Continúa el Decameron Bloggero

Dada la situación que recientemente atravesamos, con el asunto de la  influenza porcina y los tapabocas, este blog convoca a emular a Bocaccio para escribir entre todos el Decameron Bloggero.  La meta y la idea es recabar cien textos que pueden ser cuentos, minificciones, poemas, relatos, reflexiones, artículos, confesiones, ideas, pensamientos, secretos, últimas palabras, testimonios,  remedios, consejos, esperanzas, rezos, miedos, ironías, amarguras, hastíos y demás etcéteras que les dicte su sentir.  Y  si tienen como tema el asunto de la influenza, pues mucho mejor dado que ese es el objetivo. Todos bienvenidos.

La convocatoria originalmente estaría abierta hasta el seis de mayo. Se agradece infinitamente a quienes entregaron su colaboración a velocidad luz. Dada la tenacidad de este blog y porque  a lo que queremos que dure para siempre hay que dedicarle el tiempo que necesite, queda abierta la convocatoria hasta que completemos los cien textos. Al día de hoy, sólo nos faltan cuarenta y seis.

Corran la voz. Dejar el texto como comentario, con su nombre o seudónimo, como ustedes gusten.  Los iré subiendo conforme lleguen.

Participantes hasta el momento:

Armando Alanís

Leticia Damm

Eloy López

Rostizado

Elia Martínez-Rodarte

Jacques “El fatalista”

Ana Nichols

Proyecto Unicornio

Yvette Serrano

Rojo

Rocamadour

Xitlally Rivero Romero

Zacarías Jiménez Méndez

Leticia Lòpez Figueroa

Esteban Ovalle Carreón

Marina Cecilia Kohon

Ricardo Díaz Vázquez

Víctor Olguín

Gabriel Fuster

Jerónimo Minino

Lucía Yépez

Adrián Boyero

Graciela S. Ríos Cantú

Max

Jorge Urrutia

Alisma

Jair García-Guerrero

Marvin Durán

José Luis Esquivel

Jaime Velázquez Arellano

Ovario Fuerte

Camila Alvarado

Mario Waits

Ramón López Castro

Eligio Coronado

Odette Alonso

Adrián Pérez

Cony

Erick

Fernanda Siempre

Inanna*

Estos textos van tomando su lugar, poco a poco, en el blog Decameron Bloggero

Lorena Sanmillán

43 Responses to “Continúa el Decameron Bloggero”

  1. Inanna* Says:

    Afuera la gente se cubre la mitad de sus rostros, pareciera película de ciencia ficción, recuerdo mucho haber visto una que se llama Epidemia, donde tenían a todo un país infectado por un “virus raro” y la única cura la tenía un changuito simpaticón que estaba por extinguirse, aquello era un caos. Yo era muy niña cuando vi esa película, y, recuerdo súper bien que me quedé toda traumada, como cuando vi la de sexto sentido o la de Jurassic Park.
    Ahora tengo miedo de la realidad, todos en la calle, en la casa, en al trabajo, hablamos de lo mismo, que si es el fin del mundo, que si moriremos todos, que si es pasajero, que si es mentira. Debo aceptar que a veces me agarran las dudas y me hacen pensar que todo esto es justo lo que dicen los correos de moda. Estrategia política, nos quieren ver la cara de pendejos, el gobierno hizo todo este desmadre para poder tenernos en sus manos. Yo no he visto ni un solo caso de Influenza, ni se de alguien que le haya dado, nadie muerto, amigos doctores me dicen que a ellos no les ha llegado ni un solo caso, ni siquiera con síntomas, nada de nada.
    Esto me deja a pensar muchas cosas, pero después. Cuando tengo mi papel de mamá paranoica pienso y me pregunto: ¿Y si todo es cierto? ¿Si estamos infectados? ¿Si no podemos salir de esto? Todas mis dudas alrededor de el pesimismo vienen a atacarme, y es que si no hubiera leído el Apocalipsis, ahorita no estuviera tan traumada y chillona por eso, pero veo a mi pequeño, tan aburrido, tan asustado, con tantas ganas de hacer mil cosas y se me arruga el corazón de pensar que esto puede llegar a se si no el fin. Si una limitante fuerte para su desarrollo.
    Y es que queramos o no, el hecho de que se diga que México es quien trajo este virus al mundo si nos da mucho en la madre, si de por sí ya estamos bien quemados con la raza de afuera, ahora con esto… No me quiero imaginar.
    Tengo miedo, sí. Aunque no se por qué, no de qué. Pero tengo miedo. Y a la vez me preocupo y despreocupo cuando leo cosas distintas en internet, cuando veo en la tele como a veces no saben siquiera que decir, cuando no me dan muestras claras de lo que está pasando, que el virus es fase cinco, a mi ¿qué chingados me sirve saber eso? Si yo ni siquiera se como se mide eso.
    Ahora estoy en mi casa, frente a mi ordenador, con mi hijo sentado sobre la cama con sus piernas dobladas y abriendo unas galletas arcoíris, esperando con toda su FE que le salga el cupón ganador para ir a la tienda a cambiarlo por un llavero de Bob Esponja de esos a los que se les saltan los ojos. Y pienso (de nuevo): ¿Será la gente tan desgraciada? Como para hacernos esto a todo un país. Ó de ser la Influenza una enfermedad cierta ¿Por qué México? ¿Por que nuestros niños tienen que pasar su día encerrados? México está influenciado.

  2. Fernanda Says:

    Desperté tan quitada de la pena como cualquier otra mañana de viernes cuando vi las primeras noticias de que un catarro mutante había invadido mi querida Ciudad de México. Tal vez no me habría preocupado a no ser por el tono melodramático que usaban los peteretes que dan las noticias matutinas. Con solemnidad de panteonero, daban instrucciones como si formaran parte de una de esas películas terribles donde un mortal virus cunde por la ciudad convirtiendo en zombies a todo el que toca y en suculento alimento los cerebros de quienes, sin estar infectados, tienen que correr despavoridos para no acabar de merienda de quienes hasta hacía poco eran sus seres queridos.

    Como estoy viviendo fuera del Distrito Federal, lo primero que hice fue llamar a mis amigos chilangos para saber cómo estaban. En principio todos estaban bien y sin síntoma alguno que los obligara a abandonar sus vidas para recluirse en un hospital. Quienes tienen niños, estaban buscando el modo de resolver su verdadera contingencia: Dónde dejar a los chilpayates mientras iban a sus trabajos.

    En el transcurso de la mañana, las noticias continuaron. El tono era el mismo o más severo que a primera hora. Las instrucciones se repetían como un eco interminable. Se trataba de un virus muy agresivo, de muy fácil propagación y con suficiente resistencia al medio ambiente como para acelerar el contagio. Como a las dos de la tarde, continuando con mi cruzada telefónica, me comuniqué con mi primer amigo contagiado. Lo hallé desconsolado cuando me explicó los pormenores de sus malestares. Poco a poco fui hablando o me fui enterando de más víctimas del contagio.

    Al día siguiente, las calles en el Distrito Federal y en otras ciudades estaban prácticamente desiertas, los enfermos convalecían en sus casas escuchando toda clase de versiones, desde dictámenes científicos hasta ideas ridículas sobre el origen, realidad y destino del virus fatal. Que si fue un ataque contra Obama, que el Director del Museo donde el presidente gingo cenó acababa de morir de “neumonía”, que había sido un accidente con un arma biológica, que era un virus extraterrestre, que era una mentira del gobierno para esconder una crisis sin precedentes, que es un chupacabras reloaded o que nos íbamos a morir todos. Minuto a minuto me enteraba de nuevos casos, hablaba con amigos que habían también caído enfermos.

    El domingo vi al primer enfermo en Cancún. Las calles y centros de reunión comenzaron a vaciarse. La enfermedad había cundido como cuando el agua desborda un vaso. En el transcurso del día vi caer enfermos a otros y, esa misma noche, viendo las noticias experimenté los primeros síntomas. Antes de poder conciliar el sueño, la epidemia me alcanzó. Ya estaba enferma de miedo.

    El paso de los días, me ayudó a atemperar las cosas y formarme un criterio sólido.

    1. ¿Hay una emergencia sanitaria real?
    Sí, hay gente enfermándose y ha muerto gente

    2. ¿Voy a morir de influenza porcina?
    No, si tomo precauciones. No he de morir por eso, incluso si la contrajera.

    3. ¿Debo tener miedo?
    No voy a tener miedo de un catarro, porque sé cómo prevenirlo y sé que si me siento mal debo de acudir a un hospital al primer síntoma. Sin duda allí salvaré mi güerejo pellejo.

    4. ¿Es esto de la influenza algo terrible e irremediable?
    La influenza porcina es una enfermedad muy inoportuna y trágica para quienes han muerto y para sus seres queridos, pero lo que es terrible es la epidemia de miedo. Esa nos hace débiles y manipulables. Un problema, por real que sea, no debe determinar mi comportamiento sobre otras cosas ajenas al problema mismo. Dicho de otro modo, yo no habría reelecto a Bush, por miedo a que más aviones se estrellaran contra otros edificios. Sólo con miedo ese hombre fue presidente de Estados Unidos ¡DOS VECES!

    5. ¿Es todo esto motivo para atacar o aplaudir al gobierno?
    No lo creo, muchas razones nos ha dado el gobierno para echarles trompetillas “desdendenantes” de la epidemia, esto simplemente es algo que está pasando y que el gobierno administra. Lo demás son teorías que van de lo alarmante a lo ridículo. Es mejor esperar sin buscarle más pies al gato, sin hacer que de nuestro miedo dependa nuestra percepción y sea un medio para dejarnos manipular.

    Hoy en un noticiero un funcionario de esos alto pedo y traje de Hugo Boss, afirmó que cuando recibieron las primeras noticias del virus calcularon que vendrían muertos por carretonadas. Eso explica el tono de la alarma ¿Fue el tono de la alarma lo que evitó esas horribles “carretonadas”? Puede ser. Creo que los ciudadanos reaccionamos bien cuidando exageradamente nuestra salud. En estos casos no hay precaución que sobre. Nunca nos habíamos prevenido tanto y tan eficazmente de contagiarnos una gripe. Con esa actitud ciudadana le estamos ganando a la epidemia, es cosa de seguir así pero ya sin miedo. Es momento de darle paso a la alegría, al optimismo. La risa es un remedio eficaz para muchos males.

    Lo real es que, al final del día, cuando se le gane al virus, los héroes seremos tú y yo. Los héroes seremos todos.

  3. erick Says:

    Dame un beso grande

    Una cerveza levanta el ánimo a cualquiera. Fue un sábado por la tarde. Llegué de mi trabajo cansada, la semana se me había hecho demasiado larga y con los calorones de este maldito desierto lo mejor fue llegar por unas cervezas que metí al refrigerador. Mientras me daba un chapuzón, de pronto escuché ruidos. Era mi hermanita que llegó con su novio.
    Mis padres se habían ido de viaje. Mi papá es trovador y a veces sale a tocar a bares, un bonito hobby que nos encanta. Por el sabemos de Silvio, Serrat, Pablito Milanés. Pues bien, del bar lo invitaron para una fiesta del dueño, por eso se fue, se llevó a mi madre. De seguro regresarían el domingo, dijeron. Mis padres pertenecían a la época en que se hablaba de la revolución cubana, los derechos sociales y el feminismo. Aun había restos de ello después de tantos años de matrimonio.
    En fin que mi hermana se puso a ver películas con el novio. Yo me fui y me encerré en mi cuarto. Coloqué las cervezas en una cubeta, puse el hielo en cuadritos para mantenerlas frías. Desnuda sobre la cama escuchaba a Edgar Oceransky. Solo quería descansar. No sé cuántas veces le di vuelta al disco que ya me encontraba en la última cerveza cuando sonó el teléfono. Era mi amigo que llamaré aquí solo como el amigo vacacionista. Nos conocimos en un curso de verano. Después de un par de años regresó. Al parecer hizo buenas amistades.

    Me preguntó que qué hacía y que si sería bueno vernos. Ya era de noche y yo a mis recién cumplidos años como mayoría de edad me era difícil salir a esa hora. Así que le dije muy valiente que no había problema y que nada más me cambiaba, que me esperase en la esquina. Yo saldría a su encuentro. Me asomé a la sala. La televisión estaba encendida y sobre la mesa había una vasija con palomitas y un refresco de dos litros, vasos. A ellos no los vi pero supuse que se encontraban recostados en el sillón grande.

    Salí. Es decir, me escapé. Antes de eso volví a poner el disco de Edgar. Brinqué por una ventana. El amigo vacacionista ya me esperaba en un coche. Cuando nos conocimos ya habíamos coqueteado tantito y pues una sabe cuando uno quiere. Así que me invitó a su casa. Es decir un cuartito que rentaba, una especie de departamento para soltero. Llegó solo. Como yo ya andaba media ebria me sentía de lo mejor. El aburrimiento pasó así que casi no platicamos y nos dejamos llevar. Al parecer él también había tomado. Su cuarto tenía varias botellas vacías de cerveza y papas fritas. Nuestros cuerpos al encontrarse como que se reconocieron. Yo era un algodón de azúcar color rosa y él un Hersys bajo fuego. Fue una relación de alto voltaje. Pero…

    Yo creo que a veces las mujeres tenemos la culpa pero también ellos. Ellos por buscar sólo su placer sin tomarnos en consideración más que para el galanteo. Nosotras porque se dice por ahí que la que lo quiera pues que lo trabaje. Quiero decir que no solamente es cuestión de trabajar en ello, sino en dejarte llevar, relajarte, de no pensarlo mucho, no solo concentrarte en lo que estás haciendo sino en lo que estás sintiendo.

    En fin, que tuve esa aventurilla con mi amigo el vacacionista, aunque el afamado amigo, ni siquiera llegó. Fue una linda travesura que guardo dentro de mí y que no comparto con nadie. Tú has sido el primero. Pero sigo creyendo, que las cervecitas hicieron su efecto.

  4. Cony Says:

    Hoy soñé

    En una crisis económica, que evolucionaba a una nerviosa
    y a su vez una epidemia traspasaba fronteras,
    incluso las más herméticas, ella no necesitaba pasaportes

    parecía que la gente trabajadora se había quedado encerrada
    y los delicuentes salían a las calles,
    con las agañas que siempre han tenido hacia el peligro

    en mi sueño ya había llegado una era donde abundaban los miedos.
    miedos infundados sin guerras y sin armas.

    pero allí yo no estaba tan desahuciada como los otros.
    yo no era tan kinestésica y podría sobrevivir sin un abrazo.

    ya había pasado la soledad y me era mas fácil adaptarme

    me pude divertir un rato.

  5. Libros Caros (Adrián Pérez) Says:

    LIBROS CAROS

    Mi casa estaba hecha un desastre. O tal vez yo. Por primera vez en mucho tiempo me desperté ese lunes sin la paranoia del reloj. Dormí en mi estudio aduciendo que me la pasaría leyendo y escribiendo toda la noche. La verdad es que no leí nada y sólo logré escribir algunos renglones que terminaron en la papelera de reciclaje. Estaba embotado. Para colmo de males, lo que restaba de esa mañana se veía hermosa. Dios es el mejor de los sarcásticos. Tengo que admirarle su sentido del humor. Me agrada el tipo. Sentía la cabeza explotarme. En lugar de proyectar el futuro me la pasé bebiendo. Ni siquiera me dio por escuchar música. El estruendoso silencio de la madrugada fue mi acompañante. Los niños fueron a la escuela y mi mujer supongo que andaba a por ellos ya a esas horas.

