja de quejas, por favor.

Otra llamada al celular, era tu padre que necesitaba unos papeles. Yo que pensaba ya regresar a la casa, darme un baño y dormir, desvié mi camino para ir a la tuya.

Llegué a tu casa y no abría nadie. Sólo estaba el coche de tu mamá. No se escuchaba ningún ruido. Timbré varias veces hasta que respondieron. El chocolate que le había llevado al gremlin que tienes por hermano se derritió. Por fin tu madre me dio las llaves para abrir la puerta, pues no quería exponerte al sol. Abrí el barandal y entré a tu espacio donde todo estaba lleno de paz.

Llegaron tu padre y tu hermano, que apenas me quiso saludar. Subió a su recámara sin cenar a ver la película que había rentado y no pude entregarle el chocolate. Tú comías del pecho izquierdo de tu madre con fruición esperanzadora. Todo fue verte para entender el sentido de mi día. Tenías los ojos cerrados y abrías y cerrabas las manos a tu ritmo. Pataleaste cuando dejó de salir tu alimento y te cambiaron de lugar. Seguía el pecho derecho. Diste cuenta de ambos manjares y después vino el ritual del eructo. Al verte extendida comprobé cuánto has crecido en unos pocos días. Extendí los brazos para cargarte y mi deseo fue cumplido. Olías a bebé de dos meses y yo a regiomontana después de un día de sol y supongo que eso puso en alerta tus sentidos pues entonces abriste los ojos y en tu mirada sentí el reflejo del amor que veías en mis pupilas.

Le gusta que le platiques cosas, dijo tu padre. Mejor terapia no pude haber encontrado. Te llené de besos, te conté mi día al revés, como si todo me hubiera salido bien, te hablé del futuro, mientras tu mano entera sostenía una parte de mi dedo meñique e intentabas platicar conmigo en tu encantador balbuceo.

Que se pierdan las piezas del rompecabezas, que el insomnio llegue aún en las noches buenas, que se haga o no la fiesta, que distribuyan los circuitos como puedan, que acomoden los barroblocks como quieran, que se salten los niveles, que hagan la barbacoa como les de la gana, que entreguen en partes las ensaladas, contigo en mis brazos lo demás importa poco, muy poco o nada.   

4 Responses to “Contigo”

  1. Dra. Lewis Says:

    ¡Ay Antares! Hermosa niña que aún no tengo el gusto de conocer. Creo que en medio de todo el caos que rodea tu vida, siempre será una bendición el tener en tus brazos a esa pequeña que tanto quieres.
    Por cierto, hoy se presenta en mi ciudad una compañía de danza que se llama Antares.

    Un abrazo.

    P. D. Espero que la próxima vez tengas más suerte con la barbacoa.

  2. Jéssica de la Portilla Montaño Says:

    ¿Por qué todos mis colegas andan insomnes en estos días? Nótese que escribo esto a las 2:30 de la mañana, ja.

  3. walvarez Says:

    …trilladisimo lo que voy a escribir pero es la verdad, estar un momento con tu hija(o) no tiene precio, te da un reset en el día. Por favor sigue escribiendo, saludos cordiales!

  4. ¡nc¡tatüs Says:

    Y creo que tu Antares es lo que llamamos el fin que justifica los medios.
    Y creo que tu Antares, es el contrapeso ideal a más de un mal día de tus días.

    Saludos, y Felicidades de nuevo…!

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