Viernes de Taller: Ejercicio 7

Para todo aquel y aquella que guste entrarle a la onda de la escritura, los viernes publicaré un ejercicio tomado del libro Taller de Escritura: 1303 Ejercicios de Creación Literaria del escritor regiomontano Felipe Montes. Quien guste entrarle y que no sea tímido deje su tarea como un comentario y a su debido tiempo vemos el asunto de la retroalimentación. Lo trascendente surge a partir de lo cotidiano.

Ejercicio 32.- CUATRO PALABRAS.- Toma cuatro palabras escogidas al azar.  Escribe un título en el que estén incluidas esas cuatro palabras.  A partir de tu título, escribe una historia.

Gracias por su participación. Felicidades por su fantasía y creatividad. El próximo jueves escribiré algunos comentarios y el viernes tendremos un nuevo ejercicio.

Lorena Sanmillán

7 Responses to “Viernes de Taller: Ejercicio 7”

  1. Renato Tinajero Says:

    Nota: puesto que el diccionario consigna como palabras las letras mismas del alfabeto, he escogido las “palabras” A, B, C y D para la hechura del siguiente ejercicio.

    ABCD

    De A y B se dice que violaron a D en casa de C y luego la asesinaron y desmembraron el cuerpo.

    Huyeron del país y no los han encontrado. En tanto, C guarda un profundo silencio, que no desmiente ni confirma los hechos.

    Encontraron la cabeza de D en un arroyo. La pierna izquierda llegó por correo certificado a la casa del alcalde. Unos quiquillos que buscaban en un solar baldío un balón extraviado hallaron el corazón, a medias carcomido por una colonia de hormigas.

    Renato:
    De título críptico y sentido del humor. Un texto breve pero tristemente actual. Ahora hasta las letras se asesinan. Qué bueno y qué acertado que no usaste una z. ¿Qué son los quiquillos? No puedo quitar de mi mente la imagen de las hormigas devorando el corazón. Muy efectiva.
    Cumple con el ejercicio de hacer la historia a partir de cuatro palabras incluidas en el título.
    Aprovecho el Taller para felicitarte por tu nuevo libro. ¡Felicidades, Renato! y gracias por compartir tu poesía en este Taller.
    LSM

  2. Adrián Boyero Says:

    Ventanas, puertas y figuraciones.

    Las vacaciones por navidad y año nuevo recién habían comenzado. Oficialmente el invierno no llegaba, mas esa oscura tarde de diciembre era en verdad fría. Lorenzo se aburría en su habitación cuando ruidos que provenían de la calle lo hicieron asomarse al balcón. Inquilinos de pisos abajo, Don Isidro y su hijo Orestes, discutían culpándose mutuamente a causa del paquete con regalos que habían dejado olvidado en el asiento de taxi que los llevó hasta la puerta de aquella vieja torre de apartamentos en los suburbios de la ciudad. Las voces se acallaban conforme los individuos penetraban el vestíbulo del edificio y su drama, ya distante, dejó de interesarle de pronto. Cuando giró para volver hacia la puerta, Lorenzo se sorprendió con la lasciva escena que tenía ante sus ojos; a través del ventanal que compartía con el cuarto de su hermana Úrsula, la observó sentada al borde de la cama contemplando el torso desnudo de su amiga Fabiola, de pie frente a ella y con los brazos levantados de manera extraña por encima de su cabeza. Intentó acercarse para verlas mejor, pero tropezó y derribó las macetas con unas flores raras que Úrsula solía cultivar en aquel balcón. Con el estruendo las muchachas se dieron cuenta que eran observadas y raudas corrieron vociferando a cerrar la cortinas. Tal vez más avergonzado que ellas Lorenzo fue a encerrarse a su habitación. Postrado en su cama con los ojos muy abiertos, temía escuchar los pasos de su hermana enfurecida llegar hasta su puerta; esperaba algún reclamo pero este no llegó. Al cabo de algunos minutos de calma su respiración tomaba de nuevo un ritmo pausado, mas no así sus pensamientos que acelerados elaboraban un sinfín de conjeturas. ¡Fabiola y Úrsula eran lesbianas!, pensó. Ni modo que las amigas exploraran sus senos en busca de tumores como aconsejaban en televisión en previsión de cáncer de mama; a sus dieciséis años, sus tiernas tetas supuso, no podrían sufrir tan pronto esos padecimientos y, en todo caso, mejor habrían de hacerlo en su intimidad personal y no compartir la experiencia una con la otra. Por más grande que fuera su amistad, él, por ejemplo, ni siquiera orinaba en sus excursiones al campo cada verano junto al Xavier, compañero de aventuras desde la primaria, por elemental pudor; cualquier intento curioso por descubrir las partes intimas de su amigo al mingir podría malinterpretarse como homosexualidad, ¡y él por supuesto no era gay, que va!, él sí era muy macho y muy recto, no como la torcida de su hermana, pensó.

