Mi mamá me regaló un marumito

Un marumito. Es todo lo que había pedido para varias navidades y no me cansaba de pedirlo para mi cumpleaños. Nunca llegó en esas fechas, sin embargo, un sábado cualquiera, de esos en los que mamá va a la Iglesia, cuando regresó entró a mi estudio y lo colocó sobre mi restirador. Dijo que su amigo el carpintero por fin lo había podido hacer. Que se había tardado tanto en terminarlo puesto que para construir los marumitos se necesita que en el cielo esté presente un arcoiris.

Es de madera de mezquite mezclada con mercurio. De tal suerte que las partículas del metal se reacomodan en su interior cuando lo tocas y la energía que se genera te llena de vida. Tiene textura de alcatraz y olor de jazmines. Cambia de forma según la presión y la intención que lleves en las manos cuando lo acaricias. Cambia de color según la hora del día en que lo mires. Ante las almas puras toma su acabado piano y se convierte en un espejo duplicando la belleza. Cuando detecta personas de alma negra se vuelve ébano áspero.

Cada día de la semana toca música con un tono diferente y le da el volumen según mi estado de ánimo, complementándome. En mi euforia se torna silencioso. Para los lunes escoge La; para los miércoles Mi. Es muy predecible, pues los domingos toca en Do sostenido. Te imita cuando cantas y es un excelente compañero de baile.

Si le platicas, expresa su sentir con un dibujo en relieve sobre una de sus caras o sobre todo su cuerpo según le guste o no lo que le cuentas. Conoce la historia de los edificios que me gustan, como los Azulejos, el Pabellón de Mies o el Taj Mahal y si lo llevo conmigo a recorrerlos me informa de todos los detalles de la construcción.

Lo que más me gusta de él es que sabe leer. Eso lo descubrí la vez que lo usé como pisapapeles y lo puse encima de unas cartas sin abrir. Apenas dejarlo encima del escritorio fueron pasando en mi mente una a una las líneas de la correspondencia. Luego le traje el periódico y con sólo posarlo sobre la primera plana me enteró de las noticias que para mi vida tenían relevancia. Después lo deslicé por el lomo de un libro y supo contarme todo el contenido, desde el índice hasta el último capítulo. Así nos pasamos varios fines de semana. Queriendo ir más lejos, lo puse sobre un libro en un idioma extranjero y el resultado fue el mismo pues él domina todos los idiomas conocidos sobre todo el del silencio universal.

La próxima semana lo llevaré de viaje. Vamos a recorrer las bibliotecas y mis edificaciones favoritas de todo el mundo. Por las noches dormiremos juntos. Lo pondré a un lado de mi almohada y si es martes, bajo un tono Re, llenará mis oídos contándome historias que nunca imaginé saber.

 

Lorena Sanmillán

 

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2 Responses to “Mi mamá me regaló un marumito”

  1. Julián Ramírez Says:

    Que bien sale este ejercicio, me gusta mucho.

  2. sergio Says:

    que coño?

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