El bordado: Día 19

He vuelto a casa. Al trabajo, a los pendientes, a las mil vueltas, a la remodelación de la casa de Grace. A ver a mis perras, que se pusieron locas de contentas. A abrazar a mi madre, que tenía en sus ojos todos los mares.  También, cómo no, vuelvo a mi blog y por supuesto, al bordado. Es difícil y literal de suyo decir que le he perdido el hilo a mi recreación. Lo he tomado en las manos y no sé cómo empezar, ni por dónde entrarle. Recuerdo que estaba siguiendo los patrones. Me pierdo un rato en la meditación, pensando cómo he de hacerle para continuar. Aún tengo muchas cosas en la cabeza. El trabajo llama. Alrededor de 400 mails pendientes que piden un delete automático, pero no lo hago, por respeto a los remitentes que se han tomado la molestia de escribir.

En esta fotografía, una mujer cubana borda en una banca. En el cruce del Malecón y Paseo del Prado. Me dio tanto gusto verla. Enmedio de tanta destrucción y carencias ella encontraba su paz. La búsqueda de la belleza aún en territorio hostil. Sonrisa, evocación de Manuela, todo en un momento que pude congelar y hoy puedo compartir.

Quince puntadas. No más. Eso fue el avance de este día. Creo que será un reto volver a tomarle el paso a esta labor. Lo haré.

Once días sin internet. Se sobrevive. Pero se sufre. Tengo quince días o más sin leer el periódico. Se sobrevive. Hoy, mi noticia es que estoy de vuelta, en mi casa. En mi patria. La Habana merece crónicas o un libro de viaje que escribiré de a poco. Los tomates ya no saben igual.

Lorena Sanmillán

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