El bordado: Día 37

Hoy fue un día atípico, en comparación con los que he tenido las últimas semanas. Desperté con tiempo para mí y pude hacer unas cuantas puntadas al amanecer. Bordar es también un tiempo de meditación, de comunión con los pensamientos, sentimientos e ilusiones. Me gusta y no es muy creativo resumirlo en dos palabras tan gastadas, pero así son las cosas. Me gusta, lo disfruto y ya lo quiero ver terminado.

Cuando la agenda se trastoca no sé muy bien adaptarme, he aprendido con el tiempo. Dibujé el día de una manera, pero las cosas no salieron como pensaba. La adaptación fue necesaria en cada punto de esta jornada un tanto fallida. El sol comienza a mostrar sus dientes, planea mordernos este próximo verano.

Llevé a papá a hacer un tramite. Fuimos a que sacara su credencial de elector nueva. Mi padre fue cartero toda su vida y aunque ahora olvida muchas cosas no deja de ser sorpresa y fascinación que recuerde una por una cada calle del centro de la ciudad. Yo estaba por consultar el Google Maps, él sólo hizo acopio de su memoria y dimos pronto con la dirección que buscábamos.

Cuando regresamos a casa, me senté a ver la novela con mamá. Los helicópteros la molestaron pues no la dejaban escuchar. Pronto nos enteramos de lo que sucedía. Hubo una balacera a tres calles de mi casa. Pasé por ahí por la mañana que llegué. Ahora, las misma acera que lleva mis pasos impresos se ha teñido de sangre.  Los chismosos del barrio traen el reporte completo, asustados. “Le dieron plomazos a tres pelados”. Dan el informe y corren. No sé si de miedo. No sé si para informar a los demás. No sé si porque son ellos los que probablemente sigan. Los helicópteros y las sirenas nos arrancan de la televisión y en vez de ver penurias ajenas, los ojos de mi madre ahora ven la ciudad a donde llegó buscando mejor fortuna en el estado en que se encuentra. Manuela no llora. Sólo reza.

El día, de perros, empeoró por la noche. A veces hay hilos que se rompen y no pueden volver a usarse. Yo no rezo, por eso lloro. Ya quiero que se termine Abril. En este mes nada más no he visto brillar mi estrella.

Lorena Sanmillán

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