    ¡Sí, eran Lesbianas!; ahora entendía porque su hermana rechazaba con determinación a Orestes, uno de los chicos mas galanes de la preparatoria 4, que siempre la había preferido a ella por sobre todas en la escuela, incluso las tontas compañeras de la secundaria de Lorenzo, que enloquecían por Orestes también. Conforme revivía en su mente las breves imágenes Lorenzo sintió como su temperatura corporal se elevaba. No cabe duda que la mejor calefacción era el deseo. A sus escasos trece años la mecha que lo encendía era muy corta. Ya no era un niño, hacía pocas semanas que había entrado en los umbrales del autoerotismo guiado por fantasías con Fabiola, irónicamente. Era más bella que como la había soñado. Ahora tenía ese gran tesoro para sí; ¡la fortuna de haberle visto las tetas!. Llevó instintivamente su mano a la entrepierna y su miembro estaba enseguida totalmente erecto. Luego de quitarse la ropa encendió el televisor y sintonizó un canal de deportes a gran volumen. Temía que su gemidor fervor al masturbarse entre almohadones y sábanas lograra traspasar las paredes y todos en su casa y el edificio se enteraran que Lorenzo era un vil depravado, porque así se sentía. Tal vez la narración del locutor y sus gritos de gol podrían ocultarlo y él podría deleitarse cómodamente. De pronto pensó en una pequeña retribución; que tal si dejando la puerta entreabierta ellas pudiesen venir a verlo importunamente también. Úrsula y Fabiola notarían cuan bien dotado por natura estaba –creía con falso orgullo pues en realidad no tenía referencias- y probablemente volvieran a interesarse sexualmente por hombres… ¡Pero que bajas ideas eran esas! Se sintió confundido de repente, se había dado cuenta que cuando hacía esas cosas no pensaba con claridad, si acaso ocurriera que llegara a pensar en algo durante esos trances, pues generalmente se sentía privado de ideas: todo se volvía misteriosa y gravemente sensorial; sus genitales eran su centro y nada más, y esa verdad lo llenaba de absoluta dicha, así que se abandonó a la tarea de procurarse más y más placer.

    No hubo tiempo para reaccionar… “¡En vez de mirar la televisión Lorenzo, deberías ponerte a estudiar!” dijo su madre mientras abría vertiginosamente la puerta sin siquiera tocar, pillando a Lorenzo a mitad de la faena. Ruborizada, Camelia tapó sus ojos con sus manos y apenada salió del cuarto de su hijo disculpándose. “¡Mi hijo es gay!” pensó. “¡Mira que masturbarse mientras ve futbol. Ya decía yo que esa exagerada fascinación por Ronaldo no era normal!”.

    Adrián:
    ¡Bienvenido al Taller! Una anécdota divertida y bien contada. Con algunos detalles de puntuación que podrían mejorarse. Empezando por la dimensión de los párrafos, podrías fraccionarlos para darle ritmo a la narración. Cumple con el ejercicio acertadamente. Es interesante el giro que le das al final, con la sorpresa de la madre. Hay que pulirle varios detalles. Te señalo algunos:
    *Varios de los juicios que emite el narrador omnisciente podrían omitirse.
    *Es genial la frase: “No cabe duda que la mejor calefacción era el deseo”; aunque dado el tiempo en que narras vendría mejor en el texto que la pusieras en presente. “No cabe duda que la mejor calefacción es el deseo”.
    *”gemidor fervor”, por sonido podrías cambiar alguna de las palabras. No suena bien.
    *”su madre abría vertiginosamente la puerta”. Ignoro cómo podría ser eso. No creo que en este caso abrir la puerta produzca vértigo, no va al precipicio ni nada parecido. No es una imagen afortunada. Algo más natural le vendría mejor. Entiendo que el asunto es que la abre de golpe. Hay que buscar una palabra que indique eso.
    *Lo del asunto del inicio, los regalos olvidados en el taxi, aunque le da ambiente, distrae de la anécdota central que es Lorenzo descubierto por su madre en una rotunda equivocación. Estúdialo.
    Bienvenido de nuevo, Adrián. Ya me encantaría ver más ejercicios tuyos en este Taller.
    Gracias por tus letras
    LSM