    Habían pasado quince días desde que me desocuparon de mi antiguo trabajo. Me encontraba un tanto resentido. Dándole vuelta a la vuelta, ya todo estaba hecho, a lo único que llegué fue a lo mismo: me corrieron. Pensé en muchas cosas. A cada rato me preguntaba en qué había fallado: si dije algo que le molestara a mi jefe sin que me diera cuenta, o algún comentario inoportuno con gente de igual forma inoportuna. La crisis económica que se vive actualmente es lo que nos está orillando a tomar medidas extremas, me dijo el jefe de personal. La verdad es que nos queremos quedar con gente de menor sueldo y, dada la situación, que hagan lo mismo por menos. Espero lo entienda, remató. Claro que no lo entendía. Pero qué remedio. No he buscado trabajo, todos estos días he estado luchando para evitar una depresión. La búsqueda ha sido aceptar mi realidad. No me esperaba este golpe: llegó y me noqueó. En la bebida encuentro un aliciente pero se que no ayudará a resolver mi situación. Tengo algunos proyectos pero en estos momentos me siento inútil: Inservible.

    Fui al refrigerador en busca de una cerveza. Me las terminé en la noche. Una necesidad imperiosa por beberme una bien helada se apoderó de mi boca reseca. Bebí un poco de agua. A mi estómago no le resultó nada grato. La punzada en mi cabeza se acrecentó. Después de hacer cuentas con lo de mi liquidación, alcanzó para pagar la gran mayoría de las deudas y para irla pasando algunos meses mientras encuentro otro trabajo. Me quedé con algo de dinero para mí. Gran parte me lo gasté en diversión: libros, películas, discos, vino, cerveza y mujeres. Me quedaba muy poco: algunos museos son gratis. Me acerqué a la puerta. El perro me vio y no ladró, ni siquiera movió la cola, bueno lo que le queda de rabo porque se lo cortaron hace tiempo dizque por su bien. La empresa hizo recorte de personal también por su bien. Hijos de su perra madre. El perro me veía lento. La piltrafa que veía no era de peligro. Se dio medio vuelta, se acostó, levantó una pata y comenzó a lamerse sus partes. Pensé en imitarlo. No quise insultarlo, bueno, a todos los perros: tienen dignidad.

    Tomé el poco de dinero que me quedaba. Me alcanzaba para artículos de higiene personal, unas resmas, cartuchos de tinta y una buena dotación de cervezas. Decidí ir al súper caminando. Cuando salí el perro se me acercó. Me lamió los dedos por entre los huaraches que llevaba. Sonriendo le dije que se quitara, lo tomé de las orejas para que me lamiera las mejillas. Un breve esbozo de ternura se me brindada y no lo iba a desperdiciar con mis patas. Se quedó en su lugar. Caminé despacio, la cabeza me retumbaba.
    Entre más avanzaba, más maldecía. No podía creer que dejaran en mí puesto a Barberarza, si es un imbécil. Para colmo dejaron como su ayudante a Feligrández: otro pendejo. Aun no logro dominar eso: ser indiferente. Supongo que con el tiempo lo lograré. Astutas, las flores de una casa vecina me sorprendieron. Volví a maldecir. Estaban hermosas, horriblemente flores. Me sentí un zorrillo apestoso, no me quise detener para que mi esencia no las marchitara. Presuroso me regalé un vistazo de reojo. Me estaban dando olfato, la tentación fue muy grande. Conforme tragaban mis pies asfalto, la sed se acrecentaba. Por el trayecto vi o se me hizo ver a algunas personas con tapa bocas. Mi mujer los utilizó hace algún tiempo cuando se tatuó la cara. Le delinearon la boca y las cejas. Quedó como boxeador apaleado, toda hinchada, utilizaba los cubrebocas de forma que nada mas se le vieran los ojos. Al entrar al súper, me bañó una ráfaga de aire artificial que tienen en la entrada. Busqué una canastilla, el personal de la tienda también llevaba esa especia de bufandas, supuse que era una nueva medida sanitaria. O simplemente un nuevo reglamento para fastidiarlos. Fastidiaban con impuestos voraces, que más daba ahora que también la dependencia de salud tuviera ha bien llenar sus arcas cobrando multas a los incautos.

    Lo que más pesaban eran las hojas de papel, y eso que estaban en blanco. No quiero imaginarme cuanto será su peso cuando escriba sobre ellas: me daba ánimos. Cuando me dirigía a pagar, me detuve en la sección de vinos. Me les quedé viendo como a unos amigos que no veré en un buen tiempo. Aunque no lo creo, con los amigos siempre hay forma de estar con ellos. Pensé en comprarme la cerveza en esa tienda, pero me gusta que sea enfriada en hielo. De regreso a casa llegaría a un depósito para surtirme.

    Pensaba que de un momento a otro los niños y mi esposa estarían llegando de la escuela. Por el pasillo, en unos enormes televisores vi que los conductores de un noticiero daban las noticias con tapabocas. En todo el momento que estuve parado ahí sólo hablaron de un supuesto brote de influenza. Las clases, en todos los niveles estaban suspendidas. ¿Entonces donde estaban mi esposa y mis hijos? En la capital cerraban restaurantes como si una caterva de maleantes entrara y les quitara el bocado de la boca. Cines y teatros cerrados. Aquí intentan que este fin de semana desaparezca del Barrio Antiguo. En poco tiempo frente al televisor me di cuenta que todo se lo está llevando la chingada. Días antes recibimos la visita del nuevo presidente de los Estado Unidos. Y ahora esta epidemia de Influenza Porcina, como ha sido catalogada, mordiendo la pandemia, es la nueva visita que nos hace el honor. Se me hace que son lo mismo. Sospecho que esta es una nueva estratagema del club Bilderberg. Todo mundo necesita un héroe. Igual a mi qué me importa, cada quien con su nuevo mesías. El espíritu del tiempo sobrevuela oscureciendo todo con su manto.

    Delante de mí estaba una señora terminando de pagar. Se tardó un poco en lo que le sellaban los vales con los que había pagado. Me entretuve hojeando una revista. La niña que le ayudó a embolsar todo se retiró cuando pasaban mis productos por el ojo eléctrico. Al frente de las cajas registradoras, delante de mí estaba un niño de la edad de mi hijo. Era un estudiante, lo delataba el uniforme y la mochila en el piso a un lado de él. Tendría algunos ocho años. Movía una pierna en actitud nerviosa, como cuando tienes ganas de orinar. Deduje que esperaba a su mamá o se había salido de la escuela antes de tiempo. Se acercó con la cajera y en tono de suplica le pidió lo dejara empaquetar. La muchacha le dijo que ya sabía que no se podía. También le dijo que el supervisor andaba cerca. El niño insistió, diciéndole que el supervisor ya se había ido a comer, cosa que era cierta porque no vi a ningún intendente rondando. La cajera se detuvo en mandar verificar el precio de las resmas. El niño ni siquiera me vio, tal vez por mi calidad de arlequín. Llorando, el niño le explicó su situación: padre despedido y mamá enferma. La cajera, viendo a su alrededor, brindándome una sonrisa nerviosa de un segundo con el tapabocas en el cuello, le dijo que se apurara, que aprovechara entonces que el supervisor no estaba. Me sentí un puerco. Nunca creo en lo que veo, menos en lo que dicen, pero las lágrimas de ese pequeño me dictaron toda una enciclopedia en todo el tiempo que tardó en cobrarme la cajera. Conmigo utilizó una bolsa para los paquetes de hojas y otra para lo demás: no llevaba gran cosa.

    El cambio, junto con lo que tenía para mis cervezas se lo entregué al pequeño. Tal vez el nudo en la garganta que me ahogaba me quitó la sed o la calmó. De regreso, arranqué una flor y me embriagué de su aroma. El peso del sol me escurría por todo el cuerpo pero me sentí fresco. Los pies estaban húmedos. Me quedé sin dinero. En los últimos días no había leído nada. En el rostro de ese niño leí lo más importante hasta ese momento en mi vida. Ese tipo de libros son de un valor incalculable.

    Adrián Pérez

  6. Libros Caros (Adrián Pérez) Says:

    LIBROS CAROS

    Mi casa estaba hecha un desastre. O tal vez yo. Por primera vez en mucho tiempo me desperté ese lunes sin la paranoia del reloj. Dormí en mi estudio aduciendo que me la pasaría leyendo y escribiendo toda la noche. La verdad es que no leí nada y sólo logré escribir algunos renglones que terminaron en la papelera de reciclaje. Estaba embotado. Para colmo de males, lo que restaba de esa mañana se veía hermosa. Dios es el mejor de los sarcásticos. Tengo que admirarle su sentido del humor. Me agrada el tipo. Sentía la cabeza explotarme. En lugar de proyectar el futuro me la pasé bebiendo. Ni siquiera me dio por escuchar música. El estruendoso silencio de la madrugada fue mi acompañante. Los niños fueron a la escuela y mi mujer supongo que andaba a por ellos ya a esas horas.

    Habían pasado quince días desde que me desocuparon de mi antiguo trabajo. Me encontraba un tanto resentido. Dándole vuelta a la vuelta, ya todo estaba hecho, a lo único que llegué fue a lo mismo: me corrieron. Pensé en muchas cosas. A cada rato me preguntaba en qué había fallado: si dije algo que le molestara a mi jefe sin que me diera cuenta, o algún comentario inoportuno con gente de igual forma inoportuna. La crisis económica que se vive actualmente es lo que nos está orillando a tomar medidas extremas, me dijo el jefe de personal. La verdad es que nos queremos quedar con gente de menor sueldo y, dada la situación, que hagan lo mismo por menos. Espero lo entienda, remató. Claro que no lo entendía. Pero qué remedio. No he buscado trabajo, todos estos días he estado luchando para evitar una depresión. La búsqueda ha sido aceptar mi realidad. No me esperaba este golpe: llegó y me noqueó. En la bebida encuentro un aliciente pero se que no ayudará a resolver mi situación. Tengo algunos proyectos pero en estos momentos me siento inútil: Inservible.

    Fui al refrigerador en busca de una cerveza. Me las terminé en la noche. Una necesidad imperiosa por beberme una bien helada se apoderó de mi boca reseca. Bebí un poco de agua. A mi estómago no le resultó nada grato. La punzada en mi cabeza se acrecentó. Después de hacer cuentas con lo de mi liquidación, alcanzó para pagar la gran mayoría de las deudas y para irla pasando algunos meses mientras encuentro otro trabajo. Me quedé con algo de dinero para mí. Gran parte me lo gasté en diversión: libros, películas, discos, vino, cerveza y mujeres. Me quedaba muy poco: algunos museos son gratis. Me acerqué a la puerta. El perro me vio y no ladró, ni siquiera movió la cola, bueno lo que le queda de rabo porque se lo cortaron hace tiempo dizque por su bien. La empresa hizo recorte de personal también por su bien. Hijos de su perra madre. El perro me veía lento. La piltrafa que veía no era de peligro. Se dio medio vuelta, se acostó, levantó una pata y comenzó a lamerse sus partes. Pensé en imitarlo. No quise insultarlo, bueno, a todos los perros: tienen dignidad.

    Tomé el poco de dinero que me quedaba. Me alcanzaba para artículos de higiene personal, unas resmas, cartuchos de tinta y una buena dotación de cervezas. Decidí ir al súper caminando. Cuando salí el perro se me acercó. Me lamió los dedos por entre los huaraches que llevaba. Sonriendo le dije que se quitara, lo tomé de las orejas para que me lamiera las mejillas. Un breve esbozo de ternura se me brindada y no lo iba a desperdiciar con mis patas. Se quedó en su lugar. Caminé despacio, la cabeza me retumbaba.
    Entre más avanzaba, más maldecía. No podía creer que dejaran en mí puesto a Barberarza, si es un imbécil. Para colmo dejaron como su ayudante a Feligrández: otro pendejo. Aun no logro dominar eso: ser indiferente. Supongo que con el tiempo lo lograré. Astutas, las flores de una casa vecina me sorprendieron. Volví a maldecir. Estaban hermosas, horriblemente flores. Me sentí un zorrillo apestoso, no me quise detener para que mi esencia no las marchitara. Presuroso me regalé un vistazo de reojo. Me estaban dando olfato, la tentación fue muy grande. Conforme tragaban mis pies asfalto, la sed se acrecentaba. Por el trayecto vi o se me hizo ver a algunas personas con tapa bocas. Mi mujer los utilizó hace algún tiempo cuando se tatuó la cara. Le delinearon la boca y las cejas. Quedó como boxeador apaleado, toda hinchada, utilizaba los cubrebocas de forma que nada mas se le vieran los ojos. Al entrar al súper, me bañó una ráfaga de aire artificial que tienen en la entrada. Busqué una canastilla, el personal de la tienda también llevaba esa especia de bufandas, supuse que era una nueva medida sanitaria. O simplemente un nuevo reglamento para fastidiarlos. Fastidiaban con impuestos voraces, que más daba ahora que también la dependencia de salud tuviera ha bien llenar sus arcas cobrando multas a los incautos.

    Lo que más pesaban eran las hojas de papel, y eso que estaban en blanco. No quiero imaginarme cuanto será su peso cuando escriba sobre ellas: me daba ánimos. Cuando me dirigía a pagar, me detuve en la sección de vinos. Me les quedé viendo como a unos amigos que no veré en un buen tiempo. Aunque no lo creo, con los amigos siempre hay forma de estar con ellos. Pensé en comprarme la cerveza en esa tienda, pero me gusta que sea enfriada en hielo. De regreso a casa llegaría a un depósito para surtirme.

    Pensaba que de un momento a otro los niños y mi esposa estarían llegando de la escuela. Por el pasillo, en unos enormes televisores vi que los conductores de un noticiero daban las noticias con tapabocas. En todo el momento que estuve parado ahí sólo hablaron de un supuesto brote de influenza. Las clases, en todos los niveles estaban suspendidas. ¿Entonces donde estaban mi esposa y mis hijos? En la capital cerraban restaurantes como si una caterva de maleantes entrara y les quitara el bocado de la boca. Cines y teatros cerrados. Aquí intentan que este fin de semana desaparezca del Barrio Antiguo. En poco tiempo frente al televisor me di cuenta que todo se lo está llevando la chingada. Días antes recibimos la visita del nuevo presidente de los Estado Unidos. Y ahora esta epidemia de Influenza Porcina, como ha sido catalogada, mordiendo la pandemia, es la nueva visita que nos hace el honor. Se me hace que son lo mismo. Sospecho que esta es una nueva estratagema del club Bilderberg. Todo mundo necesita un héroe. Igual a mi qué me importa, cada quien con su nuevo mesías. El espíritu del tiempo sobrevuela oscureciendo todo con su manto. No me sorprendería que en unos días legalizaran las drogas. Todo esto es un despiste.

