Archive for March, 2010

It’s got to be perfect!

March 30, 2010

Lorena Sanmillán

En las nubes

March 30, 2010

Me gusta pensar que uno de estos días llegas temprano.  Al recostarte en tu nuevo sillón italiano, suave cual cirrus áurea, imaginas que lo haces sobre mi cuerpo. Te abrazo con intensidad mientras dejamos que la melodía de un piano en sordina arrulle nuestro encuentro. Del fondo de mi garganta brotan mil historias vírgenes cuyo único destino es tu oído. Le arranco cuentos a tus recuerdos, te los devuelvo vestidos de presente. Froto mi nariz en los rizos de tu cabello. Te cubro de besos asíncronos. Mis manos moldean tus senos por encima de tu blusa y una de ellas, escurridiza, desata la frontera de tu pantalón y busca refugio en tu vientre con la encomienda de provocarte todos aquellos placeres que he inventado para ti. Al final de tu música, te quedas dormida. Tiemblas satisfecha en mis brazos, que se disuelven cuando abres los ojos y vuelves a la realidad.

Lorena Sanmillán

p.s. Llevaba tiempo con este texto, sin que me cuadrara. Algo no me gustaba. Tomé la sugerencia de Chimal y este fue el resultado. Mucho mejor. A escribir se aprende escribiendo. Gracias, Chimal, por la idea. Algún día exploraré el otro final alternativo que sugeriste.

Ortogato

March 30, 2010

En el taller de Alberto Chimal, que tuvo verificativo la semana pasada en la Casa de la Cultura de Monterrey, Nuevo León, Alberto nos sugirió el siguiente ejercicio: inventar un término y definirlo lo más literariamente posible que pudiéramos. La palabra seleccionada por él fue “gato” y mi prefijo fue “orto”. Esto fue lo que resultó:

Ortogato: Herramienta volitiva, de consistencia etérea color azul silencio. Se utiliza como auxiliar en la reparación de las ponchaduras de las llantas cuadradas que son aquellas capaces de mover las naves donde se transita el camino hacia la realización de los sueños imposibles. Se puede encontrar en el Waldo’s, pero sólo la venderán si la persona que lo busca llega caminando en el espiral del tiempo que lo conduzca a ese momento en que se germinó el deseo por aquello que en un principio parecía sencillo. Se vende con mapas de la tierra Aquíyahora y Alláyentonces. Se debe utilizar una sola vez, so pena de volverse antípoda.

Cuando tengan oportunidad, lleven un taller con él. Cada minuto del mismo valió la pena. Cada sugerencia, cada idea, cada crítica estaba llena de verdad. Gracias por el aprendizaje, Alberto.

p.s. Para hacer este ejercicio se necesita seleccionar un prefijo, el que ustedes decidan y agregarle cualquier palabra común. Después hay que aventurarse a definirlo con tintes literarios. ¡Adelante! ¡Queda abierta la convocatoria!

Lorena Sanmillán

Monterrey a través del espejo

March 27, 2010

No siempre los sueños se cumplen como uno quisiera. Más de una vez soñé abrir el periódico El País, de España y encontrarme una noticia sobre Monterrey. El artículo publicado el día de hoy por Diego Petersen Farah ha cumplido mi sueño a medias. Duele. Duele como la ciudad herida en la que ahora vivo. Lo reproduzco aquí, para compartirlo:

Monterrey a través del espejo

¿Qué le pasó a Monterrey? La gran ciudad industrial de México, la echada para adelante, la que tuvo más desarrollo en los últimos 30 años, la de los ahorradores, los que encaraban al centro con la frente en alto, los que presumían tener controlada su seguridad, están hoy en la peor crisis de su historia. El narco tomó la ciudad y al inexperto gobernador Rodrigo Medina no se le ocurre mejor cosa que llamar a los ciudadanos a una manifestación, como si encabezar la marcha le permitiera trasladar su responsabilidad a otra parte. La explicación simplista es decir que la guerra al narco, la estrategia fallida de Calderón, está golpeando a la inocente e industriosa ciudad de Monterrey. Pero la descomposición social de la Sultana del Norte, como también es conocida, es anterior.