  3. Fernanda Says:

    Que no sé nada.

    Traté. Desde el viernes puse a correr al ratón para escoger cuatro palabras y a partir de ellas desarrollar una buena historia. Nunca entedí como era eso de elegir palabras al azar ¿Metía todas las que se me ocurrieran en una bolsita y luego sacaba cuatro?

    Como no supe, decidí escogerlas con un método menos aleatorio. Lo primero que me vino a la mente fue escribir algo sobre una chica que, con más suerte que intención tropieza en el lugar y momento correcto para aterrizar justo sobre los zapatos de un hombre. Habría tenido que ser muy ocurrente para, sin pecar de plagio, describir la enorme belleza que tiene el hecho de desmoronarse con pertinencia en los juanetes de Bosé. Se habría llamado: “Caer a tus pies”

    Luego pensé en escribir algo en espiral sobre la dificultad de escalar por encima de la mala ortografía y la pésima puntuación. La idea era demostrar con un triple salto mortal que el problema para encontrar algo que narrar a partir un título con cuatro palabras, no comenzaba con asuntos ortográficos, sino en saber “contar”. Esta se llamaría “Contando cuentos de Macondo”

    Pensé también en escribir la breve historia de una enamorada que, pasó tanto tiempo deshojando margaritas, que muy tarde se dio cuenta de que había más y mucho más hermosas flores. Se llamaba “El Jardín de Margaritas”, pero me pareció tan cursi que no pude seguir pensando hasta después de volver el estómago.

    El caso es que cuando llegó el jueves y la noche amenazaba con traer el ejercicio ocho, me di cuenta de cuatro cosas: Mi puntuación apesta, me urgen unas clases de gramática en el INEA, se me da más la crónica y que sólo sé que no sé nada…

    Fernanda:
    Este Taller y en general las letras no son para fastidiar ni para pasarla mal. Se trata de crear, de divertirse, de ejercitarse. Hay ejercicios que pueden no llamarnos. No es obligación, aunque es bueno tener disciplina y probar de todos los géneros para adoptar el que más nos guste o en el que más nos sintamos competentes o cómodos. También es bueno saltar los límites e intentar aquello que no sabemos hacer. A veces se tienen talentos escondidos y es ocasión de abrir la puerta a la creatividad para que ésta nos demuestre aquello que somos y que no nos hemos dado cuenta. Lo fascinante es que no te rajaste y contra todo entregaste tu ejercicio. Y es un buen ejercicio de escritura. Pretendes no decir nada y la verdad es que dices mucho. La honestidad se trasmite en las letras y eso siempre debe de agradecerse.
    Ese asunto de meter las palabras en una bolsa e ir sacándolas para escogerlas pertenece al Dadaísmo y me acabas de dar una buena idea para un futuro ejercicio.
    La crónica es un género muy completo. Se necesita poesía, narración, descripciones, reiteraciones, aliteraciones, imágenes y todo lo que sea preciso para contar aquello que está en la mente. Es un género que condensa a casi todos los demás. A mí me parece buen ejercicio. Pero si te resulta más cómoda la crónica, anda pues y regálanos una crónica que en su título tenga las cuatro palabras que se te pedían en este ejercicio.
    LSM

