¿Quién necesita a Sergio Cordero?

Por Eligio Coronado

Sergio Cordero es el crítico que necesita nuestra literatura nuevoleonesa, pero nuestra literatura no se merece a Sergio Cordero, porque todavía no estamos a la altura de su crítica.

Esto ha generado un vacío en torno a Sergio en el que ha habido encono, sabotaje, amistades perdidas, falta de oportunidades laborales, repudio, burlas y hasta descrédito, pero su labor crítica siempre se ha mantenido a flote, en un nivel estrictamente profesional desde donde siempre nos sorprende con su sagacidad para distinguir las obras trascendentales de las obras meramente circunstanciales (o como él las llama: ³insustanciales y efímeras², en la página 14 del libro que presentamos esta tarde: Escrito en el noreste y otros textos sobre literatura regional** que, por cierto, es su libro número quince, y en el cual Sergio analiza la naturaleza de nuestras letras a través de cinco narradores y siete poetas, entre otros: Jesús de León, Ricardo Elizondo, Miguel Covarrubias y Jorge Cantú de la Garza, en ensayos publicados entre 1984 y 2007 y que representan sólo un porcentaje mínimo de lo que él ha escrito sobre el tema).

Creo que todos conocemos nuestro verdadero nivel como escritores, pero preferimos que no se sepa. Es mejor navegar con una bandera que diga “Escritor Laureado” o “Escritor Famoso”, que con una más apropiada que diga “Escritor Mediano” (y conste que no dije “Escritor Mediocre”, pero lo pensé).

Por eso le tiramos a Sergio, porque él nos desenmascara a los ojos del mundo. El nos conoce mejor que nosotros mismos. Sabe de nuestras debilidades y de nuestras escasas posibilidades de trascender. Ante él cada escritor local está desnudo y frente a su bisturí toda supuesta grandeza se derrumba.

El sabe también que edificamos nuestro prestigio en base a relaciones públicas, estrategias de amistad, intercambio de favores, alabanzas gratuitas, apoyos condicionalmente incondicionales (o sea: me lees y te leo, me reseñas y te reseño, me premias y te premio, me quieres y te quiero, etc.) y otras prácticas similares. Por eso nuestra literatura no se merece a Sergio Cordero, porque él, paradójicamente, nos pone en nuestro lugar.

Y esto es excelente para nosotros, pero no lo valoramos. Y no lo hacemos porque no nos conviene y también porque estamos demasiado ocupados en perseguir la beca, el apoyo económico y el premio de la cantidad que sea, no importa, lo que importa es el ego y el bolsillo.

Por eso Sergio nos estorba, porque no deja que la gente crea que somos grandes escritores y nos derrumba nuestros monumentos. Cada vez que levantamos uno nuevo, viene Sergio y sopla. Es demoledor. Y eso que los construimos con Egocemento Monterrey (¡El más fuerte, el mejor!).

¿Qué pasa? ¿Acaso Sergio es una señal del destino para que de una vez por todas nos preparemos más y escribamos mejor? ¿Y qué ocurrirá con los que no tenemos talento? ¿Seremos desahuciados del Olimpo? ¿A pesar de todos nuestros libros, premios, fama y relaciones públicas? (y ya que dije “talento”, para Sergio la palabra clave no es ésa, sino el trabajo, según lo especifica en la página 55).

¡Horror! ¡Que alguien haga algo! ¡Esto no puede continuar! ¿Qué tal si promovemos a Sergio para que otra ciudad lo adopte? ¿Saltillo, por ejemplo? ¡Sí, sí, que se vaya lo antes posible! Aunque sepamos bien que nuestra literatura lo necesita, pero es que nos urge reconstruir nuestro maltratado prestigio y, por otra parte, nuestra ciudad necesita nuevos monumentos de escritores.

Y no se piense que este anticorderismo imperante es injusto, porque en realidad Sergio se lo tiene bien merecido. ¿Cómo que no somos los Grandes Escritores de Nuevo León? ¿Y luego tantas y tantas páginas borroneadas al “ahi se va”, batallando siempre para hacer cuentos medianamente legibles y poemas de algún modo casi coherentes, mas nunca ensayos, porque son muy complejos y menos novelas porque son muy largas, y nosotros buscamos el éxito inmediato?

