Viernes de Taller. Ejercicio 4

Para todo aquel y aquella que guste entrarle a la onda de la escritura, los viernes publicaré un ejercicio tomado del libro Taller de Escritura: 1303 Ejercicios de Creación Literaria del escritor regiomontano Felipe Montes. Quien guste entrarle y que no sea tímido deje su tarea como un comentario y a su debido tiempo vemos el asunto de la retroalimentación. Lo trascendente surge a partir de lo cotidiano.

Ejercicio 153.- PARAISO PERDIDO. Describe la vida actual en el paraíso del que los seres humanos fueron expulsados.

Gracias por su participación. Felicidades por su fantasía y creatividad. El próximo jueves escribiré algunos comentarios y el viernes tendremos un nuevo ejercicio.

Lorena Sanmillán

3 Responses to “Viernes de Taller. Ejercicio 4”

  1. Fernanda Says:

    Dicen, y no sé si digan bien, que aun existe el lugar en que Adán y Eva fueron creados. Un territorio sorprendente cuyo destino es no ser visto por ojos humanos y cuya hermosura formidable está condenada a perderse en el abandono. Majestuosa vegetación, ricos manantiales, espléndido clima, flora y fauna portentosas y sublimes regalos a los sentidos que viven la inexistencia de aquello que siendo, nadie está para constatarlo. ¿Escarmiento o egoísmo? Quién sabe… en todo caso alguien dijo haber oído en el octavo día una voz ordenando: Hágase la sombra, que se hizo.

    Fernanda:
    Es una minidescripción sobre el paraíso perdido. Interesante porque lo sepultas en sombras y lo dejas encriptado para la vista de todos los mortales. Me parece que abusas de los adjetivos, pero aún así se nota conciso. Mi sugerencia es describir la fauna, el terreno y las cosas que mencionas para darle más atmósfera. Aunque presiento que tu idea es más centrada en el asunto de la pregunta ¿escarmiento o egoísmo? Integra la pregunta al texto para que se lea mejor. Y en el final, pues si ya estás usando el asunto intertextual quizá se podría reescribir así:
    “En el octavo día alguien dijo haber oído una voz que ordenaba “Hágase la sombra”. Y la sombra se hizo”
    Buen ejercicio, Fernanda.
    LSM

  2. Liltih Says:

    Soy una ángel, actualmente solo los ángeles estamos en el paraíso, la vida aquí es increíblemente hermosa, huertos que se desbordan llenos de frutas frescas, animales que son siempre inocentes, ríos limpios aptos para la vida.
    En este lugar, las Huríes cantan hermosamente todos los días, aveces las encontramos sentadas en el árbol del conocimiento, si ese, el de Adán y Eva, ese árbol que fue la causa de su expulsión. En el Paraíso ha pasado de todo, por eso la vida humano no nos impresiona para nada, Lilith abrió sus alas para nunca volver, vimos a Luzbel rebelarse y caer a la tierra, hemos visto desde aquí imperios forjarse e imperios caer.

    Pero en fin,tiempos pasados,..Hoy el Jardín es paz, dulzura, aquí no hay frío , no se conoce la muerte, ni la vejez, todas las piedras son preciosas, abundancia en todo, los cantos de alabanza surgen de las gargantas angélicas, llenos de alegría, el sol, nace y la luna es su eterna compañera, aquí no se conoce el significado del dolor, aves eternas de colores brillantes tornasolados endulzan nuestros oídos.
    Aquí viven felizmente Dios y su esposa. ¡Claro el también tiene!, el no es el macho que los humanos tratan de dibujarse, el conoce del amor y lo entiende.

    Aveces extrañamos mucho a los humanos, su caótico mundo es digno de dar lastima, pero ellos llevan en sus corazones parte de la escencia divina de este lugar, ellos son parte de el, y aveces cuando un hombre y una mujer se aman de verdad, abren una ventana en su ego, en sus tabúes, y pueden ver otra vez su origen, y saben que mientras se amen el paraíso esta, donde están ellos, Y ambos son en cualquier cama como Adán y Eva en el origen, inocentes y puros,

    Un día regresaran todas las almas a este lugar, nosotros lo sabemos, la paciencia y la esperanza son nuestras virtudes, el mundo gira, los días caen como semillas de granada, pero ustedes tiernos humanos, siempre quieren volver, así sera, los ángeles lo prometemos, y pasamos nuestros días preparando este lugar que los recibirá con las puertas abiertas, y sus ojos volverán a ver este lugar abierto, sera una fiesta para los misericordes, para los benevolentes, y nunca mas serán expulsados, y nunca mas les diremos adiós.

