Deja que suceda

Así. Quédate así, para mirarte, quiero llenarme los ojos con tu presencia. Permite que nuestras pupilas inicien el rito más ancestral que existe sobre la tierra; despacio, reconociéndonos inmersas dentro de un sentir distinto, egoístamente nuestro.

En el silencio de su propio lenguaje, un par de miradas parecen confesarse y bajan los párpados para reencontrarse dentro de algún otro plano existencial. Cuánta dulzura bajo tus cejas, cuántos enigmas descansan sobre su arco.  Qué ternura inspiran los rasgos de tu rostro.

Te recuestas a mi lado, disponiendo de tu libertad dejando de lado todo el universo de sitios factibles donde podrías estar. Transpiras sensualidad, respiras incertidumbre ¿Dónde se encuentra la clave de tu laberinto? Acompáñame para no perderme.

Deja caer tu cabello suelto sobre tu espalda morena. Desnuda tu cuerpo, devela tu alma. Quiero sentirte piel con piel, temblando al encontrarme contigo tan cerca. Así, entrégate a mi abrazo que tiene toda la dulzura que no has conocido y toda la locura de un deseo recién nacido.

Siénteme. Ven. Acércate. Dame tu mano y con ella reencuéntrate en las formas de mi cuerpo, que se convierten en espejo del tuyo. No hay prisa, que el tiempo es nuestro, detente donde quieras, descubre, acaricia, pellizca, muerde, merodea. Deja que nuestras manos y nuestra piel encuentren su ritmo, su música, sus contrastes.

Condúcete ante mi todo lo femenina que puedas, domíname desatando el león que habita en la humedad de tu entrepierna. Sumérgeme en tus silencios o háblame a grito abierto. Muéstrame tu convicción lo mismo que tus dudas.

Convierte este momento en una noche de lluvia, una tarde de verano, un mediodía de primavera o un amanecer de invierno. Todo porque hoy no quiero ni necesito que entre las dos exista el tiempo. Tenemos este momento.  Regálame tu pasado, envuélvelo en un presente que se viste de futuro.

Transpórtame hasta el cielo o llévame hasta el infierno. Hazme sentir que todo es real contándome una mentira. Abrázame, como si fuera lo único real dentro de toda esta fantasía.

Pero sobre todo, no digas nada. No digas nada, amor,  porque hoy no hace falta entre las dos ninguna palabra. No hagas nada, corazón, no hagas nada que no quieras. Sólo entrégate. Déjate amar.  Deja que suceda.

Lorena Sanmillán

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