Viernes de Taller: Ejercicio 8

Para todo aquel y aquella que guste entrarle a la onda de la escritura, los viernes publicaré un ejercicio tomado del libro Taller de Escritura: 1303 Ejercicios de Creación Literaria del escritor regiomontano Felipe Montes. Quien guste entrarle y que no sea tímido deje su tarea como un comentario y a su debido tiempo vemos el asunto de la retroalimentación. Lo trascendente surge a partir de lo cotidiano.

Esta semana, como se atraviesa el asunto de Nochebuena y Navidad, en vez de irnos de vacaciones y dejar pendiente el ejercicio, he decidido poner dos tareas. La primera, el ejercicio del libro de Felipe. La segunda, una crónica de una Nochebuena o una Navidad que hayan vivido. La crónica es un género literario muy completo, así que sería genial ejercitarnos en ello dadas las circunstancias pues en estas fechas siempre hay algo que contar.

Ejercicio 79.- REENCARNACIÓN.- Narra un episodio de tu vida pasada.

Gracias por su participación. Felicidades por su fantasía y creatividad. El próximo jueves escribiré algunos comentarios y el viernes tendremos un nuevo ejercicio.

Lorena Sanmillán

10 Responses to “Viernes de Taller: Ejercicio 8”

  1. Marvin Says:

    Silencioso, anduve entre los callejones de Whitechapel. La noche cerrada. La neblina tan densa, tan sucia. El olor a pescado inundaba la melaza ambiental. Sólo mi capote me protegía de ojos curiosos. Mi capote. Mi capote y esta daga fría. Hierro forjado con los vaivenes tenebrosos de un fino catador de sables. Hierro maldito. Hierro cincelado y sediento. Y aun el asco que me provocan estas calles de Londres, camino silente. Doblo la esquina y bajo el farol, el vaho del cigarrillo la envuelve. Su rostro es joven, pero su cuerpo está envejecido por el oficio que la define víctima de mi filo. Me acerco propositivo y ella acepta seguirme a un rincón aun más oscuro.
    Camino junto a ella, de nuevo silencioso y sin pensarlo, su cuerpo desploma bajo el ¡crac! de su cuello.
    Estas mujeres sórdidas, ya eran víctimas mucho antes de mi llegada. No me culpen, señores, por llevarlas a una muerte que seguro legarías más tarde que temprano.

  2. Marvin Says:

    Silencioso, anduve entre los callejones de Whitechapel. La noche cerrada. La neblina tan densa, tan sucia. El olor a pescado inundaba la melaza ambiental. Sólo mi capote me protegía de ojos curiosos. Mi capote. Mi capote y esta daga fría. Hierro forjado con los vaivenes tenebrosos de un fino catador de sables. Hierro maldito. Hierro cincelado y sediento. Y aun el asco que me provocan estas calles de Londres, camino silente. Doblo la esquina y bajo el farol, el vaho del cigarrillo la envuelve. Su rostro es joven, pero su cuerpo está envejecido por el oficio que la define víctima de mi filo. Me acerco propositivo y ella acepta seguirme a un rincón aun más oscuro.
    Camino junto a ella, de nuevo silencioso y sin pensarlo, su cuerpo desploma bajo el ¡crac! de su cuello.
    Estas mujeres sórdidas, ya eran víctimas mucho antes de mi llegada. No me culpen, señores, por llevarlas a una muerte que seguro llegaría más tarde que temprano.

    Marvin:
    ¡Bienvenido a este Taller! Gracias por enriquecer la experiencia con tu participación. En este episodio de tu vida pasada se nota el oficio del narrador. Se perciben también los tintes poéticos que acompañan tu escritura. El ayudante del mítico Destripador en su nueva versión.
    La primer línea me parece que debiera reconstruirse. Establecer primero el ambiente y después el estado del personaje que narra. El personaje carece de vehículo físico.
    Esta línea no la entiendo bien, quizá le falta algo que hile la idea:
    ” Y aun el asco que me provocan estas calles de Londres, camino silente”
    Podría ser: “Y a pesar del asco que me provocan estas calles de Londres, camino silente”.
    Buen ejercicio, conciso y con imágenes.
    LSM

  3. incitatüs Says:

    Me miro en el espejo y trato de reconocerme. Soy joven, ojos azules y cabello rubio. Llevo puesta una especie de bata blanca y una cofia del mismo color. El ambiente se torna gélido, un rayo de luz se asoma por entre las nubes y penetra por el enorme ventanal del vestíbulo central. Me encuentro en Basilea, Suiza, es el año 1889. Recién llegué de Viena y es mi primer día como enfermera en ésta clínica para enfermos mentales.

    De repente, algo interrumpe mi concentración. Escucho algunos alegatos entre el personal médico y algunas personas. El Director General trata de hablar con una mujer a quien llama Elizabeth. Ella lo ignora y con ayuda de otras personas veo que trata de llevarse a un interno. Me acerco tratando de saber que es lo que sucede. Ella insiste en que se llevará a su hermano a quien nombra Federico. El médico, le explica que éste aún no está dado de alta.

    Sin importarle lo que el Director dice y con ayuda de otras personas sube a su hermano a una silla de ruedas. Veo por fin al enfermo pero no logro reconocerlo. Cabello y barba abundante, ojos desquiciados y una ansiedad extraordinaria enmarcan un rostro agresivo, prepotente. Mientras lo llevan a un auto, hacen una pausa, Federico me mira y eufórico logra gritar con una voz estremecedora: “¡Yo soy el Superhombre!, ¡soy el principio y fin de todas las cosas!”. Se hace un silencio en toda la clínica que se vuelve sepulcral.

    Asustada cedo el paso, y veo como se alejan poco a poco. El Director, con un dejo de tristeza se posa junto a mí y los observa también. Acaricia su barba tratando de buscar una explicación a lo sucedido. Intrigada y aún con la potente voz del enfermo entre mis sienes, le pregunto de quien se trata.

    -¿No lo escuchaste? Él es el Superhombre.

    Incitatus:
    Una de las cosas más gratas que puede suceder es ver cómo los amigos crecen en su oficio. Celebro ver cómo tus textos adquieren consistencia y van puliéndose poco a poco. Escribir es un acto de valentía y de ejercicio. De intentar siempre, de proponer. Es uno de tus textos que he leído con poco tropiezo. Las ideas van bien hiladas y tiene sentido. No es necesario hacer algo rebuscado para lograr lo extraordinario. Entre las cosas cotidianas se perfila lo intenso. Es un episodio sencillo que cierra al final con un círculo simple. Es interesante que le des vida a una mujer. Buen ejercicio.
    Algunas sugerencias:
    * Evita las cosas comunes para narrar. “…una especie de bata blanca…”, déjalo en “una bata blanca”, se entiende mejor y es más apegado a la forma de hablar.
    * Es innecesaria la repetición de algunos/algunas en la segunda línea del segundo párrafo. Puedes suprimir alguno de ellos o sustituirlo por algún sinónimo.
    * “una ansiedad extraordinaria”… cuenta cómo es esa ansiedad, nárralo, descríbela, instálale hasta poesía en esa línea. Haz que el lector sienta ese dejo de ansiedad que presenta el enfermo.
    * Lo del silencio sepulcral es un lugar común que achafa mucho el texto. Busca otra figura.
    * La última línea quizá habría de ser un poco más contundente. Que la sorpresa de que el mismo Director crea que el enfermo es el Superhombre conmueva por su fuerza.
    Saludos, Incitatus y ¡adelante!
    LSM

  4. Palomilla Apocatastásica Says:

    Srita. San Millan, esta Palomilla pregunta si puede participar en tan interesante Taller. ¿Qué es lo que necesita, sólo escribir los ejercicios en el blog?
    Atte
    Palomilla Apocatastásica

    Palomilla:
    ¡Adelante! ¡Bienvenida! Así es, escribe aquí los ejercicios. Puedes comenzar por éste o por el que quieras. No son obligación pero es una buena idea. Puedes publicarlo aquí o hacerlos en solitario. Siempre será tu decisión. Puedes comentar libremente y con respeto sobre los ejercicios de los demás. Puedes leernos. Este es un espacio para compartir. Bienvenida de nuevo.
    LSM

  5. Palomilla Apocatastásica Says:

    Uh, suena lindo, Marvin el Destripador…

    Palomilla:
    Así es. Suena lindo y también espeluznante. ¿Qué te pareció el ejercicio?
    LSM

  6. Ada Hinojosa Says:

    CUÁNDO ELPASADO TE PERSIGUE

    No he tenido personalmente vivencias donde veo un pasado que no conozco, sin embargo voy a contar una historia que viví muy de cerca, me sucedió acompañando a mi marido.

