Muertes de dos en tres

Cuando recibí la llamada de Luis Lauro, quien solicitaba un artículo breve sobre la muerte de Michael Jackson, confirmé la noticia escuchada apenas unos minutos antes. Durante el receso del Taller de Creación de Personajes -que imparte la escritora Patricia Laurent en la Casa de la Cultura- dos de mis compañeros comentaron el suceso. No les creí. De hecho, pregunté y repregunté varias veces ¿Michael Jackson? ¿Muerto? ¿Seguros? ¿Hoy? ¿Michael Jackson? No les creí. Personajes como ésos esperamos que no mueran. Se recubren de cierto halo de inmortalidad. Están ahí, desde siempre han estado ahí, ¿cómo que se van? Y además sin avisar.
La primera imagen que me vino a la mente, fue la mía de niña cambiándole o apagándole al radio porque pasaban “Thriller”. La canción no me gustaba para nada y además duraba cerca de seis minutos; demasiado tiempo para alguien acostumbrada a las rolas de Madonna. El video me asustaba. Usar calcetines blancos y mocasines negros se convirtió en un signo indiscutible de imitación hacia Jackson, aunque éstos se debieran al uniforme obligatorio de la primaria. Caminar como él era un arte que nunca dominé. Quizá por eso no me gustaba.
Me llamó la atención recibir la noticia de su muerte en las aulas anexas. de la Casa de la Cultura. Ahí mismo me enteré de la muerte de Julio Galán. Otro personaje increíble, él sí consentido de mi corazón. ¿Dónde estaré cuando reciba la noticia de la muerte de Madonna? Desde ese instante mi vida no será la misma.
Dicen que siempre las muertes vienen de tres en tres. Por la mañana, al abrir el periódico, el fallecimiento de Farrah Fawcett me llenó de nostalgia. Siempre quise usar su shampoo, pero no contábamos con los recursos económicos para comprarlo. Su cabello y su sonrisa eran su sello distintivo. Antier falleció Manuel Saval, galán de las telenovelas vespertinas. Ignoro cómo este trío interactuará en el otro mundo. ¿Cantarán juntos? ¿Platicarán de películas? ¿Se compartirán anécdotas? ¿Se ignorarán?
Leer las noticias sobre la muerte de los demás nos hace pensar en la propia. Ante eso, nos queda la esperanza de conducir nuestros pasos con delicadeza, de tal suerte que a la hora de nuestra muerte, si alguien escribe de nosotros, escriba sólo cosas bellas. Que el recuerdo del ser humano sea mayor que la memoria del personaje.

Lorena Sanmillán

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: