El bordado: Día 17 de Julio de 2011

Hoy es un domingo lleno de palabras y silencios. Basta un silencio para romper las palabras. Basta una palabra para romper el silencio. Estuve insomne, perdida entre la disyuntiva de soltar-perseguir. Incapaz de conocer la diferencia entre la metáfora de conceptos. A veces hay días raros que amanecen llenos de luna, aunque parezca que hace mucho sol.

En la mañana pinté las repisas que ayer mandamos hacer en Total Home. Voy a hacer un clóset de blancos. Un espacio para acomodar las cobijas y las toallas, todas esas cosas que se usan en la casa y en otros lados estorban. El acomodo da cierta tranquilidad y es lo que preciso ahora. La remodelación no se acaba hasta que se acaba de acomodar todo. Es decir, no ha terminado la danza por acá. Ni terminará, dijo don Teofilito. Luego del closet, seguirá un librero.

Desayunamos cereal, papaya y amaranto. El amaranto fue una recomendación de Héctor Perea. Él dice que el amaranto tiene un montón de propiedades y decidí seguir su consejo. El amaranto es como el pollo y la papa: sabe a lo que le pongas. Perea y yo nos conocimos en Italia hace ocho años y de un modo u otro hemos conservado el contacto atravesando varias plataformas digitales para intercambiar palabras. Ahora compartimos el gusto y la necesidad de caminar.

Muchos de los trabajos físicos que realizo me conducen a un estado de meditación delicioso. Es el caso de pintar. Desde el lijado, comienzo a relajarme y las ideas vienen en tropel a perseguirme. Mis manos hacen algo muy distinto de lo que pienso. Lijo la madera, preparo la pintura, la aplico. Todo es tan mecánico, tan automático. El cuerpo humano es un invento tan primitivo como de la más alta tecnología. Mi cuerpo hace muchas cosas. Mi mente está concentrada en pensar. Pensar. Pensar.

Pinto las repisas como es menester: sigo el dibujo de la madera. Pienso si habrá algún tutorial para pintar en yútub. Asumo que sí. Lo buscaré. Cada quién pinta a su manera, sin embargo. Y al pintar, supongo, muchos de los que nacimos en los setentas recordamos a Daniel San, el Karate Kid, pintando la cerca de Mr. Miyagi. Así, pinto las seis repisas por ambos lados. Mejor ya no pienso en las uñas, aunque parece ser que de momento no he astillado alguna. El arte de pintar no es sólo aplicar la pintura -de agua o aceite- el show de pintar no termina hasta que se limpian las brochas y se recogen los periódicos que se han puesto en el piso para evitar pintar en donde no era preciso. No es tan relajante como pensé al principio, pero al menos hay algo de avance y eso es bueno para mis fines.

Al terminar, vuelvo al mini texto que estoy trabajando. La difícil complejidad de un texto breve que necesita ser simple y contundente. Le pido su opinión a Eduardo Ramírez y su idea de las cabañuelas ocupacionales-creativas me inyecta energía. Bonny Bernal me cuenta su domingo en el chat del Facebook. Continúo dándole formato  a los textos para la edición especial de la revista Papeles de la Mancuspia, que nos ha ofrecido un número dedicado a los Sanmillanos.

Es domingo, día de ir a comer en casa de mamá, día de disfrutar a los sobrinos. Cuando llego, la Alcachofa sale a encontrarme a la puerta gritando mi nombre desde su idioma propio. Ha inventado una forma de llamarme. Un apodo más a la lista interminable que tengo: Lemí. Su abrazo es una bendición pegajosa, pues me llena de algún dulce que no logro identificar.

Depués de la comida, saco el bordado de su bolsa. La última línea de “El Conde de Montecristo” brilla entre mis pensamientos: Esperar y confiar.

Llevo 285 puntadas seguidas. Las hilazas se niegan a hacer su trabajo. Sólo una ha tenido tres nudos consecutivos. En definitiva, qué bueno que no usé seda. Se vería más bonito, sí, pero batallaría mucho más. Sin duda, sería un trabajo más laborioso, pero ahí se me quedaría el hígado. Y de eso no se trata. Después de diez minutos me doy cuenta que bordar tampoco está funcionando para tranquilizarme. Casi estoy a punto de guardar todas las cosas del bordado en su respectiva y gastada bolsa cuando Manuela me regala la frase del día: “Ustedes trabajan muy trabajoso, yo como soy lírica, ya lo hubiera acabado”. Mi hermana complementa el comentario mientras juega Matatena  con su hija: “Estás loca, yo ya lo hubiera dejado”. Tales frases son suficiente acicate para mi orgullo y continúo.