Los valores esenciales del Monterrey pujante de la segunda mitad del siglo XX se perdieron. La cultura del esfuerzo, el sentido de unidad y esa convicción de tomar el futuro en sus propias manos se fueron transformando en una cultura de consumo y desprecio a lo que no era como ellos, pensaron que el futuro lo tenían no solo ganado, sino merecido. La ciudad orgullosa se volvió vanidosa. No es gratuito que la crisis social de la ciudad coincida con la estrepitosa caída de la imagen del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. La gran mayoría de la elite social del Monterrey pasó por las escuelas legionarias que formaron una generación insulsa, pagada de sí misma, volcada al consumo y la presunción, pero sobre todo alejada del pensamiento crítico. Nada mejor para el aterrizaje del narco que una élite pagada de sí misma y fascinada con su propia imagen.

Lo que le está pasando hoy a Monterrey le sucedió a Guadalajara en los años setenta y ochenta. La crisis de una generación que fundó su futuro en el pasado, que sentía merecerlo todo por su heredad, puso la cama a la llegada del narco y luego se acostó con él. El narco se vuelve “intolerable” cuando los muertos tocan a las élites. En Guadalajara tuvo que caer un Cardenal, en Monterrey dos estudiantes del Tec. En Guadalajara nadie se acuerda de los otros seis muertos el aeropuerto aquel 24 de mayo de 1993, cuando murió el purpurado; en Monterrey nadie habla de los otros dos civiles que cayeron ese mismo fin de semana víctimas del fuego cruzado. En Jalisco también hubo un gobernador que pensó que la mejor forma de evadir su responsabilidad era sumándose a una marcha contra la violencia.

La crisis de Monterrey no se resolverá fácil ni rápido. Lo que sigue es el auto exilio de las élites con consecuencias sociales y económicas importantes. A Guadalajara le costó muchos años entender que el problema no “venía de fuera” sino que fue su propia sociedad la que entró en crisis y el narco no fue sino una consecuencia de ello. El atajo, la vía rápida, se llama autocrítica: reconocerse en el espejo, y plantearse lo más rápido posible la renovación de su élites. El asesinato de los dos jóvenes del Tec no es el final de un proceso de descomposición, sino el arranque de un largo camino hacia la reinvención.

Diego Petersen Farah

Para leerlo en su contexto original, hacer click en el siguiente link:

Monterrey a través del espejo

Sigo triste, como mi ciudad.

Lorena Sanmillán

En vida, hermano, en vida

March 24, 2010

No sé si por ser la menor o por ser mujer, o no sé exactamente por qué razón, pero cuando era necesario, me tocaba a mí acompañar a mi mamá al ISSSTE. Mientras esperábamos por su consulta ella bordaba o tejía; yo hacía mi tarea. Cuando terminaba, me ponía a mondadear por los alrededores. Uno de mis sitios favoritos de excursión era el departamento de Difusión Cultural. En ese tiempo, era un cubículo pequeño con vidrieras en los cuatro costados. En éstas pegaban posters con información diversa y florecitas, peluches, estampas cursis y, lo que en ese momento consideraba, poesía. En una de esas estampas me encontré el poema de Ana María Rabatté “En vida, hermano, en vida…”  y recuerdo que en ese momento fue una revelación. Ante mí estaba la sabiduría del mundo. Lo copié en mi libreta y comencé a decirle a todos mis seres queridos que, efectivamente, los quería.

Mi campaña tuvo poco éxito pues casi todos los interpelados se asombraron ante mis confesiones y establecieron que algo oscuro pretendía u ocultaba, al decirles de pronto lo que sentía por ellos, llevándoles un obsequio o simplemente sonriéndoles. ¿Ahora qué hiciste? Me dijo mi hermana Eunice cuando le llevé una teresita del jardín de la vecina. A veces, las buenas intenciones topan con la realidad y ahí quedan. Hay que ser muy valiente o muy romántico para continuar con la empresa amorosa cuando en el frente tienes la adversidad. Con la fuerza que me quedaba, seguí mi intención de desparramar mi amor por el mundo. Fuimos de visita con mi tía Lupe y ahí encontré a mi prima Armandina, por fin me topé con un ser sensible que me comprendió. Juntas leímos el poema y ella me explicó verso tras verso. Las revelaciones universales seguían en mis oídos.

