El bordado: Día 33

Último sábado de labores de los trabajadores. Los extrañaré. No se ha terminado el trabajo, pero se agotó el dinero. Pintamos la barda, pero desisto porque de mañana me da todo el sol en la espalda. Fachada oriente. Además, es cuestión de hacer los detalles, que siempre son súper tediosos. El sol me da el pretexto y abandono la actividad. Hasta yo me doy vergüenza por pretextosa.

Entro a la casa y, después de una repasada al sellador, comienzo a pintar el interior. Primero los zoclos, las esquinas y el techo. Todas esas partes a donde el rodillo no llega bien. Primero los detalles, para después rellenar el centro y que quede parejo. No sé porqué, pero  los detalles me dan mucha flojera si los dejo para después. Entonces, para que no suceda lo mismo que en la barda, aquí primero irán los detalles.

Anoche fue el concierto de Duran Duran. Los recuerdo muy poco. Sólo tengo en la mente un concierto que hubo en el Estadio Universitario, por allá, en los principios de los años noventa y ni siquiera estoy muy segura de que fuesen ellos. Es impresionante cómo la memoria olvida algunas cosas. Me acuerdo de un compañero de la facultad que era súper fan de ellos, pero no recuerdo su rostro, ni su voz. Sólo su pasión. Hasta Dulce habla de Duran Duran en su columna. ¿Me habré perdido de algo?

Antes de salir a quesque pintar la barda, hice un patrón por la mañana y decidí no contar más las puntadas. Sólo contaré, a partir de ahora, los cuadros terminados. Así que hoy, oficialmente, comienzo de cero. Los cuadros se van llenando poco a poco. La traducción patrón- tela es maravillosa. Me encanta.

Esta mañana vi al vecino con una camiseta tipo polo imitación de la que tenía puesta La Barbie el día de su detención. Entre los pensamientos de Duran Duran y los grupos de rock, quedé inmersa en un flash back impresionante: el regaño de mi padre cuando Moisés, mi hermano, compró una camiseta negra con un estampado de Judas Priest. A papá le molestaba el color, que mi hermano manifestara su afición por un grupo pagano, y, obviamente, el nombre del dichoso grupo. Ahora, este muchacho, se viste el uniforme de su héroe, su modelo a imitar. ¿La Barbie como estandarte? Ahora que pienso en esto, ya poca gente se viste de ropa tipo militar. Antes era también un modelo. ¿Qué sigue? ¿Qué seguirá en esta moda? ¿De dónde sale el dinero para que los ninis anden todos fashion?

Esto de las crónicas no tiene mucho hilo. ¿Necesita hilo? Divago, toco temas que olvido, hablo de personajes que no tienen sostén, no alcanzó a dibujar atmósferas. ¿Cuál es el sentido?  Quizá esto es un retrato de lo caótica y dispersa que es la vida o mi vida en estos momentos. Quizá este es el asunto de escribir el diario, sin argumento, sin pensar en lo que va sucediendo. Con una línea central imperecedera y un montón de líneas periféricas. La vida, pues.

En la tarde, a la hora de comida manché el bordado. Vaya entonces la primera lavada. Sobreviven casi todas las puntadas. Se sueltan aquellas que son únicas. Sabía que eso sería un problema. A resolverlo sobre la marcha.

Los muchachos desquitan su última jornada de trabajo. Aún en sábado se van cerca de las diez de la noche. Nos queda el trabajo interior, el trabajo fino. Pintar la casa y acomodar las cosas.  Necesito voluntarios que me ayuden a acomodar la librería.

Lorena Sanmillán

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