Mi sobrina pregunta acerca de la importancia de saber acerca de las bodas de los príncipes europeos mientras hojea el periódico donde vienen los chismes de la alta sociedad. Eso me da pie a hablarle de historia. El momento de hoy es la historia del mañana, del mismo modo que el ayer es la historia del hoy. Tomamos un diccionario enciclopédico y surge lo inevitble: buscamos una palabra y con ella, vienen las demás. Comenzamos a leer sobre Juana “La Loca”, eso nos lleva a Felipe “El Hermoso” y al reinado de Los Borbón. Esa búsqueda es ineliduble e inolvidable para quienes crecimos sin internet. Los chavos de hoy lo tienen todo al alcance de un clik y de un link. Creo que nosotros fuimos más afortunados pues teníamos el hambre de la búsqueda. Nos entreteníamos más. Disfrutábamos el saber, pues costaba.

Pasamos gran parte de la tarde entre lecciones de historia y remembers que fastidian a cualquier adolescente que se precie de serlo. Dichosa ella. Los de mi generación no teníamos opción de interrumpir a nuestros tíos cuando hablaban y escasamente participábamos en las conversaciones con los mayores al ir de visita. Sólo había permiso de hablar cuando alguien nos preguntaba directamente algo. Aleccionados todos a que si nos ofrecían algo, cualquier cosa, la respuesta invariable sería No, gracias. Para ella, de trece años, estas memorias le parecen algo increíble.

Me entretengo. Yo sólo sé que no quiero volver al sitio en que no estás.

Después de la lección, de nuevo al bordado. 372 puntadas seguidas son para emocionar a cualquiera. El asunto de los patrones distintos está dando frutos. Basta una puntada más y serán 465 seguidas. Poco a poco se va completando el bordado. Los detalles compensan. Estoy por terminar la cuarta parte de la cuarta parte. Se nota y se siente que esto se va completando. Cada uno de los colores cumple su función particular dentro del todo. No puedo ni quiero evitarlo, sonrío en la mesa del comedor ante mi pequeño triunfo. Se está viendo lindo. Una imagen del pasado cae sobre mi espalda cuando Manuela se pone detrás de mí para ver lo que estoy haciendo: Quiero volver a bordar sentada bajo la sombra de la jacaranda que estaba en el patio de mi casa natal, quiero volver a ver a mi madre joven. Mucho qué decir de la jacaranda y de la mirada de mi madre viéndome bordar. ¿Qué sentirá Manuela?

No todo es pasado. Mientras bordo planeo la semana que está llena de pendientes por cumplir. Más avance. A lo lejos se escucha “Le Mer” con una orquesta. ¿Qué versión será? Mi vecino sigue, como todos los domingos, poniendo música que comparte con todos a través de las rendijas de su tejabán. Si supiera que él fue parte de la inspiración de Radio Viejito. Nunca lo he visto de frente. No tengo la menor idea cómo será. Lo que tengo claro es que no es una persona joven, pues los recuerdos de mis domingos de infancia están relacionados con él y su música.

Una puntada más y serán 496. Me gusta. Me gusta mucho avanzar. Me gusta la emoción que invade mi cuerpo en este momento. Es algo similar a lo que siento cuando escribo, pero al mismo tiempo es distinto. ¿Por qué escribo? Buena pregunta de mi sobrina que ve que tomo notas para estas crónicas del bordado. Escribo por eternizar un momento. Escribo por expresarme. Escribo porque… Una alerta del Ipod interrumpe mi soliloquio. Es Jaime Velázquez. Jaime Velázquez preguntándome quién canta Drowned World. ¡Díganme que es broma! ¡La he posteado mil veces! Es Madonna, Jaime, la Única y Verdadera. Madonna y su canción, la canción de mi criatura. No lo regaño, sólo y simplemente porque mañana es su cumpleaños.

Un patrón más y ya van juntas 578. Me encanta. Avanzar anima tanto como el café de media tarde que siempre tomo en casa de mi madre. Son las 19:38,  a ver si me alcanza la luz natural para llegar a las 1500. La cuarta parte de la cuarta parte. Me gusta esta paz.

20:18. No. Ya no puedo. Me escuecen los ojos y me duele el cuello. Tengo seguidas 599 y me faltan 48 para completar 1500. Ha sido un día bueno para el bordado. Con todo y los recuerdos que caen sobre mis hombros, flores de jacaranda inundando mi patio interior este verano. La relajación sigue sin ser mi compañera.

Lorena Sanmillán

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: