Hazlosipuedes

Mi madre es fan de los adornos del mes de la patria. Cada septiembre le busco algo diferente para que adorne su casa que se llena de banderas, rehiletes, chinas poblanas, serpentinas y música de mariachi. Si de ella dependiera, pintaría la fachada tricolor con todo y escudo. Así festeja ella su país. Cuando yo estaba en la primaria, todo el mes de septiembre me hacía un par de trenzas y colocaba entre ellas dos listones tricolor que remataban en un inmenso moño. Huelga decir que era la consentida de las maestras y la burla de mis compañeros. Su fervor contagia. Insiste en que a la bandera no hay que llamarle La bandera, sino Mi bandera. El viernes pasado, en un puesto de souvenirs patrios me encontré con un rebozo tejido en verde, blanco y colorado y pensé que sería el regalo perfecto, pues además de ser una tejedora de vidas, historias e ilusiones, la señora sabe bordar y tejer, volcando su amor en hilo para revestir de belleza alguna mesa desangelada y cobijar las tortillas con un primoroso mantel bordado a mano.
El rebozo, es una prenda exclusiva para damas. El principal uso en México es para cargar los bebés cerca del cuerpo materno, brindarle calor y arrullarlo con los latidos del corazón, mientras las mujeres continuaban con sus labores cotidianas pues la prenda les permitía tener las manos libres. También se utilizaba para cargar víveres y utensilios en la labor, a manera de mochila. Es la mamá milenaria de las backpacks. En algunos sectores de la sociedad, actualmente se utiliza en las fiestas para complementar un traje y su uso ha pasado a ser accesorio.
Existen tejidos muy sencillos y hay algunos de seda tan finos que pueden pasar con facilidad a través de un anillo.  Hay otros más complejos. Dentro de estos tejidos existe el llamado “hazlosipuedes” que se pronuncia en una sola palabra. Esa es justamente la puntada que tiene el que le compré a Manuela. Mientras ella lo veía no dejaba de asombrarse y aunque hacía calor se lo puso de inmediato. Cuando la vi con él puesto, supe que ahí había depositado sus quebrantos. Ella alabó el tejido. Yo pregunté por qué le decían así a la puntada, aunque el nombre lleva intrínseco el significado. Entonces comenzó su cátedra sobre el tejido, en exclusiva para mi hermana y para mí. Obviamente, dada la preciada carga que esta prenda lleva, las puntadas tienen que ser firmes para que no se caiga la criatura o se le enreden las manitas entre los hilos. Es preciso tejer con maestría y así nace el hazlosipuedes, donde los hilos se entrelazan de tal forma que parecen nudos marinos, nudos estéticos. Nudos de amor y responsabilidad que al unirse forman un todo que sostiene la carga con total seguridad.
Manuela complementó su cátedra con una frase ancestral que encierra una filosofía de vida. Orgullosa de poder hacerlo, presumida en su habilidad, dijo: “Hazlo si puedes, y si no, déjaselo a las Mujeres”, dicho así, con mayúscula y alzando los pechos en actitud de soberana supremacía femenina, que buscaba denostar a la pobre mujer que no pudiera tejer esa puntada.
En este rebozo que es México, donde nos llevan cargados a punto de caer, donde nuestros dedos se enredan con los pagos pendientes, en este mes patrio, creo que ya es tiempo de sugerirle a nuestros líderes masculinos, hazlosipuedes y si no, déjaselo a las mujeres. Por el bien de México, que es el bien de todos.

Artículo publicado en el suplemento Kultur, el 16/09/09

Lorena Sanmillán

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