¡Feliz año nuevo!

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Aprovecho el primero de Enero para visitar a mi familia y hacer tiradero en mi estudio. Todas aquellas cosas que ya no merecen formar parte de él van a la basura o a mejores manos y sé bien que nunca las mejores manos serán basura. Cerca de las once de la noche, con todas las emociones movidas por desprenderme de significados del pasado, salgo a dejar cosas en mi coche. La calle está solitaria, huérfana del jolgorio de apenas unas horas antes.  A través de la reja, veo que viene caminando un niño. Abro la puerta y él se detiene para permitir que yo pase.

Guardo las cosas en la cajuela. Siento una mirada sobre mí. El chavillo se ha quedado estático. Él me mira de frente, yo lo veo con el rabillo del ojo. Ahí está. Varias preguntas cruzan por mi mente. ¿Me quiere ayudar? ¿Quién será? ¿De quién es hijo? ¿Qué hace aquí? ¿Qué hace aquí a estas horas?  ¿De qué se trata? ¿Qué le pasa? Lo volteo a ver con una mirada entre retadora e intrigada. ¿Dónde vives? La criatura, que esconde una mano detrás de la otra,  pasea entre sus dientes una inquietud que ya me está incordiando. ¿De dónde eres? Vuelvo a preguntarle. Por fin contesta, No soy de aquí, yo iba pasando. El silencio que se queda instalado entre los dos es una espada en el vientre que ninguno quiere enterrarse al dar un paso para aproximarnos. No soy de aquí, me resuena en el cerebro. ¿Si no eres de aquí, qué onda contigo, eres extraterrestre? Sigue quieto.

No detiene el movimiento de sus manos. Yo busco en la cajuela algo que no he guardado. Este… oiga… que ¿le puedo decir algo? Volteo a verlo de nuevo, ahora sí emputada y con fuego en la mirada. Pinche cabrón, me vas a pedir dinero, eso está muy claro; no te atrevas, no traigo. Dime. Suelta sus manos, vencido; las deja caer en sus costados. Cierra los puños y me mira con sus ojos de Bambi, Remy o Candy Candy.  El silencio sigue entre los dos.  Tic tac tic tac tic tac. Levanto las cejas, apresurándolo. Agita los párpados, cambia la tensión en los puños y separa los labios permitiendo que el sonido inunde de buenaventuranza el espacio. Que… que… que… feliz año.

Vencida de ternura, lo invito a darnos un abrazo. En mi piel amanece una sonrisa aderezada con su aroma de niño paseado. ¡Feliz año nuevo, chamaco!

Lorena Sanmillán

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3 Responses to “¡Feliz año nuevo!”

  1. Tlalocman Says:

    Con que andas de parisina en el DF… buena foto esa de los no se qué en Beaux Arts.

    Este fin de semana también llega Marbinnia al DF en uno de los aviones que le compró a esa linea aerea marca pachita que el tanto quiere. Si nos esperas, nos vemos y no solo te van a tocar un par de nieves en Coyocacan, sino un par de saludos con mucho afecto y en una de esas hasta remar en el lago de chapulteprést o una que otra chilangada que se antoje.

    Seguimos en contacto. Feliz annio.

  2. Dra. Lewis Says:

    Un gran abrazo el que recibiste, sin duda.

  3. incitatus Says:

    Me había llamado después de varios meses de no saber nada de ella.
    Quiso saber cómo estaba y deserame un feliz año. Y yo estaba feliz.
    Mis pensamientos vagaban entre imaginar su cabello que seguramente luciría más largo y el que tal vez ya no utilizaría eso brackets, que a mi juicio, la hacían verse hermosa.
    En la radio, “Viva la Vida” de Coldplay; mi vista, en el espejo lateral que enfocaban luces de colores de fin de año.
    En eso, un motociclista se detiene junto a mí: “¡ya está el siga cabrón!”,
    le sonrío y metiendo la primera le respondo: “feliz año compadre!”

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