La Quinta Estación frena en curva

A las 21:45 del viernes 10 de julio de 2009, aparece Natalia Jiménez en las escaleras que la conducirán al escenario de la Arena Monterrey en la gira “Sin frenos” de La Quinta Estación. La vocalista lleva un vestido blanco con vivos negros que perfila su esbelta figura, el telón ha caído a sus pies, camina con dificultad. La escoltan un par de hombres. Los instrumentos acusan la ausencia de los músicos. Las luces principales continúan encendidas. En el artículo del periódico ella dijo que se trataba de un concierto austero; quizá debemos aprender de los españoles una nueva definición de esta palabra. A paso lento pero firme, llega al centro, toma el micrófono y sucede lo inesperado. Su voz se quiebra en fragmentos que recubren la impaciencia de un auditorio al sesenta por ciento de su capacidad: “Monterrey, con toda la pena del mundo… tengo que cancelar mi concierto porque me estoy sintiendo muy mal. Me tengo que ir al hospital directamente ahora porque llevo tres días con…con serios problemas de salud…” –su rostro, del que habitualmente emanan melodías, imágenes y sonrisas, es la definición morena del dolor, una Piedad de Miguel Ángel contemporánea. Las palabras caen en el hueco exacto del oído que esperaba sus canciones para gritar sentimientos a su lado.-“… y me tengo que ir ahora mismo… me tengo que ir ahora mismo al hospital…” –Se lo repite a sí misma para poder compartirlo con el público que la espera desde hace más de media hora. Lejos de abuchearla le aplaudimos, empáticos. Si hubiera salido cualquier persona de su staff le hubiéramos recordado tres cuartos y hasta un quinto, pero a ella la escuchamos, en un silencio sólo interrumpido por algún fan efusivo que grita Te amo. Ella llora, arruina su maquillaje y no deja de tocarse el vientre. Totalmente consternada. Seca sus lágrimas con un kleenex y continúa su discurso. “Lamento mucho todo lo que habéis pasado por venir hasta aquí –seguramente se refiere al caos vehicular que siempre se forma en avenida Revolución y Calzada Madero cuando hay concierto en la Arena. Se necesita valor para dar la cara y ella lo tuvo, por eso le aplaudimos.“… y a todo el equipo de producción y demás, pero la verdad que no, que no aguanto el dolor  y espero que pronto podamos venir a hacer este concierto…y no se preocupen que sus boletos están asegurados.” Sabe contentar a los regios, eso es lo que necesitábamos escuchar para tranquilizar los bolsillos. En las pantallas avisan que el concierto no se cancela, sólo se pospone. Las emociones se incubarán hasta nueva la nueva fecha en que puedan expresarse. Lo trascendente nunca muere. Salimos de la Arena tranquilos, sin aspavientos. Afuera, la lluvia ha humedecido el pavimento, igual que las lágrimas de la Jiménez lo hicieron con su rostro. El estacionamiento en construcción sigue siendo una promesa necesaria. La crisis y el desempleo fueron factores importantes para que esta vez no comprara algún recuerdo, una taza, una gorra. Nada, de souvenir sólo me llevaría la música adherida a mi alma. Los vendedores deben vivir ahora su crisis particular. A saber si habrán recuperado la inversión con lo que vendieron antes de que comenzara la función. ¿Los franeleros devolverán el dinero? Por lo menos cincuenta pesos por cuidar el coche. Quiere boleto, le sobra boleto; los revendedores aún no terminan de contar sus ganancias o pérdidas. Ni el tiempo ni el dinero se recuperan, por eso hay que saber invertirlos. Alguien rumora que canceló porque la Arena no estaba llena, que le quedó grande el escenario. Nunca me había sucedido algo así. Esa es la frase que repetimos mientras abandonamos el recinto. Las jóvenes están felices por tener algo qué contar en su facebook o en el twitter. La gente camina en orden, por celular informan a sus contactos. A media calle, mientras tarareo tu canción, espero que vengan por mí. Me muero por besarte, dormirme en tu boca, me muero por decirte que el mundo se equivoca. Que se equivoca. Que Natalia se recupere pronto para volver a cantarte con el mismo amor, bajo la misma lluvia. Esta lluvia que hoy no cesa de fluir. Que el sol regrese pronto para Natalia, para ti y para mí.

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en el Suplemento Cultural 15 Diario el 15/07/09

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