  4. Ada Hinojosa Says:

    Cuando “el otro lado” es Shangai-la

    Pamela, a bordo de su Mercedes, fastidiada, se dirigía por la Carretera Nacional hacia el sur pisando el acelerador más allá de lo prudente, iba a comer a casa de su abuelo. Después de todo pensó para tranquilizarse, es tan sólo un día al mes cuando nos ordena, siii, nos exige vayamos a escuchar las tontas historias de su infancia, de sus logros, de todo lo que ha hecho en su ya de por sí bastante larga vida, a sus 94 años cree que hijos, nietos, y hasta los bisnietos, tenemos la obligación de estar a su lado.
    Bueno, en parte tal vez tenga razón, después de todo, si formó un imperio económico, cuando heredemos, a pesar de ser tantos no tendremos ningún problema, la fortuna no nos la acabaremos en cinco generaciones, si no nos deshereda en un arranque de coraje, y los tiene seguido.
    Yo no iría si no fuera porque ¡pobre de aquel que falte!, ya nos amenazó con dejarnos fuera del testamento, y estoy segura lo haría con la mano en la cintura, nos tiene bien agarrados….
    Así pensando llegó a la mansión donde vivía su abuelo ya viudo, acompañado tan sólo por algunos sirvientes. Pam, se le acercó rápidamente lo besó afectuosa disculpándose por llegar tarde. El abuelo Lolo, como lo llamaban cariñosamente, bien sabía, tenía la mecha muy corta, nada de paciencia, le disgustaba esperar, pero no empezaban la larga comida y tras ésta la perorata sobre él mismo, hasta en tanto estuviesen las cinco generaciones reunidas.
    Como fue la última en llegar, de inmediato pasaron al amplio y bien arreglado jardín donde se encontraba ya preparada una la mesa sencillamente pero muy elegantemente compuesta. Mientras tanto, los pequeños, 27 por cierto, eran cuidados y atendidos por nanas y choferes, algo alejados, para evitar las interrupciones, a don Lolo, no le agradaban.
    Muy al estilo norteño muy cerca se encontraba un buffet, cargado de cazuelas con arroz, asado de puerco, puerco con calabacita, queso con rojas, carne asada, frijoles a la charra, tortillas de maíz y de harina, y eso tan sólo para empezar. Hijos, hijas, yernos, nueras, nietos, yernos-nietos, nietas, nueras-nietas, empezaron a servirse y procurar ingerir pronto su comida, ya sabían, al abuelo Lolo, tan sólo le importaba ser escuchado desgranando sus recuerdos.
    Pamela mal probó la comida, a sus 17 años, bueno, ya casi 18, no le interesaba ni comer ni escuchar las anécdotas del abuelo, pero estaba obligada a asistir. Su abuelo en su último cumpleaños le había regalado el Mercedes, se sabía la consentida, pero temía, que si no asistía a las comidas, a pesar de su cariño su abue, la desheredaría y ella no estaba para eso.
    Al término del refrigerio y ya servido el café, el anciano empezó a desmigajar su anecdotario, hablando de cuando sus padres hacía más de 90 años, llegaron del rancho para asentarse en el centro de Monterrey en una apenas mal pavimentada calle. Recordó como salía, tras regresar de la escuela y hacer su tarea, junto con los chicos de la cuadra, a jugar canicas, al yo-yo, bailar el trompo, arte, les dijo, y no por primera ocasión, en el cual era muy hábil.
    Se subía, recordó con añoranza, a los patines de cuatro ruedas, les informó, las patinetas no existían, o a la bicicleta para recorrer la cuadra, sus padres no le permitían ir más lejos. Como casi no había carros, tan sólo pasaba por ahí alguna carreta tirada por burros o bueyes, no había realmente peligro alguno.
    Pero no crean, ya para esos años, ya existía contaminación por la Maestsranza. Cuando corrían los aires del nororiente, olía muy feo hasta en el centro de la ciudad, no podemos presumir de la limpieza del ambiente.
    ¿Saben que cuando se iba a poner la Fundidora, primero pensaron en llevarla a Durango, ahí estaba la materia prima, pero nada, los duranguenses se pusieron listos y se opusieron y hay un verso donde dan a conocer a la población que los azules cielos se volverían grises, y ahí tienen que don Bernardo Reyes, ofreció descuentos en impuestos, y nada, aquí quedó.
    Oootra vez pan con lo mismo, no sé cuantas veces nos ha contado sobre Bernardo Reyes, a él ni le tocó, pero como le encantaba escuchar a su papá y a su abuelo, aquí nos tiene repasando la historia.
    Pasaba sus recuerdos como si fuesen las cuentas de un rosario, continúo parloteando, mientras Pamela, en su ensoñación, no prestaba atención, estaba tan sólo de cuerpo presente, sus pensamientos, muy alejados de los años ya idos, no le interesaban las crónicas ni las historias, estaban para los viejos, consideró..
    Tan sólo al final de la charla cuando el abuelo cerró su perorata diciendo:
    -Ay, ¡que tiempos aquellos!, eso si era vida, no como hoy, con tanta violencia, ya no se puede vivir, aquello era un verdadero Shangrila.
    Pam ante esta aseveración despertó y sin pensarlo dos veces, empezó a decir:
    -No abuelo, ¡claro que se puede vivir aquí!, yo no podría vivir si tu…, pero se detuvo a tiempo, iba a decir si don Lolo la dejara fuera de su testamento, pero rápidamente cambió su aseveración, no abuelo, no se podría vivir si extraviaras tu visa y los gringos, en castigo, no te la dieran durante dos años y no pudieras ir a Mc. Allen, eso, si sería la verdadera desgracia, la violencia, y si la situación se pone peor, nos vamos a vivir al “otro lado”, ¿o no?
    Ante tal afirmación, don Lolo se puso rojo de coraje, verde de rabia y azul cuando la sangre no llegó al cerebro.
    -Muchacha frívola, tonta, ¿en que estás pensando?, ¿crees que todo es material? Ahora sí te la vas a ver negra, a partir de hoy, tendrás que ganarte la vida como cualquier hija de vecino, no te daré tu mensualidad.
    Ante tal exabrupto, Pamela no supo que contestar, se quedó helada. Ay Dios, la regué, no en que estaba pensando, si ya conozco al abuelo, para que hago declaraciones como esa.
    -No abue, por favor, no prestes atención a lo que dije, fue un “lapsus taradus”.
    Así diciendo empezó a desvanecerse ante sus ojos, la mesa, los niños, las nanas, los choferes, los adultos, el abuelo Lolo, la finca.
    Todo quedó en un ensueño, tan sólo existía en su imaginación. Se encontró en su humilde habitación rodeada de los objetos familiares, su cama, un escritorito pequeño, una silla, sus pobres vestidos colgados en un gancho y en las paredes, el Mercedes, la hermosa casa y sobre todo, una enorme fotografía de su abuelo, el abuelo que hubiera querido tener.