    Delante de mí estaba una señora terminando de pagar. Se tardó un poco en lo que le sellaban los vales con los que había pagado. Me entretuve hojeando una revista. La niña que le ayudó a embolsar todo se retiró cuando pasaban mis productos por el ojo eléctrico. Al frente de las cajas registradoras, delante de mí estaba un niño de la edad de mi hijo. Era un estudiante, lo delataba el uniforme y la mochila en el piso a un lado de él. Tendría algunos ocho años. Movía una pierna en actitud nerviosa, como cuando tienes ganas de orinar. Deduje que esperaba a su mamá o se había salido de la escuela antes de tiempo. Se acercó con la cajera y en tono de suplica le pidió lo dejara empaquetar. La muchacha le dijo que ya sabía que no se podía. También le dijo que el supervisor andaba cerca. El niño insistió, diciéndole que el supervisor ya se había ido a comer, cosa que era cierta porque no vi a ningún intendente rondando. La cajera se detuvo en mandar verificar el precio de las resmas. El niño ni siquiera me vio, tal vez por mi calidad de arlequín. Llorando, el niño le explicó su situación: padre despedido y mamá enferma. La cajera, viendo a su alrededor, brindándome una sonrisa nerviosa de un segundo con el tapabocas en el cuello, le dijo que se apurara, que aprovechara entonces que el supervisor no estaba. Me sentí un puerco. Nunca creo en lo que veo, menos en lo que dicen, pero las lágrimas de ese pequeño me dictaron toda una enciclopedia en todo el tiempo que tardó en cobrarme la cajera. Conmigo utilizó una bolsa para los paquetes de hojas y otra para lo demás: no llevaba gran cosa.

    El cambio, junto con lo que tenía para mis cervezas se lo entregué al pequeño. Tal vez el nudo en la garganta que me ahogaba me quitó la sed o la calmó. De regreso, arranqué una flor y me embriagué de su aroma. El peso del sol me escurría por todo el cuerpo pero me sentí fresco. Los pies estaban húmedos. Me quedé sin dinero. En los últimos días no había leído nada. En el rostro de ese niño leí lo más importante hasta ese momento en mi vida. Ese tipo de libros son de un valor incalculable.

    Adrián Pérez

  7. Chiquita Says:

    Y se mandan a?

    Chiquita:
    Se dejan como comentario y de aquí los subiré al blog, agrupados de diez en diez. Adelante, esperamos su colaboración.
    LSM

  8. Odette Alonso Says:

    Animales sin alma

    Anoche Susana, en uno de esos actos de solidaria responsabilidad que ella acostumbra, se desvió de su ruta habitual para dejarnos lo más cerca de nuestras casas a otros tres compañeros. Avanzamos sobre Tlalpan hacia el Centro, mientras oíamos las interminables noticias de la epidemia, que han suplantado totalmente a las acciones del narcotráfico, como si las mafias también se hubieran declarado en cuarentena en todo el país hasta el próximo 6 de mayo.
    Con nuestros tapabocas embozados, veíamos el movimiento en la calle. De pronto parecía que todo era normal, pero las noticias recordaban que la Organización Mundial de la Salud había subido el nivel de alerta de 3 a 4 y que había posibilidad de que cerraran el metro y las fronteras, a pesar de que los empresarios, temerosos de las pérdidas que se les vienen encima —la verdadera crisis—, presionaban a las autoridades para evitar cierres masivos de empresas productivas.
    A menor escala, en los ámbitos más domésticos, la visión es otra. Las compras de pánico ya afectan el abasto de los supermercados, sobre todo en productos higiénicos, antisépticos y alimentos empaquetados. Ni qué decir de las farmacias, donde ya no hay cubrebocas. Y los que antes del viernes costaban 50 centavos, son vendidos ahora entre siete y 15 pesos. En el metro, sin embargo, sólo un 10 o 15 por ciento los usa; especialmente los hombres, que han de sentirse menos machos con el hocico tapado.
    “Allí vivía Orlandito”, señalé cuando desembocamos en la Calzada Chabacano casi a la altura de La Viga. “Y allí nosotras”, mi dedo apuntaba al edificio de ventanas cerradas donde habitábamos hace doce años Dora y yo. Era el viejo barrio: la farmacia de la esquina, la Mega Comercial, la entrada del metro, el Vips, el parque con sus grafitis pandilleros…
    Subiendo al puente llegó el mensaje: a las 7:30 de la noche el director reunió al personal en su oficina, sin atender al llamado de no provocar aglomeraciones humanas, para comunicarles una instrucción que había recibido desde las tres de la tarde y quién sabe por qué postergó hasta entonces (posiblemente para retenernos): que la dependencia no cerraría sus puertas porque el Gobierno Federal no lo había autorizado; muy curiosa justificación cuando la autonomía universitaria es uno de los grandes blasones que enarbola esta alta casa de estudios. Y más, cuando todas las escuelas, facultades, institutos y espacios culturales pertenecientes a la UNAM están cerrados desde el viernes y todo el personal de base sindicalizado fue mandado a su casa ayer.
    Seguimos por el Eje 3 Sur hasta llegar al Centro Médico. “Cuauhtémoc está hasta la madre; mejor me voy por mi súper atajo, que nos saca a Heriberto Frías”, propuso Susana y nos internamos a la colonia Roma Sur por la calle de Tehuantepec. Unas cuadras más adelante, fue ella quien señaló una casa anaranjada: “Ahí viví yo hasta que me casé”. “Este regreso ha sido como un paseo por el ayer”, me asombré y ella, imitando la voz de una de sus tías, me dijo: “¿Por qué será?, ¿por qué será?”
    Entonces pensé que cuando el presente se complica, uno vuelve al pasado de una u otra forma; a buscar el origen, a “hacerse uno”, como dijo hace unos días Lili Rentería. Y recordé otros jefes que he tenido: Omar Mederos, el doctor De la Barreda, Ildefonso García… hombres de razón y de conciencia, gente con criterio y valentía, capaces de tomar las medidas que fueran necesarias a su debido tiempo, aun a costa de buscarse enemistades y problemas. Aun a costa de su propia libertad. Recordé, incluso, a Oscarito Ruiz Miyares, con quien tuve las más rotundas divergencias, pero que era un líder. Hasta llegué a pensar en aquel de la barba, para quien esta epidemia hubiera sido su sueño dorado.
    Ésta es la diferencia entre quienes valoran a sus empleados y subordinados y aquellos para quienes somos sombras, simple número, monigotes, animales sin alma ni provecho que da igual si se contagian o sobreviven. Eso pienso ahora, inútilmente sentada en el medio de mi pasillo, el lugar donde esa misma insensibilidad me ha confinado. ¡Ni qué trabajáramos en el Pentágono! ¿Cuán imprescindible pueden ser un oficinista en una universidad cerrada?
    Claro, que pudieran tener razón quienes afirman que si no conocemos a ningún enfermo ―mucho menos muertos―, la epidemia no existe. Que es simple amarillismo televisivo y oportunismo político en año electoral. Que fue un acuerdo entre Calderón y Obama, las farmacéuticas, el Grupo de los Siete y los bancos internacionales. Que lo de la OMS es pantalla. Que el rebaño de tontos del bozal, tan ridículos, avergonzamos al resto. Que cuando uno sale del DF se quitan los síntomas y regresan al volver… Nada, que hay que irse a Acapulco…

    Y como las contingencias no matan el humor, un chiste muy actualizado:
    ¿Saben qué le dijo el DF a la influenza?…
    —Uy, que miedo, mira cómo tiemblo…
    Y se echó el temblorcito de 5.7 grados que ayer al mediodía llevó al colmo de la incredibilidad a los capitalinos. ¡Na’más falta que nos mee un perro!

  9. Mario Waits Says:

    Salmos

    En plena pandemia te miro
    con tu burka
    ocultabas sonrisas
    mas tus ojos y dedos nerviosos
    casi te delataban.

    Recogí un caracol contagiado
    por prisas citadinas
    de reojo tus piernas
    danzaban el vals oficial
    en la fiesta más sola del mundo.

    Tuve fiebre
    dolor de garganta
    influenza de estrellas
    por mirarte extasiado
    corralón le ha tocado a mi auto
    caminante en camino hacia ti
    enfermo de locura.

    Tu cabello abundante
    me incita a seguirte en la noche
    nos comienza a llover
    tu humedad es la mía
    pasa un niño escurrido
    te lo mando con un ramo de flores baratas
    una tarjeta improvisada
    te dice te deseo
    olfateas gustosa
    e imagino tu nariz
    al trazar la señal de la cruz en mi pecho
    te paras de improviso
    abrazas tu Biblia
    mas dejas olvidado en plena esquina
    a este desconocido tan familiar
    te alcanzo mientras mi mente dice
    unos salmos de infancia
    especie de conjuros seductores
    te convido usemos mi paraguas
    éste
    inoportuno
    se vuelve para atrás
    subimos a tu coche
    nos besamos
    así la acuosidad de tu molusco
    escarba mi garganta
    quito el freno de mano
    me desboco
    mi mano izquierda (la maleducada)
    busca desparpajada despojarte de tu ropa interior
    la derecha sin imaginar lo que hace su opuesta
    te acaricia en firmeza suavizada
    nos espía el semáforo ámbar
    vidrios polarizados
    un cromo de la iglesia de los últimos días.

    El calor emanado
    pone a hervir los motores
    me transformo en un fauno
    me apaño de tus alas
    recorro las doce tribus de tu cuerpo
    tu bosque me conquista
    tus serpientes reptan por mi espalda
    nos mordemos
    la sangre en las heridas
    mezcla de cardo y miel
    tus pezones rosados
    tu entrepierna salvaje
    nuestro mar es el agua impetuosa
    química de basalto apasionada
    tu lengua es tu bandera
    ondea en mi territorio sagrado
    te ataco por el flanco
    las ingles
    el trasero
    las plantas de los pies
    tus muslos me poseen en juego alambicado
    somos dos gladiadores legendarios
    con deseos intensos de perder la batalla
    murciélagos ascetas
    luego de cautiverio celibado
    aletean las ansias devoradas
    entonces el demonio
    o Dios a través de él
    nos hace hablar idiomas diferentes
    confundidos
    exhaustos
    sin saber nuestros nombres
    expulsados del huerto
    somos monstruo bicéfalo
    calamar epiceno
    segregamos amor por cada poro
    en lecho derruido
    improvisado
    y la muerte no importa
    por un largo segundo.

  10. Camila Says:

    Ellas, gotas de agua
    bailoteando hacia mi espalda
    fiebre de rocío
    sudándome cariño
    apariciones en relecturas
    corales que me derraman
    maletines de viaje
    cadenitas de plata.

    Quiero escapar de Ellas
    pero no sé esconderme.

    Son delirio
    cuerpo anclado
    capullitos en mis alas
    nacimiento
    muerte
    renacer
    deceso
    rinconcito florido
    con sabor a México.

    Quiero escapar de Ellas
    lo juro
    pero desconozco mejor escondite
    que no sea la armadura
    de sus huesos.

  11. Ovario Fuerte Says:

    El amor en los tiempos de la influenza

    Era miércoles y estaba recién declarada la fase cinco, pero no me importó. Tenía que verlo, quería verlo, necesitaba verlo.

    Tomé una ducha. Mientras ese líquido maravilloso recorría mi cuerpo, en mi mente giraba la duda de si no la estaré “regando”. “Mejor no salgas”, me decía esa famosa y tan socorrida vocesita interior, pero esta vez con una gran dosis de pánico. “Ya es fase cinco, no vaya a ser…”

    Salí de la regadera y comencé a vestirme. Seguramente mis pensamientos no alcanzaron a bañarse, ni a mojarse siquiera, porque seguían ahí, persistentes, autoinmunes. Dos días antes, el lunes, había salido a la calle dizque a tomar un café. Mi sorpresa fue encontrar el vips cerrado, y por supuesto, también el resto de establecimientos de ese tipo. Ni un solo changarrito estaba abierto, y terminé bebiendo el “agua de calcetín” de un Seven.

    En las calles prácticamente vacías, como suele gustarme, ahora flotaba el virus del miedo y la incertidumbre. La poca gente que transitaba, lo hacía rápido y mirándose unos a otros con recelo. Si no es por una cosa, es por otra, pero siempre hay que desconfiar del otro, de la otra. Dicen que con las medidas de contingencia también ha disminuido la delincuencia, los asaltos. ¿Acaso no toman en cuenta el robo de nuestra confianza y tranquilidad? Y nuestro miedo a que nos roben se ha incrementado: el pánico a que nos quiten lo más preciado: la salud. Y así es como nos cuidamos de quien pase siquiera a un metro de distancia.

    De pronto algo me regresó la serenidad. Algo más allá de los rostros azules y el ambiente desolador. Era un parque, y no estaba vacío. Como si fuera el último refugio seguro en el mundo, había por doquier parejas amorosas. Abrazos, pláticas, arrumacos, besos, todo sin cubrebocas ni guantes. Sonrisas y contacto permanente, en medio de un entorno de miedo y soledad, era como un paisaje surrealista. Pero ver eso me devolvió la confianza que ya me habían robado.

    Cuando terminé de vestirme, salí a abordar el microbús que me llevaría a la casa de él. Tardaba mucho. “¿Acaso no habría unidades?”. Comencé a sentirme culpable, como si estuviera a punto de cometer un delito. “¿Y si mejor no voy?”, dudaba ya, cuando el transporte apareció. Subí. Rostros azules en varios asientos. Miradas perdidas, otras tristes, interrogantes las más.

    Llegué a mi destino y nos miramos a los ojos. Acostumbramos besarnos inmediatamente, pero esta vez nos llevó unos minutos. Pero fue suficiente. Nos olvidamos que era fase cinco, y nos desnudamos la mente y el cuerpo durante horas.

    Dicen que el virus no sobrevive en el calor. Seguramente eliminamos cualquiera ante tanto fuego. También la sabiduría popular indica que el afecto refuerza inmediatamente nuestro sistema inmunológico….

    Regresé a casa, libre de miedo, por fin. Me robaron la confianza unos días… pero los besos y el amor jamás.

