Me llamo Rojo

El ganador del Premio Nobel 2006, nos muestra en su obra Me llamo Rojo una historia llena de colorido, imágenes, tradiciones, metáforas, intriga y lealtad.
La tensión de este libro comienza desde la primera línea y como sucede al pintar una acuarela, los primeros trazos se convierten en los detalles definitorios, los espacios en blanco hay que manejarlos con maestría. Tal como lo hace el escritor turco.
Un ilustrador es asesinado mientras trabajaba en un libro secreto para el Sultán y nos suplica que encontremos a quien lo ha asesinado. A cambio de ello, él nos contará todo lo que existe en el otro mundo.
Tío, Jefe del taller de ilustradores, busca a alguien para que esclarezca el crimen. Entonces aparece Negro, quien tiene un romance inconcluso con la hija de éste, Seküre. Tío es protagonista desafortunado del segundo asesinato. Seküre pone como condición a Negro que encuentre al asesino –de su padre y del ilustrador- para poder casarse con él. El amor y la venganza son dos motores poderosos cuando van separados, imaginemos ahora lo que sucede cuando van en la misma dirección.
Tres ilustradores son los principales sospechosos, junto con dos guardias. Los cinco tienen motivo, propósito, ganancia y coartada. Dentro de un juego de paradojas entrelazadas con parábolas sobre métodos de pintura, todos parecen ser al mismo tiempo cómplices y culpables, inocentes y defensores.
La alcahueta del pueblo filtra información al mejor postor. Las noticias y las buenas telas son de quien las puede comprar. Los secretos, como siempre sucede en todas las buenas historias, son difíciles de guardar. La malicia siempre acompaña, en ineludible binomio, a las más grandes muestras de bondad. Negro debe atravesar todo esto para conjugar el verbo amar con la mujer que ha anhelado toda su vida.
Pamuk nos presenta su historia desde un enfoque calidoscópico. Así, Estoy muerto, es el capítulo de inicio que nos muestra el punto de vista del ilustrador asesinado. Me llamo Negro le sirve a Negro para presentarse ante nosotros como el bueno del cuento. Nos tomará las páginas siguientes descubrir su verdadero carácter. Me llamo Tío, en su propia voz, nos entera del pasado de Negro, narra pormenores del trabajo que realizaban los ilustradores y describe el carácter de los sospechosos. Me llamarán Asesino, nos muestra el sentir de quien ha de matar al ilustrador. Así, uno a uno de los personajes. La suma de cada una de las partes nos permite ver el todo final desde diversos ángulos. Cada uno hablando su verdad y disfrazando sus mentiras o viceversa.
Los elementos de las pinturas también cobran vida y nos relatan el porqué han sido pintados. Así, El dinero, El árbol, El perro, El Diablo, El caballo, también tienen su momento para presentarse y entre líneas revelar pistas sobre el autor de los homicidios. Poco a poco se perfila la historia dejándonos al final con un agradable fin de fiesta para una prosa que se lee por sí sola.
El nombre del libro condensa la palabra clave de la vida y  la novela. Podría ser tomado como un rotundo error, pero al contrario, en este caso, fiel a las enseñanzas que muestra intercaladas en el texto, queda demostrado que las cosas que están a simple vista, no siempre las vemos y que una vez que se ha visto lo que habríamos de ver, entonces y sólo entonces, podemos quedarnos ciegos.

* Artículo publicado en el suplemento cultural 15 Diario 01/04/09

Lorena Sanmillán

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