Todo empieza en uno mismo

El número monográfico de La Quincena correspondiente al mes de enero de 2010 implicaba sentarse a escribir un artículo con un toque literario y cinematográfico de cómo vislumbramos este año, abandonando posiciones dogmáticas, doctas, proféticas, pesimistas o catastróficas, ya fuera en el ámbito personal, institucional, o bien como ciudad, estado o país. Con este número se llega a la edición 75 y eso es para celebrar, justo como el país celebra su bicentenario. Se dice que hay mucho que celebrar; yo creo que también hay mucho qué proponer y mucho qué aportar. No creo mucho en los cambios a través de los grupos. Precursora de la Era del Individuo, considero que los principales cambios y las circunstancias que nos rodean comienzan, tienen que ver y terminan, con los cambios que sepamos tener dentro de nosotros mismos.

Creo que los cambios y propuestas provienen de individuos que siguen sus convicciones e irradian a su alrededor la voluntad para cambiar las cosas. Esa es la tesis de mi propuesta personal para este año 2010. No podemos predecir con certeza gran cosa, mucho menos el futuro, pero sí es posible asegurar que la ruta de pasos certeros nos llevará a buen destino. No se puede cambiar al mundo con una actitud, pero sí podemos mejorarlo a base de una sumatoria de esfuerzos en dos sentidos: primero, en aras de ser mejores y segundo, en tomar conciencia de nuestros errores pasados, aprender, compartir el conocimiento y no volverlos a cometer. Siempre en la búsqueda de la plenitud física, mental, social y espiritual.

¡Cuánto mejoraríamos tan sólo si aprendiéramos a ser coherentes con el lenguaje que usamos! Atención a las promesas, a los juramentos, utilizar las palabras más altas sólo cuando realmente signifiquen lo que queremos decir, para no abaratarlas y de paso, ganar integridad. Así, si nos comprometemos a hacer algo, hagámoslo. Llegar a tiempo, recoger la basura, lavar el coche, devolver un libro, pagar lo que debemos, ayudar a alguien, permanecer callados, llamar a quien quedamos de pasarle un dato, resolver aquellos asuntos pendientes que hemos dejado atrás porque vuelve a caer sobre nosotros la noche y la flojera nos gana. Tan sólo ese pequeño cambio evitaría mentiras, retrasos, incumplimientos y seríamos más productivos. Y así, extenderlo a todos los ámbitos.

Dejar siempre las cosas mejor de lo que las encontramos. No ser cómodos ni aprovechados. Llenar en el refri de nuevo la bandeja de los hielos aunque nosotros no nos la hayamos terminado. Aprovechar y optimizar el tiempo. Enamorémonos de la vida. Basta de esperar a los impuntuales con los brazos cruzados hilvanando un reproche. Esperémoslos leyendo un libro, tejiendo, resolviendo pendientes o simplemente disfrutando ese tiempo con nosotros mismos. Basta de acelerar cuando el coche que va delante de nosotros prende la direccional; al contrario, permitirle pasar. Basta de conducir con la licencia vencida y sin seguro. Tengamos conciencia personal y social.

Comencemos a ser honestos con nosotros mismos. No nos comprometamos con más cosas de las que podemos hacer. Si decimos el lunes, que verdaderamente sea el lunes. Sólo tenemos esta vida y esta oportunidad de hacer las cosas bien, entonces aprovechemos el momento. Aprendamos algo cada día. No olvidemos agradecer lo que recibimos y olvidemos pronto los favores que hagamos. Hagamos lo mejor que podamos con nuestro salario, aunque éste sea mínimo. Apaguemos las luces que no usemos, no prendamos la tele si no la vamos a ver, reciclemos las latas, el papel, las pilas. Tengamos y mostremos conciencia ecológica. Caminemos en vez de usar el coche. Acordémonos de bolear los zapatos, acomodar la ropa, ser pulcros con nuestra persona y nuestros actos. Lavémonos los dientes. Que la higiene sea un concepto que impere en nuestros hábitos. Higiene de pensamiento, de acción, de reflexión.

La salud es la base de todo lo demás y se construye desde el buen dormir, el buen comer, el buen pensar y el buen actuar. Nuestro cuerpo es nuestra responsabilidad y nuestra primera fuente de trabajo, démosle el mantenimiento adecuado. Cuesta casi lo mismo tomar agua que tomar Coca-Cola y es más sano lo primero. Consintamos el paladar en la medida del presupuesto. Hagamos de cuenta que no existen los saleros. Claro olvido al autoflagelo. Busquemos algo que nos apasione para seguir adelante en medio de un mundo como éste. Respetémonos a nosotros mismos. No acumulemos mugres en la casa sólo por la flojera de ordenar las cosas. Recojamos aquella ropa que no usamos y llevémosla a la beneficencia. Cedamos una hora de nuestra vida como voluntarios. Abandonemos la desidia y terminemos las cosas que empezamos.

Basta de esperar. Seamos proactivos. Basta de esperar que los gobernantes hagan todo aquello que sabemos deben hacer. Basta de solucionar el mundo en pláticas de café. Levantémonos de la mesa y hagamos algo: se invierte el mismo tiempo y quizá ganemos más. Basta de esperar: ¡hay que actuar! Persigámoslos. Exijamos que RodriGo dé su vida, tal como lo prometió. Pongámosle lupa al candidato, a los regidores, a los alcaldes, a nuestro juez de barrio. ¿Qué pasó con lo del voto nulo? ¿Se terminó el movimiento después de las elecciones? ¿Qué pasa con las candidaturas ciudadanas?

Leamos el Periódico Oficial para estar enterados y verificar el cumplimiento de las leyes. No seamos cómplices de la corrupción. Hay muchos asuntos pendientes y de acuerdo a nuestras aficiones e intereses podemos escoger uno y así, poco a poco, entre todos ir empujando hasta avanzar un poco. Cualquier avance es mejor que continuar en la estática que espera que los demás hagan algo. Hagámoslo nosotros. Apoyemos a nuestro equipo de futbol, basquetbol, beisbol o lo que sea que nos guste, pero de igual manera exijámosle resultados. Que así como nosotros ponemos nuestro mejor esfuerzo para comprar la camiseta con el sueldo que apenas alcanza para lo imprescindible, que así salgan ellos a defenderla en todas las canchas. Luchar todos por conseguir esa meta que sabemos es posible a base de esfuerzo y dedicación.

Cerremos bien nuestra casa. Tengamos cuidado con los vicios. Apartémonos de lo sospechoso, de lo turbio. No pongamos botes o cubetas afuera de nuestra casa para guardar el estacionamiento. Si queremos ese espacio, paguemos el exclusivo y si no, compartámoslo con el vecino a la par que respetamos su derecho de preferencia para estacionarse frente a su casa. Seamos celosos con nuestro tiempo, no lo desperdiciemos en chismes. Busquemos un espacio para nosotros mismos, para ese reencuentro que nos da tranquilidad cuando tenemos la conciencia sosegada porque hemos hecho lo mejor que podemos hacer con todos los dones que nos han sido otorgados.

Puede sonar cursi terminar con una cita de la Madre Teresa de Calcuta. Me importa poco, pero lo señalo en mi descargo. Creo que estas cosas no importa quién las dijo, sino aplicarlas en lo personal, social y nacional. “Aunque creas que puedes hacer muy poco, hazlo de todos modos”. Con el poco a poco de de cada uno de nosotros haremos ese universo que sabemos es posible para todos. No sé cómo vaya a ser este 2010. Lo que sí sé es cómo lo quiero hacer en mi vida personal y que de ahí se extienda a todos los demás aspectos de mi existencia. Con eso debe bastarme, este enero, para comenzar.

Lorena Sanmillán

La Quincena 75 * Enero 2010

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