  12. Marvin Says:

    Nos encontramos atrincherados en el vestíbulo del Bellas Artes.
    Media hora antes, éramos miles atrincherados en el Zócalo cuando una de los muros de contención se vino abajo. Los zombis porcinos entraron en masa, poseídos por el odio de quienes comemos carnitas.
    Empezamos a correr en todas direcciones, despavoridos. A cada paso, escuchaba los gritos dolorosos de los caídos. Y adelante, veía como los cuerpos se ponían de pie, devorándose unos a otros.
    Pude librar a los muertos vivientes y adentrar en una calle lateral. A lo lejos, disparos, gritos, aullidos dolorosos y el refunfuñeo horrible de los cerdos.
    La cámara de diputados, atrincherada días antes, lucía apagada. Pero los ronquidos sobrios que provenían de su interior contaban otra historia. “Estos ya eran así desde antes”, pensé. Y seguí corriendo rumbo a la Alameda Central.
    De a poco, noté que no era yo, sino un grupo de unos quince que me seguían. Frente al Palacio Postal, los grenaderos sentaban el presente de, ahora si, ganar la batalla. Les sacamos la vuelta y alguien gritó “a Bellas Artes”, así que asentimos y nos internamos por el estacionamiento subterráneo.
    Extráñamente, todo estaba vacío.
    Alguien detrás de mi encontró el switch de la puerta mecánica. La cerró. Tomamos las escaleras. Había sangre por todos lados. Alguien me comentó que la noche en que los zombis tomaron Bellas Artes, Juan Gabriel daba su último concierto. “Pobre gordito”, pensé. Pero no pude contener una carcajada.
    El inmueble se encontraba vacío. A diferencia de las películas apocalípticas, los zombis porcinos no tenían la capacidad de interrumpir los trabajos de Luz y Fuerza del centro. Todo iluminado, era más sencillo moverse. Bloqueamos todas las entradas. Decidimos quedarnos en el vestíbulo del teatro. Alguien fue a la cocina, aun en servicio, para preparar comida. Regresó con carne de cerdo en salsa roja. “Caray”, le dije al grupo, “ahora si que ojo por ojo, ¿verdad?”. Necesitábamos reir.
    Afuera, en la distancia, a cada momento se escuchaban menos tiros y más sollozos y lamentos.
    El ronquido de los zombis porcinos, era más estridente, menos caótico. El volumen del graznido aumentaba y nosotros, en el afán de olvidarlo todo, nos sometimos a una orgía de vinos y de sexo, que duró varios días.
    En cualquier momento, lo sabíamos todos, las puertas del Palacio de mármol se tendrían que vencer. Los cuadros de Frida Khalo no serían suficiente barricada para contener el impulso de los zombis.
    Cada gémido, cada éxtasis, se intercalaba con los rasguños en las puertas, los gritos sordos de los cerdos humanos.
    Al amanecer, Bellas Artes se encontraba vacío. En el suelo, sólo sangre y botellas vacías, adornaban el fino mármolo italiano, resultado de capricho de un dictador revolucionario.

  13. Jair García-Guerrero Says:

    Oda a la influenza

    Jueves 23 de un abril sin nombre:
    en la tele se informa de la muerte
    caballeros o jinetes
    anunciando un nuevo apocalipsis.

    La influenza,
    confusa palabra de influyentes
    llegó a la Capital.
    En la Ciudad de México
    el ángel cubre su boca
    de la nube sutil que paraliza
    los vagos sueños sin fronteras.

    Las calles se llenaron de vacío
    presagio de la bomba
    del oseltamivir
    que incide a la cruel neuraminidasa
    perla de los cerdos.

    Cierre en las mentes por las calles;
    cierre de calles
    por las mentes que agilizan el recuerdo
    de otro jueves de 1985
    en que otro temblor cerró la vista
    y otras bocas se cubrieron de otro viento.

    La calle es un testigo de la prisa
    del vago y vigoroso ciudadano
    virulento
    que estornuda y escupe en ese suelo
    que lo vio nacer.

  14. Camila Says:

    Don Rosalío era un hombre amable, pero inexpresivo para demostrar su cariño.
    Trabajaba en los cuartos fríos de una inmensa carnicería.
    Cada vez que tenía intimidad con su esposa la llevaba a la heladera de su cama. Sus manos, su boca brotaban estalactitas y estalagmitas.

    El cuerpo de su mujer, lleno de estrías por las caricias lánguidas de su marido, se preguntaba cada vez que el macho la montaba en qué momento habría de sentir un fogonazo en su cocina. Nunca sucedió, pero definitivamente valía la pena la esperanza a cambio de tener diariamente en la mesa los mejores cortes de carne.

  15. Camila Says:

    ¡Extra, Extra!

    Atraparon por fin al loco que apuñalaba a sus víctimas por toser en la vía pública.

  16. Alisma Says:

    El día en que nació –más bien se desató- la noticia de que el Distrito Federal padecía de Influenza, yo me levanté tarde, sin tiempo para prender la televisión y mucho menos dar una hojeada al periódico.
    Al llegar al trabajo, y antes de ir por mi taza de levanta muertos, encendí la computadora para dar una rápida revisada en internet de las últimas novedades. Nada más abrirse la primera página se hablaba del terror que estaba causando un virus de gripe entre los mexicanos.
    -¿Vas por café?
    No terminé de informarme. Al reunirme con los demás el tema de conversación era justo ése que había medio escaneado en la computadora. Todos parecían más enterados que yo –y a decir verdad lo estaban… yo no había avanzado más allá de que era una gripita-, pero nadie coincidía. Unos decían que había vacunas, otros que eran cientos de casos, otros que sólo veinte, una confusión total, pero me di cuenta que fuera lo que fuera, amenazaba con regar el pánico.
    Investigué un poco y supe el nombre y apellido de la “gripita”: Influenza Porcina.
    Los medios de comunicación marcaban la pauta de la creciente angustia, y si ésta se sentía en mi norteña ciudad, no podía ni imaginarme lo que sería para los capitalinos. Ellos debían de estar experimentando las de Caín.
    Al los pocos días escuché del temblor en el Distrito Federal, no lo podía creer, esto me hizo pensar que a la naturaleza le urgía hacer recorte de personal.
    En el transcurso de los días, todo empeoró. La histeria se hizo mi vecina mucho antes de lo que yo me imaginaba, creía que tardaríamos un poco más en contagiarnos pero el miedo se esparció más rápido que el mismo virus.
    Lo constaté al entrar a un restaurante.
    Todos los meseros llevaban cubrebocas, sentí que la portadora de la enfermedad era yo y que todos se estaban protegiendo de mí. Esa fue la primera señal de pánico que vi en mi ciudad. Y no sería la única.
    En los coches, familias enteras portaban el cubrebocas, todo parecía tan irreal, casi de película. Las personas evitaban saludarse de mano, ni pensar en hacerlo de beso. Traté de no contagiarme pero más de una vez me descubrí retrayendo la mano y corriendo a lavármelas lo más rápido posible.
    Los últimos días las cifras han subido y bajado a placer de quién informa. En internet se han empezado a manejar especulaciones acerca del origen de la atención que la enfermedad ha generado, teniendo como resultado un sin fin de posibilidades que no sé si sean ciertas.
    Por lo pronto, sea especulación o no, un simple estornudo mortifica.

  17. Jorge A. Urrutia Says:

    Me pides que te mande un texto,

    ya no puedo.

    Me dejaste y como me dolía tanto tu aunsencia

    decidí mejor olvidarte y lo logré.

    Lo que no sabía era que tu recuerdo mitigaba

    ese dolor.

    Ahora tu asencia me duele más y sin tu recuerdo

    nada puedo decirte

  18. Max Says:

    Sé que no debo amarte.

    Yo que puedo decirte del amor…
    si sé como es el fuego por dentro,
    yo que puedo decirte del temor…
    si sé que amarte, es incierto.

    Tu mi callado amor que creció silencioso,
    soy sombra de ti que alimenta mi ser,
    amo el brillo de luz que me hizo por ti amoroso,
    eres agua dulce que forma al mar a un solo ser.

    A gotas caen mis suspiros por verte,
    pero muero de ti en cada instante,
    siento que existo pero estoy inerte,
    y ahogo en mí tu imagen constante.

    Mi alma no vive sin ti,
    eres tu quien le da vida y aliento,
    creí en una palma tu amor sentir,
    pero solo fue el volar del viento.

    Siento que estoy muriendo sin ti,
    y sé que así continuar no puedo,
    que estaba yo en ti solo cuenta me di,
    Yo amarte no decidí y no debo.

    Eres la luz de mi obscuridad en inútil esperanza,
    sé de eso y cuanto me consume por dentro,
    ya quisiera al olvido lanzar tu añoranza,
    pero no puedo mandar al tiempo aquel encuentro.

    Soy tristeza que arrastra al feliz eterno,
    que grandioso fuese si yo te besara,
    y abrazada estuvieras en mi íntimo secreto,
    pero solo eres un sueño vivido que mi alma recordará.

    Max.

  19. Adrián Boyero Says:

    AMOR INMUNE.

    Voz en off en la televisión:
    “En la conferencia de prensa de esta mañana el Dr. Córdova anunció que el gobierno de México tiene más de un millón de dosis de antivirales que han demostrado ser un tratamiento efectivo contra este nuevo virus de influenza. Brigadas de la OMS….”

    Llaman a la puerta. Pablo atiende.

    – “Artemio, ¿qué haces aquí? En la tele dicen que debemos permanecer en nuestras casas… Bueno, no te quedes en la puerta, entra por favor”.
    – “Necesitaba verte, Pablo. ¡Vivir en Santa Catarina jamás me pareció tan distante!”.
    – “Pero si las calles están vacías, lo vi en las noticias. Habrás tardado cinco minutos cuando mucho… El tapabocas no me deja verlo pero sé que estás sonriendo, cabrón. Siempre pones esa mirada extraña cuando sonríes. ¿Qué hiciste, Artemio?. Estás raro. Algo te pasa”.
    – “Pasa que ya no puedo más, Pablo… ¿VIH? ¿H1N1? Ninguna pandemia impedirá que te ame, ¡ninguna! ¡No puedo esperar un día más!”.
    – “¡Hey! ¡Suéltame, ni siquiera te has lavado las manos!”
    – “Vamos, chaparrito, no será la primera vez que rompas un tabú, esto me excita”.
    – “Ya lo veo… ¡Inguesú! ¡Quítate el tapabocas y bésame!”. Tu amor es mi vacuna.

  20. Jorge A. Urrutia Says:

    Aunque no ye guste, tu tienes una resposabilidad,

    tu eres mìa.

    Aunque no te guste, yo no te are sufrir.

  21. Lucía Says:

    Se acabó. Nostradamus lo anunció. Es el principio del fin.
    Todavía ayer, sentada frente al espejo, dando el último vistazo al rimel de mis pestañas, pensaba yo en Amilcar.
    Amilcar, un sueño hecho hombre. Cómo besa el condenado.
    Fue un trabajo duro y fino. Caídas de ojos, sonrisas sugerentes, pasadas de lengua sobre los labios, vestidos untados al cuerpo, sin caer en lo vulgar desde luego, perfumes franceses. Esto de los perfumes franceses hizo que mi presupuesto entrara en recesión veinte por ciento, lo solucioné al bajar seiscientas calorías diarias durante un mes a mi dieta. ¿El resultado? A los quince días Amilcar llamó a mi celular, ¿cómo lo consiguió? aún no le pregunto además eso me vale madres, para invitarme a cenar. Para ese día estrené un vestido de seda lila con corpiño ajustado sin hombros y bordado con cristales swarovski, falda línea A arriba de la rodilla, zapatillas Blanik plateadas, lujo de lujos, mi tarjeta de crédito temblaba, pero Amilcar lo vale.
    Centro nocturno a media luz, cena afrodisíaca, música para bailarse pegaditos, pegaditos, bebida de la que no se siente , pero que pega con tubo. Amilcar sabe cómo tratar a las mujeres. A la tercera copa sus labios ardientes subían por mis hombros y cuello directos a mi boca.
    Súbitamente la música cesó y una voz proveniente del bar se escuchó: su atención por favor. Señores, una epidemia ha hecho su aparición en el país. México es atacado por el virus AN1H1 hasta hoy desconocido y por orden presidencial se cierran escuelas y centros de reunión. Desde este momento nadie puede ni debe tocarse, prohibidos los besos, el riesgo es mortal. La OMS la cataloga como fase tres de seis. Sin esperar a oír más, presa del pánico, Amilcar brincó entre las mesas y salió despavorido. Hasta hoy no lo he visto ni me ha hablado. Lo peor: tuve que pagar la cuenta. Mi presupuesto cayó cincuenta por ciento.

  22. Carlos Calles Says:

    Eloísa

    La conocí en el estacionamiento del hospital. Me senté a su lado, y ella no hizo preguntas. Recuerdo el olor a salmuera. Como abrir un frasco de aceitunas. La niña miraba el suelo. Yo hice lo mismo. Me concentré en la hierba que nacía entre los adoquines.
    –Creo que si intentara lo suficiente –dijo de pronto, su voz un tanto distorsionada por el cubrebocas–, podría mover una moneda con el pensamiento.
    Metí la mano en los bolsillos. Encontré una moneda de dos pesos. Quizás un regalo de la abuela, no estoy seguro. Extendí la mano. Ella la tomó con cuidado y la puso sobre la banqueta. Permaneció mirándola largo rato. La acompañé en silencio.
    Más tarde salieron los padres; la mamá en silla de ruedas. Eloísa, hija, sube al carro, dijo el señor. Eloísa se fue en el carro verde. La moneda no se movió. La recogí y fui a la cafetería por un refresco. Ese día hacía mucho calor.

    Carlos Calles

  23. jero Says:

    Cardumen

    porque yo soy un cardumen, volando sincronizado por entre las nadas celestiales, que se encuentran llenas de delicada luz en tenue azul ultramarino, y en el centro de todo el universo se divisa un objeto descomunal: Es un disco dorado, de dimensiones cercanas al ilímite.

    porque sobre el centro de ese dorado disco, que es el centro mismo y luminoso del Todo, allí se erige, en levitación majestuosa, colosal, cantando a gritos desgarrados sobre micrófonos infinitos, Amaury Pérez: “Si yo pudiera…” “…hacerte venir, hacerte venir, hacerte venir, hacerte venir”

    porque atravieso entre todo el estruendo que él causa, atravieso, dije, los universos siderales en forma, dije, de cardumen; describiendo curvas con agilidad, parando de cuando en cuando en un zigzag como indeciso de leves brillos, y me pregunto, si no de peces, de qué estaré hecho.

    Cito: “Las vacas que se desviaban impresionante 125% de nivel de riesgo este estudio fue vida funcional del hato, p r e s e n t a n d o patas traseras” (sic)1
    (1)
    http://72.14.235.132/searchq=cache:_sdq8h7gVwsJ:www.usjersey.com/Reference/lowriskspanish.pdf+bajo+los+rasgos&cd=5&hl=en&ct=clnk&client=firefox-a)1

    no, porque el pobre Amaury Pérez…Nada, que no puede hacerla venir por más que le grite, y ella que no y que no, que no se le viene, el pobre, si él pudiera.

    Son recuerdos, todos recuerdos, hace un rato pude identificar mis partes todas, soy un cardumen compuesto de recuerdos. Y la voz se eleva, eleva, me pregunto si el mismo Amaury Pérez entiende eso que está voceando, por ejemplo lo de “ni bandoleras que consentir…”

    porque pudiera, de repente, desaparecer toda cohesión.
    Esa conciencia repentina es para un cardumen el más frío sudor que baje por sus contornos, cuando pensamos:
    ¿Qué será de mí si cada pez de improviso me abandona?
    ¿Dónde quedo si me esparzo?
    Si me desuno y desaparezco, ¿o no?

    porque ella aún no se viene, y Amaury Pérez, enrojecido y ya fuera de sí, -y hasta fuera de no, diríase- “Si yo pudiera…ra ra raRa Ra, RA ,RA RA!”

    porque ya no puedo olvidar el pavor a desintegrarme en cualquier momento, intento frenar mi marcha y se me hace que desafiar la inercia también me podría romper, y hasta más inmediatamente destrozarme… “hacerte venir, ¡hacerte venir! ¡hacerte venir!”

    porque no. Porque no se va a venir contigo, ¿que no lo entiendes?
    Que no se viene, y es para humillarte.
    ¿O no has leído a Quiroga?:
    “… y si hay algo a lo que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición, es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. (En “La gallina degollada”)
    ¿O no es hombre tu mujer?
    ¿O es un problema de “fricción”, como se afirma en la versión del proyecto Gutenberg?

    porque no.

