Desfile a rayas

No existe rivotril suficiente para apaciguar a toda la gente que acompañó a los Rayados en su festejo de campeonato. Y qué bueno, no hay nunca un motivo válido para detener la alegría. Cuatrocientos mil fanáticos, según el reporte de Protección Civil. Pino Suárez llena, de lado a lado, en una procesión de aproximadamente kilómetro y medio. Hasta Lakmé anduvo ahí. Lo mismo el domingo que el lunes en el desfile. En camioneta, a pie, en moto, en silla de ruedas, cargando su tanque de oxígeno, en carriola, en brazos, en coche, en taxi, con tenis, con zapatos de tacón, con botas industriales, descalzos, con el uniforme de enfermera, con el de obrero, con el de la escuela, con el de diario. Los hinchas de los albiazules inundaron la Macroplaza con sus cánticos, sus banderas, su pasión, sus colores, su adicción. Cantangritan en éxtasis el himno compuesto por Luis Aguilé y el Cerro de la Silla sonríe desde su magnífica presencia que enmarca este campeonato. Desde una grabación, Vicente Fernández canta una y otra vez el corrido de Monterrey y todos todos sienten en la piel el orgullo de ser del norte. Toman fotos con sus celulares, sus ífons y un fotógrafo a la antigua carga una cámara Kodak de 35 mm. Las cuatro pantallas de la macro repiten el gol de Suazo como en su momento se repitió el de “Bahía”, “El abuelo” y “El cabrito”. Monterrey está feliz. FEMSA, sin duda, destrabará lo trabado y tendrá su estadio en donde quiere.

Celebro a mi ciudad. Celebro a Reynaldo, a quien he visto veinte veces en toda mi vida y diecisiete lo he encontrado vestido con una camiseta de los rayados. Celebro a mi hermano que ya por fin se quitará la barba que lo acompañó toda la temporada. Celebro que hagan fila por un boleto para la final cuando no hacen fila por las tortillas, cuando les escuece hacer fila por las medicinas o las citas en el Seguro Social. Celebro las risas, los llantos y hasta los juegos pirotécnicos comprados con nuestro dinero, lo mismo que la señal abierta.

Coincido con Ricardo, quien señala que esta final fue muy limpia en el aspecto deportivo. Que no hubo jugada polémica, fuera de lugar, manos, goles a balón parado. Celebro lo artístico de los goles de aire. Celebro la nobleza de sentirnos felices por el triunfo de otro ser humano. Celebro las piernas del Suazo. Mi ciudad necesitaba esta alegría, en medio de este año tan complicado. Por un momento se olvida el sobre de la paga que viene cada vez más flaco y alcanza para menos. Por un momento se queda muy lejos la fila en el Monte de Piedad. Desapruebo las faltas al trabajo en lunes, por amanecer en estado inconveniente después de ir a gritar el triunfo.

Celebro el ánimo que tomarán los rayados para el resto del año y para muchos meses más. Celebro las familias unidas en medio del frío y la llovizna. Celebro la creatividad para las porras espontáneas. Desapruebo los insultos, los desmanes, las golpizas al contrario. Celebro el Palacio de Gobierno vestido de azul. Celebro los comerciantes informales que haciendo su lucha ganaron un peso. Desapruebo a los aprovechados que pretendieron hacer su agosto encareciendo los productos. Celebro la unidad. Hasta los tigres y los sultanes se vistieron de rayas.

Ojalá así marcháramos por las calles para exigir seguridad, para detener el recorte al presupuesto de CONARTE, para poner el ojo sobre nuestros gobernantes, para vigilar el asunto de los parquímetros, para pedir mejoras en la educación, para impedir la construcción del túnel en el Cerro de la Silla, para proponer otra ubicación del estadio. Ojalá así acudiéramos a la presentación de un libro, a una obra de teatro, a un concierto de la sinfónica, a un recital de poesía.

El campeonato es para un año, para una temporada. Es un triunfo ajeno que a todos nos cuesta dinero. Lo que nos deja un libro y cualquier obra de arte se queda en el espíritu propio para siempre y se propaga entre las personas que nos rodean. Felicidades, Rayados, que este espíritu de triunfo nos impulse a todos a ser mejores y que no seamos sólo una ciudad de tres estrellas en el deporte, sino una ciudad de mil estrellas en la cultura.

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en 15 Diario el 16/12/09

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One Response to “Desfile a rayas”

  1. Dra. Lewis Says:

    Creí que eras simpatizante de los Tigres y no de los Rayados.

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