El bordado: Día 41

La tan nombrada Semana Santa ha transcurrido en un parpadeo lleno de trabajo. Finalmente he acomodado un ochenta por ciento de los libros. Fernando y Mary vinieron a ayudarme y gracias a ellos avancé mucho. Limpieza, clasificación, conteo, inventario. Necesito otra espalda para poder continuar con este nivel de rutina. Queda pendiente mucho trabajo de escritorio. Han sido jornadas agotadoras pero interesantes, rodeada de historias, poesía, ensayos. Creación. Afuera, las sirenas, los helicópteros, el calor y los balazos. Afuera, la realidad.

Ayer fui invitada a una cena en San Nicolás. Decidí ir, salir de casa a algo más que trabajo, dado el nivel de avance que presentó la librería. Me emociona ver que va tomando forma. Aproveché la hospitalidad de mis anfitriones para quedarme a dormir en su casa. Ahora así se acostumbra, o bien las reuniones se hacen de día. So pena de encontrar una balacera en el camino. Aunque en realidad no es posible afirmar que existen horas seguras o inseguras para transitar. Nunca hay horario fijo para la cita con la muerte.  A mitad de la cena tuvimos un invitado sorpresa: un apagón. La luz de las velas nos encaminó a un momento mucho más íntimo.  Fue nuestra particular Santa Cena. Cantamos y reafirmamos lazos. Recitamos las Siete Palabras. Rito, creencia, tradición o fe, compartimos un momento memorable.

Regresé a casa al mediodía. La luz no había vuelto. En el camino detuve el coche para dejar pasar un Viacrucis. Los periódicos señalaron que se suspenderían varios y que algunos modificarían su ruta. La inseguridad va comiendo tradiciones, dando otra forma de vida. ¿Será necesario acostumbrarnos a las balaceras? Las ciudades se reinventan. Los ciudadanos buscan de qué manera continuar. En el barrio de mi madre, la quema del Judas estuvo en entredicho hasta hace una semana. Celebro saber que mi colonia se unió y juntos seguirán la tradición tal como lo hicieron en la peregrinación de Diciembre.  De cierta manera, las tradiciones nos confieren identidad, por eso no debemos perderlas.

Y para coronar este viernes de tranquilidad, nada como ver, una vez más, como todos los años, una vez y otra vez, la película Los diez mandamientos.

Siempre la historia de Moisés resulta sublime. Es uno de mis libros favoritos de la Biblia. En la película, Charlton Heston vuelve a abrir las aguas del Mar Rojo y es uno de los pocos momentos en los que dejo de lado las palomitas para aplaudirle al sujeto mientras sucede el milagro. Moisés y la zarza que ardía. Moisés y su llamado en el Monte Oreb. Moisés y su fe llevando a su pueblo a la tierra prometida. Moisés, dejando su encomienda a Josué. Moisés y su muerte en la orilla del Río Jordán. Moisés construyendo Egipto. Moisés y las plagas. Moisés sobreviviendo en la cesta. Moisés acompañando el bordado de esta tarde hasta que llegó la noche y con ella, el descanso.

Lorena Sanmillán

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