Había mucha distancia entonces entre la muerte y yo. No entendía y sigo sin entender cómo las personas, cuando mueren, se convierten en héroes, en casi santos sin defecto, aunque hayan sido más piores que lo peor. La idea era buena, hacer y decir en vida aquello que eleve el espíritu y mejore las relaciones humanas. No visitar panteones, sino llenar de amor corazones. El tiempo, la vida, la madurez y la comodidad se llevaron este poema a un recuerdo y a muchas actitudes procedentes de la inercia. Ayer lo recordé, cuando supe que Rabatté había muerto. En vida, hermano, en vida… nunca me di el tiempo para volver a releerla. Dejé de expresar afecto porque sí y he sucumbido ante la rutina diaria que lleva al sustento material pero no tanto al emocional.

En la relectura actual, las barreras intelectuales me conducen a sentir sus textos bajo otra óptica. Repeticiones, aliteraciones accidentales, reiteraciones, rimas simples. No me parecen poesía en su más alta concepción, si acaso textos de la más pura escuela de superación personal altamente explotada por varios locutores de radio en la actualidad. No es moda, así ha sido siempre, sólo que antes no había tantos canales de difusión como ahora ni estábamos tan perdidos buscando consejos donde se pudiera. Si es literatura o no, es lo de menos en este presente. No es este artículo una disertación sobre los elementos literarios en su escritura, ni tampoco pretendo decir “tan buena que era”. Sostengo que es válido también leer por placer, leer por terapia, leer por gusto, leer por encontrar esperanza.

Docenas de veces he leído poemas doctos, de autor, que al terminar de leerlos no me dicen nada y siento que he gastado mis pupilas bajo un engarce de narcisismo de alguien que rebuscó letras y palabras de esas que pocas veces salen de los diccionarios sólo por impresionar al lector pretendiendo ser poeta críptico y entre menos te entiendan mejor, pues eso significa que es de élite. Quizá sin mensaje, pero intelectualmente perfectos. Métricos, exactos, pero sin alma. No he visto algún moribundo que pida leer algún premio Nobel, pero sí me he encontrado en los pasillos de hospitales poemas como los de ella, sabiduría popular que hace transitables los momentos inexplicables. Instantes de vulnerabilidad ante los que incluso Simone de Beauvior tuvo que bajar la cabeza.

Dado lo anterior me quedo con Ana María y sus lugares comunes que pueden arrancar una sonrisa y hacerle la tarde a alguien que de pronto recibe una llamada, sólo para decirle que la quiero, que es importante para mí. Así que aviso, ataco de nuevo, volveré a decir te quiero cuando lo sienta, sin esperar que sea cumpleaños o catorce de febrero. Empezaré por mi madre para agradecerle el permitirme acompañarle al hospital y conocer a esta señora y así, hasta que se me acabe el saldo. La poesía no debería ser aquella que sólo da imágenes, métrica, metáforas y otras figuras literarias. La poesía y la escritura habrían de ser mensajes del fondo del alma que buscan su replicante en quien los reciba.

Descansa en paz, Ana María, en esa tumba que, si seguimos tu consejo, nadie visitará. Será mejor que releamos tus libros, ahí te encontraremos y tal vez volvamos a encontrar un poco de paz en este mundo que a veces se presenta ante nosotros de un modo impertinentemente intelectual.

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en Kultur, el 24/02/10

Like toy soldiers

March 22, 2010

Only emptiness remains…

Won’t you come out and play with me…

Lorena Sanmillán

Carta para Pipe

March 18, 2010

La verdad es que así me gustaría llamarte, como les llamo a mis Felipes queridos, pero no, a ti he de decirte Señor Presidente, sin poder tutearte, con la voz engolada y sin el desafío de mirarte a los ojos. Te digo presidente, en minúsculas, aunque Ximena te llama Espurio o a veces te dice simplemente el inquilino de Los Pinos. Yo te digo presidente, porque lo eres, ese es el título que se te ha conferido y porque quiero creer en la autoridad que le puede dar estabilidad al país en el que vivo. Te tuteo porque quiero sentirte cercano, aunque sé que hay una franja militar de por medio entre los dos. Que si fue polémico o no tu arribo a Los Pinos, que si se manipuló la elección, pues eso es otro cantar, el caso es que ahora llevas la banda presidencial. Punto. Conste y aclaro que no voté antes, ni votaría hoy por ti, ni pretendo defenderte. De hecho, antes de pretender llamarte Pipe, te llamo presidente siniestro, porque lo eres. No eres diestro con las manos ni en alguna que otra actitud. Hoy sólo quiero escribirte una carta. Soy romántica, ni modo;  si mis condiciones lo permitieran, te enviaría un paquete con un regalo, quizá esos rebozos que tanto le gustan a tu señora, Margarita, cuyos precios y procedencia nadie cuestiona, algún libro de autores de Nuevo León, y regalos para tus hijos, pero no me alcanza. En tu administración se aumentó el envío de Mexpost en un 100 por ciento. Y mi salario y mi tienda incipiente siguen donde mismo con algunos impuestos de más. Entonces disculpa que no envíe paquetes a Los Pinos, ni te haga llegar libros a tu oficina para que adornen los anaqueles. ¿Lees, Pipe? Curiosamente, nunca me he encontrado algún político en una Feria del Libro en Monterrey o México. En cambio, en la de Madrid, sí me topé con el Rey Juan Carlos y el Príncipe Felipe, otro de mis Pipes consentidos.

No, no te preocupes. No voy a jeringolearte una vez más lo acontecido en Ciudad Juárez apenas la semana pasada. No poseo la dolorosa valentía de la señora Luz María ni la docta pluma de Denise Dresser. Sólo soy una ciudadana que pretende decirte “Bienvenido a Monterrey, Pipe” la próxima vez que vengas. Y para eso, Pipe, hace falta trabajo. Mucho.

Quiero que los soldados, en los retenes de la carretera, no me den miedo. Que en realidad me hagan sentir segura. Quiero que sus armas las apunten hacia otro lado y no hacia los vidrios de mi auto compacto comprado bajo un crédito que aún estoy pagando. Quiero poder caminar en la noche tranquilamente en la macroplaza, sin que me atemorice una persona me sigue. Quiero manejar por la brecha que me lleva a mi trabajo sin pensar que en alguna ocasión me encontraré un ejecutado. Quiero ir al banco sin cuidarme la espalda. Quiero decirles a mis sobrinas que estudiar conviene, que no hay caminos fáciles, que todo esfuerzo tiene su recompensa. Quiero llevar a mi madre al seguro social y saber que tendrá sus medicinas completas. Quiero tranquilidad, Pipe, quiero estar segura en mi ciudad. Quiero encender la televisión y ver buenas noticias. Quiero que mis diputados no me avergüencen. Quiero el estadio del Monterrey y quiero que rescaten La Pastora. Quiero el bien común por encima de las ideologías partidistas. Quiero que me expliques cómo es posible que en tu gabinete haya una persona con obesidad mórbida y justamente de él depende parte del asunto fiscal que mueve al país. ¿No deberíamos empezar por poner el ejemplo nosotros mismos? Al cuidar de nosotros se asume que somos depositarios de confianza para guiar a alguien, cuantimás a un país. ¿No crees? Quiero saber qué piensas de la gente que pide tu renuncia y qué les propones, más allá de la militarización. ¿Es ésa la solución? Quiero saber por qué le has recortado el presupuesto a la cultura. Un país de gente educada avanzará más, Pipe. ¿Qué pasa con eso? ¿Qué pasó con tus promesas de campaña? ¿Qué necesitamos hacer para que cumplas? ¿Está en nosotros la respuesta?

Mi vanidad me lanza el imperativo de preguntarte dónde compras tus anteojos. Me encantan. Me hechiza que no se te notan aunque se evidencia que te hacen falta al leer los discursos. ¿Quién te hizo los discursos del Bicentenario? ¿Por qué no los revisaste antes? No parecías un presidente, vaya, ni un mexicano contento, sino sólo alguien a quien lo pusieron a leer algo que no sentía en la máxima fiesta que tendremos dentro de tu mandato.

Llevo casi dos cuartillas, Pipe, no  he dicho ni la mitad de lo que pienso, pero sé que la repetición de ideas conduce al hartazgo. Varios de mis reclamos y preguntas son variaciones de lo mismo. Yo haré mi parte como ciudadana, ¿Qué harás tú, Pipe, para decirte bienvenido y con gusto llevarte a comer machacado?

Con el respeto y la confianza que les profeso a mis amigos cercanos,
Lorena Sanmillán

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en 15Diario, el 18/02/10

Sólo fuimos por la cajita feliz

March 15, 2010

Para Arturo Vallejo

-Chaparra, tienes que ir a disponer las cosas para el evento en el reservado. Recuerda que  estaba agendado desde hace un mes.

-Sí, señor. Contesta La Chaparra a media voz. Sabe lo que eso implica. Allá va presta para los preparativos de otra fiesta más en el famoso reservado. Sabe que otra vez estará la tarde llena de la algarabía de esos niñetes consentidos que vienen a festejar a un huerquete, sabe que tendrá que limpiar las papas que estos entes decidan aventarse en las tradicionales “guerritas”, sabe que apenas probarán bocado, sabe lo oloroso que dejan el espacio para los zapatos en el brincolín y el área de juegos. Sabe lo odioso que es escucharlos cantar “Las mañanitas” mientras ella le pone en la cabeza la corona al Rey del Día. Sabe que a veces quisiera partirle la cara al Güero de Rancho tal como ellos le dan mate a la piñata y dejar así sobre el suelo todos los fragmentos de su frustración. Sabe que el pastel tiene el regusto de calcetín marinado en petróleo. Sabe lo que estos asuntos la fastidian. Sabe también que ese y sólo ese es su trabajo.

-¡Chaparra, andando, que ya faltan dos horas para que lleguen los invitados! La Maldad no refrenda la orden del jefe, pero le dice todo con una mirada que se refleja en el aséptico acero inoxidable de la barra.

La Chaparra toma su trapeador, coloca el letrero de Caution wet floor ¿Y si hay por ahí algún analfabeta? ¿Y si nadie es bilingüe? ¿Y si alguien los demanda? Piensa de nuevo en la tarde aquella con El Grunch y El Guasón cuando cantaban aquellas rolas inéditas que nunca llegarían al concierto del grupo Almas Muertas. Piensa en el curso que no le interesa tomar. Piensa en la arenga que por las mañanas repite como letanía junto a sus compañeros. Piensa que ella jamás ha tenido una fiesta de cumpleaños.

Limpia, friega, acomoda. Dispone las mesas. Junta y cuenta los gorritos que usarán los invitados. Verifica que el sonido del local tenga puesta la canción favorita del niño Vallejo. “A ti que cumples años hoy” cantada por Juan Pestañas, estrella de su niñez. Hace un inventario de los  huevos rellenos de confeti que ella tendrá que barrer tan pronto se vayan. Cuatro horas les bastarán para un basurero monumental que ella tendrá que recoger en veinte minutos o menos. Contra reloj siempre. Y después de la limpieza, a preparar veinticinco cajitas felices para los asistentes.

Llegan el niño y su madre, la señora Novoa, tan elegante ella, olorosa aún a Kenzo. La Chaparra adora los perfumes, le fascinan aquellas cosas que no huelan a fritanga. Acto seguido aparece Alisma de León, peinada ella con dos colitas, emulando a Lucerito. El cumpleañero y ella se saludan. Como corresponde, él le jala las coletas. Fernandita Siempre hace su aparición y los separa; la tocaya Melchor, después de dejar su regalo en la mesa, se apoltrona en una banquita y espera paciente a que comience la fiesta. Albertito Chimal hace su arribo con todo y gato. En la salamandra las tortas de carne comienzan su metamorfosis hacia el bocadillo principal.

El vuelo de la Palomilla Apocatastásica inunda el espacio. Alecita Limón, Abril Albarrán y Adita Pantoja, inauguran el diccionario de invitadas con la “A”. El BEF no dejó atrás la ciencia ficción pues asiste disfrazado. Elmercito Mendoza no trajo balas en sus bolsas. Ginita llegó vestida de negro. Las papas emigran del refrigerador hacia el aceite hirviendo.