    En este momento ocurre lo que no debió jamás:
    Se oscurece todo en un relámpago de negrura.
    Una arcada descuaza mi trayectoria, me deshago en náuseas centrífugas.
    No. (Que no se va a venir, Amaury Pérez, deja ya de vociferar caprineces) Pero no, no son náuseas.
    Es un acceso de tos.
    Eso que era todo tan azul se ha ofuscado de repente en tos, tos, tos.
    Tos, tos, tos.
    ¡Tos! ¡Tos, tos! ¡Tos!
    Tos

    porque en sus manos, estentóreo, incapaz de hacerla venir, se divisa una luz que es rojiza.

  24. jero Says:

    (errata)

    Mil disculpas, mi texto “Cardumen” incluye un link a la version html hecha por google de un archivo PDF original del sitio web de la asociacion de criadores de vacas “usjersey.com”.

    Desafortunadamente, dicho link contiene un error (le falta un caracter).

    El link correcto es este:

    http://72.14.235.132/search?q=cache:_sdq8h7gVwsJ:www.usjersey.com/Reference/lowriskspanish.pdf+bajo+los+rasgos&cd=5&hl=en&ct=clnk&client=firefox-a

    abrazos y cuidate mucho

  25. Adrián Boyero Says:

    EL VIRUS NO ME PERTURBA

    Margarita no quiso esperarme, sabía que no puedo entrar a los elevadores y sin embargo no quiso acompañarme a las escaleras. Además, regresé a mi lugar para revisar que la computadora y la impresora realmente se hubieran apagado y creo que eso le molestó. Vi que aceleró sus pasos alejándose de mi, pero no quise rogarle de nuevo que aguantara un poco, que enseguida estaba con ella.

    Las mujeres y las máquinas me dan problemas. “Inicio, apagar y aceptar”. Son tres clicks para “apagar” y cuatro para “reiniciar”. Yo di tres clicks, estoy seguro, pero a veces pienso que cuando me volteo las máquinas reinician solo para burlarse de mi. A Margarita no puedo apagarla ni reiniciarla, sus burlas son inevitables, pero es la única en quien confío en la oficina, y aparte vive solo a tres cuadras de mi casa y pasa por mi todos los días. De no ser por ella tendría que usar el colectivo y yo no soportaría a tanta gente, a tantas personas distintas que jamás he visto antes en mi vida. Lo bueno es que en la oficina solo somos quince, nada más cuatro en mi área, y han pasado meses desde la más reciente contratación. Si no fuera por los requisitos del Lic. Landeros esto parecería banco en día de paga, como cuando Lucía Camacho era jefa de RH, entonces reclutaba a cada rato bastantes muchachitos inexpertos que cualquiera nos creería campus universitario en tiempo de matriculación. A veces pienso que Bruno Landeros se ha contagiado un poco de mis obsesiones, por eso me cae bien. Bruno y mi jefe sí me respetan, los demás solo buscan ridiculizarme.

    Volví a mi estación de trabajo y decidí mejor desconectar todo del regulador porque me di cuenta que seguía prendido un foquito del monitor. No es un simple fin de semana, que ya son difíciles, ¡serán cinco días de asueto, cinco!, y pensar que no podré retornar cada mañana a la oficina me preocupa. ¿Qué va a pasar con todos mis pendientes?. Estoy angustiado. Nunca he sabido manejar pequeños cambios, mucho menos estas medidas radicales. Solo la limpieza me reconforta. Ahora todos se asemejan un poco a mi y eso me reanima en algo. Hoy parezco normal. Ya no soy el único que lava sus manos cada media hora hasta por 20 segundos. Hay que contar, si no no sirve. El doctor dice que no se explica mi recaída porque los últimos meses la medicación había funcionado muy bien. Creo que mi serotonina no se conforma con los mismos antidepresivos. ¿Será que las obsesiones también mutan? Tal vez necesito más Litio y el Doc no quiere verme sino hasta el miércoles. ¡Qué voy a hacer!.

    “Marga la amarga”, como le digo cuando me enojo con ella, es una mujer impaciente, ¡qué le costaba venir conmigo!. Por su culpa me encontré solo con Horacio Leyva y tuve que abrazarlo de nuevo. De haber venido conmigo, Horacio se hubiera concentrado en Margarita, dicen que “está muy buena” pero yo no me fijo en eso, entonces no me pondría cuidado como siempre. Ya bastante fue la fiestita que armaron por su cumpleaños y por ser día del niño. ¡No podrían ser más infantiles! Desde que estoy aquí, y ya son tres años, he festejado más que lo que celebré en 21, pero lo peor vino cuando repartieron el pastel. Mi trozo era cuadrado, sí rectangular, y no pude soportarlo. Apenas me lo dieron comenzó un pequeño temblor en mi mano derecha. Tuve que sostenerla con la izquierda. Los pasteles circulares se cortan en sectores circulares, ¡qué acaso no lo saben!. Agradecí que la gula de Margarita me alejara de aquel grotesco postre.

    Tan pronto salí a la calle un soldado me entregó un cubrebocas dentro de una bolsa de plástico sellada. La abrí y me lo puse y pude respirar aliviado. Ojalá la influenza no se vaya nunca, al cabo nunca salgo más que para venir al trabajo. Así morirían los sucios, y yo pulcro como siempre lo he sido, sobreviviría.

    ¿Pero dónde está Margarita y su auto?. Margarita no ha querido esperarme. Sé que no puedo alcanzarla, pero la influenza lo hará.

  26. rocamadour Says:

    Souvenirs de una pandemia
    En el transcurso de la semana se manejo la información que muchas veces era confirmada y luego era contradicción. Entonces el pánico sucedió los primeros dos días y aun enfrentándonos a una situación de extrema gravedad para el miércoles la llave se había cerrado bastante y el pánico había disminuido, hasta que se declaro Pandemia. No es novedad, hay una relación directa – que podría llamarse manda – entre el medio masivo de mayor alcance y el comportamiento de la nación. No lo menciono para restarle importancia a lo que sacudió el mundo, sino para entender el papel de público cautivo que nos ha tocado jugar, desde esta situación hasta la mas trivial , y que no solo por tener asignado este rol cautivo, pasivo es obligatorio aceptarlo, mas bien es necesario explorar todas las fuentes de información posible.

    De cuando en cuando es bueno enfrentar este tipo de situaciones, donde es difícil entender la discriminación y aceptar las puertas cerradas de países vecinos, digo que es bueno, por que ciertamente no somos el país mas rico ni el mas poderoso, pero si somos capaces de compartir todos los recursos que tengamos a la mano. Tal vez no sea mucho pero si es todo. Nos movemos por una fe que no puedo explicar totalmente, que cree en la buena intención del hombre y que se justifica con el corazón, con el mas grande. Si, como en cualquier lugar existe de todo, pero eso no rige a la mayoría de los mexicanos. El acertado jingle de Bimbo: Este es mi país y esta es mi gente, gente buena que trabaja, que lucha y que siente.

    Y justo ahora cuando la Influencia ya ha sido amada y odiada, cuando ya ha sido declarada emergencia nacional y también material explotable para los chistes que acompañan las reuniones – las que no deberían de llevarse acabo – y las cadenas, diestra y siniestra saturan el correo.
    Justo ahora, una semana después, cuando el riesgo ha bajado considerablemente, cuando las empresas “socialmente responsables” tienen televisión, radio y prensa saturado de mensajes y medidas orientadas a la enfermedad, cuando al menos podemos rescatar los que seguimos trabajando la vida sin trafico por unos días y así compensamos un poco al escuchar a todos los que dicen estar aburridos y odiando las vacaciones. ( Levanto la mano, cambiemos lugares)
    Ahora, se ha presentado recursos humanos repartiendo un tapabocas estilo industrial, el cual tiene un gran inventario y podemos cambiar cada dos días.
    Justo ahora, tenía mucho sueño y sed por el calor, cuando voy en busca de café y un vaso de agua no encuentro ningún recipiente en dos de los pisos de la compañía, regreso a mi lugar para leer un mail que se titula Boletín Preventivo, se han retirado todas las tazas y vasos para evitar la propagación.

    Me ha inspirado a escribir y sin intención de ser grosera, gracias, nos hemos educado hace una semana.

    Un par de tapabocas , un bote desinfectante, nuestro descanso, los días en casa, el pánico, el hastío del tema, de los chistes que fueron creados en mayor cantidad, mas efectivos, con mayor ingenio, mas nocivos y mas desagradables que las campañas de todos los candidatos del estado, el camino en picada de los pequeños negocios y el exagerado crecimiento los grandes, que en cuanto termine esta sensación, también sera camino en picada, el futuro, el enfrentamiento de México ante una pandemia y la crisis mundial, los estadios vacíos, la ciudad que es lo nunca fue, la conciencia e innumerables imágenes y lecciones que recordaremos y aprenderemos.
    Los souvernirs de una pandemia.

  27. Elizabeth Salomon Says:

    Campos vestidos de verde,
    recuerdos de un tiempo marchito
    perdido en olvido,
    en la indiferencia de viejos amigos,
    de viejos amores.
    Un tiempo perdido.

    Y yo muero en la sombra
    de la luz quemante que oculta esta tumba,
    hermosa, mas tumba.
    Es tumba de sueños,
    propósitos muertos,
    fantasmas que asoman y creo que son reales.

    El paraíso es tumba.
    El Edén que vio nacer la vida, hoy la oculta.
    Y me siento tan sola siguiendo un fantasma,
    un bello fantasma vestido de verde,
    manchados de verde sus pantalones,
    su ropa blanca, sucia de tierra,
    de tierra fértil que produjo ideas,
    que ha dado belleza y sueños y amigos,
    la vida y un muerto…
    ¿Por qué sólo yo he muerto?
    ¿Por qué me niego a salir del entierro?
    ¿Por qué me niego a creer que es fantasma,
    a creer que es vano lo que sigo queriendo?

    Fantasma vestido de verde,
    de hermoso tono de verde asoleado.
    Luz que enceguece,
    luz que consume,
    tumba que nace,
    sueño que muere.

  28. Rojo Says:

    Había dos formas de escapar y él no sabía como hacerlo, la primera de ellas era buscar una cura y continuar la vida que tanto le había dado, la segunda, aunque menos optimista se balanceaba en su mano izquierda, zurdo por naturaleza, siempre lo habían visto raro en la escuela, cuando era pequeño sobre todo las maestras que lo obligaban a escribir como los demás niños, los “normales”, este recuerdo se le quedo clavado lo suficiente para tenerlo tan claramente. En aquellos años de escuela tendría 11 cumplidos cuando les dejaron leer sobre la epidemia que había azotado al mundo allá por los 1910- 1920´s y que en menos de 3 meses ya le había dado completamente la vuelta al mundo matando a millones, se sintió parte de la narración tan clara y detallada: de los ataúdes tirados en la calle a los cuales les escurría sangre por no estar bien sellados, los muertos apilados en las calles porque las carretas que los recogían no se daban abasto, los más pobres que tenían que envolver en sabanas o petates a los suyos. La imagen final de la sintomatología siempre le venia a la mente de aquella lectura lejana pero que se había vuelto recurrente en sus pesadillas, cuando las personas presentaban hemorragia nasal era el fin, no había cura, hoy, sentía que se hacia realidad ese sueño.

    Recargado en la pared y sin esperanzas el sudor recorría su cuerpo, como odiaba el sudor, siempre sufría a cualquier aumento de temperatura, sudaba demasiado y casi siempre lo ponía de malas el calor, y que decir ahora que todo su cuerpo emanaba lo que mas odiaba, la fiebre aumentaba, sus ojos rojos vidriosos dejaban ver claramente las escenas, la gente corriendo otros gritando, otros peleando por lo elemental, no tenia miedo a eso porque creía que era parte de su mundo generado por sus pesadillas cuando le daba fiebre, como amaba esas pesadillas, hasta lo gozaba, siempre que tenia temperatura y despertaba al primero que se encontrara le platicaba sus pesadillas, cuando no las escribía para llevar un registro, de vez en cuando volvía a ellas para sentir ese placer de nuevo. Ahora ese placer era desagradable porque era una pesadilla tan vivida que le provocaban nauseas.

    Lentamente levanto la mano izquierda y se escucho una detonación, su visión se volvió borrosa y poco a poco se resbalo rozando la pared hasta caer al suelo, su rostro se deslizo completamente hasta tocar el piso, poco a poco sentía como emanaba la sangre por la nariz, su tranquilidad se reflejaba en el rostro, el calor de su cuerpo desaparecía, el sudor ya no era insoportable, amaba esa sensación, amaba escapar, alegre y sin sentido sabia que lo había logrado…

  29. Rojo Says:

    El anterior se llam RUN…
    Saludos

  30. Yvette Serrano Says:

    Alarmala de tos, uno, dos, tres…

    Baja la alarma nacional sobre la Influenza A H1N1, pero el pueblo mexicano queda “contagiado” de miedo, dudas, enojo, apatía, problemas, un sin fin de sentimientos que rasgan aún más al País.

    El contagio I
    Los problemas económicos no se acaban, se recrudecieron tras a contingencia de salud. Lo resienten más los comerciantes. Le lloran al gobierno ya que tras el cierre de varios días, las pérdidas son incalculables. Y no sólo eso, tardarán en recuperarse, ya que irá muy despacio la confianza de la gente para salir a divertirse y a consumir.
    Los entiendo, sobretodo a los pequeños empresarios, quienes son los que más sacrifican y quienes están atorados con préstamos de la Banca, que parece que es la única que no pierde. Y para el mexicano asalariado la contingencia le trajo gastos extras, comprar tapabocas, productos de limpieza de todo tipo, agua, comida enlatada (por si se tenía que estar atrapado más día en asa), luchar en el trabajo con el patrón para que los días que por Ley no se trabajó no le sean descontados para la quincena que está por venir. Así que señor Cartens, la economía mexicana no tiene un simple resfriado, ni siquiera el virus A H1N1, está más bien con pulmonía cuata.