    Nos encontrábamos el año de 1986, un caluroso día de verano en La Habana, en compañía de una pareja de cubanos, quienes nos acompañaban en nuestra estancia.
    Mi esposo les pidió nos llevaran a un banco para cambiar moneda, pero antes de llegar, empieza a comentarnos:
    Muy cerca de aquí hay un edificio pintado de blanco con una enorme puerta de fierro que da entrada a un vestíbulo de doble altura. El piso es de mármol en cuadros negros y blancos.
    Así platicando, nos encontramos en efecto frente a un edificio tal y como lo estaba describiendo, era el banco al que nos dirigíamos.
    Todos nos sentimos impactados, ¿cómo era posible Manuel conociera ese lugar, si era la primera ocasión que visitábamos esa población y no habíamos pasado por esa calle?
    Como él es muy racional, nos dijo:
    -Debe ser la memoria colectiva, no hay otra explicación, -sin embargo ninguno de nosotros quedamos muy convencidos y creo que después aún él, se sintió impactado y con cierto temor a que sí existiera la reencarnación, cuando en otro viaje en 1995, ahora en Alejandría, Egipto, al andar caminando en una muy concurrida calle, me dijo:
    -¿Qué te parece si vamos a tomar café? Aquí a la vuelta, estoy seguro, hay un buen restaurante en un edificio blanco, de mármol, con un vestíbulo de doble altura, el piso también es de mármol, con cuadros negros y blancos de un metro aproximadamente, las mesitas son de granito blanco y las sillas de fierro….
    Y en efecto, al dar la vuelta a la esquina, ahí estaba el cafetín tal y como lo describió. En esta ocasión ya no tuvo una explicación tan racional a su conocimiento, salvo, dijo, que uno de sus antepasados hubiera estado por ahí en alguna época anterior y él, hubiera heredado la memoria del hecho.
    Sin embargo, no puede ser, el edificio descrito, debe haber sido construido a principios del siglo XX, y ninguno de sus antepasados había viajado, antes que él, a Egipto.
    Aún no está convencido que exista la reencarnación, pero, ¿de quá otra manera, explicas? No lo sé.
    Ada Hinojosa

    Ada:
    Muy bien. Ya tenemos la anécdota y sabemos que escribes. Ahora hay que volverla literaria. Ahora nárralo como un cuento, como una crónica. Se me ocurre que describas un personaje que conoce el mundo y adivina los edificios a los cuales entrar aunque nunca haya estado ahí, como una percepción o intuición. Un personaje que tuviera ese don. Tienes todo el material, sólo acomódalo.
    Adelante, Ada.
    LSM

  7. Liltih Says:

    Piel Negra

    Nunca creí en esto de las reencarnaciones, pero no me pude resistir al curso de regresión y vidas pasadas que ofrecen cada seis meses en la Condesa, quizá por esnob, o por reírme de los llamados “terapeutas” esotéricos, quise asistir al curso.

    Honestamente la mayor parte de este me parecía repetitivo, lleno de charlatanes, que decían mentiras, y lucraban con mujeres que decían ser la reencarnación de Cleopatra, tener 458 vidas ya vividas, o ser profetas de la Biblia reencarnados en la ciudad mas grande del mundo, En fin, para mi era una diversión, un circo ese espectáculo,

    En una ocación hicieron una regresión, y pues para reírme un poco fui el único voluntario, al principio no sentí nada, pero de un momento a otro, desperté como en otro cuerpo, en otro lugar, mis ojos se abrieron de golpe en una planicie, vi cebras, leones, un río, y un atardecer hermoso, sentí una paz enorme en el espíritu, sentí que ese era mi lugar, me vi como un negro, desnudo al sol, en un calor agobiante, sentía el aire puro en mis pulmones, la tierra firme bajo mis pies, al beber el agua del río,¡ Dios mio! que sensación tan pura, era la libertad vuelta liquido, me vi entre cazadores con mi tribu, bailaba ante la hoguera, las estrellas y la luna, vi toda mi vida de golpe, era feliz, libre , desnudo, amando por el simple placer de amar, sin miedo a la muerte, sin miedo a la vida.

    Pero en el proceso de la regresión hubo un problema, me vi a mi mismo siendo cazado, corriendo para salvar a mis hijos,vi a mi tribu destruida, las chozas quemadas, me molieron a palos, y unos hombres blancos con los ojos del color del agua, me encerraron, me pusieron unas cuerdas de metal que ellos llaman cadenas, y cruce en un barco el mar enorme, dormía de pie, lloraba en silencio, soñaba en volver a mi tierra.

    Después me vi bajo un sol ardiente, picando rocas, las piedras grises se rompían a cada golpe al igual que mi corazón, ya no tuve un nombre, ya no tuve un lugar, fui llamado esclavo, negro, la espera de la muerte es la única que me dará la libertad.