¿Pero entonces qué ocurriría con nuestras letras? Sergio ha sido desde 1984 el más capacitado y esforzado farero de nuestro minúsculo archipiélago literario. El ha atestiguado (y vaticinado) tormentas, navegaciones fuera de curso, choques, naufragios y hasta hundimientos, pero también ha arrojado suficiente luz, a pesar del mal tiempo en torno a él, para que muchos navegantes aprendiéramos (yo entre ellos) los rudimentos elementales del oficio, en una especie de cátedra semanal ligera. Casi todo lo asimilamos, menos valorar la carta de navegación del agradecimiento, porque no la necesitamos.

Por ejemplo, no se ha estudiado aún la influencia positiva de Sergio Cordero en nuestra literatura durante el último cuarto de siglo. Otro enigma insondable es el porqué Sergio ha permanecido tanto tiempo en un lugar que ni lo aprecia ni le paga y, peor todavía, ocupándose de una literatura menor, que además no lo merece (en el capítulo “Para una crítica local”, pág. 47-51, no se despejan estas dudas). Incluso por temporadas, Sergio ha tenido que refugiarse en territorio saltillense para sobrevivir.

¿Qué habrá sido lo que convenció a Sergio de incorporarse a lo que él llama “La colonización del espíritu norteño” (pág. 57), empresa de proporciones megamitológicas, sin beneficio económico ni reconocimiento inmediato, en la cual los nombres y las acciones son materia olvidable?

¿Será que él, como los viejos médicos de antaño, detectó desde un principio que en este poblado hacía más falta que en la gran ciudad? ¿Qué sin su intervención quirúrgica nuestras letras no gozarían de alguna salud ni tendrían un futuro decoroso? (¿Cómo olvidar a Gonzalitos, también tapatío?) Sea lo que fuere, Sergio logró salir ileso del laberinto de nuestro resentimiento en el cual, afortunadamente, no se topó con el minotauro de nuestra ira.

Y ya que estamos en la arena movediza de las dudas, ¿por qué Jalisco se ha convertido en surtidor de talentos de Nuevo León? Además de Sergio, de allá nos han llegado humanistas, filósofos, historiadores, músicos, periodistas, pintores, arquitectos, gobernadores, escritores y poetas.

Nada de esto se ha estudiado ni se estudiará, porque no nos importa. Y además tenemos otras prioridades verdaderamente espirituales, que exigen toda nuestra atención, como seguir construyendo nuestros monumentos y asegurarnos un lugar en la historia, ese bendito recinto que convalidará para siempre todos nuestros torpes balbuceos literarios. Y si ya casi somos inmortales, entonces, ¿quién necesita a Sergio Cordero?

*Leído en la Sala 105 de Cintermex, dentro de la XVIII Feria Internacional del Libro Monterrey 2008, el día 15 de octubre de 2008 a las 6 de la tarde.

**Sergio Cordero, Escrito en el noreste y otros textos sobre literatura regional. Monterrey, N.L. Conarte, 2008. 283 pp. (Colección Ensayo).

Publicado en la Gazeta del Saltillo, órgano de difusión del Archivo Municipal de Saltillo, Año X, número X, Nueva Época, Saltillo, Coahuila, Octubre de 2008, página 12.

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2 Responses to “¿Quién necesita a Sergio Cordero?”

  1. Adrián Boyero Says:

    Al fin se divierten ,¡vale!… O es lo que me ha parecido.

  2. noek izardui Says:

    saludos pasaba buscando algo de poemas y algo sobre algunos escritores,
    la verdad es que a sergio lo he conocido estos ultimos meses y solo e leido muy poco de el lo cual me parece algo tonto de mi parte ya que he descubierto que tiene ese toque que me gusta y que me ha gustado.
    bueno el motivo de mi comentario es porque me gustaria que pasaras a ver algo de lo que hago y hacemos unos colegas..que por ahi tenemos un grupo de poesia en donde intentamos expresarnos desde nuestros escritos y hemos tenido ya algunos eventos,el dia de mañana jueves 9 de abril a las 8:30 pm estaremos presentando nuestra 5° lectura en un restaurant-bar del barrio antiguo llamado Mayabar que se encuentra en matamoros esquina con mina,
    espero que tengas oportunidad de ir a vernos o al menos pases a nuestros sitios para que puedas checar lo que expresamos.
    sin mas que decir te dejo un abrazo y gracias por expandir este arte que son las letras.

    noek izardui

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