Sólo fuimos por la cajita feliz

Para Arturo Vallejo

-Chaparra, tienes que ir a disponer las cosas para el evento en el reservado. Recuerda que  estaba agendado desde hace un mes.

-Sí, señor. Contesta La Chaparra a media voz. Sabe lo que eso implica. Allá va presta para los preparativos de otra fiesta más en el famoso reservado. Sabe que otra vez estará la tarde llena de la algarabía de esos niñetes consentidos que vienen a festejar a un huerquete, sabe que tendrá que limpiar las papas que estos entes decidan aventarse en las tradicionales “guerritas”, sabe que apenas probarán bocado, sabe lo oloroso que dejan el espacio para los zapatos en el brincolín y el área de juegos. Sabe lo odioso que es escucharlos cantar “Las mañanitas” mientras ella le pone en la cabeza la corona al Rey del Día. Sabe que a veces quisiera partirle la cara al Güero de Rancho tal como ellos le dan mate a la piñata y dejar así sobre el suelo todos los fragmentos de su frustración. Sabe que el pastel tiene el regusto de calcetín marinado en petróleo. Sabe lo que estos asuntos la fastidian. Sabe también que ese y sólo ese es su trabajo.

-¡Chaparra, andando, que ya faltan dos horas para que lleguen los invitados! La Maldad no refrenda la orden del jefe, pero le dice todo con una mirada que se refleja en el aséptico acero inoxidable de la barra.

La Chaparra toma su trapeador, coloca el letrero de Caution wet floor ¿Y si hay por ahí algún analfabeta? ¿Y si nadie es bilingüe? ¿Y si alguien los demanda? Piensa de nuevo en la tarde aquella con El Grunch y El Guasón cuando cantaban aquellas rolas inéditas que nunca llegarían al concierto del grupo Almas Muertas. Piensa en el curso que no le interesa tomar. Piensa en la arenga que por las mañanas repite como letanía junto a sus compañeros. Piensa que ella jamás ha tenido una fiesta de cumpleaños.

Limpia, friega, acomoda. Dispone las mesas. Junta y cuenta los gorritos que usarán los invitados. Verifica que el sonido del local tenga puesta la canción favorita del niño Vallejo. “A ti que cumples años hoy” cantada por Juan Pestañas, estrella de su niñez. Hace un inventario de los  huevos rellenos de confeti que ella tendrá que barrer tan pronto se vayan. Cuatro horas les bastarán para un basurero monumental que ella tendrá que recoger en veinte minutos o menos. Contra reloj siempre. Y después de la limpieza, a preparar veinticinco cajitas felices para los asistentes.

Llegan el niño y su madre, la señora Novoa, tan elegante ella, olorosa aún a Kenzo. La Chaparra adora los perfumes, le fascinan aquellas cosas que no huelan a fritanga. Acto seguido aparece Alisma de León, peinada ella con dos colitas, emulando a Lucerito. El cumpleañero y ella se saludan. Como corresponde, él le jala las coletas. Fernandita Siempre hace su aparición y los separa; la tocaya Melchor, después de dejar su regalo en la mesa, se apoltrona en una banquita y espera paciente a que comience la fiesta. Albertito Chimal hace su arribo con todo y gato. En la salamandra las tortas de carne comienzan su metamorfosis hacia el bocadillo principal.

El vuelo de la Palomilla Apocatastásica inunda el espacio. Alecita Limón, Abril Albarrán y Adita Pantoja, inauguran el diccionario de invitadas con la “A”. El BEF no dejó atrás la ciencia ficción pues asiste disfrazado. Elmercito Mendoza no trajo balas en sus bolsas. Ginita llegó vestida de negro. Las papas emigran del refrigerador hacia el aceite hirviendo.

Al servir los platillos, La Chaparra deja caer accidentalmente refresco sobre el Patopollo. No pasa nada. Los invitados lo consideran parte del show. Celebran entre aplausos el suceso. Comienzan a imitar la acción y de pronto los gremlins enseñoreados aparecen mojados y pegajosos. En el piso se dibuja el mapa de una tierra desconocida formado por el nuevo acontecimiento. Empapados consumen la mitad de las insípidas partyhamburguesitas.  El Pacman calificó con acierto ese olor que despiden cuando al pasar a la cocina le dijo “Hueles a niño paseado”.

Sigue el pastel y el cántico. El universo de mocosos se congrega en torno a Arturito. A punto está de soplar las velitas. La corona le queda bordada en su cráneo brillante. El sonido local anuncia “¡Vamos todos a felicitar a Arturo!”. Juan Pestañas canta desde su anquilosado sonido remasterizado en mp3. La madre orgullosa lo toma de la mano. Arturito Vallejo termina la fiesta soplando a desgana sobre treintaysiete velas. Aplauso general. ¿Abrimos los regalos?, le dice su amorosa madre con la ilusión en sus pupilas, las mismas que lo vieron inaugurar sus ojos al vencer la resistencia del líquido amniótico. Arturo responde: No tengo tiempo y da la media vuelta. Los invitados se retiran. La Chaparra festeja que la reunión no haya durado tanto y guarda los huevos rellenos de confeti para otra ocasión. Lo bueno de todo esto, es que yo sólo fui por mi cajita feliz.

Lorena Sanmillán

Infinitas gracias a Alisma de León por proveer la información necesaria y suficiente para la elaboración de este breve texto.

2 Responses to “Sólo fuimos por la cajita feliz”

  1. Jair Rivera Says:

    muy buen post!! me fascino tu blog.. es bastante fresco… saludos.. espero un día de estos visites el de un servidor.. saludos!!

  2. Cecilia Says:

    ¡Juan Pestañas!, los gremlins… cómo me haz hecho reir.
    Tengo pendiente leer el libro, ya quiero conocer a “La Chaparra”, está muy platicada, pero “No tengo tiempo”😛

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