    Ada:
    Un ejercicio de largo aliento. Una historia que hay que pulir y que merece ser retrabajada. Precisa de más amplitud para que los detalles sean eso y no se conviertan en distractores. Por ejemplo, el asunto de la Maestranzza. Para quien no conoce Fundidora o Monterrey, el asunto queda colgado.
    Entre los detalles, harías bien en describir cómo son las fincas, las quintas en la carretera y no dejarlo sólo como “la mansión”. La arquitectura regional podría ser un factor que le diera más ambientación a tu relato, incluye también la vegetación en vez de decir que el jardín está arreglado.
    Hay que prestar especial atención a la voz narradora pues a veces no se comprende quién narra. Cambias de voz. Habla el narrador, habla Pamela, habla el Abuelo pero es confuso.
    Procura evitar los “mentes”. No es una terminación afortunada y puede sustituirse con facilidad. Hay por lo menos cinco en el texto. También hay que evitar los puntos suspensivos. Rompen el hilo de la narración.
    Si al final está en una humilde habitación, ¿cómo es que tiene un Mercedes? Si son fotografías lo que tiene, hace falta un punto y seguido después de “sus pobres vestidos colgados en un gancho.” Si en la fotografía está lo que hubiera querido tener, habría que escribirlo de otra manera.
    Síguele. Dale más detalles.
    LSM

  5. Liltih Says:

    El amor de ayer

    Camino por las calles de la ciudad, una ciudad enorme, contaminada de humo, contaminada de tristeza, pero mas contaminado esta mi corazón de nostalgia, de el amor de otros años, de otros cielos, de otros tiempos.