    El contagio II
    Las dudas y el enojo que vive en el País van de la mano. Las cifras no siguen cuadrando. Los numeritos de ir a más han bajado de manera confusa y el Secretario de Salud podría ser el menos culpable de esto. Hay que tener en cuenta que para hacer un balance nacional habría que tener gente capacitada en cada uno de los estados, en cada uno de los centros médicos, personal de salud de mejor nivel. Es sabido y en carne propia quien no ha vivido la decadencia de nuestro sistema de salud. Esto es sabido desde hace mucho tiempo. Ahora todos se asombran y se enojan por lo que estamos padeciendo. Enfermeras asustadas, falta de material para curar y prevenir, malos médicos, malos directores de hospitales, secretarios, pacientes desesperados. En los hospitales es donde se vivió la verdadera pandemia, por la ineptitud del sistema. El enojo de gran parte de la sociedad no es para menos. Pero este enojo es diario, solo que no había tocado a grandes masas y los medios no estaban tan atentos a lo que pasaba diariamente en los hospitales. ¿Cuántas gripas mal tratadas han matado a los mexicanos en los últimos tres sexenios? ¿Cuántos médicos diagnostican mal y mandan al enfermo a su casa? ¿Cuántos hospitales carecen de insumos para subsistir? ¿Cuántos secretarios de salud prefieren los reflectores que adentrarse en su trabajo real que es ver por la salud de los mexicanos? Dudas, dudas y más dudas. Enojos y más enojos.

    El contagio III
    El miedo es uno de los peores sentimientos de la humanidad. Paraliza. Y que una nación entera lo tenga, es catastrófico. Ahora los mexicanos y no estamos tranquilos. De por si…ya teníamos miedo de robos, del narcotráfico, de los políticos, de las tarjetas de crédito…y ahora se suma la gripe. Ya no estaremos tranquilos en “bola”. Eso de tener cerca de alguien será de terror y que no se le ocurra estornudar o andar con pañuelo en mano, casi merecerá el destierro. Y aunque se intente retomar la normalidad, la de vivir con políticos corruptos y checar el levantón del día, crecerá el temor, la angustia y el desprecio. Seguirán las bromas por el tema pero también la crisis emocional que ha afectado a más de uno. La hipocondría colectiva será el tema del día. Veremos en las calles al despreocupado, al que guarde distancia entre los otros, a quien porte su cubrebocas y ande hasta con guantes. Habrá de todo…pero el miedo se acomodará entre los mexicanos un buen tiempo. Y lo peor de todo, el miedo que sentirá el mundo por los mexicanos…ese será el acabose.

    El contagio IV
    Los fenómenos de las próximas semanas serán muy intensos. Ahora sí iniciarán los reclamos, reales o políticos. Vendrán los números de la economía fracturada y casi en coma. Las escuelas del País estarán en el ojo del huracán esperando que cumplan con las órdenes de higiene impuestas por el Gobierno. Los centros de entretenimiento (restaurantes, cines, teatros, gimnasios, etc) también tendrán su labor en esta contingencia, lo cual me asombra, que le ordenen a los restaurantes estar impecables; ¿no deberían estar siempre así? ¿No debería estar espaciado el lugar donde uno come? Ahora parece que todo es nuevo para estos lugares. Los cambios en al higiene del mexicano también estará en la mira. Que no solo el miedo nos obligue a ser limpios. Doctores, funcionarios y el Presidente, estarán en el banquillo, esperando la crítica. No espero que la tomen para bien. Pero si espero que sea con fundamento. Mientras que no se contagie la apatía, otro mal que podría ser letal. Que pase todo y quede solo en la historia. Que se vuelva al ir y venir sin ningún agobio social. Tuvimos la suerte de evidenciar de manera global el sistema de salud…es tiempo de aprovechar y exigir, de cambiar para el bien de uno y de la sociedad en donde nos movemos diariamente…Así parecería que la Influenza no es del todo un mal.

  31. Unicornio Says:

    EL DÍA QUE ANTECEDE A LA AGONÍA…

    Amaneció un día más. Pero es un día diferente. Ya no más paseos para estirar las piernas, ni para acudir a saciar nuestra sed y compartir (aparte del agua cristalina y fresca) la cálida compañía de mis prójimos. Ahora, se siente distinto.

    Oigo a los patrones, y en sus voces advierto una tensión insospechada, inicua. Después de tanto tiempo de pasar con ellos, como en familia, se accostumbra uno a las tonalidades de sus voces. Generalmente bulliciosas y diáfanas, ahora las notamos nerviosas, molestas, pesadas como losas.

    Algo grave debe estar sucediendo. Se cubren las bocas con fragmentos de cielo, de azul celeste, y sus ojos presagian tormentas: así de congestionada y gris se les ve la mirada.

    Es como si ya estuvieran enfermos. Nosotros sabemos lo que es eso. Las enfermedades nos sorprenden en nuestros sitios de reposo, en nuestras viviendas, bueno, pocilgas, lo que no es tanto culpa de nosotros, sino de cómo nos tratan. Trabajamos y se aprovechan de nuestros cuerpos, nuestra energía y nuestras ventajas, y no hacen otra cosa que exigir cada vez más. Y dar cada vez menos. ¿Así serán con todos?

    En fin, no me puedo quejar… hasta ahora. Veo llegar a otros hombres, con un raro uniforme. Discuten con los patrones, y luego, impotentes, enojados, resignados, éstos callan y se abrazan. ¿Qué estará ocurriendo?

    Ahora recuerdo la vez que vinieron hombres parecidos, enfundados en un traje extraño. Se llevaron a mis padres, mientras rociaban alguna sustancia líquida, de olor penetrante, y después… el olvido y la orfandad. Creo que era una enfermedad, o una amenaza grave, porque aparte del penetrante aroma de la sustancia, se podía oler el miedo. Nosotros lo percibíamos. Y ahora, tiempo después, sentimos temor, porque se distingue un olor semejante.

    ¿A dónde nos llevan? Nos sacan en fila, empujando, pero ordenados. Separan a la fuerza a un compañero que tiene flujo nasal. Protesta, pero es inútil. No lo volvemos a ver. ¿Por qué tanto olor a miedo? ¿Por qué tanta alarma y sobresaltos? Si no hemos hecho nada, ¿por qué tenemos que sufrir este trato? Nosotros sabemos que nuestro paso por aquí es temporal. Todo individuo de nuestra raza lo sabe. Pero eso no nos atemoriza. Lo insoportable es este aroma, este olor, ¿olor? Hedor, más bien. Hedor a miedo y a pánico, que nos envuelve y contagia.

    ¿De qué se han contagiado? ¿De temor? ¿De ira? ¿De espanto? Porque no veo otra razón para que nos saquen así, en fila, de nuestros cálidos cuartos, rumbo a esos camiones con hombres enmascarados, para llevarnos a quién sabe dónde…

    ¿Por qué siempre nosotros, que solamente sabemos servir hasta el final?

    NOTICIA DE ULTIMA HORA. EL DIA DE HOY, MILES DE CERDOS HAN SIDO SEPARADOS DE SUS DUEÑOS Y SACRIFICADOS, COMO UNA ACCION EN CONTRA DEL POSIBLE CONTAGIO DE LA “INFLUENZA PORCINA”, EN EGIPTO. LOS DUEÑOS DE ESTOS INOCENTES ANIMALES HAN PROTESTADO, ASEGURANDO QUE ESTA MEDIDA NO SOLO ERA INNECESARIA, SINO QUE ES UNA AGRESIÓN POLÍTICA A LOS CRISTIANOS COPTOS, DUEÑOS DE LOS ANIMALES, PARA BENEFICIO DE LOS MUSULMANES, QUE CONSIDERAN AL CERDO UN ANIMAL “IMPURO” Y CELEBRAN ESTAS ACCIONES. SE CONSIDERA UNA MUESTRA MAS DE LA MANIPULACIÓN Y LA IGNORANCIA DE LAS MASAS, AL SERVICIO DE LA POLÍTICA Y EL PODER.

    SEGUIREMOS INFORMANDO…

    D.R. Proyecto-Unicornio (Capítulo Américas).

  32. Jacques el fatalista Says:

    (tal vez sea demasiado tarde, pero curiosamente hace unos días se me ocurrió escribir una especie de parodia a la 1era jornada del Decamerón. Si deseas puedes publicarla.)

    Digo, pues, que ya habían los años de la fructífera [¡ja!] Transición [¡jajaja!] Democrática [—el autor se acaba de orinar de tanto reir—] llegado al número de nueve cuando a la egregia ciudad D(e)F(lorencia), polutísima comparada con todas las ciudades de Italia [por supuesto –diría el cosmopolita- ¿Cómo comparar el 1er y el 3er Mundo?], llegó la mortífera peste que o por obra de los cuerpos superiores [o inferiores, según el tamaño del chancho y de la persona con la que se compara] o por nuestras acciones inicuas [recordad la prohibición de monseñor Norberto Rivera de ingerir carnitas durante la Semana Mayor] fue enviada sobre los mortales por la justa ira de Dios [y por la ambición de Sanofi-Pasteur] para nuestra corrección, que había comenzado algunos días antes en las partes orientales [específicamente en una granja ubicada en Perote, Veracruz] privándolas de gran cantidad de vivientes [y malvivientes, que la peste se lleva tanto ciudadanos ejemplares como lacras sociales] y, continuándose sin descanso de un lugar en otro, se había extendido miserablemente a Occidente. Y no valiendo contra ella ningún saber ni providencia humana (como la limpieza de la ciudad de muchas inmundicias [léase estudiantes] ordenada por los encargados ello y la prohibición a todos los enfermos [y no enfermos] de comer fuera y los muchos consejos dados para conservar la salubridad), ni valiendo tampoco las humildes súplicas dirigidas a Dios por las personas devotas [y dirigidas a las farmacéuticas por aquellos más realistas] no una vez, sino muchas ordenadas en procesiones o de otras maneras [¿aquelarres? ¿sacrificios humanos a Huichilobos?], casi al principio de la primavera empezó horriblemente y en asombrosa manera a mostrar sus dolorosos efectos.

    Y no era como en Oriente, donde a quien salían mucosidades por la nariz le era manifiesto signo de muerte inevitable, sino que en su comienzo nacían a los varones y a las hembras semejantemente en las ingles o cerca de las axilas ciertas hinchazones [el proceso se denomina PU-BER-TAD] que algunas crecían hasta el tamaño de una manzana y otras de un huevo [dependiendo del sexo], y algunas más y algunas menos, que eran llamadas bubas por el pueblo [el pueblo siempre con sus eufemismos, yo les digo simplemente, tetas]. Y de las dos dichas partes del cuerpo, en poco espacio de tiempo empezó la pestífera buba [las lesbianas y los hombres heterosexuales generalmente no las consideramos “pestíferas”] a extenderse cualquiera de sus partes indiferentemente [eso sí no nos gusta], e inmediatamente comenzó la calidad de dicha enfermedad a cambiar en manchas negras [pero si fueran güeritas ni protestaban, ¿verdad?] o lívidas [OK, me retracto de mis comentarios susceptibles y victimistas] que aparecían a muchos en los brazos y por los muslos y en cualquier parte del cuerpo, a unos grandes y raras y a otros menudas y abundantes [y yo que creía que venían por pares].

    Y así como la buba había sido y seguía siendo indicio certísimo de muerte futura [eso si que es una imagen pachequísima: la madre lactante como augurio de que desde le nacimiento tenemos firmado un pacto con la muerte… ¡hsssst! ¡güeeeeeey!], lo mismo eran éstas a quienes les sobrevivían. Y para curar tal enfermedad no parecía que valiese ni aprovechase consejo de médico o virtud de medicina alguna [¿no leyeron que el virus AH1N1 es una nueva mutación nunca antes vista?]; así, o porque la naturaleza del mal no lo sufriese o porque la ignorancia de quienes lo medicaban no supiesen por qué era movido y por consiguiente no tomase el debido remedio, no solamente eran pocos los que curaban [aunque el secretario de Salud diga lo contario] sino que casi todos antes del tercer día de la aparición de las señales antes dichas, morían.

    Y esta pestilencia tuvo mayor fuerza porque de los que estaban enfermos de ella se abalanzaban sobre los sanos con quienes se comunicaban, no de otro modo como hace el fuego sobre las cosas secas y engrasadas cuando se le avecinan mucho [otra forma de verlo es que los enfermos querían que los sanos disfrutaran también de los amorosos cuidados y atenciones de una enfermera malencarada y malhumorada]. Y más allá llegó el mal: que no solamente el hablar y tratar con los enfermos daba a los sanos enfermedad o motivo de muerte común, sino también tocar los paños o cualquier otra cosa que hubiera sido tocado o usada por aquellos enfermos [por eso la recomendación de lavarse las manos frecuentemente]. Y asombroso es escuchar lo que debo decir, que si por los ojos míos propios [y se quejan del “oríllese a la orilla” y del “suba para arriba”] no hubiese sido visto, apenas me atrevería a creerlo, digo que, estando los despojos de un pobre hombre muerto de tal enfermedad arrojados en la vía pública y, tropezando con ellos dos puercos y, como según su costumbre se agarrasen y le tirasen al hombre de las mejillas [ojo por ojo y… buche y nenepil por buche y nenepil], un momento más tarde, tras algunas contorsiones y como si hubieran tomado veneno, ambos a dos cayeron muertos en tierra sobre los maltratados despojos [¡vaya! ¿quién pensaría que los taquitos de homo sapiens sapiens le causan empacho a los marranitos?]. De tales cosas, y de bastantes más semejantes a éstas y mayores, nacieron miedos diversos e imaginaciones en los que quedaban vivos [¿alguien dijo teorías de conspiración?], y casi todos se inclinaban a un remedio muy cruel como era esquivar y huir a los enfermos y a sus cosas [¿crueldad? no es más que simple precaución]; y haciéndolo cada uno creía que conseguía la salud para si mismo.

    Y había unos que pensaban que vivir moderadamente y guardarse de todo lo superfluo [algunos le llamamos pobreza extrema] debía ofrecer gran resistencia al dicho accidente y, reunida su compañía, vivían separados de todos los demás. Otros, inclinados a la opinión contraria, afirmaban que la medicina certísima para tanto mal era el beber mucho y el gozar y andar cantando de paseo y divirtiéndose y satisfacer el apetito con todo aquellos que se pudiese [algunos les llamamos también cerdos-capitalistas-burgueses-hedonistas]. Y en tan gran aflicción y miseria de nuestra ciudad estaba la reverenda [pendeja] autoridad de las leyes, de las divinas como de las humanas, toda caída y desecha por sus ministros y ejecutores que, como los otros hombres, estaban enfermos o muertos [se vale soñaaaar…]. Muchos otros observaban, entre las dos dichas más arriba, una vía intemedia ni restringiéndose en las viandas como en los primeros ni alargándose en el beber y en los otros libertinajes tanto como los segundos, sino suficientemente, según su apetito [según Dante, los lugares mas calientes del infierno están reservados para los indecisos y para los vacilantes, asi que deciden… o deciden].

    Algunos eran de sentimientos más crueles [yo diría prácticos] diciendo que ninguna medicina era mejor ni tan buena contra la peste como huir de ella; y movidos por este argumento, no cuidando de nada sino de si mismos, muchos hombres y mujeres abandonaron la propia ciudad, las propias casa, sus posesiones y sus parientes y sus cosas [¿escuché acaso Acapulcazo?], y buscaron las ajenas, o al menos el campo. Si yo pudiera contar todo lo que mis ojos presenciaron, ¿oh cuántos memorables linajes, cuántas famosas riquezas se vieron quedar sin sucesor legítimo [aquí viene Marcelo y su Ley de Extinción de Dominio]. Cuántos valerosos hombres, cuántas hermosas mujeres [creo escuchar los animados pasos de un necrofílico], cuántos jóvenes gallardos a quienes no otros que Galeno, Hipócrates o Esculapio hubiesen juzgado sanísimos, desayunaron con sus parientes y amigos, y llegada la tarde cenaron con sus antepasados en el otro mundo…

    Finalmente, otros decidieron que la mejor solución eran el enclaustramiento, y se preparon para vivir en el ostracismo hasta que la peste cediera [o hasta que se terminaran las maruchan, lo que sucediera primero] y, pensando que lo mejor forma para matar el tiempo sería [sin contar claro, saludarlo de mano o de beso] contando una historia, se decidió que cada nueva jornada uno de los enclaustrados compartiría un texto con los demas. La peste cedió [o eso dice el Secretario de Salud] antes de la siguiente luna, pero los que se decidieron por el encierro, estuvieron tan a gusto que se quedaron contando, recitando y escuchando, cien días con sus noches, de modo que cien historias fueron contadas en aquellos días en que la peste azotó la ciudad.

  33. Mario Waits Says:

    La influenza en el cine

    Se me ocurre ir al cine con las normas de contingencia debidas a la influenza, por lo que había de dejar dos asientos y una fila vacía para disfrutar de la película, ni modo, no había forma de robarle los pistaches ni las pepitas a ninguna despistada, además el menú (de la cartelera) no era muy apetecible. Había una colombiana, de hecho si hago memoria, la única buena peli de ese país sería La virgen de los sicarios basada en la novela homónima de Fernando Vallejo, pero aun así decidí correr el riesgo y aposté por Paraíso Travel del director Simón Brand.

    El filme viene con un delicioso soundtrack encabezado por Fonseca, no sé si lo recuerdan por la rola Te mando flores, y algunos actores mexicanos hacen su aparición en roles secundarios como la autonombrada nueva Salma Hayek: Ana de la Reguera quien aunque no lo crean se atreve a cantar (a pujar diría yo) y el chile de todos los moles Jesús Ochoa.

    El reparto principal lo forman por supuesto actores colombianos como Aldemar Correa y Angélica Blandón pero la que se roba la cinta con su actuación con sólo dos breves escenas resulta ser la quasi cincuentona pero todavía apetecible Margarita Rosa de Francisco gracias desde luego a la bien llevada dirección más que a sus dotes histriónicos, para los que suelan ver telenovelas pueden ubicarla como la protagonista de Café con aroma de mujer.

    Se trata de un movie road, braceros al estilo colombiano, el director por medio de flash backs nos muestra los padecimientos para llegar a Nueva York de una pareja, a quienes luego de dorarles la píldora se les hace creer que serán transportados por una agencia de viajes llamada precisamente Paraíso Travel la cual luego de cobrarles una fortuna en dólares, les lleva en avión sólo hasta Guatemala y de allí aterrizan a la realidad no de ir en segunda sino en quinta clase, deben cruzar el Río Suchiate a nado y sufrir veinte mil penurias más, para luego atravezar por Reynosa la frontera rumbo a su otro paraíso, la ciudad de los rascacielos ya sin sus mellizas torres.

    Al menos los emigrantes mexicanos saben decir yes y thank you, pero los colombianos no llegan ni a eso por lo que después de instalarse en un cuartucho el protagonista sale del edificio, mas lamentablemente se extravía, luego de su separación, se convierte en una película de búsqueda pero sólo por una de las partes, aunque la otra también busca a otra persona.

    Si tienen oportunidad de verla se las recomiendo, no es la octava maravilla del mundo pero tiene algunas sorpresas, un final abierto y una grata forma para acercarnos al cine de ese país, por lo pronto le doy tres estrellas de calificación.

    ***

  34. Dra. Lewis Says:

    La calle estaba apenas iluminada por unas cuantas farolas. La silueta se deslizó sigilosa hasta alcanzar el edificio de dos plantas. El velador no representaba un riesgo, pues apenas había entrado al quinto sueño. La intrusa permaneció unos minutos en las escaleras. Le gustaba sentir el peso de la adrenalina.
    Si todo salía bien, la recompensa sería jugosa. Así se lo había prometido la persona que le contrató. En definitiva: no podía darse el lujo de fallar. Dudó por unos segundos. Al fin tomó una decisión. Se encaminó hasta el departamento número equis. Llegó hasta su puerta; no traía llave, ni la necesitaba. Entraría por la ventana. Él siempre la dejaba abierta y esta vez no fue la excepción.
    Se introdujo con agilidad. De pronto la invadió un pensamiento aterrador: quizás él no se encontraba en casa. El tipo era de hábitos nocturnos. Sus cavilaciones se vieron súbitamente interrumpidas por unos sonidos demoledores. Eran ronquidos. Esta era la confirmación que ella esperaba. La hora había llegado. Suspiró.
    No quiero errar. Mi puntería siempre ha sido buena. Que no falle, por favor.
    Un paso. Dos. ¿Cuántos fueron? No los contó. Le preocupaba sobremanera la posibilidad de tropezar con algún mueble y hacer ruido. La puerta de la recámara estaba entreabierta. Entonces lo vio. Dormía profundamente. Necesitarían repicar una campana encima de él para despertarlo. Ya estaba lista para la estocada final. Se colocó a unos centímetros de la cabeza del sujeto. Lentamente bajó la suya… y lo besó.

  35. rostizado Says:

    Continúan los correos alusivos a la falsedad de la pandemia, los muertos no salen por televisión ni sus familiares, lo que hace mas creíble los rumores crecientes que clavan dudas en el grueso de la población.

    En el norte de la Ciudad de México, se aprecia mas miedo y compras de pánico que en las colonias populares, En los cinturones de pobreza extrema la situación sigue igual, los niños que revisan la basura buscando comuda o al go para vender, lo hacen igual que ayer y que antier y que un día antes.

    La vida continúa y la gente a dejado paulatinamente de usar tapabocas o mejor dicho cubrebocas; En le metro, bostezan algunos cansados, otros aburridos, se sube un chavo de unos 17 años y comienza a rapear ayudado de un pequeño bafle, menciona en su canción, al gobierno corrupto (¿hay de otro?), a la gente que permanece pegados al televisor en los reality show, las campañas políticas, la falta de dinero de los pobres, los jovenes que se drogan y roban por lo mismo, me bajo del vagón y continúo mi camino enmedio de la prisa de la gente.

    La duda sobre la existencia del virus o bacteria mutante, viaja en metro, camión taxi y trole, algunas chavitas rien a carcajada abierta gracias al piropo expontáneo de un EMO, avejentado por las cicatrices de la vida y de la calle.

    Ya en el zócalo, un grupo de gente observa la danza de la lluvia de los antiguos campesinos disfrazados de moctecuzoma y de brujos limpiadores de los malos espíritus que se abocan a ganar algunas monedas para el chivo.

    La gente a mi alrededor permanece silenciosa ante los cánticos que pretenden imitar las melodías hollywoodenses en las películas de nativos; solo se apartan instintivamente y de forma atropellada, cuando involuntariamente dejo escapar un estornudo salpicón, que me obliga a huir del lugar, antes de que la policia secreta vestida de civil aceptada por el congreso pueda legalmente ponerme en cuarentena a mi y a toda mi familia. ¡Viva México!

  36. ELOY LOPEZ Says:

    Un poco tarde porque me acbo de enterar de tu Blog y de la convocatoria. Comparto un primer post. Justo con el que inaugure mi Blog.

    Historia de un Puente inesperado

    Viernes por la mañana. Me despierta la alarma de mi teléfono. Empiezo a hablarle a la familia para iniciar el día. Mi mujer me dice “ No te enteraste ayer que los niños no van a la escuela”. Pienso: “Es por el ultimo viernes del mes, la Junta Técnica”. Pregunto que si lo cancelaron definitivamente. En ese momento, todavía medio dormido, me entero de que se cancelaron todas las clases, incluyendo las de la Universidad. Pienso que no suena mal para ser viernes y tener tiempo suficiente para ponerme al corriente algunas cosas, porque además los días estaban medio acelerados. Prendo la tele para ver las noticias pues aun lo creía. Ese fue el inicio de un largo sueño. La entrada a una película de ficción que todavía sigue.

    Una película sin guión. A cada rato nos dan uno nuevo. Justo de esas películas donde uno se duerme y la vida es de una forma y al despertar todo es completamente distinto. Recuerdo EL Efecto Mariposa No me desagrada ese sentimiento que me invade. Siempre quise estar dentro de una película. Que la vida fuera como una de esas donde los protagonistas viven una vida plana, casi aburrida y de pronto pasa algo, da un giro inesperado y entonces llega la pasión. Todo se mueve empezando por los sentimientos. La base sobre la cual estaba su vida, ahora es distinta. Es un cambio que los obliga a cambiar a pensar distinto. Replantearse la forma en que hasta el momento han visto y vivido la vida. Una sacudida interna de tal magnitud que hasta el respirar se vuelve peligroso.

    Las cosas más básicas de la vida están amenazadas. Saludarse, no importa con quien, puede ser peligroso. La costumbre del beso empieza a ser cosa de alto riesgo. Las cosas básicas del diario vivir se mueven. Las manijas de las puertas pueden resultar peligrosas. Lavarse las manos varias veces es vital. Antes sería visto como una manía. Hoy nos piden que todos seamos un poco maniáticos. Exagerados con la limpieza. Esa será la clave de sobrevivir. Estornudar es casi visto cómo algo que nos pone el peligro a todos. El virus, dicen, se transmite de forma fácil. La calle empieza a ser un lugar para los arriesgados y los locos. Las personas empiezan a usar tapabocas, guantes y a evitar el contacto humano. Una cosa muy rara ha logrado movilizar a la Ciudad más poblada del planeta. Por fin alago parece que nos pone de acuerdo. No saludar a nadie.

    Los lugares de reunión empiezan a cerrar. Los cines son lugares peligrosos donde el virus se puede expandir de forma fácil. Los cafés empiezan a ser lugares donde resulta peligros estar. Cualquier lugar donde acostumbre reunirse gente es peligrosa, más si en ese lugar se puede pasar horas y horas platicando o tocándose. Los restaurantes empiezan a trabajar a la mitad. Sólo comida para llevar. Hasta que por fin cierran de forma definitiva. Sin cines, restaurantes y cafés el lugar obligado es la casa. Las únicas personas con las que uno tiene permitido estar son la familia. El único lugar, que hasta el momento, es el más seguro es la casa. Ya todos juntos en casa y ahora una cosa nueva. Tiembla. Ahora si, literalmente la tierra se nos mueve. El suspenso continúa.

    Hasta aquí a las personas apenas les empieza a caer el veinte. No se puede obligar al cerebro a pensar que las cosas están mal si todos estamos vivos. La amenaza no se vislumbra, no se ve clara. Estamos acostumbrados a que si pasa alguna desgracia tenemos que ver edificios caídos, gente muerta, sangre. Cosas que nos consten. No tenemos la costumbre de prevenir y eso hace que el cerebro no conecte una cosa con otra. La tensión sigue y el nuevo guión es quedarse en casa con la familia. No salir.

  37. ELOY LOPEZ Says:

    Este es un segundo Post que comparto. Es sobre el mismo tema. Espero sirva para llegar a los 100.

    Viernes 1 de Mayo

    Hoy se cumple una semana de la noticia. Justo llega otro Puente. Éste si oficial y previsto en el calendario. El Día del Trabajo, que justo se festeja no trabajando. Oficialmente no vamos a trabajar. Eso parece que relaja un poco la tensión que aparece en el panorama. Ya cuando el descanso estaba previsto la culpa mental deja de existir. La noticia, la sugerencia o la orden es quedarse en casa en estos días. No salir. Arreglar los problemas que estaban pendientes con la familia. El Mandamás dijo que aprovecháramos estos días para hacerlo.¿Se podrá? Digo, arreglar las cosas con la familia en una especie de psicoanálisis grupal. Parece lo más fácil del mundo.

    Esa es la verdadera amenaza, esperar salir vivos de la convivencia con la familia. Esa es la verdadera prueba de fuego. La obligación de convivir con la familia. En ésta situación, éste núcleo humano es lo que en realidad está a prueba y no el individuo. Saber si en realidad la familia es una fortaleza o una debilidad del individuo. A esperar los resultados.

    Siempre se nos ha dicho que la familia es el núcleo de todo. Que siempre estará ahí cuando se le necesite, que los padres, los hermanos, hermanas es lo mejor que podemos tener. Que siempre nos querrán y apoyaran. Si uno necesita algo muy importante, la familia es el lugar a donde acudir. Tengo mis dudas al respecto, en realidad conozco muchas personas a las cuales su familia les ha causado el mayor daño; conozco a otras que su familia ha sido en realidad una fortaleza y un punto importante de apoyo para ser los que son.

    Afortunada, o desafortunadamente, no podemos generalizar. En lo personal ,me gustan mucho las familias y más las numerosas. Soy parte de una de ellas. El octavo hijo de nueve. Con el tiempo, he comprobado que esto puede ser una ventaja y una desventaja al mismo tiempo. Difícil discernir la diferencia y saber cuándo se convierte en una y cuándo en otra.

    Las personas estamos obligadas a convivir. Obligadas a hablar los unos con los otros. A usar el lenguaje hablado como medio de comunicación. A platicar con los miembros de nuestra familia. A desayunar juntos, con calma y sin prisa de ir a un lugar. Lo que sigue, después de comer, es platicar. Preguntar ¿Cómo estás? Y estamos obligados a escuchar la respuesta. La prisa desapareció, hoy no hay pretexto, hay que escuchar. Nos debemos enterar de los que piensa y siente la otra persona. Estamos obligados a ponerle atención. Lo que puede pasar es que la terminemos de conocer. La sobremesa se vuelve obligada.

    Es una época para regresar a la forma más fácil y sencilla de comunicarse. Hablando. Es una costumbre que estaba quedando en desuso. La tecnología era un pretexto. El Internet, los celulares, y demás medios que sirven para comunicar a las personas, estaban terminando por alejarlas. Hoy ya se puede enviar un correo electrónico, un mensaje escrito o llamar por celular a las demás personas. Justo eso se hacia para estar más tiempo en contacto. Cuando ya las personas se ven , “en persona”, parece que ya no tienen nada que decirse. Ya todo se lo dijeron en el mensaje, en la llamada o el correo. Ya todo estaba dicho. La palabra escrita estaba desplazando a la hablada. Con el tiempo, hablar se volvería una forma rara de comunicarse.

    Al ser humano se le debe enseñar a hablar. No es algo que aprenda con el tiempo. Sino le enseñan, puede no hablar nunca. Es una forma de comunicarse que no es natural para el humano, no viene en sus genes.

    Justo el Internet y demás tecnologías están pasando una prueba de fuego. Están sirviendo para que la gente siga trabajando y estudiando y comunicándose con amigos o personas. Están manteniendo la economía a flote. Las personas pueden trabajar desde su casa, mantenerse en contacto con sus amigos y todo el exterior, sin riesgo de contagio. Lo virtual está resultado lo más seguro y, al mismo tiempo, lo más productivo y sencillo para mantener amistades y estar en contacto con la familia lejana. El crédito que ha recibido es poco. Ha probado su efectividad y aun así no obtiene reconocimiento.