    Liltih:
    Como sucede con Fernanda, el uso de los adjetivos habría de restringirse a los indispensables. “la vida es increíblemente hermosa” mejor cuéntalo, transmítelo, hazlo sentir. Dinos cómo es la vida para que sea increíblemente hermosa. Dinos cómo es el hermoso canto de las Huríes.
    Elimina lo de “En fin, tiempos pasados…” comienza ese párrafo desde “Hoy el Jardín es paz…”. Suprime también lo de “¡Claro, él también tiene!” Reserva las sorpresas para tu narración. Destila tu vena poética, tu capacidad para crear imágenes.
    El quinto párrafo es delicioso. El sexto párrafo necesita trabajo de puntuación. Algo así:
    “Un día regresaran todas las almas a este lugar. Nosotros lo sabemos. La paciencia y la esperanza son nuestras virtudes. El mundo gira, los días caen como semillas de granada, pero ustedes tiernos humanos, siempre quieren volver. Así será. Los ángeles lo prometemos. Pasamos nuestros días preparando este lugar que los recibirá con las puertas abiertas. Sus ojos volverán a ver este lugar abierto. Será una fiesta para los misericordes, para los benevolentes. Nunca mas serán expulsados. Nunca más les diremos adiós.”
    Te recuerdo que el texto es tuyo y lo que expreso son sólo sugerencias. Tú eres la dueña de las palabras.
    Hay algunas cuestiones de puntuación y ortográficas que hay que mejorar. Eso es cuestión de práctica. No permitas que las reglas se lleven de encuentro tu poesía, ni permitas que tu prosa poética se lleve de encuentro las reglas. Hay que equilibrar.
    Ojo, porque comienzas en singular y después cambias a narrar en plural. Bien hecho, Liltih.
    LSM