    Una mujer mayor se atraviesa en mi camino, me mira fijamente, mientras el sol se cuela entre las copas de los arboles, siento que la conozco, o que en algún momento conviví con ella, pero no puedo recordar en que momento, en que tiempo de mi vida la conocí,

    Me saluda tiernamente, conoce mi nombre, sabe quien soy, yo no tengo miedo, y entre saludos caminamos juntas por las calles que llevan a hogar nuevo, la invito a pasar, se sienta conmigo a la mesa, y sin quererlo me encuentro contándole de mi amor de ayer, de ese hombre que ame y ya no esta, de los tiempos que viví con el , de como me dijo adiós para siempre, de que nunca volverá.

    Siento que ella lo sabe todo, ella me hace recordar, ella mueve mi alma, mis sentimientos, siento que esa mujer no es terrena, las luces del árbol navideño iluminan su rostro, ella ríe en cada parpadeo de las luces, dice que ama las esferas, me cuenta que ella me vio muy feliz, muy dichosa y llena de vida en las otras Navidades, juntas recordamos las fiestas decembrinas de mi niñez, de mi adolescencia, reímos al recordar las Navidades que vivi con el amor de ayer, y aunque no puedo recordarla, siento que ella estuvo presente en todas ellas.

    Ella me pone de pronto nostálgica, su risa de abuela dulce me hace ver mi pasado, mis sueños realizados y los rotos, las lágrimas ruedan, el llanto nace brillante como la nieve en las montañas.

    Ella me revela su nombre, ella dice que es un fantasma, el fantasma de las navidades pasadas, ahora lo entiendo todo, ella es la nostalgia, los brindis del ayer, las guirnaldas del pasado, ella es la felicidad que tuve y que perdi. Dice que no derrame mas lágrimas, que en el pasado las lágrimas caen como si cayeran al vacío.

    De pronto a su lado aparecen una mujer vestida de oro y purpura con una bebe vestida de blanco entre sus brazos, me dice que son sus hermanas, la Navidad presente y la Navidad futura, dicen que me dejaran un regalo, y al desaparecer de mi hogar, el árbol decorado parece mas brillante, la vida mas simple, el amor mas fácil.

    La luz de la esperanza fue su obsequio, la Navidad pasada nos da el recuerdo de la felicidad, de los días felices ya vividos. y las ganas de vivir con alegría la Navidad presente, y de esperar con amor las Navidades futuras. y que el amor de ayer, es para agradecerlo no para llorarlo.

  6. Fernanda Says:

    Creo que no me expliqué. Mi ejercicio, con sentido del humor, fue el texto que envié. Seguí las instrucciones: Tomé cuatro palabras escogidas al azar “que, no, sé y nada”. Escribí un título en el que estuvieron incluidas esas cuatro palabras “Que no sé nada”. A partir del cual escribí una historia circular sobre la dificultad de escribir una historia a partir de cuatro palabras elegidas al azar (infiriendo, sin explicitar que eran para el taller). De este modo traté de escribir cuatro historias en una, la del ejercicio fallido (que da lugar a las otras tres), la de quien se encuentra con Bosé, la de contar cuentos en Macondo (juego de palabras del tipo jubilar la ortografía) y la de las margaritas. Sutilmente, traté de que fueran cuatro historias que trataran de cosas conversadas por mí con la misma persona. Evidentemente no lo supe hacer. Como dice Marvin, cuando un texto tiene que explicarse el que está mal es el texto. Ni modo, así pasa😦

  7. Renato Tinajero Says:

    ¡Gracias por los comentarios!

    Quiquillos=chiquillos. Un dedazo, pues. Pfft. Arruiné el final, ¿que no?

    De todas formas, creo que sí puede mejorarse un poquito el final, hacerse más fluido con sólo cambiar de orden unas palabras. Aquí va corregido, ya sin el dedazo y todo:

    ABCD

    De A y B se dice que violaron a D en casa de C y luego la asesinaron y desmembraron el cuerpo.

    Huyeron del país y no los han encontrado. En tanto, C guarda un profundo silencio, que no desmiente ni confirma los hechos.

    Encontraron la cabeza de D en un arroyo. La pierna izquierda llegó por correo certificado a la casa del alcalde. Unos chiquillos que buscaban un balón extraviado hallaron en un solar baldío el corazón, a medias carcomido por una colonia de hormigas.

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