    Al despertar de la regresión lloraba, entendí mi amor por África, mi pasión por la piel negra, mis ganas de libertad, el odio a las cadenas, nunca mas volví a hacer regresiones, pero lo que vi me dio mas ganas de luchar, por todos los seres humanos que aun son esclavizados, torturados y arrancados de sus familias, sus pueblos y sus vidas para el beneficio económico, laboral y sexual de otros.

  8. Palomilla Apocatastásica Says:

    De nuevo Velas
    La mañana del 24, me dispuse a ayudar a mi abue en lo que pudiera para la cena. Mi madrina traía dos pasteles para decorar, así que puse manos en la crema batida, las piñas y la cerezas.

    Mientras Dwende observaba curioso el pavo, que sería su víctima. Tendría que saturarlo de jerez. Con una gruesa inyección de peores pesadillas picaba la carne en un lado y en otro. Mientras su bisabuela le daba indicaciones de cómo tenía que macerar las especias, untar la mantequilla al animalejo , que Dwende sólo atinaba a ver como un enorme sapo.

    Así dejamos las cosas, la cena ya estaba en el horno.

    El reloj tardó demasiado hasta que por fin llegó la hora. Una vez más estabamos en casa de la abuela.

    Los rituales acordados desde que tengo memoria en ese orden de importancia:

    1. Rezar el rosario, mientras los tíos distraen a los niños haciendoles caras, o picándoles las costillas, y quienes terminan siempre regañados (Dwende se evadió metiéndose al baño, luego se fue a la cocina a hurgar en las ollas) Hada no encontraba el autor de las fechorías que le distraía mientas que su abuela le hacía cara de enojo.

    2. Pedir posada, los hombres se salen al porche, con sus respectivas velitas y el cayado con campanitas. Las mujeres adentro, también con las velas. Hay que tener mucho cuidado con la cera, especialmente los peques que por estar bobeando en la cantada acaban encerados. (Nota: solo un par de personas en la famila son entonados, así que imagínense a la tribu, ladrando la posada)

    Eeeeen el nombre del cie e e loooo….

    3. Arrullar al “Santo niño”, eso es por parejas, mi abue siempre tiene un pañuelo que con el paso de los años se ha puesto amarillento de tanto perfume. Entonces de nuevo la cantada… A la rorrorro niño chiquito, al arrorrorro mi manuelito…niño chiquito.

    Siempre he sospechado que este largo preámbulo sólo sirve para atormentar las tripas de todos, por que una vez concluída la arrullada, corremos a alcanzar lugar. Pero antes corren las copas con Sidra, copititas, copas, copones y unos que parecen tazones de cereal (les cabe como medio litro de sidra) y pa’ variar no falta el que inicia el “proceso de degustación” con el tradicional: “arriba, abajo, a un lado, al otro, al centro y pa’ adentro.

    Ya somos algunitos. Así que los hombres se sientan en la mesa del comedor, los peques (y también los más listos) se sientan en la cocina. Entonces comienza el griterío, Dwendes, hadas, gnomos y demás faes corren, revolotean, gritan, chillan. Las mujeres grandes llenan los platos, los vasos, charolas y demás utensilios. Los hombres se llenan las barrigas.

    Pero ¿Cuál fue el menú? Ensalada rusa, ensalada de pollo, spaguetti, puré de papa, relleno de pavo, pavo. Obviamente con sus respectivas salsas, croisant, totopos, pan, refrescos, etc. Y para concluir, de postre, pastel.

    Las novedades de este año, mi jermana Izza, que llevó a su novio, Robert se disponía a fregarnos en la baraja (tuvo que irse a seguirla), Pakito disfrazado de Santa (ya se las recordará cuando crezca) y el proceso de perpetuar esa cena con las fotos que tomó mi otra jermana. Así que hay evidencia de los ladridos terroríficos.

    Vaya con la tribu… junta un año más.

  9. Fernanda Says:

    Soy lo que ves. Me gustan tanto las cosas anticuadas que me he llegado a formar la idea de que soy un alma vieja. Desde luego que no acostumbro decir que crea en las reencarnaciones pero siempre que recuerdo cosas, datos o personas de tiempos en los que no vivía me hacen sospechar que, al menos, algo existe que me ilumina en esos conocimientos imposibles.

    Sería fantástico que, en vez de tener la capacidad de recordar acontecimientos de tiempos en los que no existía, tuviera el don de adivinar aquellos que están por suceder. De ser así seguramente habría alcanzado a huir antes de que me acusaran brujería y no estaría a punto de ser calcinada en esta hoguera.

    -¿Crees en Dios?
    -Con toda el alma
    -¿Te arrepientes?
    -Mucho… ¡Duele!

  10. fLOR Says:

    me gusto este sitio… lastima que tenga tanto tiempo sin actualizar

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