  3. Ada Hinojosa Says:

    PARAÍSO, ¿PERDIDO?…

    Gabriela y Rogerio, ingleses de nacimiento y pareja desde su época de estudiantes en Oxford, donde se habían conocido cuando cursaban sus respectivas carreras, ella, de antropología, él de arqueología.
    Al recibir sus doctorados, se dirigieron, para cumplir el sueño dorando de Rogerio, a la Mesopotamia. Gabriela encontró ahí, tierra fértil para desarrollarse en su disciplina. Se dedicó a investigar sobre la pobreza, la falta de educación, su impacto en la niñez que la convertía en una de la más proclive a enfermedades en el mundo. Rogerio, desde su llegada, se consagró, gracias a la autorización gubernamental, a excavar exactamente donde se unían los ríos Éufrates y Tigres, e indagar sobre el rico pasado de la región.
    Platicaba a quien quisiera escucharlo, como desde su infancia deseo ser arqueólogo. Muy pequeño había leído en la Biblia sobre el Paraíso Terrenal. Ya mayor, se enteró, debió haberse encontrado en esta parte del mundo. Se obsesionó con encontrar el sitio preciso donde, según el libro sagrado para judeo-cristianos, había nacido la humanidad. Era su sueño dorado, que por supuesto compartía con Gabriela.
    Tras un largo recorrido en busca del Paraíso en las orillas de El Furat, nombre árabe del Éufrates, río que había recorrido desde donde nacía en Turquía, hasta donde se encontraba en ese momento en las cercanías de Bagdad, ya unido al Tigris, o como él l gustaba llamarlo, Didjuila, en el original árabe, lengua que ambos, Gabriela y Rogerio manejaban con soltura por la necesidad de comunicarse, y en especial comprender mejor la sicología de los nativos.
    Desde su llegada a Irak, 10años atrás, tenía el mismo equipo de trabajadores, quienes compartían sus sueños, sus sudores, sus alimentos, y le eran fieles como sólo los excavadores de sitios históricos suelen ser.
    Aquellos hombres, buscaban con ahínco, cualquier detalle que les permitiera sospechar donde, cerca de seis mil años atrás, según la Biblia, había estado el Paraíso Terrenal.
    En una alejada aldea donde Gabriela entrevistaba familias, había conversado con un hombre a quien comentó el deseo de Rogerio de localizar el espacio físico del Paraíso.
    Cual no sería su sorpresa cuando el anciano le comentó que él, como el descendiente primogénito de los primogénitos del primogénito de Adán y Eva, había recibido en herencia, la tradición oral de dónde se encontraba, precisamente, la entrada el Paraíso Terrenal.
    Gabriela no estaba muy segura de que el sueño dorado de su pareja tuviese una base científica y pudiese algún día, encontrar el lugar preciso, sin embargo llevó al hombre para que le platicara a Rogerio lo que supuestamente sabía.
    El arqueólogo escuchó sorprendido la revelación del hombre.
    -En Samara, -dijo- en las llanuras de Kut, ahí donde por primera ocasión se unen ambos ríos, aparece, tras las inundaciones de octubre y noviembre, una cueva que los lugareños consideran sagrada, quien ahí entra, no volvía a salir jamás.
    -Esa, -explicó el anciano- es la entrada al Paraíso, aún hoy en día se encuentra custodiada por el Arcángel, si por Cherubim quien, con espada en mano, frente a la puerta, cuida nadie se acerque.
    -La verdad es que no se para qué, no hay quien se atreva a ingresar ni tan siquiera a la caverna, menos acercarse.
    El arqueólogo lo escuchó con avidez, pensó, apenas estamos en septiembre, las lluvias llegaran hasta octubre, continúan en noviembre, ay, tendremos que esperar hasta diciembre para entrar a la gruta, pero esta leyenda, es lo más cercano que he escuchado sobre mi sueño dorado.
    La pareja. se vio obligada a prometer al anciano, que no comentarían con nadie lo que él les había compartido. A pesar de su deseo, Rogerio no le notificó a su maestro en Oxford que había encontrado a alguien, que creía podía localizar la zona precisa donde estuvo el Paraíso.
    Continuaron pasando muy lentos para ellos, los días, las semanas y aún los meses. Mientras preparaban su viaje para ir en busca de lo que Rogerio llamaba su “Vellocino de Oro”, la pareja continuaba en contacto directo con el hombre.
    En los primeros y ahora ya frescos días de diciembre, prepararon vituallas y un par de tiendas de campaña, tan sólo aquello que podían cargar en su jeep, y después en un burro que los acompañaría ya dentro de la gruta.
    Partieron muy de mañana hacía Kut, donde el viejo pidió dejaran el transporte para acercarse, con tan sólo lo indispensable, agua, alimentos, y en especial lámparas de mano, lo que pudieran llevar a la caverna en el borrico, pues no sabía, afirmó, cuando tiempo requerirían para recorrerla, podían ser horas o tal vez días.
    Al entrar en la gruta, encontraron un silencio sepulcral, tan sólo cortado por el sonido de sus pasos y el del agua que caía de las estalactitas sobre las estalagmitas.
    Muy pronto se percataron les sería imposible conservar el burrito, había farallones que tenían que subir o bajar para continuar. No les quedó más remedio cargar sobre sus espaldas todo lo que llevaban y dejar al animalito para que éste, buscara su salida.
    El espectáculo que presentaba la cueva era magnífico gracias a los siglos y siglos que la naturaleza, sin intervención del hombre había formado en sus entrañas. Sin embargo, el trío no prestaba atención a la belleza de las formaciones calcáreas, no estaban ahí para admirarlas, buscaban llegar al fondo de la caverna lo más pronto posible, pero la falta de senderos no les permitía movilizarse con la rapidez que deseaban.
    El avance era difícil, en especial porque el anciano no tenía experiencia en rappel, por tanto la pareja se veía precisada a subirlo o bajarlo con la fuerza de sus brazos y una cuerda alrededor de su cintura.
    Pasó todo el día, aun cuando no se percataron por la oscuridad total que ahí reinaba, el hambre y el cansancio los obligó a detenerse y encender fuego en un hornillo de alcohol, después de comer algo, se introdujeron en sus sacos de dormir.
    Tras algunas horas de descanso continuaron su expedición. Así fue durante un par de días caminaban mientras las fuerzas les alcanzaran, pero no perdían la esperanza de llegar al lugar soñado. De repente, al encontrarse en un amplio vestíbulo de la gruta, escucharon muy cerca, sonidos propios de un lugar abierto, corrieron a la entrada, divisaron una puerta que creyeron sería la del Paraíso.
    Frente a esta, un hombre ataviado con una shilava blanca y en su cintura, un alfanje, pero a pesar de ello, no parecía ser de peligro.
    Se acercaron y el guía empezó a hablar con el guardián en arameo, y para sorpresa de todos les respondió en árabe, idioma que los tres comprendían.
    -Los esperaba, -dijo- ya me habían informado de su llegada, tengo instrucciones de atenderlos, vamos, pasen adelante, ingresen al Paraíso.
    Rogerio y Gabriela se quedaron imposibilitados para moverse, ¿acaso sería un truco, o realmente éste, es el Paraíso?
    Imposible, pensó Rogerio, debo estar soñando es tanto lo que he deseado llegar que mis sentidos me están jugando una mala pasada.
    -No, -dijo el guarda como si hubiese escuchado los pensamientos-, es verdad, han llegado al Paraíso perdido. Jehová, me ha instruido en llevarlos para que lo conozcan.
    Así diciendo, abrió de inmediato la hermosísima puerta que parecía de oro, brillaba en todo su esplendor con el sol del atardecer.
    Ingresaron y empezaron a recorrer el jardín, cruzaron en medio de una naturaleza exuberante, impresionante, tal parecía ahí se encontraba la totalidad de los árboles y flores del mundo.
    Animales de todas clases conviviendo uno al lado del otro, la oveja y el león, las gacelas y los tigres diente de sable, juntos. Se veían muchísimas especies de animales ya desaparecidos, todos aquellos que habían poblado la tierra desde su creación.
    Los tres se encontraban extasiados, impactados, sin habla.
    Es, -exclamó Rogerio al recuperar el habla- mucho más de lo que en mi más loco sueño había imaginado.
    -Vamos para que recuperen fuerzas y puedan descansar -dijo el custodio.
    Los condujo a través de un bello pasaje hasta una cabaña donde en el centro, se encontraba una mesa con toda clase de viandas y vinos, pero eso sí, tan sólo frutas, vegetales, quesos, nada de carne, ni pollo o pescado.
    Tras alimentarse bien, después de todo llevaban algunos días de casi ayuno, fueron conducidos a una habitación donde los esperaban tres comodísimos lechos cubiertos con blancas sábanas.
    Sin esperarlo más, se tendieron y se durmieron profundamente.
    A la salida del sol despertaron y de nuevo encontraron a su guardián con un desayuno que ingirieron con gran apetito.
    -Ya es hora de que se preparen para su retorno, han visto lo que fue el Paraíso del cual fueron expulsados sus antepasado, -informó el custodio- pero les advierto, al regresar a sus lugares de origen no podrán contar a nadie su experiencia.
    Si llegasen a desobedecer, como lo hicieron Adán y Eva en su tiempo, también ustedes serán castigados. Todo se borrará de sus mentes, su vida, su pasado, sus nombres, su familia, quedarán en un blanco total, los tratarán de locos, serán internados, en especial ustedes, Gabriela y Rogerio, en un sanatorio, no creo quieran pasar el resto de su existencia ahí, separados de la vida y el trabajo.
    -Salgan de aquí y agradezcan a Dios la experiencia de acaban de tener, son ustedes, sólo ustedes, los únicos afortunados.
    De nuevo ingresaron a la gruta, callados, sin atreverse a hablar ni aún entre ellos. En tanto, Gabriela pensaba: Espero ya se tranquilice Rogerio, quiero regresar a Inglaterra, formar una familia, ese si sería para mi, mi paraíso.
    Rogerio, sin embargo, se sentía vacío. ¿Qué me ha pasado?, se preguntaba. Se ha cumplido mi sueño dorado, lo que más he anhelado en mi vida, pero, tal parece no es el Paraíso que esperaba. ¿Cuál será el paraíso que buscaré ahora?
    El viejo rumiaba. Ya cumplí mi misión, dejaré a mi primogénito continuar cuidando el secreto, mi paraíso ya lo he encontrado.