Al servir los platillos, La Chaparra deja caer accidentalmente refresco sobre el Patopollo. No pasa nada. Los invitados lo consideran parte del show. Celebran entre aplausos el suceso. Comienzan a imitar la acción y de pronto los gremlins enseñoreados aparecen mojados y pegajosos. En el piso se dibuja el mapa de una tierra desconocida formado por el nuevo acontecimiento. Empapados consumen la mitad de las insípidas partyhamburguesitas.  El Pacman calificó con acierto ese olor que despiden cuando al pasar a la cocina le dijo “Hueles a niño paseado”.

Sigue el pastel y el cántico. El universo de mocosos se congrega en torno a Arturito. A punto está de soplar las velitas. La corona le queda bordada en su cráneo brillante. El sonido local anuncia “¡Vamos todos a felicitar a Arturo!”. Juan Pestañas canta desde su anquilosado sonido remasterizado en mp3. La madre orgullosa lo toma de la mano. Arturito Vallejo termina la fiesta soplando a desgana sobre treintaysiete velas. Aplauso general. ¿Abrimos los regalos?, le dice su amorosa madre con la ilusión en sus pupilas, las mismas que lo vieron inaugurar sus ojos al vencer la resistencia del líquido amniótico. Arturo responde: No tengo tiempo y da la media vuelta. Los invitados se retiran. La Chaparra festeja que la reunión no haya durado tanto y guarda los huevos rellenos de confeti para otra ocasión. Lo bueno de todo esto, es que yo sólo fui por mi cajita feliz.

Lorena Sanmillán

Infinitas gracias a Alisma de León por proveer la información necesaria y suficiente para la elaboración de este breve texto.

La biblioteca de Lorena 2

March 13, 2010

He vuelto a la Revista Comala, porque me dijeron que aquí se cultivan las artes, para compartir con ustedes algunas sugerencias como lectora y boceto de escritora. Algunas de ellas están dictadas bajo preceptos personales y otras, por postulados académicos. Recomendar un libro es un albur. Que nos guste a nosotros no implica que les guste o les sirva a los demás. Hay que hacerle caso al ensayo de Gabriel Zaid, “Los demasiados libros” para leer sólo aquellos que se roben nuestra pasión. Leer por placer es magnífico. Cultivar la lectura mejora la escritura.

1.- Llévame a casa. Libertad Morán. (Odisea Editorial, 2003). Esta obra, finalista del premio Novela Odisea Editorial 2002 -escrita por la autora a sus 24 años- denuncia el oficio de quien ha identificado a tiempo lo que quiere hacer con sus letras. Es una novela fresca, juvenil y polifónica. Escrita a seis voces que se conjugan en una sola en el capítulo final, sin perder su identidad. Crónica urbana y emotiva que conduce a la empatía por los amores imposibles, las cobardías dolorosas y la intensa búsqueda de la felicidad y el amor. Amaral le sirve como  soundtrack, confiriéndole un aire contemporáneo en un Madrid donde las mejores historias pueden comenzar una tarde cualquiera en los pasillos de la FNAC.

2.- Redacción sin dolor. Sandro Cohen. (Planeta, Edición 2004). Otro de los manuales imprescindibles en la biblioteca y escritorio de aquella persona que se dedique a las letras. El lenguaje es la principal herramienta de un escritor y está obligado a manejarla con maestría y pulcritud. Amar el lenguaje es saberlo utilizar, preservar y transmitir. Es un clásico de la didáctica de la escritura. La gramática es una ciencia exacta cuyos tropiezos destrozan la pupila e impiden la comprensión de los escritos.

3.- El lector. Bernhard Schlink. (Anagrama, 2006). Leer para los demás es un ejercicio de suma generosidad que puede abrir océanos de paraísos o infiernos. Esta novela ha sido llevada al cine y la película ganó algunos premios. Michael lee para Hanna, su amante. Un día ésta se le desaparece. Él hace su vida y se convierte en abogado. La reencuentra en un juicio en donde ella asume la responsabilidad de la redacción de un informe. Él sabe que ella es inocente, puesto que conoce su condición de analfabetismo. Michael se debate en un asunto ético entre defenderla o no, violando su secreto a la par que trata de conciliar en su mente el haber estado involucrado sentimentalmente con alguien capaz de cometer crímenes de tal magnitud. Novela histórica de final emotivo que subraya la importancia de la lealtad.

