El bordado: Día 29

Cuando desperté, en un reloj decía que eran las diez de la mañana. En el otro decía que eran las once. Como fuera y en cualquiera de las dos opciones, la verdad es que me aventé una merecida y buena dormida después de una semana más o menos intensa. Despierto y veo mi taza de café, frío, con la foto de Miguel Bosé.

Oh sí, hoy cumple años mi Pa-pi-to! Kundera sigue también en el buró y el bordado le hace compañía. Valió la pena la espera para comprar ese libro. Estoy disfrutando mucho su lectura. Necesito ir al centro a comprar los cartoncitos para acomodar las hilazas. Sin embargo, entre tantas cosas qué hacer una excursión al centro se antoja imposible.

La oportunidad se presenta. Hay que ir a hacer un pago en Liverpool. Vamos Grace y yo y le pido que vayamos a El Niágara. Para mi sorpresa, la mercería está abierta aún en domingo.

Caminamos por Morelos. Hacía tanto que no paseaba por ahí. Morelos, esa plaza que fue centro de algún joven sueño. Alguna vez o más de una quise tener dinero para comprar un libro y tomar café en Sanborn’s. Ésa era mi idea de la felicidad, del éxito. No sé en qué momento mis anhelos se complicaron tanto. Después quise ir al Quadri, y asenté un sueño cumplido en Los Azulejos. Ahora quiero otras cosas y sigo disfrutando el café.

La calle estaba pletórica de gente. Sonreí celebrando que la gente siga recuperando sus espacios, a pesar de tantas cosas que suceden en la ciudad. Los vendedores del centro de la calle peatonal, las modas en los aparadores, la música de Mix Up, los nuevos y desconocidos escaparates, los algodoneros, los globeros, los que venden lotería. Ya hay hasta Super 7. ¿Hace cuánto que no me paseaba por ahí?

Llegamos a la mercería en la calle Parás. Lugar de antojos. Una señora imparte clases de tejido por $25.00 pesos el día. Justo en ese momento estaba por terminar un suéter precioso tejido en color coral. Hermosísimo. $450.00. Algún día lo tejeré o lo compraré. Encuentro los “enredadores” y los compro. También dos paquetes de agujas. De regreso a Liverpool vamos a Interplaza, pues se nos antojó una nieve de Nutrisa. Me pareció una plaza complicadísima en su circulación. Nos perdimos dos veces. Si hubiera una emergencia ahí resultaría ser una tragedia. ¿Nadie ha reparado en eso?

En Liverpool nos cobijó de nuevo el clima artificial. Monterrey se está vistiendo de Abril, con sus tardes calidísimas y sus noches frescas. Ahí pude acariciar un Ipad2, maravilla de la tecnología. Es preciosa. Preciosísima.

El domingo familiar invitaba a comer en casa de mi madre. Así lo hicimos. Caldo de res, mole y barbacoa estaban incluidos en el menú del día. Mis sobrinos corrían encantados por la casa y su risa desgranaba el tejabán solidificando la construcción emotiva. Después fuimos al Total Home y a Lowes. Parada final en Soriana y cocinar. La cocina y las recetas, merecen ser tema aparte.

Después de terminar las labores del día me di a la tarea de acomodar los hilos en los “enredadores”. Nuevos vocablos que se suman a mi registro. Ahora sí, ya tengo acomodados los hilos. Parecen una paleta de pintor. Parecen mis cajas de plumones. Me encantan. Parece que ahora será más fácil continuar. Ya están acomodados, numerados, etiquetados. Ahora, falta encontrar el tiempo para seguir con el bordado. Ahora sí podré hacer la cosa cuadro por cuadro.

Avanzaremos, decía Miguel de la Madrid, por allá de 1982. Avanzaré, digo yo, ahora en 2011.

Lorena Sanmillán

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