    Ada:
    Un muy buen ejercicio de largo aliento. Un cuento que es preciso pulir en los detalles. Te sugiero ahondar en las sensaciones, explorarlo con los sentidos. Olores, sabores, colores, texturas. Si el sol quema o es benévolo. Esos detalles que le dan más atmósfera. Los personajes están bien trabajados, plenos con sus características que nos hacen reconocerlos.
    Elimina el ay y el lugar común “silencio sepulcral” porque abaratan el texto. Manejas muy buen registro como para caer en esas oquedades. Integra las preguntas al texto para que sean parte de la narración. Cuéntanos su sorpresa como cuentas el recorrido.
    Qué sentían? Qué pensaban? Qué sentía la chica de que su novio cumpliera su sueño? Qué sentía el científico al poder descifrar el misterio que había guiado su expedición?
    El final me suena conocido. Y ese no es el problema. El asunto reside en contarlo con más detalles. Puede ser interesante hacer una vuelta de tuerca y que el Paraíso sea franquicia, que lo venden en tiempo compartido, algo así. O que sea un performance. O que no sepan cómo salir. Un factor sorpresivo.
    Los pensamientos finales de Gabriela, Rogerio y el anciano podrían funcionar mejor si se quedaran en incógnita. No saber qué pensaron después.
    En las puertas del Paraíso, ya que tienes tantos elementos, quizá convendría hacer un símil sobre las Puertas del Paraíso de Rodin. Cuando lo estaba leyendo me transporté a Petra.
    Buen ejercicio, Ada.

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