4.- La nuez vana. Jorge Rodríguez. (Jus-UANL, 2009). Novela. Ópera prima del escritor regiomontano Jorge Rodríguez, que conjuga dos historias que se entrelazan: la relatoría de una familia a través de 150 años y la obsesión de un hombre por ver el alunizaje, en quince días. Estas situaciones, aparentemente inconexas establecen un lazo desde los inicios, pero Rodríguez tiene la habilidad de engarzarnos en ellas pendientes a cómo sucederá lo anterior. Cabe destacar el manejo del lenguaje, el retrato de las costumbres, la atención a los detalles y la sutil recreación de las atmósferas campiranas y de ciudad.

5.- Mira si yo te querré. Luis Leante (Alfaguara, 2007). Premio Alfaguara de Novela 2007. Leante le apostó a la narración de las emociones para recrear una historia nostálgica y con un final inesperado. Transmite lo mismo las sensaciones en el desierto del Sahara que la penumbra de un corazón que habita el país de la desolación. Transita entre el presente fáctico y el pasado plagado de preguntas. Hay amores que duran para siempre y en esta historia se habla de uno de ellos, que se reencuentra en la mirada más bella de todas las miradas posibles. Su final, inesperado, le corresponde a la tensión que se maneja desde el inicio de la trama. Profundamente delicioso.

Para mayor información sobre cómo y dónde conseguir estos libros (o algunos otros que anden buscando), siéntanse libres de escribir a lorenisima@librosdenuevoleon.com, pues en Libros de Nuevo León ¡Tenemos un cerro de libros!

http://www.librosdenuevoleon.com

Artículo publicado en la Revista Comala el 13/02/10

Lorena Sanmillán

Pero no pienso nada

March 10, 2010

Desarrollo sustentable.

Población y diseño urbano.

Nuevos paradigmas del paisajismo.

Conceptualización en el proceso de diseño arquitectónico.

Métodos, procesos, sistemas y técnicas: coincidencias y discrepancias.

Llevamos tres horas de conferencias. Gente que ha estudiado mucho y ahora necesita demostrarlo para justificar las grandes cantidades de tiempo y dinero que han significado sus becas. Arquitectos muy capaces de pensar y proponer pero que nunca en su vida han tocado un block ni saben cómo hacer un mortero.

Todo son planes e irrealidades. Muero de envidia. Como sólo ellos saben del tema que hablan, nadie puede rebatirles nada. Tres o cuatro preguntas retóricas y un gran baño de halagos a su vanidad. Aplausos. Coffee break.

Reintegrándome al punto de vista intelectual de la arquitectura, me siento un poco ajena a mi contexto. Vengo de construir, todavía tengo las uñas sucias por mi descuidada técnica de pintura. Siento insulsa la palabrería y mejor me quedo en silencio; es demasiado el esfuerzo de parecer interesada. También me siento estancada en mi hacer intelectual.

Así que busco un sitio en un rincón del salón de conferencias para replantearme mi quehacer profesional y entonces vuelvo a verte. Nada es lo mismo al observarte. Con tu sonrisa, hasta le das sabor a un café desangelado.

Siempre bella, hoy estás preciosa. Tú y ese traje sastre azul mimetizados en una silueta por demás atractiva. Esta vez no dictarás conferencia, sólo vienes de oyente. A mí se me van los ojos tras tus pasos. Me encantas.

Te acercas a la mesa a tomar una galleta. Ninguno de tus movimientos se escapa de mi vista. Quiero pararme detrás tuyo. Moverme abrazada a ti. Contagiarte de mi ritmo desesperado, pegar mi pubis a tus nalgas, tumbarte sobre el buffet, besar tu cuello y arañar tu espalda. Todo esto alucino mientras me convierto en mujer de agua.

Me percibes, me saludas. Qué tanto piensas, dices, tan casual, buscando sacar plática. Un bostezo me sirve para mimetizar un suspiro. No me atrevo a mirarte. Sólo te veo por el reflejo en la ventana. Te respondo sin voltear a verte. Qué tal, doctora, yo aquí tomando un café, pero no pienso nada.

Artículo publicado en Kultur, el 10/02/10

Lorena Sanmillán