Tuya

Ven, te necesito cerca. Hoy no me pidas que te mire de frente, muestra un poco de piedad. Estoy rendida y ocultaré la mirada. Quiero sentir tus caricias con los ojos cerrados mientras la alquimia de tus besos convierte en agua mi feminidad. Hoy necesito que amanezcas en mi cuerpo y  lluevas en mi espalda.

Aunque sabes que soy tuya, conquístame. Mírame cual si fueras un escáner multisensaciones e imprime este sentir sobre tus sábanas o en la pared. Musicaliza mis oídos con el deseo que grita con la voz de tu cuerpo. Bésame con ternura, desvísteme con violencia. Quítame el reloj, toma tú el control del tiempo. Lanza mis anillos donde caigan, desnúdame, destierra el pudor de los complejos. Recórreme con tus manos, con tus uñas, con la voracidad de tu aliento. Sin rumbo, a tu ritmo, juega con el caracol de la eternidad enredando mi cabello. Arranca los secretos que he guardado para ti en las cicatrices de mi alma. Enséñame anatomía y llévame a conocer tu santo sartorio.

Compártele a mi boca las dos torres del dragón que llevas en tu pecho. Invítame a recorrerte en movimientos espejo. Te diré que sí a todo, porque hoy no quiero, no debemos, dejar este deseo incompleto.

Quítame la duda de saber si a tu entrepierna le gustará el movimiento asíncrono de mis caderas, si a tus muslos les es suficiente la presión de mis dedos al recorrerles, si tu cuello entenderá el código de mis labios semiabiertos insinuando un beso, si mis pezones acuden a tu llamado respondiendo erectos.

Inventa un diccionario que defina tu ansiedad y con el pincel de tu boca dibuja en mi clítoris cada una de las palabras que imaginas. No te olvides de los acentos y remárcalos. Si te equivocas, borra lo que has hecho y vuelve a comenzar. En esta oscuridad sólo quiero ver el brillo de tu lengua antes de que me habites. Recíbeme entera fluyendo en tu garganta. Sacia en mi cascada cristalina tu sed milenaria, perfúmate de mí.

Hazme bailar en partitura horizontal. Enséñame todas esas caricias que guardas para enardecerme. Voltéame del revés y vuélveme a formar. Si me pudieras conceder un último deseo, yo pediría morir temblando abrazada entre tus piernas monumento.

Escúchame, siénteme. Libérate y libérame. Deja que mi sentir te inunde y permíteme naufragar en el desierto de tu fuego. Perdida. A tu vera. Tuya. Por completo.

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en el Suplemento Cultural 15 Diario 06/05/09

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