Las inyecciones

Soy bastante valiente… hasta que me enseñan una jeringa que se ha de insertar en mi anatomía. Me han inyectado y ahora soy una coladera. Si tomo agua, puedo regar las plantas de mi jardín. De esto habla mi artículo de hoy, en Kultur. He aquí el link por si desean leerlo.

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Lorena Sanmillán

One Response to “Las inyecciones”

  1. Mardel Says:

    Me encantó el tecsto. A mí hace mucho que no me inyectan, pero esas cosas jamás se olvidan. De niño eran un asunto terrible. Me retorcía y todo para eludir el ataque. Ahora veo que la fiera se ha amansado. A veces quiero gruñir pero sólo consigo un suspiro denso y amargo. Será que uno comienza a quemar un tipo diferente de combustible…

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