El bordado 30 de Septiembre de 2012

Este día amanezco con el deseo, la necesidad de bordar. Ha pasado algo de tiempo desde que, por una cosa o por otra, no he podido hacerlo y sé que se avecinan tiempos de mucho trabajo donde quizá no haya tiempo para este espacio de paz que me concedo cada semana. Se ha tratado de cuestiones relativas al trabajo y la librería, situaciones que implican tiempo, dedicación y que no es fácil postergarlas. En 13 días comienza la Feria del Libro y sobre nosotras pende la responsabilidad del Pabellón de Editoriales Independientes. Las cosas se logran haciéndolas. Nada más.

Melina está invitada a almorzar. Vamos a festejar -a destiempo- su pasado cumpleaños. Se fue al mar, a su tierra, para reencontrarse con los suyos. Esa es una buena manera de celebrar. Almorzamos barbacoa y sus recuerdos de infancia fluyen en medio de una tortilla de harina. Hay gente que se reencuentra con la felicidad en diversos espacios. Es lindo cuando saben compartirlo por medio de las letras.

Después del almuerzo, trabajamos en los Tweegrams. Quiero hacer un poemario con ellos. Un compendio o algo similar. Necesito hacer cosas con mi propia escritura, no solamente apoyar la escritura de los demás. He ahí el compromiso interno.

El dinero, el trabajo, siguen siendo las variables que determinan el tiempo. La Feria comenzará en 15 días y aún no tenemos nada amarrado con certeza. No pasa nada. No es la primera vez que camino sobre arenas movedizas y todo sale bien. Sólo ahora el compromiso es mucho mayor que antes, conmigo, con Edna, con Armando, con el Tec, con los editores.

Bajar de peso cada vez me parece más una utopía que un sueño posible. Sin embargo, continuaré con mis intentos. No es algo que piense dejar de soslayo. Preciso decir que es menester mucha voluntad para lograrlo.

En el bordado, me siento perdida e inmovilizada. Voy a cambiar de área a ver si así. Se me está complicando mucho hacerlo. Quizá es porque tengo demasiadas cosas en la cabeza y en vez de que signifique paz me está simbolizando lo contrario. Cada puntada es un paso certero. Cada puntada vale. Una por una.

Cuatro puntadas surgen de estas cavilaciones. Sigo, cambio el área. Cambio los tonos, los colores. Todos son parte de lo mismo. Cada una de las partes son las que vienen a hacer el todo. Sé que ya lo dije en más crónicas, pero es necesario reafirmarlo: en los detalles es donde se verá la diferencia. Por eso vale la pena hacerlo a conciencia. No -y nunca- sin ganas.

Quiero un pantalón de raya de gis para ir al concierto de Mi Criatura.  Me encanta cómo se ve con el modelo que utiliza para Vogue, su canción emblemática. ¡Qué inolvidable momento cuando entró al estadio en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl! Vaya forma de adueñarse del escenario y de todas las miradas. Decidió abrir su show con una canción que se ha convertido en clásica porque aduce a conceptos que son repetitivos en distintas épocas y contextos. Que nos hermana. Que nos empatiza. Y sí, nos retrata. Le pido a mi hermana Eunice que me haga el pantalón. Espero poder contar un final mucho mejor que la última vez que intentó confeccionarme algo.

http://www.youtube.com/watch?v=1ynpiUigx28

A estas alturas, el bordado y lo que implica, amerita reconocer que me siento un poco triste. Agobiada. Cargué con muy poca pila hoy. Son los pendientes los que me persiguen. Creo que es tiempo de volver a casa. Me duele pensar que vienen momentos de poco bordado. Por eso mismo hay que disfrutar los que sí se tienen.

Lorena Sanmillán

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