El bordado: Día 14

En la cocina hay luz blanca. Tempranísimo fui por un plano. Mientras preparaba el café de la mañana tuve tiempo de hacer unas puntadas antes de salir a la jungla. El asunto es aprovechar el tiempo. Los lunes son extraños. Tanto que casi toda la gente que conozco lo consigna en su Facebook. Una gran parte de la gente corre apresurada rumbo a su trabajo. Quizá nos atrapa el hechizo de un nuevo comienzo de semana. Los efectos de alta intensidad están destinados a vivir poco tiempo. Quizá por eso sólo existe un lunes en cada semana.  Otra parte de la población espera hasta el martes para despertar e irse a trabajar. Quizá era hoy el frenesí por el fin de quincena. El caso es que siendo lunes o no, comemos todos los días, así que, a moverse.

Los trámites oficiales son una de las cosas más fastidiosas que tiene la arquitectura. La burocracia no es materia que se lleve en la facultad y los tropiezos son fatales, porque tienen que ver con pérdida de tiempo. Algunos funcionarios públicos no sólo no ayudan sino que además entorpecen lo que habrían de facilitar. Tal fue el caso de hoy. En San Nicolás, la funcionaria que es el primer filtro,  Ladyuno, no me dejó explicarle el asunto que traigo entre líneas: “No tengo tiempo para escuchar tus historias, ¿qué trámite vas a hacer?”. Tardé en reaccionar y fui a que me revisaran el otro plano. Me tocó el turno 24.

Mientras esperaba, revisé pendientes, repasé mi vida, medité, recordé tres reencarnaciones pasadas,  hice el borrador de un proyecto y dormité. No hay problema, no hay prisa, al cabo que el estacionamiento sólo cuesta 20 pesos la hora. Tuve que entrar a un estacionamiento público después de cuatro o cinco vueltas alrededor del edificio, para comprobar que en cuanto entrara, encontraría un lugar gratuito en la calle.

Finalmente llegó mi turno. La señorita Ladydos se dispuso a revisar el plano. Que una cota no coincide. Ok. Lo arreglaré. Que este detalle no es necesario. Ok. Lo quitaré. Con el plano extendido sobre su escritorio, ambas trabajábamos en la corrección del mismo. “No está terminado”. No, por eso vengo a revisión. Continuamos, íbamos leyendo de izquierda a derecha, y estábamos justo a mitad del plano cuando su compañera de escritorio, Ladytres, le dijo “Ya es la una” y Ladydos sacó de su escritorio su lonchera mientras me decía “A la una es mi hora de comida. Usted decide si me espera o si toma otro número”. Me quedé de piedra. No me dio tiempo de reaccionar ni decirle algo. Sólo se levantó y se fue. Y yo con el plano a medias. Si me hubiera dejado a medio orgasmo no me habría dado tanto coraje, total, puedo seguir por mi cuenta y gusto, pero en esto del plano sí me fastidió la tarde.

Entiendo que existe una hora de comida, tal vez sea diabética y es menester que coma a determinadas horas, pero podría ser otro tipo de trato. Ser facilitadores en lugar de emproblemar.¿Porqué nos hace tan diferentes la posición que tenemos ante un escritorio? El plano me fue devuelto por puras goruperas.

El otro trámite me condujo de nuevo con Ladyuno, y entonces ya le conté mi historia, diciéndole además que sí, que tiene que escuchar las historias de los ciudadanos porque esa es una parte de su trabajo. Y claro que tenía que escucharme, para hacer la regularización se requiere el pago del predial, pero mi cliente no puede pagar el predial porque no ha hecho la regularización. Se cierra el círculo y ¿qué se hace?

Toda la mañana en esas oficinas. El estacionamiento salió ardiendo. Los coyotes hacen ese trabajo sin despegarse de su escritorio mientras que los ciudadanos comunes, arquitectos o no, tenemos que pasar por una serie de cosas que conducen a los más apresurados, a los que tienen dinero, a los ingenuos, a los de poca ética, a hacer las cosas bajo el amparo del sistema de mordidas y movimientos por debajo del agua para lograr estar en regla. México, creo en ti…

Sólo unas cuantas puntadas al bordado el día de hoy y una dosis elevada de tramititis. Las buenas noticias del día, fueron la invitación al Encuentro de Escritores Jóvenes y del Caribe en La Habana, Cuba, dentro del marco de la XX Feria Internacional del Libro de La Habana y el avance de la colocación del piso en la sala.  Para finalizar la jornada,  una hora de camino rumbo a casa, cuando normalmente son veinte minutos.  Enero ha sido el mes con más muertes debidas al narcotráfico en la historia de mi ciudad. El granadazo en Garza Sada dejó, nuevamente, civiles lesionados. Entre ellos Luci, la directora electa de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Las granadas y sus esquirlas nos hieren a todos, pero cuando es alguien cercano a ti, la herida cala más profundo. Ya, Monterrey, ya. Ya, Monterrey, despierta ya. Ya, Monterrey, vuelve a tu normalidad.

Lorena Sanmillán

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