El bordado: Día 1

Pues bien, he conseguido el patrón para hacer la cosa que -literalmente- traigo entre manos. También he decidido que quiero hacer una crónica. Que a fin de cuentas, para eso es mi blog. Sirve que también le doy un poco de aire, ambientación y va reviviendo poco a poco. Ha estado algo abandonado, perdida y ocupada entre tantas cosas. Dice Dulce que escribir es una pasión a la que no se puede renunciar. Coincido. El asunto es que escribo, pero algunas cosas no las paso en limpio. Esto tampoco. Es la magia de los borradores, de los bocetos, de los intentos. Es un ejercicio. De lo cotidiano a lo literario. La imaginación y los pendientes también se despiertan al bordar, a la par de un estado de relajamiento y cercanía con mi madre. Habrá que ser honesta y documentar lo mismo avances que retrocesos, pues en algunas ocasiones los trabajos manuales pasan a segundo término debido a las cosas que hay que hacer justo para poder tener un momento y dedicarlo a las cosas recreativas. Habrá que escapar un momento diario para hacer a la par la escritura del bordado y el bordado mismo.

Eduardo Ramírez tiene razón. Hacer proyectos como si fueran cabañuelas. Cada día un poco a un proyecto y así, al final del año habrá muchos proyectos terminados. En este caso, no sé si terminados todos, pero sí en proceso de culminación. Bordar palabras es también ocupación. Gracias, Eduardo, por la idea, ahora a ponerla en acción junto con todo lo demás que tengo pendiente. Sí, eso también.

Conseguí el patrón después de un breve desencuentro con la dueña o empleada de una mercería en Contry, por Alfonso Reyes. Después de ir a una agencia de viajes fui a la dichosa mercería, que ni vale la pena poner el nombre. El caso es que entré y pregunté por revistas de punto de cruz. La señora dijo que sí tenía. Busqué el patrón en cuestión y no lo tenía en existencia. En las revistas venía una página web. Le comenté que entonces les escribiría para preguntarles. Lady Intransigente dijo que iba a dar lo mismo puesto que ella era la única persona en Monterrey los distribuía. Compré otro patrón para tener la dirección. Me costó $67.00 pesos.

Apenas llegar a la casa hablé al teléfono que venía en la revista. ¿De dónde nos llama? De Monterrey. Me dieron una dirección de una mercería en San Nicolás. La Magdalena. Ubicada en Insurgentes 315 en la Colonia Chapultepec. Tenía que ir esa misma tarde a hacer una reparación en Las Puentes y de ahí me pasé. Llamé antes para asegurarme que la tuvieran en existencia. Sí la tenían y costaba sólo $42.00 pesos. Lady Intransigente se ganó además un apellido: Abusiva.

La tienda es una maravilla. Tienen la cosita de la cosita de la cosita de lo que se necesite para trabajos manuales y de punto de cruz.  Las dependientes y el dueño son la mar de amables. Casi como en una librería, quise un poco de todo. Pero tenía un objetivo y un trabajador cansado esperándome en mi coche bajo el sol invernal de este enero que cambia el clima cada que le da su gana.

El patrón está en blanco y negro. Por la noche busqué la carta de colores hasta que di con ella. Quería bordar el asunto en seda, pero las hilazas son de algodón. Mañana las compro. No es lo que tenía pensado, pero espero que quede bien.

Mientras yo bordo un plan, en Monterrey ejecutaron a trece personas en el mismo día.

Lorena Sanmillán

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