No olvidé lo ocurrido

Hace buen rato que el insomnio no me tomaba como prisionera. Ayer aconteció este suceso. Terminé de leer un libro que tenía pendiente desde diciembre y que al principio me atrapó y después me desencantó. Decidí acabarlo por morbo y disciplina. Luego de darle vuelta a la última hoja aún no podía dormirme. Busqué otro libro. Con la remodelación, mis libros duermen en cajas, unos sobre otros sin mayor orden. Ya es un milagro poder encontrar una caja así que no era ocasión de ponerme requisitosa con el asunto de cuál leer. Tomé uno pequeño y resultó ser uno de Corín Tellado. Risa loca al tenerlo en las manos.

Sí, yo lo compré. Lo compré en Soriana en $13.00 pesos, en esos remates de libros que de cuando en cuando arrojan verdaderos tesoros a precios accesibles. Sólo una vez leí a la señora y a medias. Esa anécdota está contada en este blog, bajo el título de Corín Tellado. Así que  en esta noche insomne me pareció excelente idea adentrarme en el mundo fantástico color de rosa que la señora pintaba en sus novelas. Distracción era la palabra clave.

En la trama del libro, que tiene como título el mismo del post,  la maestra Pía Villalba se reencuentra con el único novio que ha tenido a sus veintitrés años. Quike Melero ha vuelto a España, donde ella radica, después de hacer un doctorado en Canadá. Quike tiene su consultorio privado, atiende pacientes en clínicas de seguridad social. Estas actividades las combina con dar cátedra en la Facultad de Medicina. Además, es guapísimo, según la descripción a base de múltiples adjetivos superlativos que hace la autora. Por necesidad de la trama y azares del destino, él tiene una receta a nombre de la madre de Pía y ésta, por supuesto, va a recogerla al consultorio donde se lo encuentra. Vaya sorpresa. Qué emoción, qué emoción.

Quike no quiere jugar matatena con Pía. La invita a subir a su departamento de soltero y ésta se niega en repetidas ocasiones porque “las chicas decentes no acceden a esa clase de invitaciones”.  Aparta de sus senos los “dedos pecadores del hombre” y “se baja del coche buscando conservar su virtud”. A los 23 años sigue pensando en casarse de blanco con la bendición de sus padres “como lo hacen las chicas que han sido educadas como ella”. Quike la convence, pero no habla en ningún momento de casarse. La incertidumbre se posa en la mente de Pía.

Los padres de Pía porfian porque la boda suceda. Los padres de Quike también. “Porque es lo que hacen los muchachos decentes”. Quike tiene un sueño en el que se establece que Pía es la mujer de su vida. Al día siguiente amanece con toda la intención de casarse de inmediato. El día de la boda es soleado y dulce, los pájaros cantan, las campanas son un coro de alegría, no hay novia más hermosa que la protagonista y se casaron y vivieron muy felices, claro, después de una luna de miel por sitios increíbles.

Efectivamente, soporífero. El insomnio se esfumó. Qué triste. Libros buenísimos, excelentemente escritos, con un gran manejo del lenguaje que siguen en los estantes de librerías y bibliotecas sin leerse y, por otro lado, historias como ésta, convertidas en best sellers. Bostezo.

Lorena Sanmillán

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