    Esperemos que la prueba de fuego, de convivir, podamos pasarla. No importa si es con una calificación mínima o con una sobresaliente. Creo que lo más importante es pasarla. El tiempo dirá. Esperemos ser de los sobrevivientes.

  38. Palomilla Apocatastásica Says:

    Infoxicada

    Luego todo pasó como una pesadilla. Primero, demasiado ruido. Las fuentes noticiosas saturadas, El pueblo, Tiempo, Omnia, Segundo a Segundo, Entre líneas, El País, Reforma, Le Figaro, New York Times… sabe cuantas fuentes más.

    Allá abajo, los cubre bocas, tan azules como siempre. Una ola de faxes contradictorios.
    Luego nos declaran inmunes gracias a el Srio. DLT, gracias, los faes tienen susto, yo tengo una falta.

    Radio silencio, cifras de más o de menos, según sea el caso. Ahora nada, las imágenes agotadas, junto con el amarillismo. Alguna nota aislada, sin gel antibacterial ni toallitas de cloro.

    Ahora nada, sólo el calor de Mayo, como cada año y una resaca de infoxicación.

  39. ELOY LOPEZ Says:

    Lorena,

    Aquí dejo otro posts que puse en mi blog el 2 de mayo sobre el mismo tema. Espero sirva para llegar a la meta.

    El Rechazo.

    El precio de ser mexicano y además Chilango

    La siguiente parte de ésta película: El Rechazo.

    En diferentes partes del mundo ya se empieza ver a los mexicanos como signo de enfermedad, de amenaza para las personas locales, de ser un potencial portador de algo peligroso. Desde que se llega al extranjero al ver el Pasaporte se obtiene la primera desaprobación. Algunos países han dicho que no hay problemas con los mexicanos, otros de plano dicen “qué mejor ni vengan”. Japón ya pide Visa para entrar. Cuba, Colombia, Chile, Argentina o otros países “hermanos” ya han mostrado su rechazo a que los visiten o a que los suyos visiten México. Eso dicen las noticias.

    Nadie se salva. Artistas, Futbolistas o Beisbolistas todos están parejos. Si eres mexicano eso basta. Si eres artista, no importa si eres Los Tigres del Norte y el país es Honduras, tienes que pasar una revisión. Si eres futbolista y de Las Chivas, seguro eres mexicano de eso no hay duda. Si eres del San Luis peor todavía, otro lugar donde empezó todo esto. Un lugar señalado. Artistas de otros países que no quieren venir a México a promocionar sus películas. El de X-MEN, un ejemplo. Artistas o deportistas de acá que no son aceptados en otros países. Equipos completos que son rechazados y hasta se quiere sacar de algunas competencias en Sudamérica.

    Honk Kong declara alerta por que detecto a un mexicano infectado. Están buscando a todos los pasajeros que venían con él. El guión de ésta película parece que ya se había escrito. Las referencias a ciertas películas son muchas. Epidemia es una de ellas, donde no se sabe quién es el infectado y todos desconfían de todos. Pero esto es realidad. El sueño continúa. Las noticias siguen llegando.

    No sólo en el extranjero son rechazados los mexicanos. En México también. Hoy más que nunca ser Chilango es un peligro, una amenaza, una enfermedad. Noticias de carros que apedrean. Que les gritan que se vayan. No importa si es en Acapulco o en cualquier parte del país. Parece que hoy se hace más latente aquel viejo dicho de “Haz patria y mata un Chilango”. Los que se ven afectados le llaman discriminación, los que lo hacen dicen que es por seguridad. En estas situaciones de tensión el ser humano saca su verdadero ser. No hay pretextos lo que se diga se dice de verdad. La amenaza es el pretexto. En esta situación parece difícil guardar la calma y ser objetivo.

    Otra cosa parece estar ahora a prueba la Tolerancia y una característica mundial del mexicano La Solidaridad. De ambos lados es importante. La capacidad de ver el pastel completo y no sólo la parte de la rebanada que me toco. Si soy de los afectados me siento víctima, si soy de los de afuera con el derecho de segregar. Aquí todos reparten culpas. Pocos se dan cuanta que sirve de poco culpar a alguien. El siguiente podría ser un miembro de la familia y entonces ¿qué haríamos? Ponerse en los zapatos del otro es muy importante ahora.

    La identidad y el orgullo de ser mexicano también parece estar a prueba. Habrá quienes teniendo doble nacionalidad usen otro Pasaporte para entrar a otro país. Habrá quienes siendo Chilangos lo nieguen. No ocultar la verdadera identidad hoy y mostrarse orgullosos de ser lo que se es ayudará. No a combatir algo, pero si a la propia identidad.

    La raza humana siempre ha buscado a quién culpar de sus desgracias, parece que hoy no es la excepción. Eso les ha dado cierta tranquilidad. Si ya sabes quién es el culpable, ahora hay que matarlo y se acaba todo. Hay la oportunidad de cambiar la forma de pensar. Debemos aprovecharla para poder evoluciona. De un lado y de otro valdría la pena intentar ver las cosas distintas. Se ve difícil porque las cosas han ido avanzando, hasta el momento, de la misma forma que siempre.

    El guión de esta película parece no ser original, más bien parece una variación o un refrito de otro. Pero el final no parece ser distinto. Nadie sabe a ciencia cierta qué pasa y todos quieren darla sensación de que si lo saben. En estos caso no importa tener o no la razón lo que importa, creo, es que aprovechemos la oportunidad de hacer las cosas de distinta forma. Si lo hacemos así podemos obtener resultados distintos de los que ya conocemos. Obviamente no sólo esperar que sean distintos sino mejores.

  40. Jacques el fatalista Says:

    Vil plagio, ¡ejem! Paráfrasis sobre la epidemia:

    Y cuando despertó, la enferma todavía estaba allí…

  41. Miguel Velasco Says:

    Al Instituto Federal Electoral y Estatales,
    A los Partidos Políticos del sistema democrático mexicano,
    A nuestros Representantes en las Cámaras,
    A los Gobiernos Federal y Estatales,
    A los Mexicanos y Redes Sociales,
    A los periodistas, analistas y académicos que abogan por el NO al Voto en Blanco:

    ¿Por qué no debería votar en blanco? (Solicitud a mi derecho de réplica)

    Les escribo tomando su constante invitación expresada a través los medios de comunicación, a debatir sobre la Propuesta Ciudadana de Anular Nuestro Voto ejerciendo un Sufragio en Blanco en las próximas elecciones del 5 de julio, haciendo con ello uso de mi Derecho de Réplica, el cual espero me respeten, ya que si bien no represento a ningún grupo o asociación, soy un ciudadano que confía en sus Instituciones y de ellas, demando una respuesta.

    Como ustedes nos han convocado fervientemente estas últimas semanas, saldré a votar el 5 de julio porque es mi derecho y obligación cívica. Como ustedes, yo también anhelo todo eso que nos mandan como su mensaje a través de los medios de comunicación, pero tengo algunas preguntas al respecto. Espero que éstas no sean respondidas con su silencio e indiferencia, pues deseo ser convencido con la razón y no con el miedo.

    Sobre nuestra Propuesta Ciudadana de Anular el Voto, he escuchado de algunos de ustedes decir que se trata de una iniciativa de la clase media nacida en la Internet, que emana de un sector educado. Efectivamente pero, ¿Acaso no es porque vivimos en un país donde la mayoría de los mexicanos no tiene acceso a la Internet o más aún, son analfabetas y no pueden enterarse de la misma o simplemente, no ejercen sus derechos civiles porque los desconocen a cabalidad?

    Para ustedes es fácil descalificar a un grupo de mexicanos cuando el resto no se ha enterado pero, ¿Qué pasaría si los ciudadanos civiles tuviéramos el mismo derecho que ustedes a transmitir este mensaje del Voto Nulo por televisión en un horario triple A utilizando por ejemplo el espectro radio-eléctrico que es un bien de la nación? ¿Creen que sólo seguiría siendo una iniciativa de la clase media con acceso a la Internet? ¿Cómo sería este movimiento si en las comunidades y pueblos donde el voto es coaccionado por “Tradiciones y Costumbres” se pudiera ejercer libremente bajo nuestra propuesta “calase mediera”?

    Cuando los escucho descalificar esta iniciativa ciudadana tachándola de excluyente, me pregunto, ¿Su mensaje acaso es: o actuamos como ustedes quieren o no somos parte de la democracia mexicana por no ser una mayoría como señalan; por ser un número “no representativo o incontable”? En ese sentido, pienso que la ciencia es muy práctica y las matemáticas les pueden ayudar a entenderlo de forma estadística la noche del 5 de julio. Les aseguro que, como narra José Saramago en su libro Ensayo de la Lucidez, no ha sido por una lluvia que en nuestras elecciones recientes destaque una marcada abstención; si no han sabido o querido interpretar ese signo, entonces nosotros, la sociedad a la que gobiernan o pretenden gobernar, tenemos el derecho y obligación de hacérselos saber, pues de otra manera ¿Acaso sólo ustedes pueden determinar dónde comienzan y terminan nuestros derechos de Participación y Organización? ¿Sólo los grupos que se manifiestan en marchas o violentamente son atendidos y no quienes en uso de los instrumentos democráticos lo expresan aun que sea mediante un medio “no contemplado y reconocido por la ley”? ¿Acaso seguiremos siendo un país donde se respeta únicamente la legalidad y no la justicia? ¿Esperan de nosotros que sólo nos sentemos a contemplar cuál es su metodología para poder expresarnos democráticamente?

    Cuando escucho decir al señor José Woldenberg, quien fuera Presidente de un Instituto Federal Electoral ciudadano en el que la mayoría de los mexicanos confiábamos cabalmente que uno debe salir a votar y elegir aunque sea al menos malo (sinc. Solórzano en la Red), o escucho decir en tono amenazante al señor Leonardo Valdés que Votar en Blanco sería quedar fuera de la elección de quienes tomarán importantes decisiones, encuentro en ellos arrogancia y mediocridad pues, ¿Acaso cuando hemos elegido a esos menos malos o hemos tomado partido por alguno a trascendido nuestra agenda de prioridades?

    Más allá de su discurso o del mío, existe una realidad en México que no ha sido atendida en su mal llamada Agenda Nacional, y es por eso y no por rebeldía que sin liderazgos ni organizaciones visibles, hemos encontrado que Votar en Blanco es nuestra alternativa para hacernos escuchar. Si somos sólo “algunos”, como ustedes nos llaman, si somos una minoría que no representa nada, ¿Entonces por qué todos los días algún medio de comunicación; algún analista, columnista o político trata el tema? ¿Por qué si somos una expresión sin valor numérico-práctico para dejar de ser una democracia hipócrita en este tema y sólo en este tema convergen todas las corrientes de los partidos políticos mexicanos?

    Su incipiente democracia maduró y con ella, nosotros, los mexicanos dispuestos a dejar el paternalismo para convertirnos en una sociedad adulta, pensante que exige resultados, pues de otra manera, la consecuencia es retrógrada y les puedo asegurar, que a pesar de que como yo, millones de mexicanos sólo tenemos tiempo para lidiar con el caos vehicular, la jornada de trabajo y los salarios de miseria, encontraremos el tiempo para cambiar nuestro destino. Ya está sucediendo y ante ello, su discurso sobra, lo que requerimos no es su atención para evadirnos sino para atendernos efectivamente.

    Como dije al principio, les escribo porque ustedes nos han invitado a no salirnos de los derechos y obligaciones que tenemos, porque ustedes nos convocan a utilizar los “medios conducentes para expresarnos” y les pregunto ¿cuáles son éstos? ¿Dónde debo ir y ser escuchado y sobre todo atendido o dónde deben ir los niños que en días recientes ha denunciado la CNDH son explotados laboralmente? ¿Cuál es el medio por el que los padres de los niños muertos de la guardería ABC, la mayoría sin acceso a Internet por no decir sus muchas otras prioridades básicas que no tienen, deben ser oídos para encontrar justicia ante un sistema que permite a familiares de gobernantes tener una guardería subrogada sin preparación ni conocimiento para atender a los menores y brindarles protección? ¿Dónde se debe parar un ciudadano vejado por el conductor de un microbús que no termina de entender que es un servidor público? ¿A qué teléfono llama un ciudadano como yo que no está de acuerdo con lo que expresa un político en la televisión y encuentre el mismo espacio para decir lo que piensa?…

    Es mentira su convocatoria ya que el único medio que tiene un ciudadano es el sufragio y éste sólo se otorga a un postulado con el que ese ciudadano converge, un postulado donde halla que sus prioridades son las de él y no las de la guerra contra el narcotráfico que ustedes mismos han permitido y solapado antes y ahora.

    Entiendo perfectamente que estas palabras irán a parar a su inbox, spam o a los ojos de un subordinado que me dará replay con un lindo mensaje mal redactado y con faltas de ortografía para todo el que les escribe, o que los medios sólo atienden y divulgan lo que vende. Comprendo que lo último en sus “debates” es pararse frente a nosotros y ser cuestionados; al menos con los candidatos que han venido a mi demarcación en campaña así ha sido: simplemente, en cuanto se ven contra la espada y la pared con nuestras demandas terminan la reunión y huyen a convencer a otros ilusos, pero cada vez encuentran menos y esa es nuestra posición.

    Hoy los que nacimos en la crisis seguimos viviendo en ella; hoy los que creímos en la “democracia incipiente” seguimos creyendo en ella pero la ejercemos y eso no cambiará con sus análisis, discursos y miedos que nos infunden con que de no votar por su partido o candidato nos quedaremos sin quien nos protejan, nos den o conceda algo que por derecho, están obligados a hacer.

    Hoy México Vive, claro que vive pero mucho más allá que su campaña de turismo: este es un signo de ello, de nuestra capacidad que tenemos para entender nuestro rol histórico sin que nadie nos tenga que venir a liderar aunque, evidentemente lo que nos falte sea eso precisamente, liderazgo.

    Así qué, ¿quién invita a quién? ¿Ustedes a nosotros o los mexicanos a ustedes? Yo creo que deberían dejar de entender el país de revés y comenzar a mirar las cosas como son: La sociedad es la que decide y su medio es el Voto, y si éste está en Blanco no es porque hagamos un berrinche clase mediero, sino porque estamos exigiendo algo, que antes de estas palabras o las suyas, ya está sucediendo, esta misma tarde, cuando salgo a la calle y estoy confiado que eso que no contarán, como amenazan, ya está contando y mucho.

    Entonces, ¿Por qué no debería votar en blanco? Dejen de ver de cara al pasado y miren hacia delante, que ahí, es a donde vamos.

    En espera del espacio para debatirlo o su sincera respuesta,

    Atentamente, Miguel Velasco Lazcano.

    P.D: La unión hace la fuerza, no es sólo una oración.

  42. FVOdontologos Says:

    FVOdontologos…

    […]Continúa el Decameron Bloggero « Lorena Sanmillán[…]…

  43. poemas para mama Says:

    poemas para mama…

    […]Continúa el Decameron Bloggero « Lorena Sanmillán[…]…

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